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Un niño tiene una dificultad motora y, por tanto,
es considerado como alumno con necesidades educativas
especiales derivadas de déficit físico,
cuando presenta una alteración en su aparato
locomotor, bien sea de carácter transitorio o
permanente, y debida a un funcionamiento incorrecto
del sistema nervioso y/o óseo y/o muscular que
le impide ejecutar determinadas actividades consideradas
normales en el resto de sus compañeros.
Del análisis de esta definición se pueden
destacar dos rasgos: en primer lugar, es una alteración
en el aparato locomotor, es decir, las personas con
déficit físico de manera prioritaria poseen
dificultades en la ejecución de sus movimientos
o ausencia de los mismos, frente a la apariencia del
déficit mental, que en muchas ocasiones va asociado
al niño; y en segundo lugar, indicar que en la
definición no se hace referencia a las características
personales e intelectuales de los sujetos. Es un hecho
que hay niños con deficiencia motora que poseen
trastornos intelectuales, perceptivos o emocionales
asociados, pero no son trastornos inherentes a la deficiencia
motora. Por ello es necesario que la delimitación
de estos trastornos se haga de manera individual, según
el caso.
Englobadas en este concepto, nos damos cuenta de que
existen numerosas patologías que cumplen el requisito
para ser consideradas dentro del campo de la deficiencia
física o motórica, es decir, que afectan
al aparato locomotor. Del mismo modo, son cuantiosas
las enfermedades, causas o aspectos etiológicos
que inciden en esta deficiencia. Por esta razón,
nuestro objetivo se basará en el conocimiento
específico de aquellas patologías que
en mayor medida inciden en la población escolar.
Aún así, en aras de facilitar la exposición
de las diferentes patologías, estableceremos
una clasificación de las mismas en función
de las siguientes variables: momento en que se produce
o fecha de aparición, etiología, localización
y origen.
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