1- El paso de una Corte Itinerante a una Corte Permanente
   
  El acontecimiento que favoreció que la Villa de Madrid pasara de presentar unas características propias de una ciudad medieval, a convertirse en una ciudad preindustrial, fue sin ninguna duda la decisión de Felipe II de convertirla en 1561 en sede permanente de la Corte, y por tanto, Capital del Imperio de los Austrias.
Esta importante decisión, vino a culminar una trayectoria de tres siglos que había hecho que Madrid se convirtiera en una de las villas más importantes de Castilla.

Lo primero que tendríamos que ver sobre esta cuestión, es que hasta dicho año de 1561, el reino de Castilla careció de una capital fija, ya que la Corte era itinerante, es decir, deambulaba por la geografía castellana, y se establecía temporalmente en el lugar donde se trasladaba el rey y su séquito. Pero cuando Felipe II se convirtió en rey de España en 1556, decidió instalarse definitivamente en una ciudad. Tenía razones de mucho fundamento: las dimensiones que había alcanzado el imperio español y el aparato burocrático que arrastraba consigo era incompatible con una Corte Itinerante.

Pero, ¿por qué Felipe II escogió Madrid? Lo primero que tendríamos que decir, es que la decisión de Felipe II no fue arbitraria ni fruto de un capricho, como por ejemplo que en Madrid hubiera buena caza. No. Felipe II no se movía por este tipo de arbitrariedades. La respuesta más acertada es que la decisión de Felipe II fue la culminación de un largo proceso histórico que ya desde la baja Edad Media, había hecho de Madrid una de las ciudades de Castilla con mayor importancia estratégica para los reyes.
   
 
Este magnífico retrato realizado por Antonio Moro en 1557 representa al rey Felipe II, seguramente, uno de los personajes que más ha influido en la historia de Madrid, pues fue este monarca quien decidió instalar permanentemente a la Corte en Madrid en el año 1561. Nació en Valladolid el 21 de mayo de 1527 y murió el 13 de septiembre de 1598.
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Así, ya desde el siglo XIV, los sucesivos reyes de Castilla tomaron como costumbre residir principalmente en ciertas ciudades o villas del interior del reino como Segovia, Toledo, Madrid, Burgos, Valladolid, o Alcalá.

De todas estas ciudades, poco a poco Madrid fue teniendo cada vez más importancia para los reyes castellanos, pues tenía unas características que la diferenciaban de las demás: era una ciudad de realengo, tenía un alcázar donde el rey se podía alojar, apenas tenía una nobleza relevante, carecía de sede episcopal, y presentaba una situación estratégica importante. Por estas razones, durante los siglos XIV y XV fueron más que frecuentes las estancias de los reyes en Madrid. Así, Fernando IV residió en Madrid cuando convocó Cortes en 1309; Alfonso XI convocó Cortes en 1329 y 1341; su hijo Pedro I residió largas temporadas en el alcázar, y según parece mandó reedificarlo; Enrique III reformó la fachada sur del Alcázar y Juan II también residió en la villa y convocó las Cortes en 1419.

De gran importancia para la ciudad fueran las largas estancias que en Madrid hizo Enrique IV, quien vivió largo tiempo en el Alcázar madrileño, en el que nació su hija Juana la Beltraneja en 1462 y en el que él mismo moriría en 1474.

También los Reyes Católicos tuvieron una especial predilección por la villa del Manzanares. Visitaron la villa en 14 ocasiones y durante sus estancias tuvieron que aposentarse en la casa de los Lasos de la Vega, contigua a la parroquia de San Andrés, pues el Alcázar estaba en proceso de restauración las los destrozos sufridos durante la Guerra Civil entre Isabel la Católica y Juana la Beltraneja. Vemos por tanto como durante la Edad Media, las estancias de los reyes castellanos en la Villa habían sido frecuentes y en ciertos casos hasta prolongadas.

Durante el reinado de Carlos I, y a pesar de que la Villa tomó parte por el bando comunero durante la Guerra de las Comunidades, la importancia de Madrid en la estructura urbana del reino de Castilla fue si cabe, acrecentándose aún más. De lo más significativo fue la reforma completa del Alcázar ordenada por el Emperador y que resultó fundamental para la conversión de Madrid en Corte.
   
 
En los primeros días de junio del año 1561, el rey Felipe II instaló permanentemente la Corte en la ciudad de Madrid. Esta decisión implicaba no solo la llegada a la ciudad del Rey y su familia, sino de los aparatos centrales del Estado de los Austrias.
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La reforma, se encargó a los maestros de obras Alonso de Covarrubias y Luis de Vega, consistieron fundamentalmente en transformar al Alcázar en un palacio renacentista adecuado para acoger a la Familia Real. Así, se remozaron las salas antiguas, se realizó una nueva portada, y se duplicó la superficie del edificio con la construcción de un nuevo cuarto para la reina. En estas obras resultó de una gran importancia la figura del entonces príncipe Felipe (futuro Felipe II), ya que tras ser nombrado regente del reino en 1543 residió en Madrid largas temporadas cuidando con extraordinaria atención las obras del Alcázar, interesándose por sus progresos y vigilando su ejecución.

Vemos por tanto como Felipe II, ya desde su etapa como príncipe heredero, tuvo también una importante predilección por la villa del Manzanares, y probablemente ya desde aquella época tuviera pensado el traslado definitivo de la Corte a Madrid. Pero lo cierto es que no fue hasta los primeros días de junio de 1561 cuando Felipe II y su esposa Isabel de Valois se instalaron en el Alcázar madrileño.