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La pintura mural en seco

               La necesidad de realizar retoques en la pintura mural al fresco obliga a que estas rectificaciones o arrepentimientos se hagan una vez seco el fresco; pero, con frecuencia, las técnicas en seco se han utilizado no sólo para correcciones, sino para completar el procedimiento, tanto con pintura a la cal como con distintas formas de temple (a la caseína, a la yema de huevo, a la cola, etc.).

              La pintura a la cal se distingue del fresco, en primer lugar, en que se aplica sobre el revoque seco; en segundo lugar, en que la cal apagada (hidróxido de calcio) se utiliza aquí como verdadero aglutinante para disolver los colores. Se sabe que la pintura bizantina y la románica emplearon abundantemente como complemento la pintura a la cal, obteniendo esta técnica un efecto más lechoso que el que se advierte en la pintura ejecutada al “buen fresco”.

              Asimismo se han utilizado diversas formas de temple, como técnicas mixtas aplicadas sobre el fresco, para rectificaciones o acabados. Pueden verse estas técnicas en el apartado correspondiente a la pintura de caballete.

              Puede decirse que mientras el “buen fresco” se caracteriza por una gran resistencia, ya que los colores han sido absorbidos por el propio muro adquiriendo una dureza y brillantez peculiares, los retoques y acabados en seco quedan, en cambio, deteriorados e incluso desaparecen más o menos rápidamente según las condiciones en que se han realizado y las técnicas utilizadas. Así, se puede observar en algunos murales que mientras las partes realizadas en verdadero fresco se encuentran bien conservadas, han desaparecido los acabados en seco, faltando incluso elementos esenciales, en la representación para su correcta comprensión.

              Por regla general, la utilización de otras técnicas de pintura mural (al temple, al óleo, etc.) se debe al deseo de obtener sobre el muro resultados similares a los conseguidos sobre tela, especialmente por lo que se refiere a la variedad e intensidad de los tonos y a los esfumados. En este sentido, son conocidos los experimentos de Leonardo, que no encontraba en el fresco las posibilidades del “sfumato” que daba la pintura sobre tabla.

              En la pintura española, y ya desde tiempos medievales (caso de Ferrer Bassa en el monasterio barcelonés de Pedralbes) se ha utilizado la pintura mural al óleo. Con este procedimiento realizó el gran pintor Francisco de Goya los murales de Aula Dei, en Zaragoza y los de la Quirzta del Sordo en Madrid. El tratadista Antonio Palomino explica de la siguiente manera el aparejo de la pared para pintar sobre ella al óleo (en su obra Museo Pictórico, aparecida en Madrid entre 1715 y 1724): .”Pero habiendo de pintar al óleo sobre pared, suponiendo que ella este lisa cuanto sea posible, se le ha de dar una mano de cola de retazo para que se penetre, y en estando seca, plastecer con la masilla de yeso y cola las lacras que tuviere, y luego darle su mano de imprimación al óleo, y en estando seca, pintar sobre ella.”

Varios autores.- Introducción general al arte.
Ed. Istmo. Madrid 1980. Págs. 249-250