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La Galia

Desde el 198 a.C., los romanos eran dueńos de la región mediterránea, tras convertirla en provincia con el nombre de Narbonense; era la «provincia» por excelencia, que se corresponde aproximadamente con la actual Provenza francesa. Al otro lado se encontraba la Gallia Comata o «Galia cabelluda». Estaba constituida por tres grandes regiones: Aquitania, Céltica y Bélgica; aunque los pueblos que la habitaban eran de estirpe céltica, estaban muy divididos.

Júlio César, ávido de gloria, no se conformó con defender las fronteras del norte de Italia con sus legiones; se internó hacia el norte en el 58 a.C., y con una hábil política de alianzas, y fomentando las disensiones internas se hizo con el dominio de toda la Galia.

Sus victorias consolidaron las pretensiones de César frente al Senado y a Pompeyo, su encarnizado rival, y le proporcionaron una inmensa fortuna, así como una enorme popularidad.

La conquista definitiva llegó en el 52 a.C., después de que Vercingetórix, el caudillo que había logrado unificar a las tribus galas, se rindiese ante César.