La
Arqueología estudia nuestro pasado a través de los restos materiales que dejaron
las sociedades que nos precedieron, objetos en su mayoría anónimos, de los que
no sabemos quién los realizó, quién los comercializó o quién los usó. Sí podemos
estimar, sin embargo, lo que representaban para todos ellos, pues formaban parte
de un sistema lleno de significados, un sistema compartido por los miembros de
un mismo grupo, un sistema que era su realidad, dividida en tres planos funcionales:
el económico o productivo, el social y el ideológico, estrechamente relacionados
por un cuarto plano: el simbólico.
Un sistema, en definitiva, que se presenta mutilado en los yacimientos arqueológicos
y que los investigadores han de reconstruir. Acceder a la información histórica
bajo esta perspectiva permite adquirir una visión más exacta de su complejidad.