LA
NOCHE DEL OSO
ESCENA 1
EN UN SOLAR
Sobre el oscuro, MÚSICA. (Un tema hip-hop)
LUZ.
LOS OSEZNOS están sentados en una barandilla o murete, mirando...
quien sabe qué: la gente, los coches...
La música que hemos oído procede de un radio cassete.
ENRIQUE está con la boca cerrada, mientras JAIME cuenta:
32,
33, 34...
Déjalo ya. No es bueno.
35, 36, 37...
Enrique, en serio, es una gilipollez.
¿Por qué? 38, 39, 40...
Por los gestos de ENRIQUE, comprendemos que está conteniendo la
respiración y JAIME le está cronometrando. ÁNGEL
contempla la escena, aunque de vez en cuando dirige mirada inquietas a
ENRIQUE.
41, 42, 43, 44...
No es bueno para el cerebro. Si falta el oxígeno te puedes quedar
tarado para siempre. Para siempre. Por la falta de oxígeno.
Éste ya está tarado, así que da igual.
ENRIQUE suelta el aire.
¡No vale, tío! Estabas contando muy despacio.
Estaba contando normal. Has llegado a 43.
44.
En 44 has soltado.
¿Hasta cuántos he llegado, Ángel?
No sé.
Venga, cronométrame tú a mí. Cronométrame
tú a mí. Va. Cronométrame tú a mí.
No sé por qué voy con ellos.
Paso.
Ya; porque sabes que aguanto más.
De eso nada: una vez hice un minuto diez.
Y una leche. ¿Cuándo? ¿Eh? ¿Cuándo
hiciste un minuto diez? ¿Cuándo?
Una vez que estaba solo.
Vale, y yo me tiré a Claudia Chifer una vez que también
estaba solo.
No lo sé. No sé por qué voy con ellos.
Ya; y si estabas sólo, ¿cómo te la ibas a tirar?
(Al público) Siempre estaban igual.
La verdad es que no sé por qué voy con ellos.
¿Y con una bolsa de plástico?
¿Qué pasa con una bolsa de plástico?
Sí, con una bolsa de plástico, en la cabeza. ¿Cuánto
aguantarías con una bolsa de plástico en la cabeza?
Se levanta y empieza a buscar.
¿Adónde vas?
A buscar una bolsa de plástico.
Estás loco, tío.
Yo paso de ponerme una bolsa de plástico. Me da yuyu.
¿Por qué? Dicen que mola un montón follar con una
bolsa de plástico en la cabeza.
¿En la cabeza de quién?
En la tuya.
Qué dices. En todo caso, si la tía es fea, le pones la bolsa
a ella y no le ves la cara...
Se ríen. JAIME se aleja, buscando.
Yo también lo he oído. Te pones una bolsa de plástico
en la cabeza y cuando estás a punto de asfixiarte te corres. Por
lo visto es la leche.
Y luego palmas, y eso sí que es la leche.
Hay gente que lo hace.
Joder, hay gente que hace de todo.
Los ingleses. Los ingleses hacen cosas muy raras.
Los ingleses y los de aquí. Un amigo mío estaba empeñado
en tirarse a su perro.
¿Cómo a su perro? Sería perra.
No, no, perro; perro. Un foxterrier; lo que pasa es que con la mala leche
que tenía el perro, no se dejaba nunca.
ÁNGEL le mira sin saber si creérselo.
Vuelve JAIME. Trae una bolsa de plástico.
A ver. Quién es el primero. ¿Tú, Ángel?
Qué dices... (Siguiendo con el tema
anterior) Pero un fox terrier es un perro muy pequeño...
Todavía con uno más grande... O con una oveja. En el pueblo
de mi abuela, un pastor se lo hacía con las ovejas.
Hombre, si no tienen otra cosa a mano... ahí perdidos por el monte...
Y los romanos se lo hacían con patos.
¿Con patos? ¿Y por qué con patos?
No sé. Pero lo he leído.
Los romanos.
Los romanos, sí. Qué pasa. Lo he leído. Los romanos.
Ya. Lo has leído.
Se ríe. A sus espaldas, mientras hablan,
JAIME se ha colocado la bolsa en la cabeza.
A ver. Cronometradme... Ya. Va. Cronometradme.
Se vuelven, y le ven con la bolsa. Se levantan de
golpe.
¿Qué haces tío?
Quítate eso.
Forcejean con él.
Que me dejéis, que quiero ver cuánto aguanto...
Joder, este tío está grillao...
Déjale, a ver si se ahoga.
¡Ya! Uno, dos, tres...
Qué mal rollo... Dios, qué mal rollo... ¡quítate
eso, anda!
Cuatro, cinco, seis...
Yo me voy. Aquí os quedáis.
Siete, ocho, nueve...
Quítasela tú, Quique...
Once, doce, trece...
Yo me voy.
Déjalo ya, Jaime...
Quince, dieciséis...
¡Quítatelo ya, que me estás agobiando...!
Dieciocho, diecinueve...
ENRIQUE se abalanza sobre JAIME, para quitarle la
bolsa. Forcejean. ENRIQUE consigue quitarle la bolsa. JAIME, furioso,
se agarra a él. En seguida, ENRIQUE muestra un gesto de dolor.
¡Aaah! Ay, suéltame.
¿Que te suelte?
¡Suelta! ¡Aaah!
ÁNGEL les mira, inquieto.
Suelta... ¡Aaah!
Suéltalo; le estás haciendo daño.
Que me devuelva la bolsa...
Suelta...
¡Que lo sueltes!
Y se abalanza sobre JAIME, propinándole un
empujón. JAIME cae al suelo.
ENRIQUE se inclina, gimiendo de dolor y llevándose la mano al costado.
¿Estás bien?
Joder... joder, ese cabrón me ha hecho daño.
Y llegando hasta él, trata de darle una patada,
de la que JAIME se escabulle rodando por el suelo, riendo. ENRIQUE
aún parece dolerse.
¡Pero si no te he hecho nada, nenaza!
ENRIQUE se deja caer sobre el banco. ÁNGEL
se acerca a él.
JAIME, algo más inquieto, se levanta.
¿Qué te pasa?
Que le has hecho daño. Joder, siempre estáis igual. Parecéis
críos. ¿Dónde te duele?
Aquí. Pero no ha sido él.
ÁNGEL le levanta la camiseta. ENRIQUE muestra
un fuerte moratón en el cuerpo.
Joder. ¿Y esto?
Me di un golpe.
¿Tu hermano otra vez?
ENRIQUE se vuelve al público.
Me llamo Enrique Martínez Castro. No sé por qué voy
con estos. Algún día mataré a mi hermano, estoy seguro.
Estudio FP2, electricidad, pero no voy a clase. No he ido en todo el curso.
Vivo en la parte más vieja del barrio, en las casas de la Obra
Sindical. Mi vecina aún tiene la foto de Franco en la pared porque
les dio las casas. Mi madre dice que cuando vinieron a las casas no había
puertas ni ascensor, y eso que vivimos en el piso nueve. Tampoco había
váter, sólo uno de esos con un agujero y un sitio para poner
los pies. Joder, qué asco. Y tampoco había metro. La casa
se la dieron a mi abuelo, que le faltaba una pierna por la guerra. En
realidad, se la cortaron porque le mordió un mulo en el culo y
se le gangrenó, pero dijo que le habían herido y le hicieron
mutilado de guerra y le dieron el piso y allí se metieron él,
mi abuela y seis hijos y la foto de Franco. Menos mal que a él
le faltaba la pierna y así ocupaba un poco menos. Luego ya se lo
quedó mi madre y se casó con mi padre. Mi abuelo se quedó
viviendo con nosotros. Bueno, lógico, porque la casa era suya.
Mi hermano le quitaba la muleta y me pegaba con ella. Mi hermano es un
cabrón, ya desde que éramos pequeños. Me lleva casi
nueve años. En medio mi madre tuvo más hijos, pero se morían
nada más de nacer. Dice que están enterrados en la Almudena,
pero no tengo ni idea dónde. A veces sueño con ellos, y
me acojono. Esta cicatriz de aquí, me la hizo él. Mi hermano.
Me dieron cinco puntos. Aquí, casi no se ve, en la cabeza. Cinco
puntos.
Volviendo a la acción:
Joder, tío...
JAIME le mira, impresionado. Le aprieta con un dedo
en el moratón.
¡Ah! ¿Qué haces?
¿Te duele?
Joder, claro que me duele. Y más si me aprietas.
¿Cuándo ha sido?
Esta mañana.
¿Por qué?
Y yo qué sé. Porque está loco. Está loco.
Y mi vieja encima le defiende. Dice que está enfermo. Que oye voces.
No te jode, y yo también las oigo: las de la tele de todos los
vecinos, y no voy por ahí pegando de hostias a la gente. Está
loco. Que oye voces, dice. Está loco.
¿Por qué no habláis? De verdad, a veces las cosas
se arreglan hablando... Mi abuela siempre decía...
No empieces con tu abuela, joder. Es porque es un cabrón. Ni siquiera
se toma las pastillas. El médico dijo que si se tomaba las pastillas
se pondría mejor, pero no se las toma porque le duele la barriga
y se le seca la boca. Pues que se joda. Que se le seca la boca. ¿Y
a mí que me importa que se le seque la boca? Que beba agua. Pues
no, como se le seca la boca, no se toma las pastillas.
¿Y por qué no le metéis en un psiquiátrico?
Joder, y yo qué sé. Mi madre no quiere. Dice que allí
les tratan mal. De todas formas, estuvo en uno y al cabo de una semana
lo mandaron a casa. Tan a gusto que estábamos y de pronto llaman
a la puerta y es él.
Que le han dado el alta. Que faltan plazas y a él le podemos atender
nosotros. Tan a gusto que estábamos.
¿Y tu viejo qué dice?
No sé. Pregúntaselo al del bar, qué es lo que dice.
Si dice algo, lo dice allí porque en casa no dice nada. Mi viejo.
Mi viejo, hay que joderse.
¿No habéis intentado hablar y, no sé, comunicaros?
Seguro que en el fondo os queréis un montón. En serio, a
lo mejor no os dais cuenta, pero...
Tú eres gilipollas, lo que yo te diga.
(Al público) Yo siempre he pensado que sí, que es
un poco gilipollas. Cuando menos te lo esperas sale con el rollo ese del
amor. Por lo visto, se crió con su abuela y ella le debió
comer el tarro. Me llamo Jaime Huarte García, y no sé por
qué voy con éstos. A Enrique lo conocí aquí,
y Ángel... bueno, no sé. Lo conocí también.
Yo es que no soy de este barrio. Vivo en los chalés del otro lado
de la autovía, con mi madre. Es una urbanización de pijos.
Mi madre trabaja en publicidad. Se divorció de mi padre cuando
yo era pequeño. Mi padre vive hora con una alemana, en Marbella.
La tía es gilipollas, pero está muy buena y se baña
en bolas en la piscina, así que cuando voy me paso el día
empalmado. Mi padre se da cuenta, pero no puede decir nada. Mi padre venía
a verme mucho al principio, pero ahora ya no viene. A mí me da
igual. Que no venga. Paso.
(A ENRIQUE) ¿Te duele mucho?
Un poco. Cuando respiro fuerte.
¿Lo ves? Si dejaras de respirar... ¿quieres que te ponga
la bolsa?
Pero bueno, tío, ¿tú eres imbécil?
Pero ENRIQUE se ríe, aunque quejándose
a la vez.
Joder, tío, no me hagas reír, que me duele más.
¿Quieres que vayamos al hospital? Podemos ir al hospital de mi
hermana.
¿Y si me preguntan qué me ha pasado?
Pues les decimos la verdad, que tu hermano te ha pegado una paliza.
Eso, ¿y si llaman a la pasma? Mi madre me mata si aparecen un par
de maderos y se llevan a mi hermano. Paso. Paso de hospital. Menuda me
la arma mi madre.
Pero algo habrá que hacer. Me dijiste que una vez hasta le pegó
a ella, ¿no?
Bueno, vale ya. ¿Es tu madre? ¿Es tu hermano? Pues ya está.
Entonces ¿no vamos al hospital?
No, estoy bien. He comprado una cosa en la farmacia. Una crema. Me la
echo y ya está. Es una crema muy buena.
En el hospital está mi hermana. Te curaría mejor.
ÁNGEL se vuelve al público:
Es que mi hermana es enfermera. Me llamo Ángel Sánchez Quirós,
y no sé muy bien por qué voy con estos dos. Vivo ahí,
en la colonia del Cerro Blanco, en donde las 4000 viviendas de la cooperativa.
Mis padres se apuntaron a la cooperativa para comprar el piso. Luego,
alguien se llevó el dinero y casi se quedan sin nada, pero al final
se arregló. Una vecina mía tiene en la pared la foto de
Felipe González porque dice que gracias a él tenemos las
casas. Yo era pequeño. Cuando vinimos al barrio, yo tenía
cinco años y no me acuerdo de casi nada. Mi hermana se acuerda
mejor, porque tenía ya casi diez. Por eso ella se acuerda de mi
madre mucho mejor que yo. Por lo visto, yo estaba en la habitación
cuando mi madre se cayó por la ventana, pero no me acuerdo. Estaría
mirando la tele. Mi madre me ponía la tele mientras hacia cosas,
así que eso sería. Ella por lo visto estaba limpiando los
cristales. Yo sólo me acuerdo de que miré y ya no estaba
y pensé que había salido, y luego llamaron al telefonillo
muchas veces y mi padre, que estaba echando la siesta se levantó
todo mosqueado, dando voces porque nadie iba a abrir. De eso sí
que me acuerdo. Como yo era pequeño, me llevaron con mi abuela,
a Granada. A mi padre y a mi hermana los veía los fines de semana,
que venían de visita. Mi abuela fue como una madre para mí.
Cuando cumplí quince años me dijo que ya no podía
seguir conmigo, y se murió. Pero antes de morirse me dijo que recordara
que el amor es lo más importante y que siempre estaría conmigo.
Así que volví a casa. Al principio me sentía raro,
casi ni les conocía a mi padre y a mi hermana. Pero la verdad es
que en mi casa yo estoy bien. Nunca hay broncas. Mi padre superó
lo de mi madre y creo que somos una familia feliz, aunque ahora vivimos
en un bajo, encima del taller de mi padre. Tiene una tapicería.
Nunca hablamos de mi madre, aunque yo me acuerdo a veces de ella. Tengo
una foto. Antes había fotos de mi madre por la casa, pero ahora
que lo pienso, últimamente no. De vez en cuando veo a mi abuela.
Está muerta, pero yola veo. Mi padre dice que no diga esas cosas,
así que no lo digo, pero la veo. No mucho, sólo a veces.
Vuelta a la acción .
Hay una pausa.
¿Qué vas a hacer?
No lo sé. Estoy hasta los huevos.
Pero ¿te ha pegado así porque sí?
Pues claro: Está loco, ¿no? Los locos hacen las cosas porque
sí.
ENRIQUE se encoge de hombros en gesto de ¿y
eso qué?. ÁNGEL le coge las manos.
Bueno, respira. Tranquilo.
JAIME le mira, irónico.
Joder, haciendo manitas. Cualquiera que os vea.
ENRIQUE suelta la mano de ÁNGEL, bruscamente.
Voy a echarme la crema. Me duele cada vez más.
Joder, tío, qué llevas ahí.
A ti qué te importa.
¿Te vas de viaje?
No voy a volver. Me largo para siempre.
¿Te vas de tu casa?
De mi casa, del barrio, me largo.
¿Y adónde vas a ir?
No lo sé. A cualquier parte.
¿A cualquier parte dónde?
No sé, a la playa.
¿A qué playa?
Pues no sé.
Es que hay muchas playas.
Joder, ya lo sé, no soy gilipollas. Ya sé que hay muchas
playas.
Ya lo sé.
¿Cómo vas a ir?
No sé. En tren; o en autocar. O en avión. Nunca he ido en
avión. En avión seguro que mola.
¿Tienes pelas?
Algo. Le quité a mi madre el dinero del entierro.
¿Qué entierro?
El del seguro de entierro. Hoy tenían que venir a cobrar lo de
este año.
¿A cobrar qué?
Joder, lo del entierro. Mi abuela nos hizo a todos un seguro de entierro
y mi madre lo sigue pagando.
Pero para qué es ese seguro.
Joder, ya te lo he dicho, para pagar el entierro.
Pero qué entierro.
Joder, el mío, el de mi hermano, todos.
Joder, qué mal rollo. ¿Aún no has palmao y ya te
están pagando el entierro? Qué mal rollo. ¿Por qué
te están pagando ya el entierro?
¿Y a mí qué me cuentas? Es cosa de mi abuela.
Ya, pero tu vieja lo sigue pagando.
Sí, porque dice que si no es como haber tirado ese dinero.
¿Y tus hermanos, los que se murieron, tenían seguro de entierro?
Joder, y yo qué sé. Se murieron nada más nacer, no
daría tiempo a hacérselo.
De todas formas, sería barato enterrarlos; eran muy pequeños.
Serían muy pequeños, ¿no? (A
ÁNGEL) ¿Tu madre tenía seguro?
Bueno, déjalo ya, ¿no?
Pues yo quiero que me incineren. ¿Eso te lo pagan?
No sé. Supongo que sí.
Y si por ejemplo, por ejemplo, te ahogas y no encuentran tu cadáver
y no te pueden enterrar, ¿te devuelven el dinero?
A ti no, fijo. A tu familia, puede.
Hay que joderse, ¿por qué seguís con eso?
De algo hay que hablar, ¿no?
¿Y tiene que ser de entierros?
Bueno, va, cambiamos de tema. Hablamos de otra cosa. Cambiamos de tema,
¿vale?
¿De qué?
Pues no sé; se puede hablar de muchas cosas.
Hay un silencio. Todos miran a todos los lados.
(A ÁNGEL) Oye, ¿tú
fuiste al entierro de tu madre?
¡Joder!
Suena un móvil. JAIME se suelta y se aleja
de los otros dos. JAIME se aleja unos metros. Comprueba quién llama
en la pantalla y luego.
Hola... con unos amigos. En el parque. Sí, de la colonia. Sí.
Sí. ¿A qué hora? Bueno, vale. Vale. Vale. Hasta mañana.
Chao.
Cuelga. Muestra desazón.
Estoy mareado. (A JAIME) ¿Quién
era?
Mi vieja. Que no sabe a qué hora llegará esta noche. Que
tengo la cena en el microondas.
Qué suerte. Llegar y que no haya nadie. Cenar solo.
JAIME se vuelve al público.
A mi madre no le gusta que venga a este barrio, pero tampoco puede hacer
nada. En realidad, no la veo mucho. Siempre está de viaje, o en
reuniones. En mi urbanización hay gente de mi edad, pero me he
peleado con todos. Son unos mamones. Me peleo con casi todo el mundo.
Estuve yendo al psicólogo. Quería hacerse el simpático.
Tenía en la pared una foto de Charlot. Dice que es el mayor genio
del siglo XX. Yo, la primera vez que lo vi me creía que era Aznar
y me quedé alucinado. Mi madre a veces viene a casa con alguien,
y yo no salgo de mi cuarto hasta que se va. Una vez un amigo de mi madre
se quedó cinco días en casa, y yo no quise salir de mi cuarto.
A veces me levanto por la mañana y me encuentro a mi madre dormida
en el sofá. La despierto y se va a la cama, y disimula, pero yo
sé que está con resaca. Por el olor que hay. Mi madre es
muy guapa, tipo modelo. Una vez me dijo: “Yo podría haber
llegado muy lejos si no hubiera sido por el cabrón de tu padre.
Se empeñó en que te tuviéramos y mira ahora...”
Fue la primera vez que crucé a autovía. No crucé
por el puente, sino por abajo, por entre los coches, los seis carriles.
Casi me atropellan. Mi madre a veces se pasa el día llorando en
la cama, y otras le da la marcha y nos vamos al Centro Comercial y se
deja una pasta comprándome chorradas que yo no quiero para nada.
Para nada. Una vez me hice una paja pensando en mi madre. No se lo dije
al psicólogo. Dejé de ir al psicólogo porque mi madre
no tenía dinero, pero me da igual, es una mierda. Le dije a mi
madre que por qué no le pagaba acostándose con él
y me dio una bofetada. Luego se echó a llorar.
OSCURO
ESCENA 2
EL PARQUE
Sobre el OSCURO, música. Es de noche. LOS
TRES OSEZNOS, frente al público. Tal vez sentados en el banco,
pasándose un botellón. Hablan al público, robándose
la palabra, contradiciéndose unos a otros.
No conseguí convencer a Enrique de que fuéramos al hospital.
Paso de ir al hospital. Paso. Paso. Paso de ir al hospital.
Así nos fuimos al parque a comernos unas pastis que habíamos
pillado...
Con mi dinero. El del entierro de mi madre. Bueno, el del entierro de
toda mi familia. Casi nos lo pulimos todo en pastis. Ahora si se muere
alguien de mi familia, se quedará sin enterrar. Por las pastis.
¿Por qué no querías ir al hospital?
Porque me daba mal rollo. ¿Y si me ingresaban?
Pues mejor. Allí en la camita, con las enfemeras cuidándote...
Sí, hombre, y haciéndome pajas... (Al
público) Este, como es pijo, se cree que los hospitales
de la seguridad social son como las clínicas privadas. Y una mierda,
lo mismo te ponen con dos viejos que se pasan la vida tosiendo y tirándose
pedos, como mi abuelo. Mi abuelo se tira un montón de pedos.
A mí cuando la apendicitis me pusieron con un chaval que se había
intentado suicidar.
Y cuando te vio a su lado lo intentó otra vez, ¿no?
En serio, fue una experiencia. Estuvimos hablando,
Hombre, claro, no ibais a estar follando.
No sé por qué voy con ellos.
¿De qué hablasteis?
Bueno, estuve hablando sobre todo yo...
Eso fijo; seguro que le estuviste dando la charla.
...porque a él le habían puesto una sonda y tenía
la garganta hecha polvo con el tubo.
¿Cómo se suicidó?
No se suicidó; lo intentó. Con unas pastillas de su madre.
Se creía que eran para dormir; pero resulta que eran anticonceptivos.
¿Y con eso te mueres?
No, pero te pueden salir tetas.
Molaría tener tetas. Yo si tuviera tetas me las estaría
todo el rato tocando... Sería auto suficiente. Todo el día
metiéndome mano.
¿Y no nos dejarías a los amigos?
Sí,
pero os cobraría.
(Al público) Así que estuvimos pensando en dónde
podría ir Enrique.
Me dijo que si podía ir a mi casa.
Tío, podía ir a tu keli.
...pero yo pasé. (a ENRIQUE)
Paso, tío. (Al público)
No quería tener movidas con mi madre. (a
ENRIQUE) Paso de movidas con mi madre.
Joder, si ella se puede llevar a quien quiera... porque se lleva un montón
de tíos ¿no?
Tampoco tantos. Alguno.
Pero tú me dijiste...
Bueno, ¿y qué? Sabré yo, ¿no? Es mi madre,
¿no? Pues yo sabré si se lleva o no se lleva tíos
a casa, ¿o lo vas a saber tú mejor que yo? No sé
por qué voy con ellos.
Tío, yo lo que tú me has dicho...
Jaime nos había contado que su madre a veces aparecía con
gente en su casa.
Bueno, vale, pero se lleva a alguno de vez en cuando, ¿no?
Sí.
¿Siempre el mismo o cada vez uno?
Joder, yo qué sé. Distintos.
ÁNGEL y ENRIQUE se miran.
¿Qué pasa?
Nada.
Puede llevarse a quien quiera, ¿no?
Claro.
Es su casa, ¿no?
Claro.
Entonces, ¿por qué tú no me puedes llevar a mí?
Porque no, porque me da mal rollo. (Al público)
Yo nunca sabía cómo iba a llegar mi madre. Una vez, cuando
me llevaba bien con la gente del colegio, me llevé unos amigos
a casa. Estábamos tan tranquilos viendo una peli, y ella llegó
con todo el subidón. Entonces dijo que qué hacíamos
tan aburridos y puso la música a tope, y empezó a bailar
con ellos. Joder, yo no sabía dónde meterme. Mi madre muchas
veces va sin sujetador, y bailaba y daba saltos. Mis amigos decían
que qué enrollada era mi madre, que qué simpática,
pero yo sabía que estaban todo el rato mirándole las tetas.
Se le notaban los pezones. Joder, al final me fui a mi cuarto. Ellos se
quedaron con ella. No volví a hablar con ellos. Al día siguiente,
en el colegio, se acercó uno y en plan de vacile me preguntó
por mi madre. Uno que ni siquiera había estado en mi casa. Le di
de hostias. Me tiré encima de él. Empecé a pegarle.
Le sangraba la nariz y le seguí pegando. Le seguí pegando.
Le sangraba la nariz y le seguí pegando. Me echaron.
Hay una pausa.
¿Tu madre no lleva sujetador?
Vete a la mierda.
¿Tú has estado ingresado?
¿Yo? Sí. Una vez. Cuando la fimosis. Se me infectó
un punto y se me hinchó. No veas cómo dolía.
¿Y tenías un cuarto para ti solo?
Sí.
¿Y te curaban las enfermeras?
Si. Y no veas. Había una que estaba muy buena.
En mi clase había un moro y por lo visto les operaban de fimosis
en su casa. Venía un viejo y les cortaba el pellejo del capullo
con una navaja de afeitar. Vamos, eso decían.
¿Y si la llamas?
¿A quién?
A tu madre. Dile que si puedes llevar un amigo.
Paso.
No hace falta. Yo duermo en cualquier sitio.
¿Dónde?
No sé. En el parque. Aquí.
¿Aquí?
Hace bueno. Y he traído el saco.
Oye, no puedes quedarte en el parque. Si quieres venir a mi casa... puedes
dormir allí.
¿Contigo?
Abajo, en el taller. En alguno de los sofás. Hay muchos. Se puede
dormir.
El padre de Ángel tenía un taller de tapicería.
Paso. Seguro que es el primer sitio donde llaman.
Sí, eso sí.
¿Te vas a quedar en el parque?
¿Por qué no?
¿Puedo quedarme contigo?
¿Por qué?
Joder, porque sí. Porque no quiero ir a mi casa.
¿Y qué va a decir tu vieja?
Paso. Además, no está. Paso.
¿Y cuando vuelva?
Paso, ¿vale?
Oye, oye, espera, ¿cómo os vais a quedar aquí? Puede
venir cualquiera.
¿Y qué?
No jodas, esto se llena de yonkis por la noche.
Tengo esto.
Saca de la mochila un cuchillo de monte de regulares
dimensiones.
¿Qué haces con eso?
Me lo regaló mi padre. Es de supervivencia.
¿Qué supervivencia?
La del parque, por si aparecen los yonkis.
Oye, si te pillan con eso se te cae el pelo.
Y si me pillan sin él, me lo arrancan.
Pero ¿tu serías capaz de usarlo?
Claro. Mira. (Finge atacar a Ángel
con él)
En serio, ¿lo usarías?
No sé. A veces me gustaría.
¿Qué te gustaría?
No sé... matar a alguien.
Hay un silencio.
¿A vosotros no?
Qué dices.
¿No os gustaría matar a alguien? Matar a alguien. Matarlo.
¿No os gustaría?
A mí sí.
¿A quién?
Tú primero.
A mi hermano. ¿Tú?
No sé... a mi sicólogo... y a los amigos de mi madre. ¿Y
a ti, Ángel?
¿Qué dices? A mí a nadie. Qué dices. Para
nada.
¿Y a alguien que no conocierais de nada? No sé, sólo
por saber qué se siente.
Pero bueno, ¿qué os pasa? Trae ese cuchillo, Quique.
No. Lo necesito.
¿Para qué? ¿Para matar a un yonki?
No; para cortar ramas.
¿Qué ramas?
Joder, yo que sé. Ramas en general.
¿Y qué ramas vamos a cortar?
¡Y yo qué sé! Para hacer un fuego.
¿En el parque? Tenemos a la pasma encima en diez minutos. Además.
¿tú sabes encender un fuego?
Pues claro.
No es tan fácil. Se apaga si no lo haces bien. Por lo menos la
barbacoa de mi casa...
Vete a la mierda. Yo no estoy hablando de una barbacoa. No estoy hablando
de tu barbacoa. No estoy hablando de la puta barbacoa de tu casa.
Ya, tú estás hablando de cortar ramas para encender un fuego.
¿Y luego qué? ¿Asamos un gato y nos lo comemos? Venga.
Va. ¿Por qué no pillamos un gato? Lo matamos. Nos hacemos
un gorro con la piel. Y nos lo comemos. Va. Vamos a pillar a un gato.
Tú estás majara.
Entonces, ¿para qué queremos tu mierda de cuchillo?
¿Una mierda de cuchillo? Es japonés.
¿Y qué? ¿Tú te crees que por ser japonés
va a ser mejor que si fuera de aquí? Como que en Japón no
hacen mierdas y se las venden a los pringaos como tú.
Me lo trajo mi padre.
¿De Japón?
No; de un viaje que hizo.
Ya; del Todo a Cien.
Qué dices, gilipollas.
En el Todo a Cien de los chinos hay un montón como ese. Cuestan
mil pelas.
Entonces, no es de Todo a Cien. Será del Todo a Mil.
Es una mierda igual. Seguro que no sirve para cortar ninguna rama.
Pero seguro que sí sirve para cortarte las pelotas. ¿Probamos?
(A ÁNGEL) ¿Lo probamos?
Va, ¿lo probamos?
Va, dejadlo ya.
Dice que no vale para nada. Pues vamos a probarlo...
Hay una pausa.
(Al público) Yo no quería volver a mi casa. No quería
encontrarme otra vez con mi hermano, ni con mi madre... mi padre me daba
igual: estaría mirando la tele, aunque estuviera apagada. Cuando
se estropeó y tardó una semana en venir el técnico,
él la miraba igual. A mí mi padre me da pena, pero le daría
de hostias. Nunca hace nada. Desde que se quedó sin curro, está
todo el día sin hacer nada, ni decir nada. Mi madre dice que lo
de mi hermano es por su culpa, porque en su familia había más
cosas y no le dijo nada. Pero mi padre dice que si ella no hubiera fumado
tanto en el embarazo mi hermano habría nacido bien. Yo no quería
volver a casa, pero me acojonaba quedarme solo en el parque. Si iba a
una pensión o algo, seguro que se me iba toda la pasta. Bueno,
la que me quedaba después de pillar las pastis.
Si vas a una pensión, seguro que se te va la pasta.
Eso me lo dijo Ángel.
No, te lo dije yo.
No sé, no me acuerdo.
Bueno, da igual quién lo dijera. El caso es que si iba a una pensión
se me iba a ir la pasta. Por eso prefería que alguno se quedara
conmigo. Lo que pasa es que Jaime me pone nervioso.
¿Por qué se quiso suicidar?
¿Quién?
El chico que estaba contigo en el hospital.
Porque su novia le había puesto los cuernos.
¿Y por eso se quiso suicidar?
Es que se había quedado embarazada del otro.
Qué mal rollo. A mí me hace una novia una cosa así
y no sé qué hago.
¿Su novia se queda embarazada y él se toma una caja de anticonceptivos?
Qué gilipollas, ¿no?
ENRIQUE y JAIME ríen escandalosamente.
Sí, reíros, pero el tío estaba destrozado.
Destrozado y con tetas. ¿Dónde vamos a dormir?
No sé... Lo malo es que yo no tengo saco.
Yo puedo traeros mantas. De mi casa.
¿Te dejan sacarlas?
No creo que se den cuenta. Y además, me voy a quedar con vosotros.
¿Por qué?
Somos amigos, ¿no?
Pausa.
(Al público) No sé por qué voy con ellos.
No sé por qué voy con ellos.
No sé por que voy con ellos. (a JAIME)
¿Me dejas tu móvil?
¿Para qué?
Es para llamar a casa. Para decir que me quedo en casa de éste.
¿En la mía? Tú eres gilipollas. ¿Y si llaman?
No llaman.
Di que te quedas en la mía.
Ah, vale, él sí y yo no...
Qué dices, tío, si no se va a quedar.
ÁNGEL se retira con el teléfono.
No te enrolles, que me queda poca batería.
Es un momento. (Al TELÉFONO)
¿Tere? Soy Ángel. Sí, perdona, es que se me ha hecho
tarde. Oye, que esta noche me voy a dormir a casa de Jaime... un amigo.
Díselo a papá. No, ya apareceré mañana. No,
esta noche no. Vale. Un beso. (A los otros)
Ya está.
Joder, qué suerte tienes. Si yo llamo a casa y digo que no voy
a dormir, mi madre me hace un tercer grado que te cagas.
A mí no. Se fían de mí. Nunca me dicen nada.
No me habrás gastado la batería, ¿no?
Si sólo he hablado un minuto.
Es que quiero ver si me llama mi madre.
Cuando llegue y vea que no estás, seguro que llama.
Si yo paso, es para ver qué hace. (Al
público) Mi madre casi nunca cenaba conmigo. Cuando no llegaba
a media noche, tenía claro que ya no llegaba hasta las tantas.
Me quedaba viendo la tele y me iba a dormir. A veces oía la puerta,
a veces no. A veces oía cómo tropezaba con los muebles,
a veces no. A veces la oía entrar en mi cuarto a arroparme. Casi
siempre me despertaba cuando me arropaba. Notaba el olor. Una vez empezó
a abrazarme y a decirme “te quiero, hijo, te quiero...” me
quedé alucinado. Encendí la luz y vi que estaba sangrando
por la nariz. Ella no se daba cuenta. La sangre caía encima de
su camiseta. Estaba muy nerviosa. Me dijo ¿por qué me miras
con esa cara? Y luego se dio cuenta. Fue antes de hacerse la operación
de estética. A mí me gustaba más su nariz de antes,
pero ya estoy acostumbrado.
Suena un “bip”.
¡Mierda!
¿Qué pasa?
Se me está acabando la batería. (A
ÁNGEL) Te dije que me quedaba poca.
Pero si no he hablado ni un minuto... Oye, en serio, ¿qué
vamos a hacer? A mí me da mal rollo quedarme en el parque.
Pues no te quedes. Nos quedamos nosotros.
¿Con los yonkis? No duráis ni media hora.
Va, tío, no exageres.
Oye, un momento, ¿de verdad vienen aquí los yonkis?
Que no, tío, que lo dice para meterte miedo...
Bueno, pues haced lo que queráis...
Espera... ¿Por qué no buscamos un sitio?
Pero ¿por qué? Este es un buen sitio...
¿De verdad quieres que nos quedemos aquí?
A ti nadie te obliga. (A JAIME) Ni
a ti. No me hace falta que os quedéis, ¿vale?
Pero tío...
¡Que os vayáis a la mierda! Me puedo quedar solo. ¿Que
no? Me puedo quedar solo. Me puedo quedar solo.
Y se aleja. ÁNGEL y JAIME se miran.
Pero ¿este de qué va?
Está jodido. Se pone así cuando está jodido. (Llama)
¡Quique! ¡¡Quique...!!
Déjalo.
No le puedo dejar. Es capaz de cualquier cosa.
¿De qué?
No sé. Pero le conozco. Cuando se pone así...
(OFF)
¡Eh! ¡Mirad!
Y reaparece, trayendo un oso de peluche grande,
bastante viejo, sucio y deteriorado.
Mirad lo que me he encontrado.
Joder, ¿qué es eso?
Un oso, ¿no lo ves?
Tíralo, anda. Está lleno de mierda.
Qué dices. Mola mazo. (Lo abraza)
¿Qué haces, tío?
Joder, se lo quiere tirar.
¿Y qué pasa? Me lo he encontrado y es mío, ¿no?
Así ya no duermo solo.
Joder, tío, para eso es preferible una oveja...
Sí, ya, o un perro... deja ya el oso, joder, ¿no ves que
puede tener pulgas o cualquier cosa?
Sí, el Sida. Seguro que tiene el Sida. ¿Tenéis un
condón?
(A JAIME) ¿No tendrás por ahí algún
condón de tu madre? Porque me dijiste que tu madre tiene condones
en casa, ¿no?
JAIME, furioso. Se lanza contra ENRIQUE y le golpea.
Pero ENRIQUE esa vez está protegido por el oso.
¡Cabrón!
Ruedan por el suelo. JAIME está encima de
ENRIQUE.
¡Ay! ¡Ay, para, para!
¡Para ya! ¿No ves que le vas a hacer daño? ¡Para
ya! (Al público) Me pareció
que lo iba a matar. (A JAIME) ¡Para
ya!
ÁNGEL separa a JAIME de ENRIQUE.
Que lo retire.
¿El qué?
Lo de mi madre.
Vale, vale... lo retiro. Pero ¿tiene condones o no? Vale, vale,
lo retiro...
JAIME se quita de encima de ENRIQUE y rueda por
el suelo.
De todas formas, no me has hecho daño. Le has dado al oso. (Besa
al oso) Gracias, oso.
Hay una pausa. JAIME, tumbado en el suelo, mira
el cielo. Los tres miran al cielo, tumbados.
Estoy aquí de puta madre.
Y yo.
Se ven un montón de estrellas.
¿Cuántas hay?
Millones. Trillones.
Eso no es nada. Se ven muchas más en el campo. En los pueblos se
ven un montón de estrellas. En el pueblo de mi abuela... uf...
había un montón de estrellas.
Tíos... Estoy notando la rotación de la tierra... os lo
juro.
Tío, tú estás pedo...
JAIME se ríe. ENRIQUE se ríe también.
Están juntos. ÁNGEL les mira.
Tíos, no podemos quedarnos aquí...
Joder, Ángel, ¿por qué tienes siempre que joderlo
todo? Pareces una madre.
Eso que no tiene.
Trae el oso, anda.
No; es mío, ¿no? Lo he salvado del contenedor.
¿Por qué la gente tira tantas cosas a los contendores?
Al lado de mi casa unos han hecho obra y pusieron un contenedor, ¿no?
Bueno, pues al día siguiente ya estaba lleno de cosas. Un sofá,
un colchón...
Eso no es nada. En mi calle encontraron un recién nacido en un
contenedor.
Joder, qué mal rollo.
Lo salvaron los basureros. Si no lo recogen ellos, va al camión.
Joder, ¿te imaginas, con las cuchillas esas, chas, chas...? Uf,
hamburguesa de recién nacido...
Como el oso. Si no te salvo, vas al camión, ¿que no? Hamburguesa
de oso.
Hay una pausa.
Qué bien se está aquí.
¿Por qué no nos vamos a mi casa? En serio, vámonos
a mi casa. Deben estar ya durmiendo. Entramos sin hacer ruido y nos vamos
temprano.
No seas plasta. Aquí se está bien.
Silencio.
¿Cuántas habrá?
Millones. Trillones.
Cuatrillones.
Muchas.
Muchísimas. Y las que no vemos.
Silencio.
Se está bien.
Yo me voy a quedar sopa.
Se está nublando.
Se oye un trueno lejano.
Va a llover.
Qué va.
Vamos a mi casa, tíos... en serio, no pasa nada. Si nos pillan,
yo hablo con mi padre. En serio, ya veréis como no pasa nada...
¿Qué hacemos?
Trueno.
Está lloviendo.
Joder.
Vámonos.
ESCENA 3.
EL TALLER DEL PADRE DE ÁNGEL.
LUZ SOBRE:
Mi padre, por lo visto, se quedó muy mal después de lo de
mi madre. Me lo contó mi abuela, cuando aún la veía.
Me dijo que le dijeron que bajó a la calle dando gritos, sin esperar
el ascensor. Saltó los últimos doce escalones y se rompió
un tobillo, pero no se dio ni cuenta: llegó hasta donde estaba
mi madre. La gente que había allí no quería dejarle
que se acercara, pero él se echó encima de ella, llorando
y empapándose de sangre. Mi abuela me decía siempre que
mi madre ahora es un ángel, pero yo pensaba que qué pena
que no hubiera sido un ángel antes, porque así con las alas
no se hubiera matado, porque los ángeles vuelan. Mi padre estuvo
sin comer por lo visto casi un mes. Una tía mía estaba en
la casa con él y con mi hermana. Tuvieron que ponerle suero. Luego,
ya, se curó. Del pie y de lo de no comer. Yo de eso casi no me
acuerdo. No me acuerdo de nada de esa época, ni de mi antigua casa.
Sólo que tenía mucha luz. Ahora, como es un bajo, casi no
hay luz. Siempre tenemos las luces encendidas.
Un trueno. Persiste de fondo el sonido de una fuerte
lluvia. Se enciende la luz general. Los tres OSEZNOS entran al taller
sigilosamente. Varios sofás a medio tapizar. Una escalera al fondo
conduce a la vivienda. Se quitan la ropa de abrigo, se sacuden. Durante
la escena tratan de hablar en voz baja. ENRIQUE viene con el Oso.
Shhh, no hagáis ruido…
ENRIQUE rompe a toser, con fuerza. El esfuerzo de
la tos hace que, además. Le duelan las costillas.
Ay...
¡Ssssh! ¿Veis? Podéis dormir aquí.
Joder... Me duele...
¿Y por qué no has querido que fuéramos al hospital?
Podría curarme tu hermana... llámala. Es enfermera, ¿no?
Puede curarme ella. Dile que me cure. Que se vea que es enfermera.
Qué dices. ¿Cómo la voy a despertar? ¿No has
querido que te cure en el hospital y quieres que te cure aquí?
Joder qué hambre… ¿Habrá algo de papear en
la nevera?
No sé. Pero dejad de hacer ruido.
Oye, ¿seguro que a tu viejo no le importa que durmamos aquí?
Qué va, para nada.
¿Pero dónde vamos a dormir?
Yo en mi cuarto. Vosotros aquí. Se duerme bien.
¿Pero aquí en los sofás?
¿Qué tiene de malo? Yo os traigo mantas.
Ya, pero es que yo preferiría dormir con tu hermana.
Una polla. Lo echamos a suertes.
Va. Pares o nones.
Pares.
Nones. Una, dos y tres.
(Se interpone en el juego) Pero bueno,
¿qué pasa?¿Estáis gilipollas? Con mi hermana
no duerme nadie. Pero qué pasa, ¿no os gusta esto?
Tranquilo, macho. Se lo ha creído.
Que era una broma, joder.
Estaros quietos, ¿vale? Que mi viejo se despierta con nada. Voy
por unas mantas. No hagáis ruido.
ÁNGEL desaparece escaleras arriba.
Se ha puesto nervioso. Ni que su hermana fuera su madre. ¿Está
buena?
Sí, pero es un poco rara.
Pausa. ENRIQUE mira a su alrededor. JAIME se sienta
en un sofá, pensativo.
Oye, tío…
Qué.
Oye, entre tú y yo… (Breve
pausa. Baja la voz) ¿Tú no crees que Ángel
es un poco maricón?
Pero tío… qué dices.
No sé, joder, que... bueno, yo siempre he pensado que es un poco
marica.
Qué va, hombre, es que es así.
Mientras hablan, ENRIQUE se vacía los bolsillos
y deja el contenido sobre una mesa.
Ya, todo ese rollo del amor, y cada vez que uno se mosquea venga a hacer
manitas… A ver si va a ser maricón y estamos aquí
como pardillos...
Eso no tiene nada que ver con ser maricón. Ángel lo que
es es un poco místico.
Ah, místico.
Pausa
¿Y por qué nunca habla de tías?
Que ya te he dicho que es un poco místico.
Ya. Un místico. Pero ¿y si es un místico maricón?
Que no. Él es así, de enamorarse... pero en plan platónico.
Bueno, un místico maricón platónico.
Pausa.
Oye, tú le defiendes mucho... no serás tú también
un poco maricón...
Oye, a ver si te doy una mano de hostias y me quedo tan ancho.
Macho, perdona, pero es que como te pones a defenderle así...*
ÁNGEL regresa.
Tíos, mi hermana no está. No está en su cuarto.
De puta madre. Una cama más.
Que no, tíos, que es muy raro, que antes cuando he llamado me ha
cogido ella...
Bueno, pues habrá salido...
Que no, que ella nunca sale.
¿Cómo que ella nunca sale?
Pues eso, que no sale. Sólo cuando tiene guardia.
Pues habrá tenido guardia.
No, no tiene guardia; tiene apuntados sus turnos de guardia en la nevera
para que los sepamos y hoy no le toca.
Pues no sé, le habrán llamado por alguna urgencia. A lo
mejor ha descarrilado un tren o han puesto una bomba y hay mogollón
de heridos y les hacía falta alguien.
No digas soplapolleces, ¿quieres?
Tranqui, tío...
No, no estoy tranqui. Tíos, esto es muy raro. Han cenado aquí,
mi padre y ella. Están los platos...
Ángel, tío... tranquilo. A lo mejor la ha llamado alguna
amiga...
Que no, que es muy raro, nunca sale de noche.
A lo mejor hoy sí. A lo mejor ha quedado con su novio.
No tiene novio.
¿Y si se ha echado un novio hoy? A lo mejor ha ligado con un médico.
Las enfermeras se lo hacen con los médicos, ¿no?
A lo mejor ha bajado al perro.
Qué dices. No tenemos perro.
¿Y ovejas? ¿Tienes ovejas?
ENRIQUE y JAIME se ríen, ahogando sus risas.
ÁNGELles mira, dolido.
Joder... yo aquí, preocupado por mi hermana y vosotros diciendo
paridas.
Pero ¿por qué estás tan seguro de que no ha salido?
Porque su bolso y su abrigo están encima de su cama.
Estará en el baño.
Ya he mirado. He mirado en todas partes, menos en el cuarto de mi padre.
Voy a preguntarle a él.
Joder... mira que si está ahí...
Qué dices, gilipollas.
¿Por qué no? Tú mismo has dicho que no tiene novio...
No digas gilipolleces.
Oye, que esas cosas...
Tío, de qué vas...
Que
te calles de un vez. Voy a preguntarle.
ÁNGEL se dispone a subir.
Ángel, no vayas... no vayas, es peor... Vámonos. Nos vamos
y ya está.
ÁNGEL se zafa y sube. Hay un momento de pausa.
Luego, reaparece ANGEL, muy agitado.
Vámonos.
¿Qué pasa?
Vámonos.
Joder...
Pero ¿qué pasa?
OSCURO. LUZ SOBRE ÁNGEL
Como conejos. Con los ojos muy abiertos, quietos, como conejos. Una vez
mi padre nos llevaba en el coche, por el campo. Era de noche. Cruzó
un conejo. Se quedó parado en mitad del camino, mirando los faros.
Le atropellamos. Yo lloré. Mi hermana no dijo nada cuando encendí
la luz y los encontré; sólo me miraba... Mi hermana tiene
los ojos muy grandes. Me miraba como el conejo miraba los faros del coche.
Es lo que pensé. Me acordé del conejo que atropellamos.
Mi padre me gritó: “¡Largo!” y yo salí
corriendo. Salí corriendo.
Se vuelve a los otros OSEZNOS. Luz.
Vámonos.
¿Qué pasa?
No preguntes. Vámonos.
Salen. Tras unos instantes, ENRIQUE vuelve por el
oso, que se había quedado olvidado. Un portazo.
OSCURO
ESCENA 4. *
EL PARQUE, OTRA VEZ
Sobre el oscuro, MÚSICA.
ENRIQUE y ÁNGEL están sentados en el banco. A sus pies las
mochilas abiertas, con su contenido desparramado. ÁNGEL está
en un estado casi catatónico. ENRIQUE, apesadumbrado, a su lado.
JAIME, abrazado al Oso, se mantiene a algunos metros de distancia, haciendo
absurdos recorridos mientras habla aceleradamente.
No lo entiendo, tío, es que es muy fuerte, muy fuerte, a mí
me pasa una cosa así y es que no sé, te lo juro, muy fuerte...
Cállate ya, ¿vale? Llevas media hora diciendo lo mismo.
¿Y qué quieres que diga? Si es que es muy fuerte...
No digas nada, cállate.
(Al público) No podía
callarme. (A ENRIQUE) No puedo callarme.
Es que es muy fuerte. De verdad, tío, ¿de qué va
tu hermana? ¿Eh, de qué va?
¿De qué va esa puta? Perdona, es tu hermana, pero es que...
joder, es muy fuerte. Hay que joderse con tu hermana y con el cabrón
de tu padre. Joder... Te juro que casi me parece más legal follarse
a una oveja...
Oye, tío, ¿te puede callar ya? ¿Eh? ¿Te puedes
callar?
No, no puedo callarme. Hasta un pato me parece más normal.
ÁNGEL sigue con la mirada perdida.
Pero vamos a ver. ¿Tú no habías notado nada? ¿Eh?
Porque esas cosas se notan. Se notan, no me jodas. No se pude vivir con
unas personas que están follando y tú sin darte cuenta.
Yo una vez estuve con mi padre y con la alemana y les oía. Joder,
que si les oía. La tía gritaba. ¿Tu hermana no gritaba?
¿No gritaba? ¿O tu padre le tapaba la boca? Sí, eso
debía ser:Le tapaba la boca. Oye¿y si le ponía una
bolsa de plástico?
Jaime, tío, como no te calles, te cierro la boca yo a leches.
No me puedo callar, tío, ¿y si se ha quedado embarazada?
Oye, el bebé que encontraron en el contenedor de al lado de tu
casa... No, no puedo callarme. No puedo callarme.
ENRIQUE se abalanza contra él.
Que te calles. ¡¡Que te calles!!Y le zarandea.
Pausa.
Lo siento. Lo siento, tío, perdona. No sé lo que digo. A
veces me pongo nervioso, no sé lo que digo. Joder, es que es muy
fuerte. Oye, Ángel, de verdad que lo siento muchísimo. El
hermano de éste es un loco sádico y mi madre es una zorra,
pero creo que lo tuyo es peor.
Joder... deja de arreglarlo, ¿quieres?
No, en serio... Oye, yo sé que yo a ti no te caigo bien del todo
y bueno, tú a mí me cargas un poco con tu rollo del amor
y eso, pero lo siento, de verdad... lo siento.
ENRIQUE de pronto se dirige a ellos, como si se
le hubiera ocurrido una idea brillante:
Oye, tíos... ¿y si se nos ha ido la olla? ¿Tú
estás seguro de que estaban juntos? Oye, Ángel, piénsalo...
tu padre es un tío legal... tiene que ser una equivocación.
A lo mejor... A lo mejor ella tenía una pesadilla y se ha ido a
dormir con él. Yo lo hacía de pequeño... Me iba con
mi madre a la cama, ¿vosotros no? Tú no, claro, porque no
tenías, pero cuando la tenías... ¿Y si no era ella?
A lo mejor ni siquiera era ella. A lo mejor era... no sé... una
puta. Eso es. Tu hermana había salido, tú llamaste para
decir que no ibas a dormir y tu viejo se dijo, vale, llamo a una puta.
Estoy solo, quiero follar, no están mi hijo, no está mi
hija, mi mujer está muerta, tengo pelas, llamo a una puta. Tiene
derecho, ¿no? Menudo susto se habrá llevado. Eso tiene que
ser. Una puta.
ÁNGEL no responde. Sólo le mira. Hay
una pausa.
Vale; era ella. A lo mejor era ella. ¿Y qué? Que les jodan.
Vamos, tío... Joder, tío, no te quedes así. Haz algo.
Vamos, coño, llora, grita, haz algo... no te quedes así,
no es bueno. Vamos, Ángel, no pasa nada. Ahora tenemos que pensar.
No quieres volver a tu casa, ¿no? No quieres. Pues muy bien, no
vuelvas, que se jodan. Nos vamos tú y yo juntos. Los dos. Pillamos
un piso.
Sí, ¿dónde? ¿Eh? ¿Dónde? ¿Con
qué pasta? Venga, tío, no me jodas, no tenéis adónde
ir. Y además, si os vais, ¿qué? Tío, que su
padre tira a su hermana, ¿no te has enterado? Eso no cambia aunque
os vayáis. Aunque te vayas a la otra punta del mundo. Eso no cambia.
No cambia nada aunque nos vayamos a la otra punta del mundo.
Vete a la mierda.
Sí, me voy a la mierda y qué. Eso tampoco cambia nada. ¿Tú
crees que a Ángel se le quita de la cabeza lo que ha visto por
irse contigo a buscar piso?
A lo mejor no era ella... a lo mejor era una puta...
Sí, era una puta: su hermana. Joder, tío... Ángel...
y encima maricón... es que lo tienes todo.
ENRIQUE, que ya no puede más, explota. Saca
de su mochila el cuchillo y se abalanza sobre JAIME, que tiene abrazado
al oso:
¡Que te calles ya!! ¡¡Que te calles de una puta vez!!Cae
sobre él y apuñala.
¡No! ¡¡Noooo!!
Hay un momento de quietud. ENRIQUE Y JAIME en el
suelo.
No... ¡¡No!!
ENRIQUE se levanta. Entre él y JAIME está
el oso, con el cuchillo clavado. JAIME se quita el oso de encima. ENRIQUE
le contempla con horror.
ÁNGEL se acerca a JAIME
¿Estás bien?
JAIME no contesta. Mira con miedo a ENRIQUE.
Iba a por el oso. Iba a por el oso. No iba a por él. Iba a por
el oso. Oye, me creéis, ¿verdad? Iba a por el oso. Iba a
por el oso... Me crees, ¿no?
JAIME duda y, al fin, se encoge de hombros.
Vale. Vale. Te creo. Vale. Ibas a por el oso. Ibas a por el oso.
ÁNGEL coge el oso y lo acaricia con mimo.
Pobre oso. Siempre acaba cobrando él. ¿Quieres que te lleve
al hospital, oso?Le desclava el cuchillo, con mimo. Se abraza al oso y
se sienta en el banco con él. Cada osezno está ahora mirando
en una dirección distinta, pero en realidad todos miran dentro
de sí mismos. Empieza a caer una leve llovizna. Uno a uno, los
oseznos elevan sus miradas hacia el cielo.
OSCURO
(Ruido de lluvia)
ESCENA 5
UN CINE ABANDONADO
El ruido de la lluvia ha cesado. Ahora sólo
se oye un fuerte viento que entra por las rendijas del edificio. Los OSEZNOS
entran al escenario desde cajas apenas iluminados por la luz de una cerilla
que lleva ENRIQUE. Miran a su alrededor tratando de ver algo… pero
la cerilla se apaga. Oscuridad. Alguien tropieza con un cubo metálico
que rueda con estrépito.
Mierda.
ENRIQUE enciende otra cerilla.
Penúltima cerilla. (Mira a su alrededor)
Tío, ¿seguro que esto es un cine?
Que sí, joder… (Escudriña
en la oscuridad hacia el público) Mira, el patio de butacas.
Hemos entrado por detrás de la pantalla. ¿Lo ves? Tenía
yo razón. De puta madre. Os lo dije, que la puerta de atrás
lleva años sin pestillo. Aquí venía yo de pequeño.
Me dejaba mi madre cuando tenía que ir a trabajar y luego venían
a recogerme al final.
Se sienta al borde del escenario, cara al público.
La cerilla se apaga. Oscuridad. Enciende otra.
La última.
Joder. A mí este sitio me da mal rollo.
Al menos aquí no nos mojamos.
Ya, en el cajero tampoco nos mojábamos y no hemos entrado.
Había un mendigo haciéndose una paja.
Pues le echábamos.
¿Quién? ¿Quién le iba a echar? ¿Tú?
No, tú. Tienes un cuchillo, ¿no?
Silencio. El viento sopla. Pausa.
Tío, qué mal rollo. ¿Dónde está Ángel?
Ángel... ¡Ángel! No está.
¿Cómo que no está? Si venía con nosotros.
¡Ángel!
No está. ¿Se habrá mosqueado? ¡Ángel!
No lo sé. Esta un poco raro. Después de lo de su hermana...
Qué fuerte, ¿no?
El viento arrecia. Unos segundos de quietud y oscuridad…
De pronto la luz de una linterna se enciende e ilumina el rostro de Ángel
desde abajo dándole a su cara un aspecto irreal...
¡Ahh!
¡Hostia tío, qué susto, joder…! ¡Córtate
un pelo, macho!
Pero tío, ¿de dónde has sacado eso?
Estaba aquí, en el suelo.
Se acerca. Lleva al Oso consigo.
A partir de ahora, observamos que ÁNGEL ha cambiado. Ahora habla
en tono seco, cortante. Su voz es más grave.
Le alumbra la cara a JAIME. El resto de la escena transcurre en la semipenumbra
que da la linterna.
Quita, joder…
Seguro que es del acomodador, que se la dejó olvidada la última
vez que vino, antes de palmar.
A lo mejor es de alguien que duerme aquí... ¿Por qué
no la dejas donde estaba?
Joder, para ver algo.
Para lo que hay que ver. Yo la dejaría donde estaba.
Pues yo no.
Ya verás como venga el dueño. Seguro que aquí vive
alguien.
Quién.
Yo qué sé. Tío, aquí te matan y no te encuentran.
Aunque tengas seguro de entierro.
Pausa. Silencio. Un ruido lejano parecido al de
una puerta que chirría.
¿No habéis oído un ruido?
A ver, alumbra por ahí. Tío, ahí hay alguien…
Sí, el fantasma del acomodador, que viene a por su linterna.
Joder… (Suelta la linterna y la deja
en el suelo) Tío, ya vale, ¿no?
(Inquieto) Oye, ¿por qué no nos vamos?
¿Adónde?
Yo qué sé, donde sea, a un albergue. Hay albergues, ¿no?
Sí, llenos de mendigos. Y esos no se hacen una paja, te dicen que
se la hagas tú. Yo me quedo a dormir aquí.
Oye, ¿tú no sueñas nunca con tus hermanos muertos?
¿Tú qué quieres? ¿Qué me entre el mal
rollo?
Trueno lejano. Silencio.
Cuando yo me fumaba la terapia, me metía en un sitio así
a fumar canutos. Vamos, aquello era una nave, pero olía igual.
A meados de gato.
¿Qué hacías en la terapia?
Nada; hablar. El tío escuchaba y se llevaba diez papeles la hora.
Aunque no fuera.
Macho. ¿Diez mil pelas la hora y te fumabas las sesiones?
JAIME se encoge de hombros.
Tío, eres un cabrón, no me jodas. Te mandan al psicólogo
para que estés bien y tú tiras diez talegos a la basura.
No me mandaron para estar bien. Me mandó mi madre porque pasaba
de mí como de la mierda y se sentía culpable.
Pues si yo fuera tu madre te daba dos hostias por tirar el dinero.
Se oye un “bip” repetido, un pitido
más largo y luego...
Joder... se acabó la batería. Ahora sí que se acabó
del todo.
Tío, si a las cinco de la mañana no te ha llamado es que
ya no te llama.
A lo mejor está en Canarias, que es una hora menos.
Ya, o se ha ido al Caribe, a buscarte la cena y se ha hecho un lío
con las horas. ¿Tú qué opinas, Ángel?
Bueno, vale ya, ¿no? ¿Es que da igual lo que pase, no se
os van a quitar las ganas de decir gilipolleces? ¡Estoy hasta los
cojones de vosotros!
JAIME y ENRIQUE se miran, sorprendidos: nunca le
habían oído hablar así.
Córtate, tío... No eres el único que tiene problemas.
¿Ah, sí? Qué problema tienes tú, ¿eh?
A ver, ¡qué problemas tienes tú, que eres un pijo!
Vale ya, tío...
No hace falta que me defiendas. No hace falta que me defiendas de este
maricón.
Joder... Sois un par de gilipollas.
¿Y tú qué, eh? ¿Y tu qué, sicópata,
que casi te cargas a éste...? Por tu culpa estamos aquí.
Si no hubieras decidido que te ibas de casa, no habría pasado nada
de esto.
Oye, tu padre se estaba tirando a tu hermana desde mucho antes de hoy.
¿Y tú qué sabes?
¡Además, yo no quería hacerle daño a éste.
Iba a por el oso.
Joder, pues casi me clavas en el suelo.
¡Iba a por el oso!
¿Y qué culpa tenía el oso? ¿Eh? ¿Qué
culpa tenía el puto oso?
Coge el oso del suelo y se lo lanza.
Míralo... es el único que no le ha hecho nada a nadie y
se tiene que llevar todas las hostias. ¿Qué te había
hecho él? ¿Eh? Mira... mira cómo se le sale el relleno.
¿Qué te había hecho él? Tendrías que
pedirle perdón.
Está bien. Lo siento, oso. Pero que conste que yo te había
salvado antes la vida. ¡No lo olvides! (a
JAIME) Ahora tú. Tú también le has pegado.
¿Qué dices?
¡Que le pidas perdón!
Vale, vale... Perdona, oso.
Se miran un momento, con estupor.
Joder, tíos ¿qué estamos haciendo pidiéndole
perdón al puto oso?
Estamos locos. Se nos ha ido la olla.
Vámonos, tíos... vámonos, adonde sea. Esto es una
mierda.
¿Adónde?
No, sé, pero a cualquier parte.
Pero a cualquier parte, ¿dónde? ¿Vosotros tenéis
pueblo? Porque yo no tengo pueblo.
Ni yo.
Vaya mierda.
A Granada. Tíos, al pueblo de mi abuela. Vámonos, ya.
¿Con qué dinero? ¿Eh, con qué pasta? Porque
con lo que tiene este...
Joder, y con lo que me habéis dejado después de las pastis...
(echa mano al bolsillo) Joder...
¿Qué pasa?
Espera... (rebusca en bolsillo varios)
Me cagüen... joder... ¡joder!
¿Qué pasa?
Lo has perdido.
No.
¿Entonces?
No sé dónde lo he puesto.
¿El qué?
La cartera, con la pasta... joder...
La has perdido...
Que no la he perdido, sólo que... joder, tío, qué
cagada. Me la he dejado en tu casa.
Qué dices.
Tenemos que volver.
Pero qué dices. ¿Tú estás loco?
No hace falta que vayas tú. Voy yo.
Sí, hombre, “oye, perdonad que os interrumpa, vengo a por
la cartera, gracias, ya podéis seguir follando, ¿eh?, por
mí no os cortéis”.
Vete a la mierda.
Tú eres gilipollas.
Gilipollas tú, que te has dejado la única pasta que teníamos
en casa de éste.
¿Cómo que teníamos? La pasta era mía.
De tu madre.
Mía. Era mi entierro, ¿no?
Y el de tu hermano.
Bueno, ya vale. ¿A ti que te importa? A mí me da igual si
en vez de enterrarme me tiran a un contenedor, y mi hermano... bueno,
que se joda. Que le entierren donde entierran a los locos. Yo ya he dicho
que vuelvo a por ella.
Que no.
Pues entonces, sólo puedo hacer una cosa para pillar más
pasta.
¿El qué?
Prostituírme.
Pero ¿con tías o con tíos?
Vamos tíos, que es broma.
Para ti será una broma. Para mí, no. Yo me voy.
Ya, pero ¿y la pasta?
Yo estoy dispuesto a lo que sea. No quiero quedarme aquí ni un
minuto más.
Ya, tío, pero piensa un poco, necesitas pasta para el viaje, y
eso es lo de menos, tendrás que vivir de algo...
Eso es verdad, tío... ¿de qué vas a vivir?
¿Qué pasa? ¿Es que tú tampoco te vas a venir?
¿Te vas a quedar en tu casa, dejando que tu hermano te pegue de
hostias cada vez que se le crucen los cables?
Bueno, tío, a lo mejor si le hacen efecto las pastillas...
¿Qué pastillas? ¿Esas que no se toma?
Bueno, tío, tampoco hay que machacar...
¿Y tu qué? ¿Te vas a quedar en tu casa, esperando
a que tu madre llegue pedo cualquier día? Bueno, tú por
lo menos tienes una casa que mola, con piscina... vamos, eso supongo,
porque nunca nos has llevado... ¿qué pasa, que te avergüenzas
de nosotros en tu barrio de pijos?
¿Te da vergüenza que nos vea tu madre?
No. Me da vergüenza que la veáis vosotros a ella.
Pausa.
Joder, ¿por qué no os venís conmigo?
Ángel, tío... a mí me gustaría, pero...
Sólo nos hace falta un poco de pasta. No mucho, solo para llegar
allí y vivir un poco de tiempo. Luego ya encontraremos algo...
Pero ¿cómo la vamos a conseguir?
Ángel saca el cuchillo.
Yo estoy dispuesto a lo que sea. No quiero volver a ver más a ese
par de cabrones.
ENRIQUE y JAIME se miran, inquietos.
Ángel, tío... ¿no irás a sacarnos los órganos
y venderlos?
Tíos... yo me voy. ¿Cuento con vosotros o no? (Al
público) Si Enrique nos hiciera ahora la pregunta que nos
hizo antes...
¿Vosotros nunca habéis tenido ganas de matar a nadie?
Yo sí.
Yo también.
¿A quién?
Tú antes.
A mi hermano.
A mi sicólogo... a los amigos de mi madre...
A mi padre. Y a mi hermana. Y a vosotros. Y a mí.
ESCENA 6 *
LA CALLE, ANTE EL TODO A 100
Nuevo cambio de luz. Los tres OSEZNOS miran a algún
lugar que no vemos.
El Oso está con ellos.
(Nervioso) Bueno, ¿qué? ¿Vamos?
Ángel, tío...
¿Entramos o entro yo solo?
Oye, estas cosas hay que planearlas...
Yo lo que digo es, ¿seguro que es una buena idea atracar un Todo
a Cien?
¿Y qué quieres? ¿Qué atraquemos un banco?
¿Tú sabes lo protegidos que están? En cambio esto,
mira. No hay vigilante, no hay alarma.
Joder, claro, porque sólo hay mierdas. Aquí no hay pasta.
Qué dices. Claro que hay pasta. ¿Tú no sabes la cantidad
de gente que entra aquí al cabo del día? ¿No has
visto todos los que han entrado mientras hemos estado vigilando? Y esta
gente no mete el dinero en el banco. ¿No ves que todos son ilegales?
Lo guardan ahí mismo...
Joder, yo tengo hambre.
Tío, ¿tú sólo piensas en comer?
No, eso es lo segundo.
Bueno, qué, ¿vamos?
Espera, tío, ¿no ves que son dos? Está el chino y
está la china.
¿Y qué? Nosotros somos tres.
Ya, pero no compares. El tío lo mismo sabe kárate. Te puede
dar en la nuez y te mata al momento. El kárate lo inventaron los
chinos.
Sois unos acojonaos.
Ángel, tío, si es que no se puede ir atracando así
como así... para esas cosas hay que ser profesional.
Joder, ¿y tú eras el que quería matar a alguien sólo
para ver qué se sentía?
Eh, eh, yo no he dicho que quiera matar a alguien. Sólo he dicho
que lo he pensado.
Pues ahora puedes. Puedes entrar y cargarte a un chino.
Qué dices, tío, a mí los chinos no me han hecho nada.
Bueno, pues no lo mates. Yo tampoco quiero matar a nadie. Sólo
quiero llevarme la pasta y largarme de aquí.
Tío, todo esto es una broma, ¿no?
¿Una broma? ¿Tú crees que lo de mi padre y mi hermana
es una broma?
Ya, pero los chinos no tienen la culpa de eso...
¡Eh, la china! Sale la china.
Los tres miran, conteniendo el aliento.
Qué hace.
Joder, menudo gargajo ha echado. Parece mi abuelo. Mi abuelo echa unos
gargajos por la ventana que no veas. Le da igual si pasa alguien.
Lo malo es que a veces se quedan colgando de a cuerda de tender. No veas
mi madre cómo se pone. Esa china me recuerda a mi abuelo. Menudo
gargajo.
Y se vuelve dentro, la muy zorra.

Tranquilo, tío, no pasa nada. No te pongas nervioso.
No estoy nervioso.
Ángel, tío, no te conozco.
Ya sé que no me conoces. Nunca me has conocido.
Me refiero a que estás muy raro.
(Pasea nervioso) Joder-joder-joder… como no salga uno de
los dos...
¿Por qué no nos vamos y lo pensamos?
¡No lo quiero pensar! ¡No quiero pensar nada! ¡Nunca
más voy a pensar nada! Desde ahora voy a hacer lo que me dé
la gana.
Tío, tranquilo.
Seguro que tienen cámaras…
¿Cómo va a tener cámaras un todo a cien? Ni que fuera
el corte inglés.
Si nos pillan estamos jodidos. Los chinos son muy sádicos. La misma
palabra lo dice: tormento chino. Ellos han inventado las torturas más
espantosas: el gota a gota y otras peores… y esos no llaman a la
Policía. Resuelven sus asuntos a su manera.
Macho, estás delirando.
Tú no sabes lo que se hacen entre ellos cuando no pagan sus deudas.
Se cortan en trozos… Y si no, les meten en sótanos oscuros
a coser doce horas diarias hasta que paguen lo que deben…
Eh, mira. Está saliendo la china.
Los otros dos miran para allá, hacia donde
supuestamente la china se aleja.
Venga, tronco. Tu turno.
¿Qué dices? Tío, ni se te ocurra.
¿Qué no? ¿Para qué te crees que estamos aquí?
Saca el cuchillo.
Ángel, tío, es una broma... Guarda eso. Guárdalo,
antes de que la caguemos.
Joder, qué fuerte...
Voy a entrar. ¿Venís o no?
Yo paso.
Eres un mierda. Todo esto es por tu culpa.
¿Qué coño va a ser por mi culpa? ¡Es por la
culpa de tu padre y tu hermana!
Vete a la mierda.
Vete tú. Yo paso. Y si os pillan, me voy a alegrar.
(A JAIME) Entonces, ¿vamos
nosotros?
Yo casi que me quedo vigilando. Alguien tiene que vigilar, ¿no?
Joder, otro cagao. Mierda. Mierda. Sois unos cagaos.
Pero es que no puedo, tío. Estoy bloqueado, las piernas no me responden.
No jodáis, tíos. Dijisteis que íbais a entrar.
Oye, Ángel, ¿por qué no lo dejamos?
ÁNGEL se vuelve a él mostrándole
el cuchillo.
Eh, deja eso tío...
No lo habéis entendido. No habéis entendido nada.
Y, con paso decidido, ÁNGEL se dirige hacia
la tienda.
Desaparece.
Ángel... ¡Ángel! Joder, ese tío está
loco. Va en serio...
Vaya par de huevos. Y eso que es maricón.
Nos está vacilando. Seguro que nos está vacilando. Va a
comprar cualquier chuminada y sale.
No.
¿No qué?
Que va en serio.
Joder... joder, está loco... Yo me largo.
Tiene razón Ángel. Eres un cagao.
¿Y tú qué?
Yo estoy vigilando.
Pues venga, ya vigilo yo y tú entras.
¡Chsst!
¿Qué hace?
JAIME Hace como que mira…
¿Y el chino?
Detrás del mostrador.
¿Mirándole?
Sí.
¿Y él, qué hace?
Ahora está cogiendo una lata.
¿De qué?
(Entrecierra los ojos) De…
espera, que no veo…
Oye, ¿qué cojones importa de que es la lata?
¿Pero para qué ha cogido la lata?
Yo que sé. Para disimular, supongo…
Ya verás, se raja. Se va a rajar.
Joder…
¿Qué pasa?
No se raja... ha sacado el cuchillo.
Va a rajar al chino... Joder, está loco.
Va hacia el mostrador.
¿Y el chino?
No se ha dado cuenta del cuchillo. Está leyendo un periódico
en chino.
¿Qué hace ahora?
Ha llegado al mostrador... joder. Le ha enseñado el cuchillo al
chino. El chino ha soltado el periódico.
Joder, vámonos...
Le debe estar pidiendo la pasta... El chino va a sacar la caja...
(Aterrorizado) ¡Joder! ¡Joder!
¿Qué pasa?
¡El chino ha sacado una pipa!
¿Cómo que una pipa?
¡Una pistola! ¡El chino tiene una pistola! ¡No! ¡No!
¡Ángel! ¡Ángel!
Un disparo.
OSCURO
ESCENA 7.
UN LUGAR INDETERMINADO,
UN TIEMPO INDETERMINADO
EPÍLOGO
JAIME y ENRIQUE hablan con ÁNGEL. Este ocupa
un lugar algo elevado, y la iluminación y su palidez no harán
dudar sobre si está vivo o muerto. ÁNGEL vuelve a ser el
que era.
Pero ¿qué se siente?
Nada. Sólo una luz y bueno, las voces y te sientes como bien...
No, si al final va a molar más palmar que estar vivo...
Pues seguro que sí. Porque además estaba mi abuela.
¿Joven o vieja?
¿Cómo joven o vieja?
Sí, que si estaba joven o vieja. Porque si las tías que
se mueren de viejas van a estar viejas para siempre no mola. Al final,
el cielo va a estar lleno de viejas. Menudo mal rollo. Para eso es mejor
ir al infierno.
Bueno, por suerte también hay tías buenas que se mueren
jóvenes.
Ya, pero ¿los que se mueren viejos cómo están allí?
No lo sé. Sólo fue un momento. Yo vi esa luz, y las voces
y luego ya nada. No me acuerdo de nada. De nada.
Joder, tío, saliste de allí echando sangre como un cerdo...
No te mató de milagro. No veas el susto. No te mató de milagro.
Porque sería una mierda de pistola...
Sí, una pistola de Todo a 100.
(Al Público) No me acuerdo de nada.
A los maderos les dijimos que no sabíamos que había pasado...
que nuestro amigo entró a comprar un bolígrafo y de pronto
oímos el disparo...
¿Un bolígrafo? Yo les dije una bombilla.
Joder, pues yo les dije un bolígrafo... a lo mejor se mosquearon.
No creo: ¿qué más da un bolígrafo o una bombilla?
No es lo mismo.
Ya lo sé, no soy gilipollas. Con una bombilla no escribes.
Pero es una contradicción.
¿Y qué? No dijeron nada, ¿no? Y fueron a la tienda,
a por el chino. Pero el chino se había largado. No lo encontraron.
La tienda estaba cerrada. Sólo encontraron a la china, que decía
que no sabía, no conocía... Aún están tratando
de saber qué pasó. Y Ángel también.
No me acuerdo de nada.
No se acuerda de nada.
¿No se habrá quedado gilipollas?
Yo le veo como siempre.
Eso, un poco gilipollas. Claro que ya era un poco gilipollas.
Desde luego, de aquello no se acuerda para nada
No, no me acuerdo de nada. Sólo que vi al chino mirándome
con cara de susto y luego ya nada. Ojalá me acordara de menos cosas
todavía.
Desde la comisaría llamaron a mi casa, pero no cogía nadie.
Me llevaron en una lechera a casa. Les dije que si podían poner
la sirena, pero pasaron de mí. Me dejaron allí y no había
nadie. Luego apareció un vecino que me dijo que mi madre estaba
en coma.
¿Dónde?
En coma, gilipollas. En el hospital. El mismo día que no volví
a casa, mi madre tampoco volvió. Por la mañana un vecino
la encontró en el coche, delante del garaje; del garaje de su casa,
no de la nuestra: se había equivocado de entrada. Esas casas son
todas iguales. Pensaron que estaba muerta, pero no. La llevaron al hospital.
Por lo visto había tenido una parada cardiaca por la coca. Tuvieron
que reanimarla con esos electrodos que te ponen... (imita el ritual tantas
veces visto en la televisión) Bumba... bumba... “¡está
fibrilando, está fibrilando...!”
Por eso no te llamaba... Porque estaba ocupada fibrilando.
Qué gilipollas eres. Estuvo tres días sin conocimiento.
Los del hospital estuvieron llamando a casa, dejando recados en el contestador.
Nadie sabía mi número del móvil. Luego lo encontraron
en su agenda, pero llamaron cuando ya no tenía batería.
¿Está ya bien?
¿Mi madre? Sí; se fue a un centro de desintoxicación.
El otro día fui a verla. Tuve que ir a una terapia. Tengo que ir
de vez en cuando. No veas, allí todos cuentan su rollo y luego
se dan la mano y cantan. Algunos hasta lloran. Ahora, la tía que
mandaba en la terapia estaba muy buena. Luego me fui a Marbella con mi
padre y con la alemana. Ahora me llevo mejor con ella.
¿Con tu madre?
No, con la alemana. No la entiendo, pero me sonríe. Yo creo que
le gusto. Y se ducha con la puerta abierta, y eso que sabe que yo miro.
A lo mejor acabamos enrollándonos, ¿te imaginas el mosqueo
de mi padre si le levanto la piba?
Por eso no te volvimos a ver. Porque estás en Marbella intentando
tirarte a la novia de tu padre.
Os pensaba escribir.
Ya.
Mi padre vino a buscarme al hospital y volvimos a casa juntos.
No hablamos nada en el camino. Mi hermana no estaba en casa. Le pregunté
por ella. No se había pasado a verme, y eso que curra allí.
Él se echó a llorar y se metió en su cuarto. Mi hermana
no volvió a casa nunca más.
A lo mejor no era ella.
Al día siguiente llamó una compañera suya del hospital.
Me dijo que mi hermana quería verme. Fui a verla. Quedamos en un
bar. Casi no hablamos. Me preguntó qué tal estaba. Pero
no me preguntó por mi padre.
Como si no existiera. Fue raro. Me dijo que me quería mucho. Que
me quería mucho. Eso lo dijo muchas veces, que me quería
mucho. Fue muy raro. Yo tenía ganas de llorar, pero no lloré.
Casi no hablé.
A lo mejor no era ella.
Con mi padre tampoco volví a hablar de eso. Bueno, ni de eso ni
de nada. Comíamos viendo la tele, entrábamos, salíamos,
nos dejábamos notas: “Hay que comprar leche”, “hoy
vienen a arreglar la antena”... Hasta que un día le dije
que me diera dinero para irme a Granada. Que me diera todo el dinero que
pudiera. No dijo nada y me lo dio. Sacó todo lo que tenía
en el banco y me lo dio sin decirme nada. Y me fui a Granada y allí
me quedé. La casa de mi abuela la habían vendido. Pero ella
estaba allí. ¿Sabéis que muchas veces veo a mi abuela
y hablo con ella?
Se miran Jaime y Enrique.
Lo que yo decía, un poco gilipollas.
Nunca vinisteis a verme. Y eso que os escribí. A los dos. No os
llamé porque... no sé por qué.
Joder, yo pensaba ir...
(A JAIME) A ti no te pilla muy lejos.
Y tienes moto, ¿no?
Es una carretera fatal. Se mata mazo de gente.
En cuanto tenga unos días libres, me bajo a verte. Estoy currando.
¿Dónde?
Yo llamé a casa desde la Comisaría. Mi madre vino a buscarme,
llorando y me llevó a casa. Luego me estuvo doliendo el golpe durante
bastante tiempo. Este del costado. Me hicieron unas radiografías
y resultó que tenía una costilla rota. El médico
me dijo que daba igual, que se curaba sola, pero me dolía cuando
respiraba fuerte. La siguiente vez que mi hermano me quiso pegar saqué
el cuchillo. Le saqué el cuchillo. No dije nada, pero saqué
el cuchillo. Mi madre empezó a gritar que estaba loco y quería
llamar a la policía, pero mi padre me defendió y dijo que
el que estaba loco era mi hermano, que ya era hora de que hicieran algo.
Fue la primera vez que mi padre me defendió. Bueno, fue la primera
vez que mi padre hizo algo desde hace la tira. Al final internaron a mi
hermano. Le ingresaron en el mismo psiquiátrico donde estoy currando
ahora. O sea, que le veo todos los días, pero ya no me pega, porque
siempre está medio grogui, con las pastillas. Inflado. Me da mal
rollo verle así. Me mira como si estuviera en una pecera, no sé
si me entiendes. Me da pena. Me dan ganas de sacarlo de allí. Es
mi hermano, ¿no? Me da pena verlo así.
¿Quién está en la pecera? ¿Tú o él?
Él.
No se te ocurra sacarlo. No seas gilipollas. (A
ÁNGEL) ¿Y tú a qué te dedicas?
Estoy con un pintor. Vivo en su casa. Le ayudo.
¿Le ayudas a qué? ¿A pintar?
Claro que no, gilipollas, ¿cómo le voy a ayudar a pintar?
Es un pintor importante, alemán. Vende cuadros por una pasta. Yo
estoy con él, le ayudo en la casa, con las cosas, no sé.
Los otros dos se miran.
¿Qué pasa? Ya sé lo que estáis pensando, y
me da igual. Me da igual.
Pero ¿te paga?
Vete a la mierda.
El otro día pasé por el Todo a 100, por si veía al
hijoputa del chino que te disparó.
¿Estaba?
No. La tienda estaba cerrada.
¿Y si hubiera estado?
No sé.
Pero no estaba.
No, pero encontré esto. (Saca el
Oso) Estaba en un contenedor.
¿Es el mismo?
Sí.
No puede ser. Tiene que ser otro.
Que no, que todavía tiene mi cuchillada. Mira, se le sale el algodón.
Y le falta un ojo.
Podías haberme matado.
Qué va. Qué pasa, Oso, ¿te duele?
Ya se le habrá curado.
Este sí que vive de puta madre, sin enterarse de nada.
Sin que le duela nada.
¿Os imagináis que por dentro sólo tuviéramos
algodón? Ni tripas, ni corazón, ni nada. No tener que sentir
nada. Sólo mirarlo todo con unos ojos de cristal.
Pásamelo.
¿Por qué? Es mío.
Trae, anda, no seas gilipollas.
Va a por él. Enrique, por encima de su cabeza,
se lo lanza a Ángel, el cual lo coge al vuelo.
Mío. (Al oso) Qué pasa,
tú.
Jaime va a por él, pero Ángel lo pasa
a Enrique. Antes de que lo coja, Jaime consigue placarle...
¡Mío!
¡Ay! Me has hecho daño, gilipollas. Trae.
Jaime se lo pasa a Ángel, y así empieza
un juego de toma, pasa, trae el oso. Los tres oseznos se entregan al juego,
lanzándose el oso unos a otros, mientras va subiendo la música
del principio cada vez más alto, cada vez más alto...
fin
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