Por Manuel Méndez
y Pilar Llanderas
Definición:

La paz es un espacio de encuentro y un tiempo de relaciones humanas
gozosas. Ni es solo ausencia de guerra, ni significa ausencia
de conflictos. Convivir en tolerancia y armonía puede suponer
un conflicto continuo, pero es positivo en el sentido que es una
derrota continuada de la violencia. Las relaciones humanas son
siempre conflictivas y la superación pacífica y positiva de estas
situaciones es precisamente la forma de convivencia armónica de
las distintas culturas, pueblos, religiones, sexos, razas y demás
diferencias que puedan servir de excusa para la división, el antagonismo,
el odio o la incomprensión.
La respuesta es precisamente la contraria, en
primer lugar la diversidad nos enriquece, en segundo término no
existen dos personas exactas, (ni siquiera entre gemelos y mellizos).
Es importante aceptar la diferencia como un rasgo distintivo de
la realidad humana, apreciar la diversidad como algo intrínseco
a nuestra condición e incluso necesario para compartir un mundo
más divertido, más heterogéneo y menos uniformado o aburrido.
La condición previa para una paz permanente es
la igualdad, solo las desigualdades pueden desequilibrar tanto
la situación que provoquen respuestas desesperadas y violentas
de rebelión ante la iniquidad. Por eso a veces se justifica la
guerra como un medio de llegar a una situación más justa en el
reparto que permita una paz más estable. O se mantienen períodos
extensos de "paz forzada" bajo el terror . Pero ninguna
de las situaciones es correcta, porque la paz que sigue a la guerra
la impone solo una parte vencedora, y tarde o temprano (a veces
incluso lustros después de creído terminado el conflicto, véase
el caso de los Balcanes europeos) se repite de nuevo el recurso
a la guerra como venganza de la otra parte perdedora. Como consecuencia,
la única paz posible siempre surge cuando no hay ni vencedores
ni vencidos. En otro sentido, una paz impuesta por el terror es
una violencia contenida, pero no deja de ser una situación violenta,
y por tanto nada tiene que ver con la paz.
La paz se da en libertad y en igualdad, o no
se da. Lo que es tanto como afirmar que casi no hay paz entre
nosotros. Al menos dos tercios de la población humana (para ser
optimistas) aún no han conseguido suficientes niveles de libertad
e igualdad para considerar posible la paz real y positiva entre
ellos, pero además, como la única paz posible es la "global"
(nunca sabemos hasta dónde pueden verse involucrados terceros
países en las guerras de los otros, pero tenemos dos experiencias
de guerras mundiales en este siglo que se nos va), podemos afirmar
que el otro tercio que aparentemente se considera viviendo en
paz (convivencia democrática, libre, tolerante y justa), está
en permanente peligro de perder su pacífica existencia, que por
tanto no es tan real como se pretende.
Nunca las situaciones injustas engendrarán períodos
pacíficos reales, por eso, a veces es preferible la "ruptura",
aunque sea dolorosa, que las componendas a medias, porque a la
larga se termina imponiendo la violencia frente a la injusticia.
No existen puntos finales, perdones generales, olvidos masivos
y voluntarios, ni transiciones ejemplares, si lo injusto permanece
o no ha sido reconocido y exculpado, único camino de la verdadera
conciliación. Y postergar la resolución de estas situaciones (acto
de contrición y propósito de enmienda, previo a la absolución,
como cualquier otra falta o pecado) se termina pagando a un precio
exageradamente alto en términos de pacificación y convivencia.
Tomemos los recientes ejemplos de América latina y sus "perdonadas"
dictaduras o de nuestra propia realidad social, en la que siempre
se airea el posible error del consenso político frente a la ruptura
social como una duda que envenena y empaña la transición de la
dictadura a la democracia, incluso cuestionando que estemos en
una democracia real y no en una permanente transición sin futuro,
(de ahí que algunos hablen ya, tras veinte años de democracia,
de iniciar la "segunda transición".).
Objetivos transversales:
La educación para la paz es por tanto un proceso
que debe estar presente en el desarrollo de la personalidad. Como
proceso debe ser continuo y permanente, para enseñar a "aprender
a vivir en la no violencia", y que confía en la creación
de ámbitos de justicia, de respeto, de tolerancia y felicidad
gradualmente más amplios. Diríamos que educativamente pretendemos
un proceso de enseñanza-aprendizaje de la cultura de la paz que
implica una ética personal y social fundamentada en la convivencia
en libertad y en igualdad, es decir, plenamente democrática. Esta
concepción se inspiraría en el respecto y reconocimiento de todos
los convenios internacionales que reconocen los derechos humanos,
favorecen un concepto internacionalista y global de la sociedad
humana, se fundamentan en carácter intercultural y mundialista,
pretenden el desarrollo de todos los pueblos y optan por el desarme
como principio.
Para posibilitar todo esto, nuestros comunidades
educativas deberían incorporar en su curriculum los siguientes
objetivos:
- Descubrir, sentir, valorar y confiar en las capacidades
personales y en la realidad social que nos corresponda vivir,
para superar las propias limitaciones y dificultades, y que
pueden contribuir a un desarrollo positivo y optimista de
la vida y el humanismo.
- Reconocer y valorar la propia agresividad como una forma
de autoafirmación bajo control permanente, capaz de ser puesta
al servicio de la superación personal y de actividades altruistas
que favorezcan el bien común.
- Desarrollar la afectividad, la ternura y la sensibilidad
hacia quienes nos rodean, favoreciendo el encuentro universal
con los otros y valorando los aspectos diferenciales más localistas
y particulares (sexo, edad, raza, religión, nacionalidad,
...) como elementos enriquecedores de este encuentro.
- Reconocer y afrontar las situaciones de conflicto desde
la reflexión serena sobre sus causas, tomando decisiones negociadas
para solucionarlas de una forma creativa, tolerante y no violenta.
- Actuar en la diversidad social y cultural con un espíritu
abierto, respetuoso y tolerante, reconociendo la riqueza de
lo diverso como elemento positivo que nos plantea el reto
permanente de superación personal y social de nuestra convivencia
en armonía.
- Participar en actividades de autoafirmación, desarrollo
y solidaridad con otros pueblos y culturas, colaborando con
organismos institucionales y otras organizaciones sociales
que potencien relaciones de diálogo, de ayuda, de paz, de
armonía y de denuncia de situaciones injustas.
- Conocer y potenciar los derechos humanos reconocidos internacionalmente,
favoreciendo una actitud crítica, solidaria y comprometida
frente a situaciones conocidas que atenten contra ellos, facilitando
situaciones cotidianas que permitan concienciarse de cada
uno de ellos.
- Valorar la convivencia pacífica con los otros y entre los
pueblos como un bien común de la humanidad que favorece el
progreso, bienestar, entendimiento y comprensión, rechazando
el uso de la fuerza, la violencia o la imposición frente al
débil y apreciando los mecanismos del diálogo, del acuerdo
y de la negociación en igualdad y libertad.
Aportaciones al proyecto curricular:
La educación para la paz debe hacerse presente
en todo el currículum, y de hecho todas las comunidades educativas
se esfuerzan por integrar elementos pacificadores, (democráticos,
solidarios, tolerantes y justos) en su desarrollo. Pero el problema
es que nuestra sociedad encubre tanta violencia, contenida o no,
en su cotidianeidad, que es muy difícil dar respuestas adecuadas
frente a las mismas, sobre todo si se hace un enfoque simple,
interesado o hipócrita al tema de la violencia social, cultural,
familiar o individual.
Por una parte los mass media nos inundan con
informaciones negativas de la agresividad y violencia humana,
de forma que "lo violento" de unas minorías se sobrevalora
frente a "lo pacífico" de la mayoría; por otra parte
es cierto que el recurso a la violencia y lo escabroso es mayoritario
entre los "temas" que se ofrecen como "ocio"
a los ciudadanos (cine, TV, videojuegos, comics e incluso literatura).
Por este camino se nos vende un aspecto pesimista y negativo que
es minoritario, frente a un optimismo más real de un deseo gradual
y mayoritario de paz universal. Sin embargo, sí es cierto que
el ejercicio de la "pequeña violencia" es habitual en
nuestra forma de convivir, como resultado de una "natural
agresividad" basada en el "instinto de supervivencia".
Así es como la violencia instintiva (la violencia nunca puede
ser racional), se instaura en nuestro modus vivendi de mil maneras
distintas, pero siempre porque el individuo no ha sabido (no ha
sido enseñado a) dirigir su agresividad de forma positiva para
sí mismo y para los demás, o simplemente porque nuestro modelo
social genera situaciones tan injustas que propician esas erupciones
de ira, rabia, odio o sentimientos destructivos individuales incontrolados
.
Efectivamente existe una agresividad potencialmente
positiva en cada ser humano, que le permite, por ejemplo, tener
el empuje necesario para arriesgar su propia vida en favor de
otros, o para adherirse a causas altruistas y comprometidas, o
simplemente para afrontar de forma positiva los problemas cotidianos.
Frente a estas actitudes positivas y mayoritarias, existen un
sin fin de pequeñas acciones mezquinas, denigrantes y negativas
tanto para quien las ejecuta como para quien recibe las consecuencias,
pero nuestro optimismo nos hace pensar que son minoritarias, aunque
muy llamativas. Esta agresividad negativa, que en casos excepcionales
se transforma en verdadera "violencia", es la que debe
ser continuamente denunciada, señalada, zaherida y perseguida
por todos, primero en nosotros mismos, y luego en las conductas
de los demás. Y aquí es importante que el control social sea crítico,
sincero, justo y riguroso, sin dejar por ello de ser solidario,
tolerante, y abierto con las faltas propias y ajenas.
Las comunidades educativas, como mediadoras de
valores sociales, deben comprometerse en actuaciones que refuercen
la propia autoestima, de forma que los individuos sean conscientes
de sus limitaciones, tomen decisiones autónomas y acertadas, y
como consecuencia deseen superar con optimismo sus posibles dificultades
(a veces desgraciadamente mezquinas). Por tanto deben valorarse
las actitudes generosas, amables, afectivas y cariñosas, y censurarse
las actitudes hostiles, egoístas, despreciativas o injuriosas.
Y en este sentido no se puede ser "permisivo" o "relativista"
frente a un individuo en "proceso de formación", como
son nuestros alumnos, y que comprenden muy bien que lo malo esta
mal, pero que no entienden que lo malo sea relativamente bueno,
como a veces nos empeñamos en vindicar, por un equivocado sentido
de la equidad, que en realidad es relativismo frente al egoísmo,
la canallada, la hostilidad, la sinrazón, la mezquindad, etc.,
Todo ello conductas "muy humanas", pero también muy
"indeseables" y muy "vergonzosas". Debemos
reivindicar la vergüenza personal y ajena como un sentimiento
positivo que nos denuncia nuestra inconformidad con lo violento,
cuando menos, y no como un sentimiento negativo de "culpabilidad"
traumática de la personalidad. Cuando existen hechos objetivos
de los que sentirse "avergonzado" (y esto es siempre
que existan damnificados como consecuencia de mi conducta), uno
debe tener el suficiente coraje como para sentirse "realmente
culpable", para reconocer actitudes erróneas, que si no serán
imposibles de rectificar. En este sentido la "vergüenza"
personal y social es positiva, y el permisismo o el aplauso, realmente
contraproducentes.

Estrategias:
Una estrategia necesaria es, por tanto, concretar
claramente en nuestros códigos normativos de largo plazo (Proyecto
Educativo y Reglamento Interno), aquellas actitudes positivas
para una convivencia pacífica y armoniosa en nuestra comunidad,
definiendo un conjunto de normas aceptadas y comprensibles que
resalten el respeto y aprecio hacia uno mismo y los demás. También
es deseable concretar en nuestra línea docente y en el perfil
del personal, docente o no, una serie de rasgos distintivos que
definan actitudes pacíficas y antiviolencia.
Por otra parte, nuestra organización interna
debe permitir la participación real de todos los miembros de la
comunidad escolar, abriendo suficientes cauces de colaboración,
diálogo y negociación, de forma que la convivencia siempre conflictiva
de los distintos intereses de las diferentes partes (padres, alumnos,
profesores, administración y organizaciones sociales), encuentre
siempre una canalización adecuada para el acuerdo y el compromiso
en la toma de decisiones.
Los contenidos de las distintas áreas contempladas
en nuestro proyecto curricular deben revisar aspectos críticos
de sus programas. A veces se ensalza de forma "más o menos"
encubierta (currículum oculto), emociones, situaciones, personajes
e incluso contravalores violentos. El exceso de competitividad
se opone al concepto de colaboración, el héroe o heroína ejemplar
a veces es paradigma de la violencia, el exceso de orgullo localista
o diferenciación cultural puede encerrar elementos xenófobos o
racistas, incluso la forma de presentar el enunciado de una situación
problemática puede incurrir en extremos cuasi violentos,
etc. Una estrategia para disipar dudas sobre la "formulación
de contenidos" en nuestra currícola es permitir el debate
abierto o coloquio sobre aquellos aspectos dudosos entre alumnos
y docentes, favoreciendo una reflexión posterior sobre el qué
he pretendido enseñar/aprender y cómo creo haberlo enseñado/aprendido,
valorando aquellos aspectos más críticos con el sentido de una
convivencia democrática y armónica.
También podemos utilizar la estrategia del "diagrama
de áreas curriculares" ya utilizado en anteriores artículos,
que nos permite visualizar la currícola a partir de los Objetivos
definidos en la misma. Se trata de ir comprobando qué objetivos
hacen referencia expresa a aspectos de la convivencia, irlos marcando,
desde los generales de etapa hasta los específicos de las áreas,
y a continuación verbalizar las actividades y tareas que proponemos
para que se hagan efectivamente presentes en un determinado curso
escolar. Referidos a las Etapas de Infantil y Primaria, la Educación
para la Paz, quedaría como sigue:
EJE TRANSVERSAL
4 : EDUCACIÓN PARA LA PAZ |
| Nº 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 INFANTIL:
Actividades y Tareas |
| GEN.|
|X|X|X| X|X|X| X|X | Los juegos grupales y convivir jugando. |
| IAP |X|X|X| | | |X|X|X| |
Actividades de escucha y cooperación grupal. |
| C.R.| |X| | |X|X|X| |X| |
Lenguaje repetitivo: canciones, poesias, oraciones y retahílas
antiviolencia. |
| MFS.|X|X| |X|X|X| |X| |X|
Saludar, despedirse, dar las gracias, excusarse, pedir
perdón .... |
| Descubrimiento progresivo
del disfrute con los otros y de la necesidad de unas normas
de relación como manifestación del respeto afectuoso de
los otros y a la estima de uno mismo. |
| Nº +1+2+3+4+5+6+7+8+9+0+1+2+3+4+5
PRIMARIA |
| GEN.|X|X|X|
|X|X| | | | | | Aprender a Convivir en Libertad |
| E.F.| | |X| | | | | |X| |
| | |X|X| |
| ART.| |X| | | |X| |X| |X|
| | | | | Creatividad y Paz/Convivencia y artes pacifistas |
| LENG| |X|X| |X|X|X| |X| |
| | | | | Comunicación: el diálogo/Convivencia: debates
y coloquios. |
| IDI.|X| |X|X|X|X|X| |X| |X|
| |X| | Diversidad cultural y elementos positivos de la
diferencia. |
| MAT | | | | | | | | |X| |X|X|
|X| | . |
| C.M.|X| |X| | | | | | |X|X|
| | | | Humanismo (acerbo cultural europeo). |
| Aprender a convivir
en tolerancia, apreciando la igualdad y rechazando las
discriminaciones, como forma de disfrute de las relaciones
humanas en libertad y con unos intereses culturales comunes
al sentir europeo. |
* Se puede globalizar el concepto de Coeducación
y aspectos de tolerancia y solidaridad relacionados con la Educación
Vial. Supone un acercamiento a la comprensión sociocultural de
ámbito europeo, valorando desde el respeto las semejanzas y diferencias
con nuestro entorno cultural más próximo.
Para la Etapa de Secundaria se pueden proponer
Talleres de Solidaridad, con un carácter temporal o más definitivos
dentro de la oferta optativa del centro. Es interesante a nivel
social, relacionar estos talleres con los "puntos jóvenes"
de la localidad, si los hubiere.
Existe una tercera estrategia, más ocasional,
pero que puede diseñarse de forma efectiva para el centro, como
son la inclusión de jornadas específicas de talleres para lo no
violencia, en colaboración con ONGs que ofrecen este tipo de actividades:
Jóvenes contra la Intolerancia, SOS Racismo, Cruz Roja Internacional,
Jóvenes sin Fronteras, etc. Una forma efectiva de hacerlas presentes
en nuestro currículum es incluir una Semana Cultural en nuestro
Plan Anual, que contenga SIEMPRE un día dedicado a estos talleres
para la no violencia, ( como puede tener un día dedicado al deporte,
otro a la mujer, otro a la música, etc., que puede ser más rotativos).
Por supuesto que para que la "ocasionalidad"
de estas actividades no confunda al alumnado en la idea de que
se es "no violento" un día como "excepción",
el centro educativo debe establecer conductos habituales de colaboración
con estas ONGs, realizar actividades puntuales para el Día de
la Paz, comprometerse en temas de actuación internacional (Año
del niño, Año de la Solidaridad, Año contra la Tortura, etc),
promover actividades de conocimiento e intercambio con otras culturas,
etc.
Tampoco debemos olvidar el carácter "festivo"
de la Paz, que nos puede orientar un montón de actividades y propuestas
en torno a tópicos como "dos no se pelean, si un de ellos
no quiere", "bailando juntos nos comprendemos mejor",
"de las mil mejores maneras de eludir el peligro, la más
inteligente y mejor es salir corriendo", etc. No hay pueblo
que celebre una fiesta en período de guerra, y por ende, todas
las actividades consideradas "festivas" son actividades
pacíficas: una verbena, un baile de disfraces, un teatro, un recital,
danzas tradicionales, unos juegos tradicionales (carreras de sacos,
corro de sillas, el pañuelo, la gallinita ciega,...). Todas estas
actividades favorecen una relación divertida, atractiva y amable,
que nos hacen felices al compartir nuestro tiempo con los otros
y nos inclinan al disfrute del encuentro. Por supuesto que las
costumbres feriales de violencia hacia otros o hacia los animales,
no podrán considerarse nunca "festivas", sino unidas
a creencias ancestrales próximas a valores contraculturales (ignorancia,
mitologia, fantasía sobrenatural del sacrificio, etc).
PARA SABER MÁS .......
AMANI, colectivo: "Educación Intercultural.
Análisis y resolución de conflictos". Editorial Popular,
S.A.1994
CHOMSKY, Noam: "La quinta libertad".
Editorial Crítica, Barcelona. 1988
G. LUCINI; Fernando:"Temas Transversales
y Educación en Valores". Alauda, Anaya, Madrid, 1994.
MEC. "Educación Plural y Solidaria".
Año Internacional de la Tolerancia. Dirección Provincial de Madrid.
Area de Programas Educativos, 1995.
MESA, Manuela: "Tercer Mundo y Racismo en
los libros de texto". Editorial Cruz Roja, Madrid, 1990.
ORTEGA, P. Y otros: "La Tolerancia en la
Escuela", Editorial Ariel, Barcelona, 1990.
PETERS, A.:" Atlas del Mundo. Por primera
vez el Mundo en sus verdaderas proporciones". Editorial Vicens-Vives,
Barcelona, 1991.
RODRIGUEZ, Ángel y SEOANE, Julio: "Creencias,
Actitudes y Valores". Editorial Alhambra, Madrid 1989.
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