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Si nos atenemos a la definición
que sobre el Braille encontramos en la página
web de la ONCE, diremos que el braille es un medio táctil,
a través de la yema de los dedos, de lectura
y escritura, consistente en unos puntos en relieve organizados
de forma parecida a los del dominó.
Mediante este sistema las personas que no ven nada,
o aquellas que su resto visual no les permite la lectura
en tinta, pueden leer e intercambiar información
tanto con otras personas con ceguera o con personas
que ven. Las personas que ven pueden aprenderlo sin
gran esfuerzo pero leyéndolo visualmente.
Así mismo, el braille permite el acceso a la
información a través del ordenador y mediante
la tecnología adaptada para personas ciegas o
deficientes visuales, también denominada Tiflotecnología.
Desde sus inicios, el sistema braille ha
evolucionado a la par que la propia sociedad y la signografía
en tinta que esta sociedad ha ido generando, fundamentalmente
en las últimas décadas en las que se ha
tenido que adecuar a los nuevos retos informáticos,
si bien la esencia sigue siendo la misma. De forma similar
al papel de la Real Academia Española, existen
comisiones técnicas de expertos, tanto en España
como en el área latinoamericana, y mundial que
velan por el uso correcto de la signografía braille
y su difusión.
Siguiendo a Eutiquio Cabrerizo, se puede decir que el
camino hacia la alfabetización de los ciegos
empezó en 1786 en París, y que la primera
piedra la puso Valentín Haüy, un filántropo
francés que fundó el primer colegio para
ciegos y en el que se impartían clases a sesenta
niños ciegos a través de la transmisión
oral y la memorización de los diferentes conocimientos.
Haüy desarrolló, no obstante, el primer
método de impresión de libros para ciegos
que consistía en presionar una cartulina mojada
sobre caracteres de gran tamaño hechos de plomo.
Los libros resultantes eran enormes y muy pesados y
su lectura resultaba excesivamente lenta, debiendo recorrer
con la yema del dedo cada carácter hasta reconocerlo
y poder seguir con el siguiente. Además, el método
de Valentín Haüy hacía posible la
lectura, pero en ningún caso la escritura.
Un avance cualitativamente importante fue la propuesta
de Charles Barbier, un militar que había inventado
un modo de escritura y lectura basado en diversas combinaciones
de puntos y rayas formando signos que representaban
los diferentes sonidos del lenguaje, pero no las letras
del alfabeto, y que bautizó como Sonografía.
Para escribirlo se usaba una especie de regla con siete
surcos poco profundos y una pinza que se deslizaba verticalmente
siguiendo los renglones. En la pinza había una
especie de ventanitas donde podían formarse los
signos presionando con un punzón sobre la hoja
de papel que se colocaba entre la pinza y la regla.
Sin embargo, la sonografía tenía algunos
problemas importantes: se trataba de un código
basado en el sonido del lenguaje, pero no permitía
el deletreo de las palabras, la acentuación de
las vocales, los signos de puntuación de un texto,
ni tampoco preveía la realización de operaciones
matemáticas o la escritura de partituras musicales.
El último tramo en la creación de un sistema
de lectura y escritura para ciegos lo puso un chico
entre sus trece y catorce años, llamado Louis
Braille, quien decidió abordar la tarea de simplificar
el método sonográfico de Barbier y completarlo
en los aspectos que resultarían imprescindibles
para disponer de un auténtico alfabeto. Unos
meses más tarde, había encontrado un medio
de formar todas las letras, los acentos, los signos
de puntuación y los signos matemáticos
utilizando sólo seis puntos y algunas rayas horizontales
que más adelante eliminaría. Al final,
después de largas investigaciones, el nuevo sistema
de lectoescritura tendría exclusivamente seis
puntos, con los que se podrían formar 64 signos
diferentes, incluyendo el espacio en blanco.
El nuevo método de escritura y lectura para ciegos
iba a encontrar muchas dificultades hasta que fuese
aceptado con carácter definitivo, ya que muchas
personas creían que el sistema empleado por los
ciegos tenía que basarse en los mismos principios
basados por los videntes, y que el empleo de un método
completamente diferente crearía una barrera infranqueable
que produciría incomunicación y segregación
social.
Hasta dos años después de la muerte de
Louis Braille, en 1852, no fue reconocido oficialmente
en Francia. Posteriormente se adoptaría en Suiza,
Alemania y en Inglaterra, ya por el año 1833.
A lo largo del siglo XX se generaliza el
sistema Braille como método de escritura para
los ciegos en todo el mundo llegando incluso a países
asiáticos, oceánicos o a emplearse en
lengua guaraní, lo que da una idea de su enorme
capacidad de expansión.
El aprendizaje del sistema Braille tiene dos enfoques
completamente diferentes: el de los niños ciegos
que se inician en este método en el momento de
su alfabetización escolar, y el de las personas
adultas que recientemente han perdido la visión.
El primero de los casos es muy similar al resto de los
niños de su edad, si bien debe añadirse
como dificultad adicional la necesidad de adiestrar
el tacto para la identificación de los signos
al mismo tiempo que progresan en su alfabetización
académica. Es igualmente necesario que el niño
tenga buena orientación espacial, debe dominar
los conceptos arriba, abajo, derecha, izquierda, etc.,
así como el conocimiento de figuras geométricas
elementales, siluetas sencillas y el conocimiento de
los signos Braille.
La escritura del Braille puede hacerse de dos maneras:
manual o utilizando un teclado. En cuanto a la lectura,
conviene considerar algunos aspectos como la colocación
horizontal del libro, la posición de los dedos
sobre los renglones o la presión a ejercer que
debe ser mínima.
Los errores más habituales en la
lectura del niño ciego son la rotación
de la configuración de los puntos, la omisión
o añadido de puntos y el cambio de letras o sílabas
por asociación o confusión fonológica
o léxica.
El aprendizaje
del sistema Braille por personas adultas, en cambio,
acarrea especiales connotaciones que convienen tener
en cuenta. En primer lugar, el inicio del proceso puede
coincidir con dificultades específicas que les
van a exigir un mayor esfuerzo, como por ejemplo su
posible infravaloración personal, el temor ante
el fracaso o la falta de hábito de estudio. Además,
en el caso del Sistema Braille, hay que tener en cuenta
también que la velocidad de escritura y de lectura
es habitualmente más lenta debido a la falta
de información periférica.
Por suerte han pasado los años
en que se utilizaba para la enseñanza del Braille
a personas adultas las mismas cartillas que se usaban
en la escuela para los niños, existiendo en la
actualidad métodos de aprendizaje especialmente
pensados para este tipo de personas, como pueden ser
"Alborada" de Blas Garcés Lázaro
o Pérgamo, un método de Alfabetización
para Personas Adultas, elaborado por José Antonio
Astasio Toledo, Plácido González Paredes
e Ismael Martínez Liébana, que cuenta
con una valiosísima guía didáctica
dirigida a los profesionales de la enseñanza.
La llegada de la era de la informática, lejos
de suponer el inicio de la decadencia del sistema Braille,
ha supuesto un beneficio pues se ha visto reforzado
por las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías.
Sin embargo, sí ha supuesto un nuevo cambio,
pues a pesar de la versatilidad de los 6 puntos y los
64 símbolos diferentes, las necesidades informáticas
exigían una tabla de combinaciones mayores, que
ha hecho necesario añadir dos puntos más
a los seis originales con el fin de cubrir los nuevos
requerimientos.
El nuevo signo, en dos filas verticales de cuatro puntos
cada una en lugar de los tres que tenía el anterior,
genera una combinatoria de 256 signos diferentes, suficientes
para corresponder con la tabla de signos homologada
por la Organización Internacional de Estandarización.
Resuelto esto, el llamado Braille Informático
ha permitido aumentar las posibilidades de imprimir
libros, revistas y toda clase de documentos en tal proporción
que hubiese sido implanteable hace sólo quince
años, permitiendo, incluso, la fabricación
de impresoras braille de uso personal y que muchos centros
dispongan de impresoras braille industriales para uso
colectivo, con los beneficios que estas nuevas situaciones
reportan. Quizás el mayor problema lo representan
los precios, demasiado elevados en demasiadas ocasiones.
Pero veamos más detenidamente el Sistema Braille
y algunas de sus características específicas.
El sistema Braille se basa en un
símbolo formado por 6 puntos distribuidos en
dos columnas de 3 puntos cada una, fruto de la experiencia
del Louis Braille, pues las terminaciones nerviosas
de la yema del dedo están capacitadas para captar
esta forma y tamaño en particular, tal y como
se muestra en la figura adjunta.
La combinación de los distintos
puntos en relieve permitirán la representación
de una letra o signo, pudiéndose combinar hasta
64 diferentes. Sin embargo, estas combinaciones de puntos
son insuficientes para toda la variedad de letras, símbolos
y números de cada idioma, por lo que se inventaron
los llamados "símbolos dobles", que
se verán más adelante.
Este es el alfabeto Braille para el
idioma español. Los símbolos correspondientes
a la primera fila la ocupan sólo los cuatro puntos
superiores del signo generador. Los que corresponden
a la segunda fila son iguales a los de la primera, pero
se le agrega el punto inferior izquierdo (salvo la ñ
que es propia del idioma español -el sistema
braille, como su inventor, es de origen francés-),
y en los de la tercera se agregan los dos inferiores.
Sin embargo, existen algunas particularidades
que convienen señalar y que recogemos en la siguiente
tabla:
|
Vocales acentuadas
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| Teniendo en cuenta que no es posible
colocar una tilde encima de los puntos, se inventó
un nuevo símbolo para cada una de las vocales
acentuadas. |
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Símbolos dobles
|
| Los símbolos dobles surgen
como necesidad para representar toda la variedad
de letras, símbolos y números del
lenguaje español. Los símbolos dobles
parten del signo generador y dotan de un significado
distinto a la letra que anteceden. Veamos algunos
de ellos. |
Signo de mayúscula
|
Combinación que forma
la B mayúscula

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Signo
de número  |
Combinación que forma
el número

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Signo de puntuación
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| La característica más
relevante de los signos de puntuación es
que no se diferencia entre los signos de apertura
y cierre en la admiración y la interrogación. |
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Números
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| Los números se forman utilizando
las primeras letras del alfabeto precedidas por
el signo numerador. Se utilizan las letras de la
a a la j correspondiendo con los números
del 1 al 0. Veamos algunos ejemplos. |
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| Los números fraccionarios tienen
la particularidad de que el numerador se representa
con el mismo conjunto de puntos que el número
normal, pero utilizando los cuatro puntos de abajo. |
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