El reconocimiento social
de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres es un hecho muy reciente
que todavía no ha dado todos sus frutos. A lo largo del siglo pasado
las mujeres mantuvieron una dura y dificultosa batalla para que la sociedad
reconociera sus derechos como personas. Esa larga lucha ha continuado
y continúa en el presente siglo. Afortunadamente, hoy los países más
desarrollados han establecido en sus normas de convivencia principios
de no discriminación por razones de sexo.
Pero a pesar de que las
leyes garantizan, o pretenden garantizar, la igualdad entre sexos, la
realidad social y cotidiana es muy diferente. Lo cierto es que el hecho
de nacer hombre o mujer todavía determina y condiciona la asunción de
roles muy diferenciados socialmente; roles que, en definitiva, van pautando
las formas de vida de las personas en función de unas diferencias de
género de origen ideológico y cultural, y, por tanto, con altos niveles
de arbitrariedad.
Hoy por hoy el tema de
la discriminación por razones de sexo es un debate de absoluta actualidad
entre otras razones por su directa incidencia en el Principio de Igualdad
de Oportunidades defendido desde importantes instituciones nacionales
e internacionales (ONU, Unión Europea, MEC, Ministerio de Asuntos Sociales,
Comunidades Autónomas, ...), y desde las más básicas legislaciones de
incidencia mundial (Derechos Humanos, Derechos de los Niños y las Niñas,
Declaración Mundial sobre Educación para Todos, etc.). Lo mismo ocurre
en la normativa española comenzando por nuestra vigente Constitución
y culminando en la L.O.G.S.E., que es el marco legal de la Reforma de
nuestro Sistema Educativo, y donde se declara que la educación persigue
el cultivo total de la persona
Por otro lado, la escuela,
como institución fundamental de nuestra sociedad e importante agente
socializador desde todos los tiempos, también participa activamente
en la existencia de desigualdades por razón de sexo desde el momento
en que los estereotipos se confirman y reproducen dentro del propio
sistema educativo: las formas de organización escolar, el reparto de
poder y responsabilidades, las actitudes y expectativas del profesorado
hacia el alumnado diferenciadas en función del sexo, los modos de actuación,
comportamiento y trabajo del profesorado en base a su propio sexo, la
distribución de los espacios y tiempos escolares, los materiales didácticos,
los libros de texto que no proporcionan un trato igualitario a hombres
y mujeres, ..
En este trabajo vamos a
realizar, en primer lugar, una aproximación a la naturaleza normativa
del Principio de Igualdad de Oportunidades: estudiaremos aspectos normativos
de dicho principio en su relación con la discriminación en función del
sexo a nivel internacional, europeo y español.
En un segundo punto trataremos
de analizar las posibles relaciones existentes entre Igualdad de Oportunidades,
Discriminación Sexual y Educación: estudiaremos cómo realiza nuestra
escuela la transmisión del género, y si reproduce o no desigualdades
sociales.
Tras estas cuestiones,
y una vez contextualizadas en nuestra comunidad autónoma, presentamos
un desarrollo curricular para una educación no sexista en el primer
ciclo de secundaria a través de las áreas tranversales.
Hemos de señalar
que la propuesta de actividades que presentamos no es una propuesta
cerrada, sino que el profesorado puede pensar y crear otras actividades
que considere más adecuadas a las características de su aula y que desarrollen
los mismos conceptos, procedimientos y actitudes. El material que ofrecemos
ha sido seleccionado según nuestro criterio personal, y por tanto es
totalmente reemplazable a criterio del profesorado. Por ello, al final
de este documento presentamos un apartado de bibliografía complementaria
donde pueden encontrarse otras sugerencias y otras ideas que se pueden
desarrollar sobre esta base.
Queremos dar las
gracias a aquellas personas que nos han prestado su apoyo y ayuda durante
la elaboración de este trabajo. Nuestro especial agradecimiento a J.
Manuel Martín Delgado y a Concha Llorente Laso por su colaboración en
el procesamiento informático de este documento.
Esta propuesta es fruto
de dos años de estudio de diferentes cuestiones relacionadas con el
sexismo desde la Facultad de Educación de la Universidad Complutense
de Madrid, y de las inquietudes que nos suscitaron diversos aspectos
tratados en aquellos cursos sobre coeducación y psicoafectividad en
el aula en los que hemos participado.
En esos dos años
de trabajo se estudiaron cuestiones relacionadas con el sexismo en la
literatura infantil -concretamente en el clásico de Disney "La
Bella y La Bestia"- y en la publicidad televisiva. De este acercamiento
a la extensa documentación, investigación y bibliografía sobre el tema,
junto con las pequeñas conclusiones de nuestros estudios, nació en nosotras
la inquietud por la necesidad de empezar a profundizar en el tema y
buscar posibles soluciones o alternativas.
Finalmente, desde el Departamento
de Teoría e Historia de la Educación de la Universidad Complutense,
se realizó un estudio sobre las cuestiones éticas y políticas del sexismo
en el material didáctico y su relación con el Principio de Igualdad
de Oportunidades. Dicho estudio vino a confirmarnos la necesidad de
elaborar diseños de intervención aplicados al ámbito educativo cuyo
objetivo fuera el tratamiento de la discriminación en función del sexo
a través de las diferentes áreas del currículo como primera y principal
medida preventiva.
Del análisis de
todas estas cuestiones a lo largo de este tiempo extrajimos la siguiente
conclusión: el tema de la discriminación en función del sexo afectaba
tanto a mujeres como a hombres. Y dado que parece ser que todos los
esfuerzos institucionales van dirigidos a la acción positiva en favor
de las mujeres, nos planteamos si no sería pertinente diseñar intervenciones
de acción positiva para ambos sexos. Es decir, partimos de la idea de
que el hombre, al igual que la mujer, desempeña un rol totalmente forzado
socialmente que hay que modificar.
Creemos que todo el macrosistema
social en que se desarrolla la cultura occidental transmite e impone
una visión dominante de los hombres en todos los ámbitos de la vida
y, en consecuencia, construye una consideración social hacia la mujer
totalmente desacertada. Evidentemente, ambas son imágenes obviamente
estereotipadas que, además de ser claramente perjudiciales e impedir
a las personas desarrollar todo su potencial, contribuyen a que interioricemos
imágenes sumamente falsas sobre unas y otros (Askew y Ross, 1991).
Los últimos resultados
de ciertas investigaciones indican que los jóvenes varones viven una
crisis de identidad de género a consecuencia de la acción que se viene
llevando a cabo en favor de las mujeres. Y esto nos preocupó seriamente;
por ello decidimos elaborar una intervención educativa cuyo objetivo
final expresa perfectamente Félix Ortega (AA. VV, 1993: 14): "buscar
fórmulas de socialización que faciliten, a partir de un núcleo de identidad
común, trayectorias del género distintas, si bien compatibles".
Implicaciones éticas, políticas
y educativas
El tema de la Igualdad
de Oportunidades para ambos sexos tiene, a nuestro entender, implicaciones
de diferente índole. Por un lado, desde el momento en que hablar de
Igualdad de Oportunidades es hablar del derecho a una educación justa
e igualitaria para todas las personas, del derecho a la dignidad de
la persona, al honor, a la intimidad y a la propia imagen, nos encontramos
sin duda ante un conjunto de cuestiones de comportamiento ético y cívico.
Esto sin olvidar que las
consideraciones y los comportamientos sexistas se pueden agrupar bajo
lo que denominamos actitudes, cuyo cambio es el primer objetivo
de una Educación en Valores.
Por otro lado, la cuestión
es en sí misma un problema educativo dada su propia naturaleza: hablamos
de impregnar al currículo y todos los elementos que lo configuran de
una filosofía no sexista, no discriminatoria en función del sexo.
La Igualdad de Oportunidades
para ambos sexos debe por tanto incluirse en todas las áreas del currículo
ya que la educación no sexista no es un objetivo independiente y/o añadido
al proceso educativo, sino todo lo contrario, es un principio que debe
estar presente de modo permanente en la educación y formación de las
personas.
Por todo ello, las propuestas
curriculares deberán elaborarse teniendo en cuenta este aspecto tanto
en los objetivos, los contenidos, la metodología y los criterios de
evaluación.
Debido a todo lo dicho
hasta ahora y a las reflexiones que siguen, nos encontramos ante una
cuestión de grandes implicaciones políticas. A este respecto aparecen
varios interrogantes: ¿se están creando sistemas educativos segregados
en nombre de la Democracia?, ¿no es la escuela la vía de transmisión
del modelo social vigente?, la escuela ¿libera o reproduce?.
Son todas ellas cuestiones
que vienen estudiándose desde hace varias décadas y que han recibido
múltiples respuestas en función de las ideologías y políticas educativas
operantes en cada momento. Por otra parte, la Igualdad de Oportunidades
para ambos sexos es un principio que viene recogido, como dijimos en
líneas anteriores, en los Tratados Internacionales, en los acuerdos,
resoluciones, etc, europeos y en las leyes españolas, lo cual le confiere
el rango de principio democrático que debe impregnar la política educativa
para el logro del "pleno desarrollo de la personalidad humana en
el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos
y libertades fundamentales", que no es otra cosa que la Educación
según el artículo 27.2 de nuestra Constitución.
En otras palabras, y según
el propio Ministerio de Educación (1993: 9):
"La educación escolar,
fundamentalmente en su etapa obligatoria, tiene la finalidad básica
de contribuir a desarrollar en los alumnos y alumnas aquellas capacidades
que se consideran necesarias para desenvolverse como ciudadanos con
plenos derechos y deberes en la sociedad en la que viven".
Es de suponer que la Igualdad
de Oportunidades para ambos sexos contribuye a este objetivo de nuestra
política educativa.
En directa consecuencia
con estas políticas igualitarias, la Comisión de las Comunidades Europeas
propuso un segundo Programa de Igualdad de Oportunides que abarcaba
desde 1986 hasta 1990 que recogía una serie de medidas enfocadas hacia
la educación, el empleo, las Nuevas Tecnologías, el reparto de responsabilidades
familiares y profesionales, y la sensibilización y evolución de las
mentalidades (Romero, 1989: 15).
El anterior equipo ministerial
aprobó el IV Programa de Acción Comunitaria para la Igualdad de Oportunidades
entre hombres y mujeres, que contempla, en palabras de la ministra Alberdi
"el papel de las mujeres en una economía cambiante", y establece
como uno de los objetivos centrales conciliar la vida profesional con
la familiar, objetivo que debe hacerse extensivo a los hombres.
El M.E.C., siguiendo esta
línea, viene realizando desde septiembre de 1987 un Plan General de
Igualdad de Oportunidades para las Mujeres en coordinación con el Instituto
de la Mujer. Este plan político se estructura en torno a cuatro objetivos:
1 - Combatir los estereotipos
sexistas en el material didáctico.
2 - Combatir los estereotipos
sexistas en los curricula.
3 - Fomentar el cambio
de actitudes en el profesorado a través de formación inicial y contínua.
4 - Garantizar una igualdad
de oportunidades para los chicos y las chicas en el acceso a todas
las formas de enseñanza.
Ayudar a la consecución
de los objetivos 1 y 2 de este Plan General, es una de las pretensiones
de esta propuesta curricular.
Pero concretemos un poco
más el marco que justifica esta propuesta. Durante el período 1988-1990
se desarrolló el I Plan de Igualdad de Oportunidades, el cual puso especial
hincapié en la eliminación de las discriminaciones por razón de sexo
en el ámbito educativo. Aunque la evaluación general fue positiva y
el Plan resultó un avance, se detectó que no había sido suficiente.
Por ello se elaboró el II Plan de Igualdad de Oportunidades para las
Mujeres que se desarrollaría entre 1993 y 1995. Su objetivo 2.1. pretende
"desarrollar el curriculo establecido para que responda a una concepción
de la educación de acuerdo con la igualdad de oportunidades entre mujeres
y hombres, eliminando los rasgos sexistas androcéntricos de las prácticas
y de los contenidos educativos" (Instituto de la Mujer, 1993: 41-55).
Entre las actuaciones que
operativizan dicho objetivo encontramos la 2.1.1. dedicada a promover
"la elaboración y difusión de ejemplificaciones y programaciones
curriculares en todas las áreas de la Educación Infantil, Primaria y
Secundaria, conforme a principios de educación no sexista" (op.
cit.: 41), y la 2.1.3. que trata de "desarrollar los contenidos
de los Reales Decretos que establecen las enseñanzas mínimas y los currículos
en relación con las capacidades requeridas, para que tanto los alumnos
como las alumnas se desenvuelvan con autonomía en el ámbito doméstico
y en el cuidado de la salud propia y de las otras personas" (op.
cit.: 42).
Dicho todo lo anterior,
nos pareció importante elaborar una propuesta curricular conforme
a estos principios dirigida al primer ciclo de la Secundaria Obligatoria
por ser en este período cuando aparece la optatividad con un peso creciente
a lo largo de la etapa.
Hemos de tener en cuenta
que muchas veces "las elecciones ante una variedad de contenidos
no se hace necesariamente de acuerdo con las aptitudes e intereses individuales
sino que vienen determinadas por un sistema social sustentador de estereotipos
masculinos y femeninos y que es necesaria la intervención educativa
para neutralizar estas influencias externas" (M.E.C., 1992: 23).
Y es importante señalar que estas opciones (que además de un componente
académico tienen otro personal y actitudinal) irán configurando los
estilos de vida que nuestras alumnas y nuestros alumnos mantendrán a
lo largo de su vida.
Por otro lado, y evolutivamente
hablando, es en esta etapa de la vida cuando comienzan a aparecer las
primeras transformaciones fisiológicas que preceden a la adolescencia
y que tienen una importante repercusión en la configuración de la propia
identidad, la autoestima y el autoconcepto. Comienzan a adquirirse las
ideas y actitudes personales, y los valores propios. Es el momento en
que se estructura la propia escala de valores.
Estos cambios unidos a
la importancia que el y la preadolescente conceden a cómo son percibidos/as
y considerados/as por los demás, y especialmente por el grupo de iguales,
justifica la pertinencia de una intervención educativa encaminada a
proporcionar los elementos de juicio necesarios para paliar los límites
impuestos por los estereotipos y la influencia del sistema sexo/género
en el desarrollo de las capacidades y de la personalidad del alumnado.
Por todo ello nos parece
que la L.O.G.S.E. ofrece un marco adecuado para educar en la igualdad,
la solidaridad y la tolerancia contribuyendo a que los niños y niñas
de hoy sean capaces de vivir y convivir en una sociedad libre, democrática
y axiológicamente plural durante toda su vida.
El proyecto está formado por los
documentos siguientes en formato Word, contenidos en un archivo comprimido:
Portada, introduc., capitul (1,2,3,4)
y bloques. También está incluída la guía del profesorado y un cuestionario
en la carteta material.