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DEFICIENCIA VISUAL. APROXIMACIONES CONCEPTUALES

 

Según la Organización Mundial de la Salud una persona con deficiencia visual presenta una ausencia o mal funcionamiento del sistema óptico, causado por enfermedad, lesión o anormalidad congénita que, a pesar de la corrección, convierte a la persona en un sujeto oficialmente considerado como deficiente visual en el país en el que vive.

La expresión más grave de una patología ocular es la ceguera, que podemos definir como una pérdida de visión lo suficientemente grande como para evitar que una persona se mantenga por sí misma en cualquier ocupación, volviéndolo dependiente de otros medios o personas para poder subsistir.

En términos generales, la mayoría de la gente asocia el significado de ciego con una persona con ausencia total de visión, sin embargo entre los conceptos de ceguera total y la visión normal existen distintas categorías.

Ceguera total, es decir ausencia de respuesta visual.
Disminución o limitación visual (visión parcial), 3/10 de agudeza visual en el ojo de más visión, con corrección y/o 20 grados de campo visual total.
La baja visión o visión subnormal puede definirse como agudeza central reducida o la pérdida del campo visual, que, incluso con la mejor corrección óptica proporcionada por lentes convencionales, presenta una pérdida bilateral de la visión, con algún resto visual.

De lo dicho se deriva que en la conceptualización de la deficiencia visual resulta imprescindible el conocimiento de algunos parámetros relacionados con el sentido de la visión. Y aunque si bien existen diversos factores que inciden en la visión, son los parámetros de la agudeza visual y del campo visual los más usuales para su valoración.

Agudeza visual: capacidad de discriminar entre dos estímulos visuales distintos a una determinada distancia y la facultar de percibir la figura y la forma de los objetos.
Campo visual: grado de mayor excentricidad que puede abarcar el ojo humano en cada dirección o espacio en el que se puede ver un objeto mientras la mirada permanece fija en un punto.

La consideración de los distintos parámetros y la variada literatura en torno a la clasificación de la deficiencia visual supone tener en cuenta otros aspectos terminológicos respecto a la visión. Vemos algunos de ellos:

Ceguera Legal: un ojo es ciego cuando su agudeza visual con corrección es 1/10 o su campo visual se reduce a 20 grados.
Personas subsidiarias de prestaciones económicas y servicios educativos especiales son aquellas que tienen una agudeza visual menor de 20/200 o un campo visual igual o inferior a 10º.
Según los estatutos de la ONCE los términos de afiliación se sitúan en torno a una agudeza visual con corrección de 1/10 en el ojo de menor visión o un campo visual reducido a 10º o menos.
La OMS sitúa como límite superior de la discapacidad visual una agudeza visual en el ojo de mejor corrección equivalente a los 3/10 de la considerada como normal.
Ambliopía: disminución importante de la visión de ambos ojos con un residuo visual compatible con ciertos aspectos de la vida corriente que se sitúa en un límite superior de 4/10.

Cuando pasamos a considerar la deficiencia visual desde perspectivas educativas podemos establecer una clasificación algo diferente pero que no se aleja de los términos y conceptos ya definidos. La clasificación que se presenta parte de fundamentos pragmáticos y funcionales:

Ambliopía (limitación visual). Se distingue entre el "limitado visual" y el sujeto de "baja visión". El primero precisa una iluminación o una presentación de objetos más adecuada, por lo que deben ser considerados "videntes" para fines educativos; el segundo mantiene un resto visual que permite ver objetos a pocos centímetros. Educativamente deben complementar su aprendizaje visual con el táctil.

 Ceguera. No permite el uso de la lectoescritura en tinta. Aquí se habla de "ciego parcial" y "ciego total". El primero mantiene algunas posibilidades visuales como la capacidad de percepción de bultos y contornos, algunos matices de color, etc. El segundo carece totalmente de visión. Desde el punto de vista educativo aprenden mediante sistema Braille y no pueden utilizar la visión para adquirir ningún conocimiento, aunque algunos puedan percibir la luz.

Otro aspecto que merece nuestra consideración guarda relación con el momento de adquisición de la deficiencia visual, estableciéndose notorias diferencias entre aquellas personas que nacen con una disminución visual frente a las que la adquieren en un momento concreto de su vida.

Una persona que nace con una disminución visual no dispone de parámetros que le permitan comparar su capacidad visual con la normalidad. En realidad, no sabe cuánto ve, y por supuesto desconoce aquellos elementos que no ve. Este hecho provoca evidentes consecuencias en el desarrollo del sistema visual, pues, desde un punto de vista neurológico, ciertas áreas del cerebro no funcionan porque nunca han sido utilizadas.

Por el contrario, aquellas personas que, por diversas causas, adquieren una limitación visual o ceguera en algún momento de su vida, posterior al nacimiento, poseen, como característica diferenciadora, memoria de haber tenido visión normal. Este hecho influye, fundamentalmente, en su representación y estructuración mental pues disponen de mayor información sobre el entorno que les rodea, pero también tienen más conciencia de sí mismos como discapacitados y probablemente menos estrategias para suplir la información visual que ya no tienen, pues al ser aprendidas con mayor edad, resultan menos funcionales.

Del mismo modo conviene tener en cuenta que no todos los casos presentan idéntica problemática. Además del momento de adquisición de la discapacidad visual existen otros factores que igualmente pueden influir, como la existencia o no de dificultades asociadas, la progresión o no del déficit, la presencia de restos visuales, la actitud de los padres, etc.

 
Causas subir

Son muchas las causas que pueden producir una discapacidad visual en cualquiera de los grados y tipologías definidos, siendo las más frecuentes las recogidas en el siguiente cuadro.

Origen hereditario
Acromatopsia: ceguera total de colores·
Albinismo: carencia total o parcial de pigmento, sensibilidad extrema a la luz y fotofobia.
Cataratas congénitas
Renitis pigmentaria
Miopía degenerativa
Glaucoma
Origen congénito

Anoftalmina: ausencia del globo ocular o no desarrollo del mismo
Atrofia del nervio óptico: pérdida de la agudeza visual y trastornos en la percepción de colores
Rubéola: enfermedad que pasa de la madre que puede producir trastornos en los ojos del feto

Origen traumático o secundarias por otras enfermedades
Retinopatía del bebé prematuro: trastornos en la retina, resultado de la excesiva administración de oxígeno en la incubadora
Retinopatía diabética: Desprendimiento de la retina
Trastornos producidos por tumores, virus o tóxicos

Glioma de la retina: tumor en la retina
Melanosarcoma del coroides: tumor en el coroides
Neuritis óptica: inflamación y degeneración del nervio óptico

Desarrollo Evolutivo subir

La deficiencia visual, en cualquiera de sus manifestaciones, además de las limitaciones visuales que conlleva, trae aparejadas otras alteraciones cuya gravedad dependerá de factores tan importantes como el momento de adquisición, el grado de pérdida o los restos visuales que mantenga. La falta de visión y las alteraciones asociadas influyen decisivamente en el desarrollo evolutivo del niño, afectando en grado diferente a las distintas áreas de desarrollo.

Desarrollo perceptivo
Las limitaciones visuales características del niño deficiente visual repercuten notoriamente en su experiencia sensorial. El niño ciego, al carecer de visión, desarrolla otros sistemas perceptivos como las sensaciones auditivas, el tacto o sistema háptico, el sentido térmico de la piel o las sensaciones olfativas.

La información del entorno la recibe a través del sistema somatosensorial, que aúna sensaciones relativas al tacto, la presión, el dolor y la temperatura, el sistema propioceptor, que recoge información de las articulaciones, el sistema vestibular, el sistema auditivo y de los sentidos químicos del olfato y el gusto.

El sistema háptico se convierte en elemento indispensable y se define como un tacto activo e intencional que implica al niño en el movimiento de la búsqueda, diferente en concepto del tacto pasivo o capacidad de buscar información sin intención. Sus receptores son músculos y tendones que, junto con el sistema propioceptor, proporcionan al niño información sobre el movimiento, equilibrio e información articulatoria.

Este sistema háptico permite al ciego obtener un conocimiento espacial que sólo puede limitarse al espacio cercano, es decir, aquel que puede abarcar con los brazos y al que tiene acceso mediante el tacto activo.

El sistema auditivo, por otro lado, permite al invidente discriminar sonidos, localizar y detectar obstáculos e identificar personas y objetos.

Ahora bien, mientras que el niño vidente pronto se hace consciente de su entorno, estableciendo experiencias directas con él, el niño ciego, percibe el ambiente como fragmentos limitados, inconsistentes y discontinuos y no tienen para él ni el mismo valor ni la misma función estimuladora que para el niño visualmente normal. Mientras que los ojos son estimulados por el mero hecho de estar abiertos, las manos, como órgano táctil, tienen que ser activadas intencionalmente y además su campo de acción se limita al espacio comprendido entre los brazos y la punta de los dedos.

Por otra parte, las experiencias táctiles tienen las limitaciones derivadas de la necesidad de contacto directo con el objeto y muchos objetos son por sí mismos inaccesibles al tacto, como el sol o las nubes, o son demasiado grandes (montañas, edificios) o demasiado pequeños y frágiles (hormigas, pompas de jabón), por lo que su conocimiento es imposible a través de una vía directa.

En algunas ocasiones, el objeto sólo posee unas partes accesibles al tacto, mientras que otras permanecen inalcanzables (árboles, animales muy grandes como el elefante), lo que provoca que las personas ciegas posean sólo un conocimiento parcial de los objetos (de aquella parte que pueden tocar). Esta dificultad sensorial se extrema cuando tiene que realizarse el proceso de integración perceptiva pues la percepción táctil precisa un periodo de exposición estimular lo bastante prolongado para realizar primero un proceso secuenciado de diferenciación (a través de la palpación activa) para una posterior integración del objeto como un todo (cognición).

Desarrollo motor
La deficiencia visual aparece asociada a un claro retraso en la consecución de destrezas de la movilidad, más por factores motivacionales que por inmadurez o incapacidad para realizarlas, pero que provocan falta de desarrollo muscular e hipotonía.

Las dificultades y retrasos mencionados con relación al desarrollo perceptivo influyen en la evolución del desarrollo motor. El sistema háptico se convierte, tal y como ya se ha dicho, en el conocimiento sensorial del niño, por lo que será necesario trabajar la motricidad fina y la coordinación bimanual y oído-mano.

Los rasgos y expresiones faciales también son reducidos. Su cara no expresa atención, intriga, indecisión, etc., ya que no tiene ningún objeto de fijación visual que pueda provocar estas expresiones. Para el niño ciego el principal factor determinante de la sonrisa es la voz conocida y las sensaciones táctiles que le son familiares.

Desarrollo comunicativo-lingüístico
El lenguaje en los niños ciegos presenta importantes retrasos en su adquisición. Hasta los 7 meses el desarrollo es normal, pero poco a poco las vocalizaciones disminuyen por la ausencia de estímulos visuales, estímulos que en un niño normal son desencadenantes. La diferencia surge porque el niño normal cuando nombra un objeto dispone previamente de su imagen en el cerebro, pero el niño ciego sólo tiene experiencias audio-táctiles que en muchas ocasiones son inaccesibles para el sentido de la palabra.

Esto sucede con frecuencia con palabras relativas a conceptos visuales como los colores, sensaciones de luz o aquellas palabras que designan objetos inabarcables. Esta tendencia, que supone que el deficiente visual utilice palabras aunque desconozca su significado, se conoce como verbalismo y genera que el niño ciego acabe por crear una imagen incorrecta o confusa del mundo que le rodea.

Desarrollo cognitivo
El desarrollo intelectual no tiene por qué verse disminuido. La pérdida de información visual tiene que suplirse potenciando otros canales, sobre todo el auditivo y el táctil. Un planteamiento educativo adecuado y la dotación humana y material necesaria consiguen obtener el máximo desarrollo de las capacidades que el niño posea.

La representación del conocimiento en los niños ciegos se realiza a través del sistema háptico. Construyen imágenes a través del código háptico, permitiéndoles acceder directamente al léxico interno sin pasar por el código fonológico.

La función simbólica, que en el niño vidente aparece a los 18 meses, en un niño con deficiencia visual aparece con retraso, siendo la imitación una de sus más severas limitaciones. Sin embargo, este retraso suele igualarse alrededor de los 6 años.

Una de las mayores dificultades del niño ciego es el conocimiento del espacio lejano, dificultades que afectan al desarrollo de su esquema corporal y la comprensión de conceptos espaciales.

Desarrollo socioafectivo
El niño ciego tiene un reducido repertorio de conductas que le sirvan para identificar un intercambio social, debido fundamentalmente a que sus signos faciales son reducidos y que tienen que producirse situaciones familiares, como una voz o sensaciones táctiles conocidas, para que discrimine la situación como propia de intercambio o relación entre iguales o con los demás.

Estos signos afectivos son una señal clara de que existen procesos cognitivos que se traducen en conductas preferenciales por unas u otras personas y que se realizan a través de una discriminación táctil y/o auditiva.

Por otro lado, la sensación de no dominar el entorno y sus interrelaciones puede provocar actitudes de inseguridad, aislamiento y degradación del autoconcepto. Igualmente, pueden darse situaciones de pasividad, pues no sienten la necesidad de tomar la iniciativa.

 
Sintomatología subir

El reconocimiento y la detección de la sintomatología de la deficiencia visual ayuda a un mejor planteamiento frente a la misma. Conocer los signos de alarma o el comportamiento evolutivo de las personas que padecen esta patología permitirá una detección temprana y la puesta en marcha de medidas de actuación que se encaminen a su prevención o corrección.

Recogemos a continuación algunos de los rasgos que convienen tener en cuenta respecto al desarrollo evolutivo normal y las posibles señales que deberían ser motivos de alarma.

DESARROLLO EVOLUTIVO NORMAL
Primeras semanas: fija la mirada en objetos brillantes.
Primer mes: sigue los objetos brillantes.
Tercer mes: coge objetos que se le ofrecen.
Sexto mes: busca objetos.
Séptimo mes: localiza y coge objetos similares al tamaño de una píldora.
 SIGNOS DE ALARMA
No se orienta hacia la luz, las caras u objetos móviles.
No coge objetos a su alcance.
Manifiesta las cosas de manera torpe.
Carece de interés por el entorno.
Mira ladeando la cabeza.
Bizquea de vez en cuando.
Tiene el borde de los ojos enrojecido y los párpados hinchados.
No sonríe cuando una persona conocida se acerca.
Mira muy cerca los objetos.
Calcula mal las distancias o calcula mal la fuerza al lanzar una pelota.
Tropieza con los objetos en sus desplazamientos volcándolos.
 

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Otras Tipologías Déficit físico
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Déficit sensorial
Sobredotación intelectual
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Trastornos de la Conducta
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