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EL PASTEL

        En realidad, es una técnica más dentro de las múltiples variedades de dibujo con lápices de colores. El pastel se obtiene empastando los pigmentos en polvo con sustancias aglutinantes disueltas en agua según el color y la dureza que se desee. Para la fabricación de los lápices para pastel se necesita sólo una pequeña cantidad de aglutinante, como pueden ser los engrudos de avena, la goma tragacanto y el jabón. Los pigmentos son los mismos que para la técnica al temple, si bien, dado que es casi inevitable la inhalación, se exceptúan los venenosos.

        Como soporte del pastel puede servir cualquier superficie lo suficientemente áspera como para sostener el color aplicado mediante una ligera presión. Se usa el papel, el cartón o la tela. El papel, especialmente preparado con una cierta aspereza del fondo, resulta mas ventajoso que cualquier otro material.

        Con el pastel se consiguen delicadas gradaciones cromáticas, y por la viveza y frescura del color que proporciona, con una luz superficial pura, es una técnica especialmente apta para captar nítidos efectos luminosos. El principal problema del pastel radica en su escasa adherencia al fondo, lo que obliga, una vez acabada la obra, a un proceso de fijación que puede restarle un tanto de su viveza. Es especialmente sensible a las acciones mecánicas, tanto golpes como rayados, etc., que pueden causar deterioros irremediables. Puede decirse que el fijado constituye ya desde antiguo la mayor dificultad de esta técnica y que aún no ha sido bien resuelto: un fijado muy fuerte o inexpertamente realizado puede hacer desmerecer toda la gracia del colorido.

        El pastel era ya conocido en los siglos XV y XVI como técnica complementaria de aplicación de color a retratos ejecutados mediante otros procedimientos de dibujo, como a la punta de plata o a la sanguina; Hans Holbein el Joven es el único que lo emplea sistemáticamente en muchas de sus obras.

        Será en el siglo XVIII cuando el pastel adquiere la máxima difusión, especialmente en la realización de retratos. Sus colores delicados y un tanto fríos encuentran entonces eco en el gusto de la época rococó; asimismo la rapidez de ejecución satisfacía el interés por captar la psicología del personaje retratado y su expresión vivaz en un momento fugitivo y casi inasible. Perfeccionada la técnica por Vivien, fue muy utilizada por Quentin La Tour, siempre en formatos pequeños, dados los condicionamientos que impone.

        Más tarde el impresionismo volvería a marcar otro momento de esplendor de esta      técnica. El extraordinario pastelista Edgar Degas fue su renovador, así como el de sus motivos iconográficos. Por un lado libera al pastel del ámbito del retrato al que se había ceñido por tanto tiempo, y por otro inicia, técnicamente, la aplicación de los colores por capas, fijadas unas tras otras, sin que se conozca el procedimiento que empleaba. Harán asimismo uso del pastel, al igual que se ha dicho de la acuarela, los demás pintores del movimiento impresionista, por su especial adecuación a la poética del color y la luz.

Varios autores.- Introducción general al arte,
Ed. Istmo. Madrid 1980. Págs. 265-267