| Cosas
que sé de Lluïsa Cunillé. Margarita Sánchez
Conocí a Lluïsa, en la Sala Beckett en Barcelona,
en un encuentro de autores contemporáneos en el año 1994.
En la rueda de presentaciones, donde cada uno habla de sí mismo
y compite con el resto por hacer una intervención brillante sobre
su obra, llegó el turno de intervención de Lluïsa.
Entonces dijo:
“Yo me llamo Lluïsa Cunillé y quería invitaros
a ver la obra que tengo aquí en la Sala Becket. Es esta tarde a
las ocho y media.” Y con esto, dio por concluida su intervención.
Este primer contacto con ella me hizo preconcebir la idea de Lluïsa
como una autora muy segura de su obra y un tanto inaccesible personalmente.
Me pareció arrogante. Después, cuando vi Libración
(el título de su obra en cartel) cambié de opinión.
Libración fue mi primer contacto con el mundo de Lluïsa.
Un mundo introspectivo como su propia personalidad pero que mira de frente
el interior del ser humano.
Desde ese momento me fascinó. Quise conocer más sobre su
obra y sobre ella. Me hice su amiga.
Lluïsa Cunillé Salgado nació en Badalona el día
28 de octubre del año 1961.
Entre los años 1990-1993 establece contacto con los talleres de
Dramaturgia de la Sala Beckett impartidos por José Sanchis Sinisterra.
Antes de acudir a los talleres había escrito algunas obras de teatro
que presentó al taller como muestra de su trabajo.
Es delgada, morena, pelo corto, mediana estatura. Casi siempre viste de
oscuro. Lleva gafas de montura negra y un anillo negro en el dedo anular
de su mano derecha.
Sonríe con facilidad, pero no en las fotos. Le gusta pasear, escuchar
música. Tiene una familia, como casi todo el mundo. Y una gata.
Nunca la he visto con falda.
Lluïsa tiene algo inequívocamente catalán: es muy trabajadora.
Tiene muchas obras escritas. Tiene muchas más obras que las que
ha estrenado, publicado o han ganado premios. Escribe indistintamente
en catalán y castellano, aunque la mayoría de sus obras
están escritas en castellano. Utiliza ordenador desde hace relativamente
poco tiempo. (4 años aproximadamente).
Le gusta el cine, yo diría que mucho. Le gusta hacer fotos pero
no que se las hagan a ella. Nunca la he visto tomar una foto, pero tengo
algunas hechas por ella. Tampoco la he visto con una cámara colgada
al cuello, pero en muchas de sus obras los personajes hacen fotografías.
Cuando estamos juntas no le gusta hablar de sí misma, y las veces
que lo hace es porque yo le hago preguntas directas. Tampoco le gusta
opinar sobre su obra. Ella dice: "...lo que quiero expresar y decir,
lo hago a través de mi obra." o "…a mí no
me corresponde hablar de mi obra. Que el lector o los espectadores saquen
sus propias conclusiones."
No es hermetismo ni es una postura críptica. Tiene razón
y se atreve a decirlo. Después de ver cualquier montaje de Lluïsa
o leer sus obras se pueden intuir rasgos de su personalidad, de sus inquietudes,
de su intimidad.
Jueguen a inventarle a Lluïsa mil vidas distintas y quédense
con la que más les convenga. Su extensa obra nos lo permite. Yo
lo hago y nunca me decepciona.
Este es un fragmento que ilustra lo que intento expresar. Pertenece a
una de las obras de Lluïsa que más me gusta, El instante:
HOMBRE MAYOR-¿Nunca
ha enterrado una moneda? Se entierra y después de un tiempo se
vuelve a desenterrar.
(Pausa)
MARTA-Y cómo puede
encontrarla...
HOMBRE MAYOR- Buscando una señal.
Veamos (Se incorpora y mira a su alrededor.) Contaré los pasos
hasta aquel poste Usted no se mueva de aquí. (Camina hacia un
lado.) Hay que procurar dar siempre los mismos pasos, igual de largos.
Puede parecer una tontería pero a mí me
acerca a lo que me gusta pensar que es "su mundo."
Lluïsa habla poco. El calor no le gusta y suele pasar las vacaciones
en el norte de España. Despliega su mapa de sombras para protegerse
del sol en verano y no renunciar a sus paseos diarios.
A veces, en mi buzón, aparece un sobre muy grande. Es un regalo
de Lluïsa: un libro. Me ha regalado montones. Algunos son de: Rober
Walser, Bruno Schulz, Wislawa Szymborska, Luis Rosales, Dino Buzatti.
George Steiner, Virginia Woolf, Carmen Laforet, Kafka, Dezsö kosztolányi...
también una biografía de las hermanas Brontë, el diario
de Frida Kahlo y un libro de correspondencia entre Flaubert y Turguéniev.
Ocupan un lugar de honor en mi estantería, porque me la recuerdan
y porque todos son excelentes.
Entre los publicados, El instante, El aniversario Passatge
Gutenberg, Vacants, Meeting, Rodeo, Apocalipsi,
y los inéditos, El gato negro, El empleo, La
venda, Húngaros, Viajeras, Doce trabajos...
son algunos de los textos que he rescatado de mi archivo para escribir
estas líneas. Lluïsa tiene muchos más.
El último texto que he recibido de ella ha sido Vacíos
un guión para un cortometraje que empezará a rodarse en
el verano de 2002.
Habré visto personalmente a Lluïsa seis veces en todos estos
años. He hablado por teléfono con ella no más de
diez, pero tengo aproximadamente cien cartas suyas.
El estanque donde los patos eran más bellos que los cisnes
es el título de una obra cuya traducción al castellano me
ha dedicado.
Seguramente cuando este “perfil” se publique Lluïsa habrá
escrito algunas obras más.
Volveré a verla en septiembre. Espero y deseo que no haya cambiado.
El teatro de Lluïsa Cunillé me propone y
sugiere una advertencia: usted va a emprender un viaje inacabado. Inacabado
por inabarcable, porque voy a hablarle de la vida misma. El telescopio
de Lluïsa Cunillé no apunta a las estrellas, apunta a la plazoleta
de al lado. En su mercado no se venden hortalizas, se venden palabras
con las que vender el alma.
Para mí, lo importante en la historia del arte y la creación
humana es el enigma. Sus obras son eso: una puerta que se abre al enigma.
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