Texto de la obra


 

LA NOCHE DEL OSO

ESCENA 1

EN UN SOLAR


Sobre el oscuro, MÚSICA. (Un tema hip-hop)
LUZ.
LOS OSEZNOS están sentados en una barandilla o murete, mirando... quien sabe qué: la gente, los coches...
La música que hemos oído procede de un radio cassete.
ENRIQUE está con la boca cerrada, mientras JAIME cuenta:

Jaime32, 33, 34...

Ángel Déjalo ya. No es bueno.

Jaime 35, 36, 37...

Ángel Enrique, en serio, es una gilipollez.

Jaime ¿Por qué? 38, 39, 40...



Por los gestos de ENRIQUE, comprendemos que está conteniendo la respiración y JAIME le está cronometrando.
ÁNGEL contempla la escena, aunque de vez en cuando dirige mirada inquietas a ENRIQUE.

Jaime 41, 42, 43, 44...

Ángel No es bueno para el cerebro. Si falta el oxígeno te puedes quedar tarado para siempre. Para siempre. Por la falta de oxígeno.

Jaime Éste ya está tarado, así que da igual.

 

ENRIQUE suelta el aire.

 

Enrique ¡No vale, tío! Estabas contando muy despacio.

Jaime Estaba contando normal. Has llegado a 43.

Enrique 44.

Jaime En 44 has soltado.

Enrique ¿Hasta cuántos he llegado, Ángel?

Ángel No sé.

Jaime Venga, cronométrame tú a mí. Cronométrame tú a mí. Va. Cronométrame tú a mí.

Ángel No sé por qué voy con ellos.

Enrique Paso.

Jaime Ya; porque sabes que aguanto más.

Enrique De eso nada: una vez hice un minuto diez.

Jaime Y una leche. ¿Cuándo? ¿Eh? ¿Cuándo hiciste un minuto diez? ¿Cuándo?

Enrique Una vez que estaba solo.

Jaime Vale, y yo me tiré a Claudia Chifer una vez que también estaba solo.

Ángel No lo sé. No sé por qué voy con ellos.

Enrique Ya; y si estabas sólo, ¿cómo te la ibas a tirar?

Ángel (Al público) Siempre estaban igual. La verdad es que no sé por qué voy con ellos.

Jaime ¿Y con una bolsa de plástico?

Enrique ¿Qué pasa con una bolsa de plástico?

Jaime Sí, con una bolsa de plástico, en la cabeza. ¿Cuánto aguantarías con una bolsa de plástico en la cabeza?

 

Se levanta y empieza a buscar.

 

Ángel ¿Adónde vas?

Jaime A buscar una bolsa de plástico.

Ángel Estás loco, tío.

Enrique Yo paso de ponerme una bolsa de plástico. Me da yuyu.

Jaime ¿Por qué? Dicen que mola un montón follar con una bolsa de plástico en la cabeza.

Enrique ¿En la cabeza de quién?

Jaime En la tuya.

Enrique Qué dices. En todo caso, si la tía es fea, le pones la bolsa a ella y no le ves la cara...

 

Se ríen. JAIME se aleja, buscando.

 

Ángel Yo también lo he oído. Te pones una bolsa de plástico en la cabeza y cuando estás a punto de asfixiarte te corres. Por lo visto es la leche.

Enrique Y luego palmas, y eso sí que es la leche.

Ángel Hay gente que lo hace.

Enrique Joder, hay gente que hace de todo.

Jaime Los ingleses. Los ingleses hacen cosas muy raras.

Enrique Los ingleses y los de aquí. Un amigo mío estaba empeñado en tirarse a su perro.

Ángel ¿Cómo a su perro? Sería perra.

Enrique No, no, perro; perro. Un foxterrier; lo que pasa es que con la mala leche que tenía el perro, no se dejaba nunca.

 

ÁNGEL le mira sin saber si creérselo.
Vuelve JAIME. Trae una bolsa de plástico.

 

Jaime A ver. Quién es el primero. ¿Tú, Ángel?

Ángel Qué dices... (Siguiendo con el tema anterior) Pero un fox terrier es un perro muy pequeño... Todavía con uno más grande... O con una oveja. En el pueblo de mi abuela, un pastor se lo hacía con las ovejas.

Enrique Hombre, si no tienen otra cosa a mano... ahí perdidos por el monte...

Ángel Y los romanos se lo hacían con patos.

Enrique ¿Con patos? ¿Y por qué con patos?

Ángel No sé. Pero lo he leído.

Enrique Los romanos.

Ángel Los romanos, sí. Qué pasa. Lo he leído. Los romanos.

Enrique Ya. Lo has leído.

 

Se ríe. A sus espaldas, mientras hablan, JAIME se ha colocado la bolsa en la cabeza.

 

Jaime A ver. Cronometradme... Ya. Va. Cronometradme.

 

Se vuelven, y le ven con la bolsa. Se levantan de golpe.

 

Ángel ¿Qué haces tío?

Enrique Quítate eso.

 

Forcejean con él.

 

Jaime Que me dejéis, que quiero ver cuánto aguanto...

Ángel Joder, este tío está grillao...

Enrique Déjale, a ver si se ahoga.

Jaime ¡Ya! Uno, dos, tres...

Ángel Qué mal rollo... Dios, qué mal rollo... ¡quítate eso, anda!

Jaime Cuatro, cinco, seis...

Ángel Yo me voy. Aquí os quedáis.

Jaime Siete, ocho, nueve...


Ángel Quítasela tú, Quique...

Jaime Once, doce, trece...

Ángel Yo me voy.

Enrique Déjalo ya, Jaime...

Jaime Quince, dieciséis...

Enrique ¡Quítatelo ya, que me estás agobiando...!

Jaime Dieciocho, diecinueve...

 

ENRIQUE se abalanza sobre JAIME, para quitarle la bolsa. Forcejean. ENRIQUE consigue quitarle la bolsa. JAIME, furioso, se agarra a él. En seguida, ENRIQUE muestra un gesto de dolor.

 

Enrique ¡Aaah! Ay, suéltame.

Jaime ¿Que te suelte?

Enrique ¡Suelta! ¡Aaah!

 

ÁNGEL les mira, inquieto.

 

Enrique Suelta... ¡Aaah!

Ángel Suéltalo; le estás haciendo daño.

Jaime Que me devuelva la bolsa...

Enrique Suelta...


Ángel ¡Que lo sueltes!

 

Y se abalanza sobre JAIME, propinándole un empujón. JAIME cae al suelo.
ENRIQUE se inclina, gimiendo de dolor y llevándose la mano al costado.

 

Ángel ¿Estás bien?

Enrique Joder... joder, ese cabrón me ha hecho daño.

 

Y llegando hasta él, trata de darle una patada, de la que JAIME se escabulle rodando por el suelo, riendo. ENRIQUE aún parece dolerse.

 

Jaime ¡Pero si no te he hecho nada, nenaza!

 

ENRIQUE se deja caer sobre el banco. ÁNGEL se acerca a él.
JAIME, algo más inquieto, se levanta.

 

Jaime ¿Qué te pasa?

Ángel Que le has hecho daño. Joder, siempre estáis igual. Parecéis críos. ¿Dónde te duele?

Enrique Aquí. Pero no ha sido él.

 

ÁNGEL le levanta la camiseta. ENRIQUE muestra un fuerte moratón en el cuerpo.

 

Ángel Joder. ¿Y esto?


Enrique Me di un golpe.

¿Tu hermano otra vez?

 

ENRIQUE se vuelve al público.

 

Enrique Me llamo Enrique Martínez Castro. No sé por qué voy con estos. Algún día mataré a mi hermano, estoy seguro. Estudio FP2, electricidad, pero no voy a clase. No he ido en todo el curso. Vivo en la parte más vieja del barrio, en las casas de la Obra Sindical. Mi vecina aún tiene la foto de Franco en la pared porque les dio las casas. Mi madre dice que cuando vinieron a las casas no había puertas ni ascensor, y eso que vivimos en el piso nueve. Tampoco había váter, sólo uno de esos con un agujero y un sitio para poner los pies. Joder, qué asco. Y tampoco había metro. La casa se la dieron a mi abuelo, que le faltaba una pierna por la guerra. En realidad, se la cortaron porque le mordió un mulo en el culo y se le gangrenó, pero dijo que le habían herido y le hicieron mutilado de guerra y le dieron el piso y allí se metieron él, mi abuela y seis hijos y la foto de Franco. Menos mal que a él le faltaba la pierna y así ocupaba un poco menos. Luego ya se lo quedó mi madre y se casó con mi padre. Mi abuelo se quedó viviendo con nosotros. Bueno, lógico, porque la casa era suya. Mi hermano le quitaba la muleta y me pegaba con ella. Mi hermano es un cabrón, ya desde que éramos pequeños. Me lleva casi nueve años. En medio mi madre tuvo más hijos, pero se morían nada más de nacer. Dice que están enterrados en la Almudena, pero no tengo ni idea dónde. A veces sueño con ellos, y me acojono. Esta cicatriz de aquí, me la hizo él. Mi hermano. Me dieron cinco puntos. Aquí, casi no se ve, en la cabeza. Cinco puntos.



Volviendo a la acción:


Ángel Joder, tío...

 

JAIME le mira, impresionado. Le aprieta con un dedo en el moratón.

 

Enrique ¡Ah! ¿Qué haces?

Jaime ¿Te duele?

Enrique Joder, claro que me duele. Y más si me aprietas.

Jaime ¿Cuándo ha sido?

Enrique Esta mañana.

Ángel ¿Por qué?

Enrique Y yo qué sé. Porque está loco. Está loco. Y mi vieja encima le defiende. Dice que está enfermo. Que oye voces. No te jode, y yo también las oigo: las de la tele de todos los vecinos, y no voy por ahí pegando de hostias a la gente. Está loco. Que oye voces, dice. Está loco.

Ángel ¿Por qué no habláis? De verdad, a veces las cosas se arreglan hablando... Mi abuela siempre decía...

Enrique No empieces con tu abuela, joder. Es porque es un cabrón. Ni siquiera se toma las pastillas. El médico dijo que si se tomaba las pastillas se pondría mejor, pero no se las toma porque le duele la barriga y se le seca la boca. Pues que se joda. Que se le seca la boca. ¿Y a mí que me importa que se le seque la boca? Que beba agua. Pues no, como se le seca la boca, no se toma las pastillas.

Jaime ¿Y por qué no le metéis en un psiquiátrico?

Enrique Joder, y yo qué sé. Mi madre no quiere. Dice que allí les tratan mal. De todas formas, estuvo en uno y al cabo de una semana lo mandaron a casa. Tan a gusto que estábamos y de pronto llaman a la puerta y es él.
Que le han dado el alta. Que faltan plazas y a él le podemos atender nosotros. Tan a gusto que estábamos.

Ángel ¿Y tu viejo qué dice?

Enrique No sé. Pregúntaselo al del bar, qué es lo que dice. Si dice algo, lo dice allí porque en casa no dice nada. Mi viejo. Mi viejo, hay que joderse.

Ángel ¿No habéis intentado hablar y, no sé, comunicaros? Seguro que en el fondo os queréis un montón. En serio, a lo mejor no os dais cuenta, pero...

Enrique Tú eres gilipollas, lo que yo te diga.

Jaime (Al público) Yo siempre he pensado que sí, que es un poco gilipollas. Cuando menos te lo esperas sale con el rollo ese del amor. Por lo visto, se crió con su abuela y ella le debió comer el tarro. Me llamo Jaime Huarte García, y no sé por qué voy con éstos. A Enrique lo conocí aquí, y Ángel... bueno, no sé. Lo conocí también. Yo es que no soy de este barrio. Vivo en los chalés del otro lado de la autovía, con mi madre. Es una urbanización de pijos. Mi madre trabaja en publicidad. Se divorció de mi padre cuando yo era pequeño. Mi padre vive hora con una alemana, en Marbella. La tía es gilipollas, pero está muy buena y se baña en bolas en la piscina, así que cuando voy me paso el día empalmado. Mi padre se da cuenta, pero no puede decir nada. Mi padre venía a verme mucho al principio, pero ahora ya no viene. A mí me da igual. Que no venga. Paso.

Ángel (A ENRIQUE) ¿Te duele mucho?

Enrique Un poco. Cuando respiro fuerte.

Jaime ¿Lo ves? Si dejaras de respirar... ¿quieres que te ponga la bolsa?

Ángel Pero bueno, tío, ¿tú eres imbécil?

 

Pero ENRIQUE se ríe, aunque quejándose a la vez.

 

Enrique Joder, tío, no me hagas reír, que me duele más.

Ángel ¿Quieres que vayamos al hospital? Podemos ir al hospital de mi hermana.

Enrique ¿Y si me preguntan qué me ha pasado?

Ángel Pues les decimos la verdad, que tu hermano te ha pegado una paliza.

Enrique Eso, ¿y si llaman a la pasma? Mi madre me mata si aparecen un par de maderos y se llevan a mi hermano. Paso. Paso de hospital. Menuda me la arma mi madre.

Ángel Pero algo habrá que hacer. Me dijiste que una vez hasta le pegó a ella, ¿no?

Enrique Bueno, vale ya. ¿Es tu madre? ¿Es tu hermano? Pues ya está.

Ángel Entonces ¿no vamos al hospital?

Enrique No, estoy bien. He comprado una cosa en la farmacia. Una crema. Me la echo y ya está. Es una crema muy buena.

Ángel En el hospital está mi hermana. Te curaría mejor.

 

ÁNGEL se vuelve al público:

 

Ángel Es que mi hermana es enfermera. Me llamo Ángel Sánchez Quirós, y no sé muy bien por qué voy con estos dos. Vivo ahí, en la colonia del Cerro Blanco, en donde las 4000 viviendas de la cooperativa. Mis padres se apuntaron a la cooperativa para comprar el piso. Luego, alguien se llevó el dinero y casi se quedan sin nada, pero al final se arregló. Una vecina mía tiene en la pared la foto de Felipe González porque dice que gracias a él tenemos las casas. Yo era pequeño. Cuando vinimos al barrio, yo tenía cinco años y no me acuerdo de casi nada. Mi hermana se acuerda mejor, porque tenía ya casi diez. Por eso ella se acuerda de mi madre mucho mejor que yo. Por lo visto, yo estaba en la habitación cuando mi madre se cayó por la ventana, pero no me acuerdo. Estaría mirando la tele. Mi madre me ponía la tele mientras hacia cosas, así que eso sería. Ella por lo visto estaba limpiando los cristales. Yo sólo me acuerdo de que miré y ya no estaba y pensé que había salido, y luego llamaron al telefonillo muchas veces y mi padre, que estaba echando la siesta se levantó todo mosqueado, dando voces porque nadie iba a abrir. De eso sí que me acuerdo. Como yo era pequeño, me llevaron con mi abuela, a Granada. A mi padre y a mi hermana los veía los fines de semana, que venían de visita. Mi abuela fue como una madre para mí. Cuando cumplí quince años me dijo que ya no podía seguir conmigo, y se murió. Pero antes de morirse me dijo que recordara que el amor es lo más importante y que siempre estaría conmigo. Así que volví a casa. Al principio me sentía raro, casi ni les conocía a mi padre y a mi hermana. Pero la verdad es que en mi casa yo estoy bien. Nunca hay broncas. Mi padre superó lo de mi madre y creo que somos una familia feliz, aunque ahora vivimos en un bajo, encima del taller de mi padre. Tiene una tapicería. Nunca hablamos de mi madre, aunque yo me acuerdo a veces de ella. Tengo una foto. Antes había fotos de mi madre por la casa, pero ahora que lo pienso, últimamente no. De vez en cuando veo a mi abuela. Está muerta, pero yola veo. Mi padre dice que no diga esas cosas, así que no lo digo, pero la veo. No mucho, sólo a veces.

Vuelta a la acción .
Hay una pausa.


Jaime ¿Qué vas a hacer?

Enrique No lo sé. Estoy hasta los huevos.

Ángel Pero ¿te ha pegado así porque sí?

Enrique Pues claro: Está loco, ¿no? Los locos hacen las cosas porque sí.

 

ENRIQUE se encoge de hombros en gesto de ¿y eso qué?. ÁNGEL le coge las manos.

 

Ángel Bueno, respira. Tranquilo.

 

JAIME le mira, irónico.

 

Jaime Joder, haciendo manitas. Cualquiera que os vea.

 

ENRIQUE suelta la mano de ÁNGEL, bruscamente.

 

Enrique Voy a echarme la crema. Me duele cada vez más.


Jaime Joder, tío, qué llevas ahí.

Enrique A ti qué te importa.

Jaime ¿Te vas de viaje?

Enrique No voy a volver. Me largo para siempre.

Ángel ¿Te vas de tu casa?

Enrique De mi casa, del barrio, me largo.

Ángel ¿Y adónde vas a ir?

Enrique No lo sé. A cualquier parte.

Ángel ¿A cualquier parte dónde?

Enrique No sé, a la playa.

Ángel ¿A qué playa?

Enrique Pues no sé.

Ángel Es que hay muchas playas.

Enrique Joder, ya lo sé, no soy gilipollas. Ya sé que hay muchas playas.
Ya lo sé.

Ángel ¿Cómo vas a ir?

Enrique No sé. En tren; o en autocar. O en avión. Nunca he ido en avión. En avión seguro que mola.

Ángel ¿Tienes pelas?

Enrique Algo. Le quité a mi madre el dinero del entierro.

Ángel ¿Qué entierro?

Enrique El del seguro de entierro. Hoy tenían que venir a cobrar lo de este año.

Jaime ¿A cobrar qué?

Enrique Joder, lo del entierro. Mi abuela nos hizo a todos un seguro de entierro y mi madre lo sigue pagando.

Jaime Pero para qué es ese seguro.

Enrique Joder, ya te lo he dicho, para pagar el entierro.

Jaime Pero qué entierro.

Enrique Joder, el mío, el de mi hermano, todos.

Jaime Joder, qué mal rollo. ¿Aún no has palmao y ya te están pagando el entierro? Qué mal rollo. ¿Por qué te están pagando ya el entierro?

Enrique ¿Y a mí qué me cuentas? Es cosa de mi abuela.

Jaime Ya, pero tu vieja lo sigue pagando.

Enrique Sí, porque dice que si no es como haber tirado ese dinero.

Jaime ¿Y tus hermanos, los que se murieron, tenían seguro de entierro?

Enrique Joder, y yo qué sé. Se murieron nada más nacer, no daría tiempo a hacérselo.

Jaime De todas formas, sería barato enterrarlos; eran muy pequeños.
Serían muy pequeños, ¿no? (A ÁNGEL) ¿Tu madre tenía seguro?

Ángel Bueno, déjalo ya, ¿no?

Jaime Pues yo quiero que me incineren. ¿Eso te lo pagan?

Enrique No sé. Supongo que sí.

Jaime Y si por ejemplo, por ejemplo, te ahogas y no encuentran tu cadáver y no te pueden enterrar, ¿te devuelven el dinero?

Enrique A ti no, fijo. A tu familia, puede.

Ángel Hay que joderse, ¿por qué seguís con eso?

Jaime De algo hay que hablar, ¿no?

Ángel ¿Y tiene que ser de entierros?

Enrique Bueno, va, cambiamos de tema. Hablamos de otra cosa. Cambiamos de tema, ¿vale?

Jaime ¿De qué?

Ángel Pues no sé; se puede hablar de muchas cosas.

 

Hay un silencio. Todos miran a todos los lados.

 

Jaime (A ÁNGEL) Oye, ¿tú fuiste al entierro de tu madre?

Ángel ¡Joder!

 

Suena un móvil. JAIME se suelta y se aleja de los otros dos. JAIME se aleja unos metros. Comprueba quién llama en la pantalla y luego.

 

Jaime Hola... con unos amigos. En el parque. Sí, de la colonia. Sí. Sí. ¿A qué hora? Bueno, vale. Vale. Vale. Hasta mañana. Chao.

 

Cuelga. Muestra desazón.

 

Enrique Estoy mareado. (A JAIME) ¿Quién era?

Jaime Mi vieja. Que no sabe a qué hora llegará esta noche. Que tengo la cena en el microondas.

Enrique Qué suerte. Llegar y que no haya nadie. Cenar solo.

 

JAIME se vuelve al público.

 

Jaime A mi madre no le gusta que venga a este barrio, pero tampoco puede hacer nada. En realidad, no la veo mucho. Siempre está de viaje, o en reuniones. En mi urbanización hay gente de mi edad, pero me he peleado con todos. Son unos mamones. Me peleo con casi todo el mundo. Estuve yendo al psicólogo. Quería hacerse el simpático. Tenía en la pared una foto de Charlot. Dice que es el mayor genio del siglo XX. Yo, la primera vez que lo vi me creía que era Aznar y me quedé alucinado. Mi madre a veces viene a casa con alguien, y yo no salgo de mi cuarto hasta que se va. Una vez un amigo de mi madre se quedó cinco días en casa, y yo no quise salir de mi cuarto. A veces me levanto por la mañana y me encuentro a mi madre dormida en el sofá. La despierto y se va a la cama, y disimula, pero yo sé que está con resaca. Por el olor que hay. Mi madre es muy guapa, tipo modelo. Una vez me dijo: “Yo podría haber llegado muy lejos si no hubiera sido por el cabrón de tu padre. Se empeñó en que te tuviéramos y mira ahora...” Fue la primera vez que crucé a autovía. No crucé por el puente, sino por abajo, por entre los coches, los seis carriles. Casi me atropellan. Mi madre a veces se pasa el día llorando en la cama, y otras le da la marcha y nos vamos al Centro Comercial y se deja una pasta comprándome chorradas que yo no quiero para nada. Para nada. Una vez me hice una paja pensando en mi madre. No se lo dije al psicólogo. Dejé de ir al psicólogo porque mi madre no tenía dinero, pero me da igual, es una mierda. Le dije a mi madre que por qué no le pagaba acostándose con él y me dio una bofetada. Luego se echó a llorar.


OSCURO


ESCENA 2


EL PARQUE

Sobre el OSCURO, música. Es de noche. LOS TRES OSEZNOS, frente al público. Tal vez sentados en el banco, pasándose un botellón. Hablan al público, robándose la palabra, contradiciéndose unos a otros.

 

Ángel No conseguí convencer a Enrique de que fuéramos al hospital.

Enrique Paso de ir al hospital. Paso. Paso. Paso de ir al hospital.

Ángel Así nos fuimos al parque a comernos unas pastis que habíamos pillado...

Enrique Con mi dinero. El del entierro de mi madre. Bueno, el del entierro de toda mi familia. Casi nos lo pulimos todo en pastis. Ahora si se muere alguien de mi familia, se quedará sin enterrar. Por las pastis.

Jaime ¿Por qué no querías ir al hospital?

Enrique Porque me daba mal rollo. ¿Y si me ingresaban?

Jaime Pues mejor. Allí en la camita, con las enfemeras cuidándote...

Enrique Sí, hombre, y haciéndome pajas... (Al público) Este, como es pijo, se cree que los hospitales de la seguridad social son como las clínicas privadas. Y una mierda, lo mismo te ponen con dos viejos que se pasan la vida tosiendo y tirándose pedos, como mi abuelo. Mi abuelo se tira un montón de pedos.

Ángel A mí cuando la apendicitis me pusieron con un chaval que se había intentado suicidar.

Jaime Y cuando te vio a su lado lo intentó otra vez, ¿no?

Ángel En serio, fue una experiencia. Estuvimos hablando,

Enrique Hombre, claro, no ibais a estar follando.

Ángel No sé por qué voy con ellos.

Jaime ¿De qué hablasteis?

Ángel Bueno, estuve hablando sobre todo yo...

Jaime Eso fijo; seguro que le estuviste dando la charla.

Ángel ...porque a él le habían puesto una sonda y tenía la garganta hecha polvo con el tubo.

Enrique ¿Cómo se suicidó?

Ángel No se suicidó; lo intentó. Con unas pastillas de su madre. Se creía que eran para dormir; pero resulta que eran anticonceptivos.

Enrique ¿Y con eso te mueres?

Jaime No, pero te pueden salir tetas.

Enrique Molaría tener tetas. Yo si tuviera tetas me las estaría todo el rato tocando... Sería auto suficiente. Todo el día metiéndome mano.

Jaime ¿Y no nos dejarías a los amigos?

EnriqueSí, pero os cobraría.

Ángel (Al público) Así que estuvimos pensando en dónde podría ir Enrique.

Jaime Me dijo que si podía ir a mi casa.

Enrique Tío, podía ir a tu keli.

Jaime ...pero yo pasé. (a ENRIQUE) Paso, tío. (Al público) No quería tener movidas con mi madre. (a ENRIQUE) Paso de movidas con mi madre.

Enrique Joder, si ella se puede llevar a quien quiera... porque se lleva un montón de tíos ¿no?

Jaime Tampoco tantos. Alguno.

Enrique Pero tú me dijiste...

Jaime Bueno, ¿y qué? Sabré yo, ¿no? Es mi madre, ¿no? Pues yo sabré si se lleva o no se lleva tíos a casa, ¿o lo vas a saber tú mejor que yo? No sé por qué voy con ellos.

Enrique Tío, yo lo que tú me has dicho...

Ángel Jaime nos había contado que su madre a veces aparecía con gente en su casa.

Enrique Bueno, vale, pero se lleva a alguno de vez en cuando, ¿no?

Jaime Sí.

Enrique ¿Siempre el mismo o cada vez uno?

Jaime Joder, yo qué sé. Distintos.

 

ÁNGEL y ENRIQUE se miran.

 

Jaime ¿Qué pasa?

Ángel Nada.

Jaime Puede llevarse a quien quiera, ¿no?

Ángel Claro.

Jaime Es su casa, ¿no?

Ángel Claro.

Enrique Entonces, ¿por qué tú no me puedes llevar a mí?

Jaime Porque no, porque me da mal rollo. (Al público) Yo nunca sabía cómo iba a llegar mi madre. Una vez, cuando me llevaba bien con la gente del colegio, me llevé unos amigos a casa. Estábamos tan tranquilos viendo una peli, y ella llegó con todo el subidón. Entonces dijo que qué hacíamos tan aburridos y puso la música a tope, y empezó a bailar con ellos. Joder, yo no sabía dónde meterme. Mi madre muchas veces va sin sujetador, y bailaba y daba saltos. Mis amigos decían que qué enrollada era mi madre, que qué simpática, pero yo sabía que estaban todo el rato mirándole las tetas. Se le notaban los pezones. Joder, al final me fui a mi cuarto. Ellos se quedaron con ella. No volví a hablar con ellos. Al día siguiente, en el colegio, se acercó uno y en plan de vacile me preguntó por mi madre. Uno que ni siquiera había estado en mi casa. Le di de hostias. Me tiré encima de él. Empecé a pegarle. Le sangraba la nariz y le seguí pegando. Le seguí pegando. Le sangraba la nariz y le seguí pegando. Me echaron.

 

Hay una pausa.

 

Enrique ¿Tu madre no lleva sujetador?

Jaime Vete a la mierda.

Enrique ¿Tú has estado ingresado?

Jaime ¿Yo? Sí. Una vez. Cuando la fimosis. Se me infectó un punto y se me hinchó. No veas cómo dolía.

Enrique ¿Y tenías un cuarto para ti solo?

Jaime Sí.

Enrique ¿Y te curaban las enfermeras?

Jaime Si. Y no veas. Había una que estaba muy buena.

Enrique En mi clase había un moro y por lo visto les operaban de fimosis en su casa. Venía un viejo y les cortaba el pellejo del capullo con una navaja de afeitar. Vamos, eso decían.

Ángel ¿Y si la llamas?

Jaime ¿A quién?

Ángel A tu madre. Dile que si puedes llevar un amigo.

Jaime Paso.

Enrique No hace falta. Yo duermo en cualquier sitio.

Ángel ¿Dónde?

Enrique No sé. En el parque. Aquí.

Jaime ¿Aquí?

Enrique Hace bueno. Y he traído el saco.

Ángel Oye, no puedes quedarte en el parque. Si quieres venir a mi casa... puedes dormir allí.

Enrique ¿Contigo?

Ángel Abajo, en el taller. En alguno de los sofás. Hay muchos. Se puede dormir.

Jaime El padre de Ángel tenía un taller de tapicería.

Enrique Paso. Seguro que es el primer sitio donde llaman.

Ángel Sí, eso sí.

Jaime ¿Te vas a quedar en el parque?

Enrique ¿Por qué no?

Jaime ¿Puedo quedarme contigo?

Enrique ¿Por qué?

Jaime Joder, porque sí. Porque no quiero ir a mi casa.

Enrique ¿Y qué va a decir tu vieja?

Jaime Paso. Además, no está. Paso.

Enrique ¿Y cuando vuelva?

Jaime Paso, ¿vale?

Ángel Oye, oye, espera, ¿cómo os vais a quedar aquí? Puede venir cualquiera.

Jaime ¿Y qué?

Ángel No jodas, esto se llena de yonkis por la noche.

Enrique Tengo esto.

 

Saca de la mochila un cuchillo de monte de regulares dimensiones.

 

Ángel ¿Qué haces con eso?

Enrique Me lo regaló mi padre. Es de supervivencia.

Jaime ¿Qué supervivencia?

Enrique La del parque, por si aparecen los yonkis.

Ángel Oye, si te pillan con eso se te cae el pelo.

Enrique Y si me pillan sin él, me lo arrancan.

Ángel Pero ¿tu serías capaz de usarlo?

Enrique Claro. Mira. (Finge atacar a Ángel con él)

Ángel En serio, ¿lo usarías?

Enrique No sé. A veces me gustaría.

Ángel ¿Qué te gustaría?

Enrique No sé... matar a alguien.

 

Hay un silencio.

 

Enrique ¿A vosotros no?

Ángel Qué dices.

Enrique ¿No os gustaría matar a alguien? Matar a alguien. Matarlo. ¿No os gustaría?

Jaime A mí sí.

Enrique ¿A quién?

Jaime Tú primero.

Enrique A mi hermano. ¿Tú?

Jaime No sé... a mi sicólogo... y a los amigos de mi madre. ¿Y a ti, Ángel?

Ángel ¿Qué dices? A mí a nadie. Qué dices. Para nada.

Enrique ¿Y a alguien que no conocierais de nada? No sé, sólo por saber qué se siente.

Ángel Pero bueno, ¿qué os pasa? Trae ese cuchillo, Quique.

Enrique No. Lo necesito.

Ángel ¿Para qué? ¿Para matar a un yonki?

Enrique No; para cortar ramas.

Jaime ¿Qué ramas?

Enrique Joder, yo que sé. Ramas en general.

Jaime ¿Y qué ramas vamos a cortar?

Enrique ¡Y yo qué sé! Para hacer un fuego.

Jaime ¿En el parque? Tenemos a la pasma encima en diez minutos. Además. ¿tú sabes encender un fuego?

Enrique Pues claro.

Jaime No es tan fácil. Se apaga si no lo haces bien. Por lo menos la barbacoa de mi casa...

Enrique Vete a la mierda. Yo no estoy hablando de una barbacoa. No estoy hablando de tu barbacoa. No estoy hablando de la puta barbacoa de tu casa.

Jaime Ya, tú estás hablando de cortar ramas para encender un fuego. ¿Y luego qué? ¿Asamos un gato y nos lo comemos? Venga. Va. ¿Por qué no pillamos un gato? Lo matamos. Nos hacemos un gorro con la piel. Y nos lo comemos. Va. Vamos a pillar a un gato.

Enrique Tú estás majara.

Jaime Entonces, ¿para qué queremos tu mierda de cuchillo?

Enrique ¿Una mierda de cuchillo? Es japonés.

Jaime ¿Y qué? ¿Tú te crees que por ser japonés va a ser mejor que si fuera de aquí? Como que en Japón no hacen mierdas y se las venden a los pringaos como tú.

Enrique Me lo trajo mi padre.

Jaime ¿De Japón?

Enrique No; de un viaje que hizo.

Jaime Ya; del Todo a Cien.

Enrique Qué dices, gilipollas.

Jaime En el Todo a Cien de los chinos hay un montón como ese. Cuestan mil pelas.

Enrique Entonces, no es de Todo a Cien. Será del Todo a Mil.

Jaime Es una mierda igual. Seguro que no sirve para cortar ninguna rama.

Enrique Pero seguro que sí sirve para cortarte las pelotas. ¿Probamos? (A ÁNGEL) ¿Lo probamos? Va, ¿lo probamos?

Ángel Va, dejadlo ya.

Enrique Dice que no vale para nada. Pues vamos a probarlo...

 

Hay una pausa.

 

Enrique (Al público) Yo no quería volver a mi casa. No quería encontrarme otra vez con mi hermano, ni con mi madre... mi padre me daba igual: estaría mirando la tele, aunque estuviera apagada. Cuando se estropeó y tardó una semana en venir el técnico, él la miraba igual. A mí mi padre me da pena, pero le daría de hostias. Nunca hace nada. Desde que se quedó sin curro, está todo el día sin hacer nada, ni decir nada. Mi madre dice que lo de mi hermano es por su culpa, porque en su familia había más cosas y no le dijo nada. Pero mi padre dice que si ella no hubiera fumado tanto en el embarazo mi hermano habría nacido bien. Yo no quería volver a casa, pero me acojonaba quedarme solo en el parque. Si iba a una pensión o algo, seguro que se me iba toda la pasta. Bueno, la que me quedaba después de pillar las pastis.

Ángel Si vas a una pensión, seguro que se te va la pasta.

Enrique Eso me lo dijo Ángel.

Jaime No, te lo dije yo.

No sé, no me acuerdo.

Enrique Bueno, da igual quién lo dijera. El caso es que si iba a una pensión se me iba a ir la pasta. Por eso prefería que alguno se quedara conmigo. Lo que pasa es que Jaime me pone nervioso.

Jaime ¿Por qué se quiso suicidar?

Ángel ¿Quién?

Jaime El chico que estaba contigo en el hospital.

Ángel Porque su novia le había puesto los cuernos.

Jaime ¿Y por eso se quiso suicidar?

Ángel Es que se había quedado embarazada del otro.

Enrique Qué mal rollo. A mí me hace una novia una cosa así y no sé qué hago.

Jaime ¿Su novia se queda embarazada y él se toma una caja de anticonceptivos? Qué gilipollas, ¿no?

 

ENRIQUE y JAIME ríen escandalosamente.

 

Ángel Sí, reíros, pero el tío estaba destrozado.

Enrique Destrozado y con tetas. ¿Dónde vamos a dormir?

Jaime No sé... Lo malo es que yo no tengo saco.

Ángel Yo puedo traeros mantas. De mi casa.

Enrique ¿Te dejan sacarlas?

Ángel No creo que se den cuenta. Y además, me voy a quedar con vosotros.

Jaime ¿Por qué?

Ángel Somos amigos, ¿no?

Pausa.

 

Jaime (Al público) No sé por qué voy con ellos.

Enrique No sé por qué voy con ellos.

Ángel No sé por que voy con ellos. (a JAIME) ¿Me dejas tu móvil?

Jaime ¿Para qué?

Ángel Es para llamar a casa. Para decir que me quedo en casa de éste.

Enrique ¿En la mía? Tú eres gilipollas. ¿Y si llaman?

Ángel No llaman.

Jaime Di que te quedas en la mía.

Enrique Ah, vale, él sí y yo no...

Jaime Qué dices, tío, si no se va a quedar.

 

ÁNGEL se retira con el teléfono.

 

Jaime No te enrolles, que me queda poca batería.

Ángel Es un momento. (Al TELÉFONO) ¿Tere? Soy Ángel. Sí, perdona, es que se me ha hecho tarde. Oye, que esta noche me voy a dormir a casa de Jaime... un amigo. Díselo a papá. No, ya apareceré mañana. No, esta noche no. Vale. Un beso. (A los otros) Ya está.

Enrique Joder, qué suerte tienes. Si yo llamo a casa y digo que no voy a dormir, mi madre me hace un tercer grado que te cagas.

Ángel A mí no. Se fían de mí. Nunca me dicen nada.

Jaime No me habrás gastado la batería, ¿no?

Ángel Si sólo he hablado un minuto.

Jaime Es que quiero ver si me llama mi madre.

Ángel Cuando llegue y vea que no estás, seguro que llama.

Jaime Si yo paso, es para ver qué hace. (Al público) Mi madre casi nunca cenaba conmigo. Cuando no llegaba a media noche, tenía claro que ya no llegaba hasta las tantas. Me quedaba viendo la tele y me iba a dormir. A veces oía la puerta, a veces no. A veces oía cómo tropezaba con los muebles, a veces no. A veces la oía entrar en mi cuarto a arroparme. Casi siempre me despertaba cuando me arropaba. Notaba el olor. Una vez empezó a abrazarme y a decirme “te quiero, hijo, te quiero...” me quedé alucinado. Encendí la luz y vi que estaba sangrando por la nariz. Ella no se daba cuenta. La sangre caía encima de su camiseta. Estaba muy nerviosa. Me dijo ¿por qué me miras con esa cara? Y luego se dio cuenta. Fue antes de hacerse la operación de estética. A mí me gustaba más su nariz de antes, pero ya estoy acostumbrado.

 

Suena un “bip”.

 

Jaime ¡Mierda!

Ángel ¿Qué pasa?

Jaime Se me está acabando la batería. (A ÁNGEL) Te dije que me quedaba poca.

Ángel Pero si no he hablado ni un minuto... Oye, en serio, ¿qué vamos a hacer? A mí me da mal rollo quedarme en el parque.

Enrique Pues no te quedes. Nos quedamos nosotros.

Ángel ¿Con los yonkis? No duráis ni media hora.

Enrique Va, tío, no exageres.

Jaime Oye, un momento, ¿de verdad vienen aquí los yonkis?

Enrique Que no, tío, que lo dice para meterte miedo...

Ángel Bueno, pues haced lo que queráis...

Jaime Espera... ¿Por qué no buscamos un sitio?

Enrique Pero ¿por qué? Este es un buen sitio...

Ángel ¿De verdad quieres que nos quedemos aquí?

Enrique A ti nadie te obliga. (A JAIME) Ni a ti. No me hace falta que os quedéis, ¿vale?

Jaime Pero tío...

Enrique ¡Que os vayáis a la mierda! Me puedo quedar solo. ¿Que no? Me puedo quedar solo. Me puedo quedar solo.

 

Y se aleja. ÁNGEL y JAIME se miran.

 

Jaime Pero ¿este de qué va?

Ángel Está jodido. Se pone así cuando está jodido. (Llama) ¡Quique! ¡¡Quique...!!

Jaime Déjalo.

Ángel No le puedo dejar. Es capaz de cualquier cosa.

Jaime ¿De qué?

Ángel No sé. Pero le conozco. Cuando se pone así...

Enrique(OFF) ¡Eh! ¡Mirad!

Y reaparece, trayendo un oso de peluche grande, bastante viejo, sucio y deteriorado.

 

Enrique Mirad lo que me he encontrado.

Jaime Joder, ¿qué es eso?

Enrique Un oso, ¿no lo ves?

Ángel Tíralo, anda. Está lleno de mierda.

Enrique Qué dices. Mola mazo. (Lo abraza)

Ángel ¿Qué haces, tío?

Jaime Joder, se lo quiere tirar.

Enrique ¿Y qué pasa? Me lo he encontrado y es mío, ¿no? Así ya no duermo solo.

Jaime Joder, tío, para eso es preferible una oveja...

Ángel Sí, ya, o un perro... deja ya el oso, joder, ¿no ves que puede tener pulgas o cualquier cosa?

Enrique Sí, el Sida. Seguro que tiene el Sida. ¿Tenéis un condón?
(A JAIME)
¿No tendrás por ahí algún condón de tu madre? Porque me dijiste que tu madre tiene condones en casa, ¿no?

 

JAIME, furioso. Se lanza contra ENRIQUE y le golpea. Pero ENRIQUE esa vez está protegido por el oso.

 

Jaime ¡Cabrón!

 

Ruedan por el suelo. JAIME está encima de ENRIQUE.

 

Enrique ¡Ay! ¡Ay, para, para!

Ángel ¡Para ya! ¿No ves que le vas a hacer daño? ¡Para ya! (Al público) Me pareció que lo iba a matar. (A JAIME) ¡Para ya!

 

ÁNGEL separa a JAIME de ENRIQUE.

 

Jaime Que lo retire.

Enrique ¿El qué?

Jaime Lo de mi madre.

Enrique Vale, vale... lo retiro. Pero ¿tiene condones o no? Vale, vale, lo retiro...

 

JAIME se quita de encima de ENRIQUE y rueda por el suelo.

 

Enrique De todas formas, no me has hecho daño. Le has dado al oso. (Besa al oso) Gracias, oso.

 

Hay una pausa. JAIME, tumbado en el suelo, mira el cielo. Los tres miran al cielo, tumbados.

 

Jaime Estoy aquí de puta madre.

Enrique Y yo.

Jaime Se ven un montón de estrellas.

Enrique ¿Cuántas hay?

Jaime Millones. Trillones.

Ángel Eso no es nada. Se ven muchas más en el campo. En los pueblos se ven un montón de estrellas. En el pueblo de mi abuela... uf... había un montón de estrellas.

Jaime Tíos... Estoy notando la rotación de la tierra... os lo juro.

Enrique Tío, tú estás pedo...

 

JAIME se ríe. ENRIQUE se ríe también. Están juntos. ÁNGEL les mira.

 

Ángel Tíos, no podemos quedarnos aquí...

Jaime Joder, Ángel, ¿por qué tienes siempre que joderlo todo? Pareces una madre.

Enrique Eso que no tiene.

Jaime Trae el oso, anda.

Enrique No; es mío, ¿no? Lo he salvado del contenedor.

Jaime ¿Por qué la gente tira tantas cosas a los contendores?

Enrique Al lado de mi casa unos han hecho obra y pusieron un contenedor, ¿no? Bueno, pues al día siguiente ya estaba lleno de cosas. Un sofá, un colchón...

Ángel Eso no es nada. En mi calle encontraron un recién nacido en un contenedor.

Jaime Joder, qué mal rollo.

Ángel Lo salvaron los basureros. Si no lo recogen ellos, va al camión.

Jaime Joder, ¿te imaginas, con las cuchillas esas, chas, chas...? Uf, hamburguesa de recién nacido...

Enrique Como el oso. Si no te salvo, vas al camión, ¿que no? Hamburguesa de oso.

 

Hay una pausa.

 

Jaime Qué bien se está aquí.

Ángel ¿Por qué no nos vamos a mi casa? En serio, vámonos a mi casa. Deben estar ya durmiendo. Entramos sin hacer ruido y nos vamos temprano.

Enrique No seas plasta. Aquí se está bien.

 

Silencio.

 

Jaime ¿Cuántas habrá?

Enrique Millones. Trillones.

Jaime Cuatrillones.

Enrique Muchas.

Jaime Muchísimas. Y las que no vemos.

 

Silencio.

 

Jaime Se está bien.

Enrique Yo me voy a quedar sopa.

Ángel Se está nublando.

 

Se oye un trueno lejano.

 


Jaime Va a llover.

Enrique Qué va.

Ángel Vamos a mi casa, tíos... en serio, no pasa nada. Si nos pillan, yo hablo con mi padre. En serio, ya veréis como no pasa nada...

Enrique ¿Qué hacemos?

 

Trueno.

 

Jaime Está lloviendo.

Enrique Joder.

Ángel Vámonos.

 

ESCENA 3.


EL TALLER DEL PADRE DE ÁNGEL.


LUZ SOBRE:

 

Ángel Mi padre, por lo visto, se quedó muy mal después de lo de mi madre. Me lo contó mi abuela, cuando aún la veía. Me dijo que le dijeron que bajó a la calle dando gritos, sin esperar el ascensor. Saltó los últimos doce escalones y se rompió un tobillo, pero no se dio ni cuenta: llegó hasta donde estaba mi madre. La gente que había allí no quería dejarle que se acercara, pero él se echó encima de ella, llorando y empapándose de sangre. Mi abuela me decía siempre que mi madre ahora es un ángel, pero yo pensaba que qué pena que no hubiera sido un ángel antes, porque así con las alas no se hubiera matado, porque los ángeles vuelan. Mi padre estuvo sin comer por lo visto casi un mes. Una tía mía estaba en la casa con él y con mi hermana. Tuvieron que ponerle suero. Luego, ya, se curó. Del pie y de lo de no comer. Yo de eso casi no me acuerdo. No me acuerdo de nada de esa época, ni de mi antigua casa. Sólo que tenía mucha luz. Ahora, como es un bajo, casi no hay luz. Siempre tenemos las luces encendidas.



Un trueno. Persiste de fondo el sonido de una fuerte lluvia. Se enciende la luz general. Los tres OSEZNOS entran al taller sigilosamente. Varios sofás a medio tapizar. Una escalera al fondo conduce a la vivienda. Se quitan la ropa de abrigo, se sacuden. Durante la escena tratan de hablar en voz baja. ENRIQUE viene con el Oso.

 

Ángel Shhh, no hagáis ruido…

 

ENRIQUE rompe a toser, con fuerza. El esfuerzo de la tos hace que, además. Le duelan las costillas.

 

Enrique Ay...

Ángel ¡Ssssh! ¿Veis? Podéis dormir aquí.

Enrique Joder... Me duele...

Ángel ¿Y por qué no has querido que fuéramos al hospital?

Enrique Podría curarme tu hermana... llámala. Es enfermera, ¿no? Puede curarme ella. Dile que me cure. Que se vea que es enfermera.

Ángel Qué dices. ¿Cómo la voy a despertar? ¿No has querido que te cure en el hospital y quieres que te cure aquí?

Jaime Joder qué hambre… ¿Habrá algo de papear en la nevera?

Ángel No sé. Pero dejad de hacer ruido.

Enrique Oye, ¿seguro que a tu viejo no le importa que durmamos aquí?

Ángel Qué va, para nada.

Enrique ¿Pero dónde vamos a dormir?

Ángel Yo en mi cuarto. Vosotros aquí. Se duerme bien.

Enrique ¿Pero aquí en los sofás?

Ángel ¿Qué tiene de malo? Yo os traigo mantas.

Jaime Ya, pero es que yo preferiría dormir con tu hermana.

Enrique Una polla. Lo echamos a suertes.

Jaime Va. Pares o nones.

Enrique Pares.

Jaime Nones. Una, dos y tres.

Ángel (Se interpone en el juego) Pero bueno, ¿qué pasa?¿Estáis gilipollas? Con mi hermana no duerme nadie. Pero qué pasa, ¿no os gusta esto?

Jaime Tranquilo, macho. Se lo ha creído.

Enrique Que era una broma, joder.

Ángel Estaros quietos, ¿vale? Que mi viejo se despierta con nada. Voy por unas mantas. No hagáis ruido.

 

ÁNGEL desaparece escaleras arriba.

 

Jaime Se ha puesto nervioso. Ni que su hermana fuera su madre. ¿Está buena?

Enrique Sí, pero es un poco rara.

 

Pausa. ENRIQUE mira a su alrededor. JAIME se sienta en un sofá, pensativo.



Jaime Oye, tío…

Enrique Qué.

Jaime Oye, entre tú y yo… (Breve pausa. Baja la voz) ¿Tú no crees que Ángel es un poco maricón?

Enrique Pero tío… qué dices.

Jaime No sé, joder, que... bueno, yo siempre he pensado que es un poco marica.

Enrique Qué va, hombre, es que es así.

 

Mientras hablan, ENRIQUE se vacía los bolsillos y deja el contenido sobre una mesa.

 

Jaime Ya, todo ese rollo del amor, y cada vez que uno se mosquea venga a hacer manitas… A ver si va a ser maricón y estamos aquí como pardillos...

Enrique Eso no tiene nada que ver con ser maricón. Ángel lo que es es un poco místico.

Jaime Ah, místico.

 

Pausa

 

Jaime ¿Y por qué nunca habla de tías?

Enrique Que ya te he dicho que es un poco místico.

Jaime Ya. Un místico. Pero ¿y si es un místico maricón?

Enrique Que no. Él es así, de enamorarse... pero en plan platónico.

Jaime Bueno, un místico maricón platónico.

 

Pausa.

 

Jaime Oye, tú le defiendes mucho... no serás tú también un poco maricón...

Enrique Oye, a ver si te doy una mano de hostias y me quedo tan ancho.

Jaime Macho, perdona, pero es que como te pones a defenderle así...*

 

ÁNGEL regresa.

 

Ángel Tíos, mi hermana no está. No está en su cuarto.

Jaime De puta madre. Una cama más.

Ángel Que no, tíos, que es muy raro, que antes cuando he llamado me ha cogido ella...

Enrique Bueno, pues habrá salido...

Ángel Que no, que ella nunca sale.

Enrique ¿Cómo que ella nunca sale?

Ángel Pues eso, que no sale. Sólo cuando tiene guardia.

Enrique Pues habrá tenido guardia.

Ángel No, no tiene guardia; tiene apuntados sus turnos de guardia en la nevera para que los sepamos y hoy no le toca.

Jaime Pues no sé, le habrán llamado por alguna urgencia. A lo mejor ha descarrilado un tren o han puesto una bomba y hay mogollón de heridos y les hacía falta alguien.

Ángel No digas soplapolleces, ¿quieres?

Enrique Tranqui, tío...

Ángel No, no estoy tranqui. Tíos, esto es muy raro. Han cenado aquí, mi padre y ella. Están los platos...

Enrique Ángel, tío... tranquilo. A lo mejor la ha llamado alguna amiga...

Ángel Que no, que es muy raro, nunca sale de noche.

Jaime A lo mejor hoy sí. A lo mejor ha quedado con su novio.

Ángel No tiene novio.

Enrique ¿Y si se ha echado un novio hoy? A lo mejor ha ligado con un médico. Las enfermeras se lo hacen con los médicos, ¿no?

Jaime A lo mejor ha bajado al perro.

Ángel Qué dices. No tenemos perro.


Jaime ¿Y ovejas? ¿Tienes ovejas?

 

ENRIQUE y JAIME se ríen, ahogando sus risas. ÁNGELles mira, dolido.

 

Ángel Joder... yo aquí, preocupado por mi hermana y vosotros diciendo paridas.

Enrique Pero ¿por qué estás tan seguro de que no ha salido?

Ángel Porque su bolso y su abrigo están encima de su cama.

Jaime Estará en el baño.

Ángel Ya he mirado. He mirado en todas partes, menos en el cuarto de mi padre. Voy a preguntarle a él.

Jaime Joder... mira que si está ahí...

Ángel Qué dices, gilipollas.

Jaime ¿Por qué no? Tú mismo has dicho que no tiene novio...

Ángel No digas gilipolleces.

Jaime Oye, que esas cosas...

Enrique Tío, de qué vas...

ÁngelQue te calles de un vez. Voy a preguntarle.

 

ÁNGEL se dispone a subir.

 

Jaime Ángel, no vayas... no vayas, es peor... Vámonos. Nos vamos y ya está.

 

ÁNGEL se zafa y sube. Hay un momento de pausa. Luego, reaparece ANGEL, muy agitado.

 

Vámonos.

Enrique ¿Qué pasa?

Vámonos.

Jaime Joder...

Enrique Pero ¿qué pasa?


OSCURO. LUZ SOBRE ÁNGEL

 

Ángel Como conejos. Con los ojos muy abiertos, quietos, como conejos. Una vez mi padre nos llevaba en el coche, por el campo. Era de noche. Cruzó un conejo. Se quedó parado en mitad del camino, mirando los faros. Le atropellamos. Yo lloré. Mi hermana no dijo nada cuando encendí la luz y los encontré; sólo me miraba... Mi hermana tiene los ojos muy grandes. Me miraba como el conejo miraba los faros del coche. Es lo que pensé. Me acordé del conejo que atropellamos. Mi padre me gritó: “¡Largo!” y yo salí corriendo. Salí corriendo.

Se vuelve a los otros OSEZNOS. Luz.

 

Ángel Vámonos.

Enrique ¿Qué pasa?

Jaime No preguntes. Vámonos.

 

Salen. Tras unos instantes, ENRIQUE vuelve por el oso, que se había quedado olvidado. Un portazo.


OSCURO

ESCENA 4. *


EL PARQUE, OTRA VEZ

 

Sobre el oscuro, MÚSICA.
ENRIQUE y ÁNGEL están sentados en el banco. A sus pies las mochilas abiertas, con su contenido desparramado. ÁNGEL está en un estado casi catatónico. ENRIQUE, apesadumbrado, a su lado. JAIME, abrazado al Oso, se mantiene a algunos metros de distancia, haciendo absurdos recorridos mientras habla aceleradamente.

 

Jaime No lo entiendo, tío, es que es muy fuerte, muy fuerte, a mí me pasa una cosa así y es que no sé, te lo juro, muy fuerte...

Enrique Cállate ya, ¿vale? Llevas media hora diciendo lo mismo.

Jaime ¿Y qué quieres que diga? Si es que es muy fuerte...

Enrique No digas nada, cállate.

Jaime (Al público) No podía callarme. (A ENRIQUE) No puedo callarme. Es que es muy fuerte. De verdad, tío, ¿de qué va tu hermana? ¿Eh, de qué va?
¿De qué va esa puta? Perdona, es tu hermana, pero es que... joder, es muy fuerte. Hay que joderse con tu hermana y con el cabrón de tu padre. Joder... Te juro que casi me parece más legal follarse a una oveja...

Enrique Oye, tío, ¿te puede callar ya? ¿Eh? ¿Te puedes callar?

Jaime No, no puedo callarme. Hasta un pato me parece más normal.

 

ÁNGEL sigue con la mirada perdida.



Jaime Pero vamos a ver. ¿Tú no habías notado nada? ¿Eh? Porque esas cosas se notan. Se notan, no me jodas. No se pude vivir con unas personas que están follando y tú sin darte cuenta. Yo una vez estuve con mi padre y con la alemana y les oía. Joder, que si les oía. La tía gritaba. ¿Tu hermana no gritaba? ¿No gritaba? ¿O tu padre le tapaba la boca? Sí, eso debía ser:Le tapaba la boca. Oye¿y si le ponía una bolsa de plástico?

Enrique Jaime, tío, como no te calles, te cierro la boca yo a leches.

Jaime No me puedo callar, tío, ¿y si se ha quedado embarazada? Oye, el bebé que encontraron en el contenedor de al lado de tu casa... No, no puedo callarme. No puedo callarme.

 

ENRIQUE se abalanza contra él.

 

Enrique Que te calles. ¡¡Que te calles!!Y le zarandea.

Pausa.

 

Jaime Lo siento. Lo siento, tío, perdona. No sé lo que digo. A veces me pongo nervioso, no sé lo que digo. Joder, es que es muy fuerte. Oye, Ángel, de verdad que lo siento muchísimo. El hermano de éste es un loco sádico y mi madre es una zorra, pero creo que lo tuyo es peor.

Enrique Joder... deja de arreglarlo, ¿quieres?

Jaime No, en serio... Oye, yo sé que yo a ti no te caigo bien del todo y bueno, tú a mí me cargas un poco con tu rollo del amor y eso, pero lo siento, de verdad... lo siento.

 

ENRIQUE de pronto se dirige a ellos, como si se le hubiera ocurrido una idea brillante:

 

Enrique Oye, tíos... ¿y si se nos ha ido la olla? ¿Tú estás seguro de que estaban juntos? Oye, Ángel, piénsalo... tu padre es un tío legal... tiene que ser una equivocación. A lo mejor... A lo mejor ella tenía una pesadilla y se ha ido a dormir con él. Yo lo hacía de pequeño... Me iba con mi madre a la cama, ¿vosotros no? Tú no, claro, porque no tenías, pero cuando la tenías... ¿Y si no era ella? A lo mejor ni siquiera era ella. A lo mejor era... no sé... una puta. Eso es. Tu hermana había salido, tú llamaste para decir que no ibas a dormir y tu viejo se dijo, vale, llamo a una puta. Estoy solo, quiero follar, no están mi hijo, no está mi hija, mi mujer está muerta, tengo pelas, llamo a una puta. Tiene derecho, ¿no? Menudo susto se habrá llevado. Eso tiene que ser. Una puta.

 

ÁNGEL no responde. Sólo le mira. Hay una pausa.

 

Enrique Vale; era ella. A lo mejor era ella. ¿Y qué? Que les jodan. Vamos, tío... Joder, tío, no te quedes así. Haz algo. Vamos, coño, llora, grita, haz algo... no te quedes así, no es bueno. Vamos, Ángel, no pasa nada. Ahora tenemos que pensar. No quieres volver a tu casa, ¿no? No quieres. Pues muy bien, no vuelvas, que se jodan. Nos vamos tú y yo juntos. Los dos. Pillamos un piso.

Jaime Sí, ¿dónde? ¿Eh? ¿Dónde? ¿Con qué pasta? Venga, tío, no me jodas, no tenéis adónde ir. Y además, si os vais, ¿qué? Tío, que su padre tira a su hermana, ¿no te has enterado? Eso no cambia aunque os vayáis. Aunque te vayas a la otra punta del mundo. Eso no cambia. No cambia nada aunque nos vayamos a la otra punta del mundo.

Enrique Vete a la mierda.

Jaime Sí, me voy a la mierda y qué. Eso tampoco cambia nada. ¿Tú crees que a Ángel se le quita de la cabeza lo que ha visto por irse contigo a buscar piso?

Enrique A lo mejor no era ella... a lo mejor era una puta...

Jaime Sí, era una puta: su hermana. Joder, tío... Ángel... y encima maricón... es que lo tienes todo.

 

ENRIQUE, que ya no puede más, explota. Saca de su mochila el cuchillo y se abalanza sobre JAIME, que tiene abrazado al oso:

 

Enrique ¡Que te calles ya!! ¡¡Que te calles de una puta vez!!Cae sobre él y apuñala.

Ángel ¡No! ¡¡Noooo!!

 

Hay un momento de quietud. ENRIQUE Y JAIME en el suelo.

 

Ángel No... ¡¡No!!

 

ENRIQUE se levanta. Entre él y JAIME está el oso, con el cuchillo clavado. JAIME se quita el oso de encima. ENRIQUE le contempla con horror.

ÁNGEL se acerca a JAIME

 

Ángel ¿Estás bien?

 

JAIME no contesta. Mira con miedo a ENRIQUE.

 

Enrique Iba a por el oso. Iba a por el oso. No iba a por él. Iba a por el oso. Oye, me creéis, ¿verdad? Iba a por el oso. Iba a por el oso... Me crees, ¿no?

 

JAIME duda y, al fin, se encoge de hombros.

 

Jaime Vale. Vale. Te creo. Vale. Ibas a por el oso. Ibas a por el oso.

 

ÁNGEL coge el oso y lo acaricia con mimo.

 

Ángel Pobre oso. Siempre acaba cobrando él. ¿Quieres que te lleve al hospital, oso?Le desclava el cuchillo, con mimo. Se abraza al oso y se sienta en el banco con él. Cada osezno está ahora mirando en una dirección distinta, pero en realidad todos miran dentro de sí mismos. Empieza a caer una leve llovizna. Uno a uno, los oseznos elevan sus miradas hacia el cielo.


OSCURO
(Ruido de lluvia)


ESCENA 5


UN CINE ABANDONADO


El ruido de la lluvia ha cesado. Ahora sólo se oye un fuerte viento que entra por las rendijas del edificio. Los OSEZNOS entran al escenario desde cajas apenas iluminados por la luz de una cerilla que lleva ENRIQUE. Miran a su alrededor tratando de ver algo… pero la cerilla se apaga. Oscuridad. Alguien tropieza con un cubo metálico que rueda con estrépito.

 

Jaime Mierda.

 

ENRIQUE enciende otra cerilla.

 

Enrique Penúltima cerilla. (Mira a su alrededor)

Jaime Tío, ¿seguro que esto es un cine?

Enrique Que sí, joder… (Escudriña en la oscuridad hacia el público) Mira, el patio de butacas. Hemos entrado por detrás de la pantalla. ¿Lo ves? Tenía yo razón. De puta madre. Os lo dije, que la puerta de atrás lleva años sin pestillo. Aquí venía yo de pequeño. Me dejaba mi madre cuando tenía que ir a trabajar y luego venían a recogerme al final.

 

Se sienta al borde del escenario, cara al público. La cerilla se apaga. Oscuridad. Enciende otra.

 

Enrique La última.

Jaime Joder. A mí este sitio me da mal rollo.

Enrique Al menos aquí no nos mojamos.

Jaime Ya, en el cajero tampoco nos mojábamos y no hemos entrado.

Enrique Había un mendigo haciéndose una paja.

Jaime Pues le echábamos.

Enrique ¿Quién? ¿Quién le iba a echar? ¿Tú?

Jaime No, tú. Tienes un cuchillo, ¿no?

 

Silencio. El viento sopla. Pausa.

 

Jaime Tío, qué mal rollo. ¿Dónde está Ángel?

Enrique Ángel... ¡Ángel! No está.

Enrique ¿Cómo que no está? Si venía con nosotros. ¡Ángel!

Jaime No está. ¿Se habrá mosqueado? ¡Ángel!

Enrique No lo sé. Esta un poco raro. Después de lo de su hermana...

Jaime Qué fuerte, ¿no?

 

El viento arrecia. Unos segundos de quietud y oscuridad… De pronto la luz de una linterna se enciende e ilumina el rostro de Ángel desde abajo dándole a su cara un aspecto irreal...

 

¡Ahh!

Enrique ¡Hostia tío, qué susto, joder…! ¡Córtate un pelo, macho!

Jaime Pero tío, ¿de dónde has sacado eso?

Ángel Estaba aquí, en el suelo.

 

Se acerca. Lleva al Oso consigo.
A partir de ahora, observamos que ÁNGEL ha cambiado. Ahora habla en tono seco, cortante. Su voz es más grave.
Le alumbra la cara a JAIME. El resto de la escena transcurre en la semipenumbra que da la linterna.

 

Jaime Quita, joder…

Enrique Seguro que es del acomodador, que se la dejó olvidada la última vez que vino, antes de palmar.

Jaime A lo mejor es de alguien que duerme aquí... ¿Por qué no la dejas donde estaba?

Ángel Joder, para ver algo.

Jaime Para lo que hay que ver. Yo la dejaría donde estaba.

Enrique Pues yo no.

Jaime Ya verás como venga el dueño. Seguro que aquí vive alguien.

Enrique Quién.

Jaime Yo qué sé. Tío, aquí te matan y no te encuentran. Aunque tengas seguro de entierro.

 

Pausa. Silencio. Un ruido lejano parecido al de una puerta que chirría.

 

Jaime ¿No habéis oído un ruido?

Enrique A ver, alumbra por ahí. Tío, ahí hay alguien…

Jaime Sí, el fantasma del acomodador, que viene a por su linterna.

Ángel Joder… (Suelta la linterna y la deja en el suelo) Tío, ya vale, ¿no?

Jaime (Inquieto) Oye, ¿por qué no nos vamos?


Enrique ¿Adónde?

Jaime Yo qué sé, donde sea, a un albergue. Hay albergues, ¿no?

Enrique Sí, llenos de mendigos. Y esos no se hacen una paja, te dicen que se la hagas tú. Yo me quedo a dormir aquí.

Jaime Oye, ¿tú no sueñas nunca con tus hermanos muertos?

Enrique ¿Tú qué quieres? ¿Qué me entre el mal rollo?

 

Trueno lejano. Silencio.

 

Jaime Cuando yo me fumaba la terapia, me metía en un sitio así a fumar canutos. Vamos, aquello era una nave, pero olía igual. A meados de gato.

Enrique ¿Qué hacías en la terapia?

Jaime Nada; hablar. El tío escuchaba y se llevaba diez papeles la hora. Aunque no fuera.

Enrique Macho. ¿Diez mil pelas la hora y te fumabas las sesiones?

 

JAIME se encoge de hombros.

 

Enrique Tío, eres un cabrón, no me jodas. Te mandan al psicólogo para que estés bien y tú tiras diez talegos a la basura.

Jaime No me mandaron para estar bien. Me mandó mi madre porque pasaba de mí como de la mierda y se sentía culpable.

Enrique Pues si yo fuera tu madre te daba dos hostias por tirar el dinero.

 

Se oye un “bip” repetido, un pitido más largo y luego...

 

Jaime Joder... se acabó la batería. Ahora sí que se acabó del todo.

Enrique Tío, si a las cinco de la mañana no te ha llamado es que ya no te llama.

Jaime A lo mejor está en Canarias, que es una hora menos.

Enrique Ya, o se ha ido al Caribe, a buscarte la cena y se ha hecho un lío con las horas. ¿Tú qué opinas, Ángel?

Ángel Bueno, vale ya, ¿no? ¿Es que da igual lo que pase, no se os van a quitar las ganas de decir gilipolleces? ¡Estoy hasta los cojones de vosotros!

 

JAIME y ENRIQUE se miran, sorprendidos: nunca le habían oído hablar así.

 

Jaime Córtate, tío... No eres el único que tiene problemas.

Ángel ¿Ah, sí? Qué problema tienes tú, ¿eh? A ver, ¡qué problemas tienes tú, que eres un pijo!

Enrique Vale ya, tío...

Jaime No hace falta que me defiendas. No hace falta que me defiendas de este maricón.

Enrique Joder... Sois un par de gilipollas.

Ángel ¿Y tú qué, eh? ¿Y tu qué, sicópata, que casi te cargas a éste...? Por tu culpa estamos aquí. Si no hubieras decidido que te ibas de casa, no habría pasado nada de esto.

Enrique Oye, tu padre se estaba tirando a tu hermana desde mucho antes de hoy.

Ángel ¿Y tú qué sabes?

Enrique ¡Además, yo no quería hacerle daño a éste. Iba a por el oso.

Jaime Joder, pues casi me clavas en el suelo.

Enrique ¡Iba a por el oso!

Ángel ¿Y qué culpa tenía el oso? ¿Eh? ¿Qué culpa tenía el puto oso?

 

Coge el oso del suelo y se lo lanza.

 

Ángel Míralo... es el único que no le ha hecho nada a nadie y se tiene que llevar todas las hostias. ¿Qué te había hecho él? ¿Eh? Mira... mira cómo se le sale el relleno. ¿Qué te había hecho él? Tendrías que pedirle perdón.

Enrique Está bien. Lo siento, oso. Pero que conste que yo te había salvado antes la vida. ¡No lo olvides! (a JAIME) Ahora tú. Tú también le has pegado.

Jaime ¿Qué dices?

Enrique ¡Que le pidas perdón!

Jaime Vale, vale... Perdona, oso.

 

Se miran un momento, con estupor.

 

Jaime Joder, tíos ¿qué estamos haciendo pidiéndole perdón al puto oso?
Estamos locos. Se nos ha ido la olla.

Ángel Vámonos, tíos... vámonos, adonde sea. Esto es una mierda.

Jaime ¿Adónde?

Enrique No, sé, pero a cualquier parte.

Jaime Pero a cualquier parte, ¿dónde? ¿Vosotros tenéis pueblo? Porque yo no tengo pueblo.

Enrique Ni yo.

Jaime Vaya mierda.

Ángel A Granada. Tíos, al pueblo de mi abuela. Vámonos, ya.

Jaime ¿Con qué dinero? ¿Eh, con qué pasta? Porque con lo que tiene este...

Enrique Joder, y con lo que me habéis dejado después de las pastis... (echa mano al bolsillo) Joder...

Jaime ¿Qué pasa?

Enrique Espera... (rebusca en bolsillo varios) Me cagüen... joder... ¡joder!

Ángel ¿Qué pasa?

Jaime Lo has perdido.

Enrique No.

Jaime ¿Entonces?

Enrique No sé dónde lo he puesto.

Ángel ¿El qué?

Enrique La cartera, con la pasta... joder...

Jaime La has perdido...

Enrique Que no la he perdido, sólo que... joder, tío, qué cagada. Me la he dejado en tu casa.

Ángel Qué dices.

Enrique Tenemos que volver.

Ángel Pero qué dices. ¿Tú estás loco?

Enrique No hace falta que vayas tú. Voy yo.

Jaime Sí, hombre, “oye, perdonad que os interrumpa, vengo a por la cartera, gracias, ya podéis seguir follando, ¿eh?, por mí no os cortéis”.

Ángel Vete a la mierda.

Enrique Tú eres gilipollas.

Jaime Gilipollas tú, que te has dejado la única pasta que teníamos en casa de éste.

Enrique ¿Cómo que teníamos? La pasta era mía.

Jaime De tu madre.

Enrique Mía. Era mi entierro, ¿no?

Jaime Y el de tu hermano.

Enrique Bueno, ya vale. ¿A ti que te importa? A mí me da igual si en vez de enterrarme me tiran a un contenedor, y mi hermano... bueno, que se joda. Que le entierren donde entierran a los locos. Yo ya he dicho que vuelvo a por ella.

Ángel Que no.

Enrique Pues entonces, sólo puedo hacer una cosa para pillar más pasta.

Jaime ¿El qué?

Enrique Prostituírme.

Jaime Pero ¿con tías o con tíos?

Enrique Vamos tíos, que es broma.

Ángel Para ti será una broma. Para mí, no. Yo me voy.

Enrique Ya, pero ¿y la pasta?

Ángel Yo estoy dispuesto a lo que sea. No quiero quedarme aquí ni un minuto más.

Jaime Ya, tío, pero piensa un poco, necesitas pasta para el viaje, y eso es lo de menos, tendrás que vivir de algo...

Enrique Eso es verdad, tío... ¿de qué vas a vivir?

Ángel ¿Qué pasa? ¿Es que tú tampoco te vas a venir? ¿Te vas a quedar en tu casa, dejando que tu hermano te pegue de hostias cada vez que se le crucen los cables?

Enrique Bueno, tío, a lo mejor si le hacen efecto las pastillas...

Ángel ¿Qué pastillas? ¿Esas que no se toma?

Jaime Bueno, tío, tampoco hay que machacar...

Ángel ¿Y tu qué? ¿Te vas a quedar en tu casa, esperando a que tu madre llegue pedo cualquier día? Bueno, tú por lo menos tienes una casa que mola, con piscina... vamos, eso supongo, porque nunca nos has llevado... ¿qué pasa, que te avergüenzas de nosotros en tu barrio de pijos?
¿Te da vergüenza que nos vea tu madre?

Jaime No. Me da vergüenza que la veáis vosotros a ella.

 

Pausa.

 

Ángel Joder, ¿por qué no os venís conmigo?

Jaime Ángel, tío... a mí me gustaría, pero...

Ángel Sólo nos hace falta un poco de pasta. No mucho, solo para llegar allí y vivir un poco de tiempo. Luego ya encontraremos algo...

Enrique Pero ¿cómo la vamos a conseguir?

 

Ángel saca el cuchillo.

 

Ángel Yo estoy dispuesto a lo que sea. No quiero volver a ver más a ese par de cabrones.

 

ENRIQUE y JAIME se miran, inquietos.

 

Enrique Ángel, tío... ¿no irás a sacarnos los órganos y venderlos?

Ángel Tíos... yo me voy. ¿Cuento con vosotros o no? (Al público) Si Enrique nos hiciera ahora la pregunta que nos hizo antes...

Enrique ¿Vosotros nunca habéis tenido ganas de matar a nadie?

Jaime Yo sí.

Ángel Yo también.

Enrique ¿A quién?


Jaime Tú antes.

Enrique A mi hermano.

Jaime A mi sicólogo... a los amigos de mi madre...

Ángel A mi padre. Y a mi hermana. Y a vosotros. Y a mí.

 

ESCENA 6 *


LA CALLE, ANTE EL TODO A 100

 

Nuevo cambio de luz. Los tres OSEZNOS miran a algún lugar que no vemos.
El Oso está con ellos.



Ángel (Nervioso) Bueno, ¿qué? ¿Vamos?

Enrique Ángel, tío...

Ángel ¿Entramos o entro yo solo?

Enrique Oye, estas cosas hay que planearlas...

Jaime Yo lo que digo es, ¿seguro que es una buena idea atracar un Todo a Cien?

Ángel ¿Y qué quieres? ¿Qué atraquemos un banco? ¿Tú sabes lo protegidos que están? En cambio esto, mira. No hay vigilante, no hay alarma.

Enrique Joder, claro, porque sólo hay mierdas. Aquí no hay pasta.

Ángel Qué dices. Claro que hay pasta. ¿Tú no sabes la cantidad de gente que entra aquí al cabo del día? ¿No has visto todos los que han entrado mientras hemos estado vigilando? Y esta gente no mete el dinero en el banco. ¿No ves que todos son ilegales? Lo guardan ahí mismo...

Jaime Joder, yo tengo hambre.

Enrique Tío, ¿tú sólo piensas en comer?

Jaime No, eso es lo segundo.

Ángel Bueno, qué, ¿vamos?

Jaime Espera, tío, ¿no ves que son dos? Está el chino y está la china.

Ángel ¿Y qué? Nosotros somos tres.

Enrique Ya, pero no compares. El tío lo mismo sabe kárate. Te puede dar en la nuez y te mata al momento. El kárate lo inventaron los chinos.

Ángel Sois unos acojonaos.

Enrique Ángel, tío, si es que no se puede ir atracando así como así... para esas cosas hay que ser profesional.

Ángel Joder, ¿y tú eras el que quería matar a alguien sólo para ver qué se sentía?

Enrique Eh, eh, yo no he dicho que quiera matar a alguien. Sólo he dicho que lo he pensado.

Ángel Pues ahora puedes. Puedes entrar y cargarte a un chino.

Enrique Qué dices, tío, a mí los chinos no me han hecho nada.

Ángel Bueno, pues no lo mates. Yo tampoco quiero matar a nadie. Sólo quiero llevarme la pasta y largarme de aquí.

Enrique Tío, todo esto es una broma, ¿no?

Ángel ¿Una broma? ¿Tú crees que lo de mi padre y mi hermana es una broma?

Enrique Ya, pero los chinos no tienen la culpa de eso...

Jaime ¡Eh, la china! Sale la china.

 

Los tres miran, conteniendo el aliento.

 

Qué hace.

Enrique Joder, menudo gargajo ha echado. Parece mi abuelo. Mi abuelo echa unos gargajos por la ventana que no veas. Le da igual si pasa alguien.
Lo malo es que a veces se quedan colgando de a cuerda de tender. No veas mi madre cómo se pone. Esa china me recuerda a mi abuelo. Menudo gargajo.

Ángel Y se vuelve dentro, la muy zorra.

Jaime
Tranquilo, tío, no pasa nada. No te pongas nervioso.

Ángel No estoy nervioso.

Enrique Ángel, tío, no te conozco.

Ángel Ya sé que no me conoces. Nunca me has conocido.

Enrique Me refiero a que estás muy raro.

Ángel (Pasea nervioso) Joder-joder-joder… como no salga uno de los dos...

Enrique ¿Por qué no nos vamos y lo pensamos?

Ángel ¡No lo quiero pensar! ¡No quiero pensar nada! ¡Nunca más voy a pensar nada! Desde ahora voy a hacer lo que me dé la gana.

Jaime Tío, tranquilo.

Enrique Seguro que tienen cámaras…

Jaime ¿Cómo va a tener cámaras un todo a cien? Ni que fuera el corte inglés.

Enrique Si nos pillan estamos jodidos. Los chinos son muy sádicos. La misma palabra lo dice: tormento chino. Ellos han inventado las torturas más espantosas: el gota a gota y otras peores… y esos no llaman a la Policía. Resuelven sus asuntos a su manera.

Jaime Macho, estás delirando.

Enrique Tú no sabes lo que se hacen entre ellos cuando no pagan sus deudas. Se cortan en trozos… Y si no, les meten en sótanos oscuros a coser doce horas diarias hasta que paguen lo que deben…

Jaime Eh, mira. Está saliendo la china.

 

Los otros dos miran para allá, hacia donde supuestamente la china se aleja.

 

Jaime Venga, tronco. Tu turno.

Enrique ¿Qué dices? Tío, ni se te ocurra.

Ángel ¿Qué no? ¿Para qué te crees que estamos aquí?

 

Saca el cuchillo.

 

Enrique Ángel, tío, es una broma... Guarda eso. Guárdalo, antes de que la caguemos.

Jaime Joder, qué fuerte...

Ángel Voy a entrar. ¿Venís o no?

Enrique Yo paso.

Ángel Eres un mierda. Todo esto es por tu culpa.

Enrique ¿Qué coño va a ser por mi culpa? ¡Es por la culpa de tu padre y tu hermana!

Ángel Vete a la mierda.

Enrique Vete tú. Yo paso. Y si os pillan, me voy a alegrar.

Ángel (A JAIME) Entonces, ¿vamos nosotros?

Jaime Yo casi que me quedo vigilando. Alguien tiene que vigilar, ¿no?

Ángel Joder, otro cagao. Mierda. Mierda. Sois unos cagaos.

Jaime Pero es que no puedo, tío. Estoy bloqueado, las piernas no me responden.

Ángel No jodáis, tíos. Dijisteis que íbais a entrar.

Enrique Oye, Ángel, ¿por qué no lo dejamos?

 

ÁNGEL se vuelve a él mostrándole el cuchillo.

 

Enrique Eh, deja eso tío...

Ángel No lo habéis entendido. No habéis entendido nada.

 

Y, con paso decidido, ÁNGEL se dirige hacia la tienda.
Desaparece.

 

Enrique Ángel... ¡Ángel! Joder, ese tío está loco. Va en serio...

Jaime Vaya par de huevos. Y eso que es maricón.

Enrique Nos está vacilando. Seguro que nos está vacilando. Va a comprar cualquier chuminada y sale.


Jaime No.

Enrique ¿No qué?

Jaime Que va en serio.

Enrique Joder... joder, está loco... Yo me largo.

Jaime Tiene razón Ángel. Eres un cagao.

Enrique ¿Y tú qué?

Jaime Yo estoy vigilando.

Enrique Pues venga, ya vigilo yo y tú entras.

Jaime ¡Chsst!

Enrique ¿Qué hace?

 

JAIME Hace como que mira…

 

Enrique ¿Y el chino?

Jaime Detrás del mostrador.

Enrique ¿Mirándole?

Jaime Sí.

Enrique ¿Y él, qué hace?

Jaime Ahora está cogiendo una lata.

Enrique ¿De qué?

Jaime (Entrecierra los ojos) De… espera, que no veo…
Oye, ¿qué cojones importa de que es la lata?

Enrique ¿Pero para qué ha cogido la lata?

Jaime Yo que sé. Para disimular, supongo…

Enrique Ya verás, se raja. Se va a rajar.

Jaime Joder…

Enrique ¿Qué pasa?

Jaime No se raja... ha sacado el cuchillo.

Enrique Va a rajar al chino... Joder, está loco.

Jaime Va hacia el mostrador.

Enrique ¿Y el chino?

Jaime No se ha dado cuenta del cuchillo. Está leyendo un periódico en chino.

Enrique ¿Qué hace ahora?

Jaime Ha llegado al mostrador... joder. Le ha enseñado el cuchillo al chino. El chino ha soltado el periódico.

Enrique Joder, vámonos...

Jaime Le debe estar pidiendo la pasta... El chino va a sacar la caja...
(Aterrorizado) ¡Joder! ¡Joder!

Enrique ¿Qué pasa?

Jaime ¡El chino ha sacado una pipa!

Enrique ¿Cómo que una pipa?

Jaime ¡Una pistola! ¡El chino tiene una pistola! ¡No! ¡No!

Enrique ¡Ángel! ¡Ángel!

 

Un disparo.

 

OSCURO



ESCENA 7.


UN LUGAR INDETERMINADO,
UN TIEMPO INDETERMINADO

EPÍLOGO

 

JAIME y ENRIQUE hablan con ÁNGEL. Este ocupa un lugar algo elevado, y la iluminación y su palidez no harán dudar sobre si está vivo o muerto. ÁNGEL vuelve a ser el que era.


Enrique Pero ¿qué se siente?

Ángel Nada. Sólo una luz y bueno, las voces y te sientes como bien...

Enrique No, si al final va a molar más palmar que estar vivo...

Ángel Pues seguro que sí. Porque además estaba mi abuela.

Jaime ¿Joven o vieja?

Ángel ¿Cómo joven o vieja?

Jaime Sí, que si estaba joven o vieja. Porque si las tías que se mueren de viejas van a estar viejas para siempre no mola. Al final, el cielo va a estar lleno de viejas. Menudo mal rollo. Para eso es mejor ir al infierno.

Enrique Bueno, por suerte también hay tías buenas que se mueren jóvenes.

Jaime Ya, pero ¿los que se mueren viejos cómo están allí?

Ángel No lo sé. Sólo fue un momento. Yo vi esa luz, y las voces y luego ya nada. No me acuerdo de nada. De nada.

Enrique Joder, tío, saliste de allí echando sangre como un cerdo... No te mató de milagro. No veas el susto. No te mató de milagro.

Jaime Porque sería una mierda de pistola...

Enrique Sí, una pistola de Todo a 100.

Ángel (Al Público) No me acuerdo de nada.

Jaime A los maderos les dijimos que no sabíamos que había pasado... que nuestro amigo entró a comprar un bolígrafo y de pronto oímos el disparo...

Enrique ¿Un bolígrafo? Yo les dije una bombilla.

Jaime Joder, pues yo les dije un bolígrafo... a lo mejor se mosquearon.

Enrique No creo: ¿qué más da un bolígrafo o una bombilla?

Jaime No es lo mismo.

Enrique Ya lo sé, no soy gilipollas. Con una bombilla no escribes.

Jaime Pero es una contradicción.

Enrique ¿Y qué? No dijeron nada, ¿no? Y fueron a la tienda, a por el chino. Pero el chino se había largado. No lo encontraron. La tienda estaba cerrada. Sólo encontraron a la china, que decía que no sabía, no conocía... Aún están tratando de saber qué pasó. Y Ángel también.

Ángel No me acuerdo de nada.

Enrique No se acuerda de nada.

Jaime ¿No se habrá quedado gilipollas?

Enrique Yo le veo como siempre.

Jaime Eso, un poco gilipollas. Claro que ya era un poco gilipollas.

Enrique Desde luego, de aquello no se acuerda para nada

Ángel No, no me acuerdo de nada. Sólo que vi al chino mirándome con cara de susto y luego ya nada. Ojalá me acordara de menos cosas todavía.

Jaime Desde la comisaría llamaron a mi casa, pero no cogía nadie. Me llevaron en una lechera a casa. Les dije que si podían poner la sirena, pero pasaron de mí. Me dejaron allí y no había nadie. Luego apareció un vecino que me dijo que mi madre estaba en coma.

Enrique ¿Dónde?

Jaime En coma, gilipollas. En el hospital. El mismo día que no volví a casa, mi madre tampoco volvió. Por la mañana un vecino la encontró en el coche, delante del garaje; del garaje de su casa, no de la nuestra: se había equivocado de entrada. Esas casas son todas iguales. Pensaron que estaba muerta, pero no. La llevaron al hospital. Por lo visto había tenido una parada cardiaca por la coca. Tuvieron que reanimarla con esos electrodos que te ponen... (imita el ritual tantas veces visto en la televisión) Bumba... bumba... “¡está fibrilando, está fibrilando...!”

Enrique Por eso no te llamaba... Porque estaba ocupada fibrilando.

Jaime Qué gilipollas eres. Estuvo tres días sin conocimiento. Los del hospital estuvieron llamando a casa, dejando recados en el contestador. Nadie sabía mi número del móvil. Luego lo encontraron en su agenda, pero llamaron cuando ya no tenía batería.

Ángel ¿Está ya bien?

Jaime ¿Mi madre? Sí; se fue a un centro de desintoxicación. El otro día fui a verla. Tuve que ir a una terapia. Tengo que ir de vez en cuando. No veas, allí todos cuentan su rollo y luego se dan la mano y cantan. Algunos hasta lloran. Ahora, la tía que mandaba en la terapia estaba muy buena. Luego me fui a Marbella con mi padre y con la alemana. Ahora me llevo mejor con ella.

Enrique ¿Con tu madre?

Jaime No, con la alemana. No la entiendo, pero me sonríe. Yo creo que le gusto. Y se ducha con la puerta abierta, y eso que sabe que yo miro. A lo mejor acabamos enrollándonos, ¿te imaginas el mosqueo de mi padre si le levanto la piba?

Enrique Por eso no te volvimos a ver. Porque estás en Marbella intentando tirarte a la novia de tu padre.

Jaime Os pensaba escribir.

Enrique Ya.

Ángel Mi padre vino a buscarme al hospital y volvimos a casa juntos.
No hablamos nada en el camino. Mi hermana no estaba en casa. Le pregunté por ella. No se había pasado a verme, y eso que curra allí. Él se echó a llorar y se metió en su cuarto. Mi hermana no volvió a casa nunca más.

Enrique A lo mejor no era ella.

Ángel Al día siguiente llamó una compañera suya del hospital. Me dijo que mi hermana quería verme. Fui a verla. Quedamos en un bar. Casi no hablamos. Me preguntó qué tal estaba. Pero no me preguntó por mi padre.
Como si no existiera. Fue raro. Me dijo que me quería mucho. Que me quería mucho. Eso lo dijo muchas veces, que me quería mucho. Fue muy raro. Yo tenía ganas de llorar, pero no lloré. Casi no hablé.

Jaime A lo mejor no era ella.

Ángel Con mi padre tampoco volví a hablar de eso. Bueno, ni de eso ni de nada. Comíamos viendo la tele, entrábamos, salíamos, nos dejábamos notas: “Hay que comprar leche”, “hoy vienen a arreglar la antena”... Hasta que un día le dije que me diera dinero para irme a Granada. Que me diera todo el dinero que pudiera. No dijo nada y me lo dio. Sacó todo lo que tenía en el banco y me lo dio sin decirme nada. Y me fui a Granada y allí me quedé. La casa de mi abuela la habían vendido. Pero ella estaba allí. ¿Sabéis que muchas veces veo a mi abuela y hablo con ella?



Se miran Jaime y Enrique.

Jaime Lo que yo decía, un poco gilipollas.

Ángel Nunca vinisteis a verme. Y eso que os escribí. A los dos. No os llamé porque... no sé por qué.

Enrique Joder, yo pensaba ir...

Ángel (A JAIME) A ti no te pilla muy lejos. Y tienes moto, ¿no?

Jaime Es una carretera fatal. Se mata mazo de gente.

Enrique En cuanto tenga unos días libres, me bajo a verte. Estoy currando.

Ángel ¿Dónde?

Enrique Yo llamé a casa desde la Comisaría. Mi madre vino a buscarme, llorando y me llevó a casa. Luego me estuvo doliendo el golpe durante bastante tiempo. Este del costado. Me hicieron unas radiografías y resultó que tenía una costilla rota. El médico me dijo que daba igual, que se curaba sola, pero me dolía cuando respiraba fuerte. La siguiente vez que mi hermano me quiso pegar saqué el cuchillo. Le saqué el cuchillo. No dije nada, pero saqué el cuchillo. Mi madre empezó a gritar que estaba loco y quería llamar a la policía, pero mi padre me defendió y dijo que el que estaba loco era mi hermano, que ya era hora de que hicieran algo. Fue la primera vez que mi padre me defendió. Bueno, fue la primera vez que mi padre hizo algo desde hace la tira. Al final internaron a mi hermano. Le ingresaron en el mismo psiquiátrico donde estoy currando ahora. O sea, que le veo todos los días, pero ya no me pega, porque siempre está medio grogui, con las pastillas. Inflado. Me da mal rollo verle así. Me mira como si estuviera en una pecera, no sé si me entiendes. Me da pena. Me dan ganas de sacarlo de allí. Es mi hermano, ¿no? Me da pena verlo así.

Ángel ¿Quién está en la pecera? ¿Tú o él?

Enrique Él.

Jaime No se te ocurra sacarlo. No seas gilipollas. (A ÁNGEL) ¿Y tú a qué te dedicas?

Ángel Estoy con un pintor. Vivo en su casa. Le ayudo.

Enrique ¿Le ayudas a qué? ¿A pintar?

Ángel Claro que no, gilipollas, ¿cómo le voy a ayudar a pintar? Es un pintor importante, alemán. Vende cuadros por una pasta. Yo estoy con él, le ayudo en la casa, con las cosas, no sé.

 

Los otros dos se miran.

 

Ángel ¿Qué pasa? Ya sé lo que estáis pensando, y me da igual. Me da igual.

Jaime Pero ¿te paga?

Ángel Vete a la mierda.

Enrique El otro día pasé por el Todo a 100, por si veía al hijoputa del chino que te disparó.

Jaime ¿Estaba?

Enrique No. La tienda estaba cerrada.

Jaime ¿Y si hubiera estado?

Enrique No sé.

Jaime Pero no estaba.

Enrique No, pero encontré esto. (Saca el Oso) Estaba en un contenedor.

Ángel ¿Es el mismo?

Enrique Sí.

Jaime No puede ser. Tiene que ser otro.

Enrique Que no, que todavía tiene mi cuchillada. Mira, se le sale el algodón.

Ángel Y le falta un ojo.

Jaime Podías haberme matado.

Enrique Qué va. Qué pasa, Oso, ¿te duele?

Ángel Ya se le habrá curado.

Jaime Este sí que vive de puta madre, sin enterarse de nada.
Sin que le duela nada.

Ángel ¿Os imagináis que por dentro sólo tuviéramos algodón? Ni tripas, ni corazón, ni nada. No tener que sentir nada. Sólo mirarlo todo con unos ojos de cristal.

Jaime Pásamelo.

Enrique ¿Por qué? Es mío.

Jaime Trae, anda, no seas gilipollas.

 

Va a por él. Enrique, por encima de su cabeza, se lo lanza a Ángel, el cual lo coge al vuelo.

 

Ángel Mío. (Al oso) Qué pasa, tú.

 

Jaime va a por él, pero Ángel lo pasa a Enrique. Antes de que lo coja, Jaime consigue placarle...

 

Jaime ¡Mío!

Enrique ¡Ay! Me has hecho daño, gilipollas. Trae.

 

Jaime se lo pasa a Ángel, y así empieza un juego de toma, pasa, trae el oso. Los tres oseznos se entregan al juego, lanzándose el oso unos a otros, mientras va subiendo la música del principio cada vez más alto, cada vez más alto...

fin

Volver