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AUTISMO.
ETIOLOGÍA DEL AUTISMO. TEORÍAS

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Al abordar la etiología del trastorno, o dicho
de otra forma, al enfrentarnos al estudio de las causas
que lo originan, esta aludida complejidad, nos obliga
a barajar distintos campos o áreas de trabajo.
No se pueden establecer las causas únicamente
en campos como la genética, tan de boga hoy en
día, o la neurobiología, y sí debemos
plantear como plausibles aquellas teorías que
tratan de acercarnos a la realidad del síndrome
desde perspectivas psicológicas o pedagógicas.
Siguiendo esta línea, nos hacemos eco de un
artículo elaborado por el Dr. Eduardo Hernández,
Pediatra y Terapeuta de la Conducta Infantil, donde
al tratar la etilología del Autismo el autor
escribe que entre las teorías que más
aceptación han tenido están las genéticas,
las neurobiológicas y las psicológicas,
refieriédose a las mismas en los siguientes términos:

Etiología Genética
Inicialmente se consideró un mecanismo de transmisión
autosómica recesiva (por análisis de segregación
familiar, y por hallazgos concordantes en gemelos monocigóticos),
pero actualmente se piensa que existen menos de 10 genes
que actúan de manera multiplicativa, por lo que
se habla entonces de Herencia Multiplicativa.
También se ha señalado el llamado síndrome
del cromosoma X frágil, es decir la falta de
sustancia en el extremo distal del brazo largo del cromosoma,
como causa del síndrome autista.
Siguiendo a César Mauricio y otros son muchas
las pruebas que indican que ciertos factores físicos
que trastornan la función cerebral, juegan un
papel importante en la etiología del autismo.
Desde el punto de vista clínico, algunos signos
neurológicos indican la existencia de una disfunción
primaria del sistema nervioso. Existen pruebas significativas
de la existencia de una predisposición genética
en algunos casos, siendo posible que un factor primordial
para la producción del Autismo, sea heredado
y aunque no está claro cuál pueda ser,
se habla de la posibilidad de que el autismo se herede
por el cromosoma "Frágil X" el cual
se observa con mucha frecuencia en los niños
con retardo mental."

Etiología Neurobiológica
Se habla de las anormalidades en los neurotransmisores,
específicamente de la serotonina que se encuentra
aumentada en los niños con síndrome autista
(hiperserotoninemia), que altera el funcionamiento cerebral.
Otras investigaciones hablan de alteraciones en el
cerebelo, específicamente cambios en el número
y tamaño de las neuronas de los núcleos
cerebelosos, que sugiere un trastorno evolutivo en las
relaciones sinápticas de estos núcleos.
Estudios de neuroimágenes han evidenciado alteraciones
en el volumen cerebral (disminuido), en la corteza cerebral
y en el sistema límbico. También existen
hallazgos inmunológicos que demuestran niveles
de inmunoglobulinas alteradas, específicamente
una inmunoglobulina A baja y una actividad deficiente
del sistema del complemento.
Según César Mauricio y otros, el enfoque
bioquímico plantea a existencia de una deficiencia
a nivel de neurotransmisores, cuyos niveles extremos
parecen influir en la conducta atencional de los niños
autistas. En la actualidad se habla de la teoría
de Neurotransmisión Dopaminérgica, que
señala la existencia de una hiperactividad en
la neurotransmisión dopaminérgica en ciertas
vías que van al cerebro medio del sistema límbico,
planteando así la posibilidad de una alteración
en la comprensión de los niños con Autismo.

Etiología Psicológica
as teorías psicológicas que se han empleado
para explicar el problema son: la socioafectiva,
originalmente planteada por Kanner y luego replanteada
por Hobson en los años 80; la cognitiva
de Leslie y Frith y una tercera que es la cognitivo
afectiva.
La teoría socioafectiva de Hobson (1989),
dice que los autistas carecen de componentes constitucionales
para interactuar emocionalmente con otras personas,
teniendo como consecuencia:
falla en reconocer que los demás tienen sus
propios pensamientos y/o sentimientos
severa alteración en la capacidad de abstraer,
sentir y pensar simbólicamente.
La teoría cognitiva postula que las deficiencias
cognitivas se deben a una alteración que se
denomina metarrepresentacional, que es la responsable
de que los niños puedan desarrollar el juego
simulado y que puedan atribuir estados mentales con
contenido a otros.
La teoría cognitivo-afectiva, plantea que
las dificultades de comunicación y sociales,
tienen origen en un déficit afectivo primario,
que se halla estrechamente relacionado a un déficit
cognitivo, esto explicaría según Mundy
(1986), las dificultades en la apreciación
de los estados mentales y emocionales de otras personas.
Si atendemos, por otro lado, a lo escrito en el artículo
(incluido en la bibliografía) elaborado por Gemma
Blasco, veremos como plantea la existencia de, a priori,
otras dos teorías que intentan identificar las
deficiencias base de las que se derivan el conjunto
de alteraciones propias de este trastorno. Estas teorías
son, siguiendo a la autora, por un lado, la teoría
de la ceguera mental, y por otro la de la
"coherencia central" [Happé, 1997].
Ambas teorías son complementarias, justificando
cada una, características diferentes de este
trastorno generalizado. La "ceguera mental"
se refiere a la incapacidad por parte de estas personas
de atribuir estados mentales a otras, lo que los incapacita
para predecir o explicar los comportamientos sociales;
mientras que la "coherencia central" se refiere
a la incapacidad de conectar información diversa
para construir un significado de más alto nivel
dentro de un contexto, lo que justifica la capacidad
superior en la memorización de palabras sueltas
frente a la memorización de frases completas
con un sentido global.
Conviene, sin embargo, tener en cuenta que el hecho
de considerar tantas teorías no supone que cada
una de ellas, por sí sola, pueda explicar la
naturaleza del Autismo. En la actualidad, se considera
que la etiología del Autismo es multifactorial,
lo que implica la presencia de numerosos factores, explicados,
a su vez, por distintas causas. De ahí, la existencia
de tantas y variadas teorías. Sin embargo, como
iremos viendo, entre ellas se establece un marcado carácter
de complementariedad, lo que nos lleva a pensar que
el conjunto de las mismas contribuye a la idea global
de su definición y explicación.
Dada la naturaleza de esta página, seguiremos
adelante profundizando en el conjunto de las teorías
de carácter psicológico recogidas hasta
el momento, las cuales, a su vez y tal y como se verá,
convergen hacia posiciones más definidas y también
comunes.
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  Teoría
socioafectiva o afectiva |
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La teoría socioafectiva, inicialmente planteada
por Leo Kanner, fue replanteda por Hobson en los años
80, definiéndose desde entonces como Teoría
de Hobson o Teoría Afectiva.
Peter Hobson, de acuerdo con los experimentos sobre
reconocimiento de emociones, sugirió que la ausencia
de una teoría de la mente en Autismo es el resultado
de un déficit más básico, un déficit
emocional primario en la relación interpersonal.
Para Hobson, el problema del Autismo no está
causado por una inhabilidad para acceder a las metarrepresentaciones;
dicha incapacidad es considerada por este autor como
una consecuencia importante, aunque secundaria. Un déficit
emocional primario podría provocar que el niño
no recibiera las experiencias sociales necesarias en
la infancia y la niñez para desarrollar las estructuras
cognitivas de la comprensión social. La empatía
es un mecanismo psicológico a través del
cual el bebé se vincula con los padres. El contacto
empático no está mediado por representaciones.
A través de la empatía, el bebé
percibe actitudes en las personas a las que más
tarde atribuirá estados mentales. El reconocimiento
de las actitudes de los otros y el desarrollo de la
imitación posibilitan el acceso a la mente del
otro. Desde esta concepción, en el Autismo parece
existir dificultades con el procesamiento de estímulos
afectivos.
Las tesis de Hobson, cercanas a la tesis original que
planteó Leo Kanner, se resumen en las siguientes
propuestas:
Los niños autistas carecen de los componentes
de acción y reacción necesarios para
el desarrollo de relaciones personales recíprocas
con los demás.
La carencia de participación de los niños
autistas en la experiencia social conlleva un fallo
relacionado con reconocer a otras personas como personas
con sentimientos, pensamientos, deseos, intenciones,
etc. y una grave alteración en la capacidad
de abstraer y en la de sentir y pensar simbólicamente.
Los niños con Autismo tienen dificultades en
apreciar, entender y aprehender las claves que regulan
las relaciones interpersonales. Estas claves se caracterizan
por ser sutiles, complejas, pasajeras y variadas y
los niños normales parecen venir biológicamente
preparados para comprender estas claves. Los niños
autistas, por el contrario, no comprenden estas claves,
sólo entienden las que ofrece el mundo físico:
claves concretas, simples, permanentes y constantes.
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  Teorías
cognitivas |
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| Las
teorías cognitivas arrancan de investigaciones
postuladas por autores como Francesca Happé, Alan
Leslie, Uta Frith o Simon Baron Cohen. Todos ellos pertenecientes
a una corriente que defiende que la etiología del
Autismo es de naturaleza cognitiva, y que tratan de explicar
las características principales que definen a las
personas con Autismo.
Dos son las teorías fundamentales y las dos
pretenden explicar las alteraciones en la socialización
y la comunicación que, mayoritariamente, presentan
las personas con Autismo. A la postre, veremos como
ambas teorías, lejos de avanzar por caminos separados,
sugieren explicaciones complementarias.
Teoría de la ceguera
mental o teoría de la mente
Partiendo de que el Autismo se define en base a alteraciones
en la socialización, la comunicación y
la imaginación, que implican que el juego creativo
sea sustituido por intereses repetitivos estereotipados,
la "ceguera mental", o también conocida
como "Teoría de la Mente", trata de
dar respuesta y explicar el conjunto de estos síntomas.
Esta explicación que, aún hoy en día
resulta influyente, empezó a mediados de la década
de los ochenta, a partir de estudios realizados sobre
el desarrollo de la comprensión social en los
niños pequeños. Baron-Cohen, Leslie y
Frith (1985) establecieron la hipótesis de que
las personas con Autismo no tienen una teoría
de la mente, término utilizado para expresar
la capacidad de atribuir estados mentales independientes
a uno mismo y a los demás con el fin de predecir
y explicar los comportamientos. Esta hipótesis
estaba parcialmente basada en el análisis de
Leslie de las habilidades cognitivas subyacentes en
los niños normales de 2 años para comprender
el juego de ficción, junto con la observación
de que los niños con Autismo muestran alteraciones
en la imaginación. Esto condujo a la hipótesis
de que el Autismo podría constituir una alteración
específica del mecanismo cognitivo necesario
para representarse estados mentales, o mentalizar.
El primer test de esta teoría consistía
en reconocer la creencia falsa de un personaje
en la prueba de Sally y Anne.
El experimento consistió en presentar a niños
normales, con Síndrome de Down y autistas dos
muñecas. Una se llamaba Sally y la otra Anne.
Sally tiene una canica y un cesto. Anne tiene una caja.
Sally pone la canica en su cesto y se retira, Anne cambia
la canica a la caja sin que Sally se dé cuenta.
Sally regresa ...; en ese momento es cuando se le pregunta
al niño:
"¿dónde buscará
Sally su canica?"
Se presentan entonces dos tipos de creencias:
Creencia verdadera: el niño SABE que la canica
está en la caja.
Creencia falsa: el niño SABE que Sally
CREE que la canica está en el cesto..
Baron-Cohen, Leslie y Frith encontraron que el 80%
de su muestra de niños con Autismo contestaron
incorrectamente. Por el contrario, la mayor parte de
los niños normales de 4 años, así
como el 86% del grupo de niños con síndrome
de Down, contestaron correctamente. Fueron capaces de
atribuir una falsa creencia a Sally: "Sally cree
que la canica está en el cesto" aunque el
niño sabe que la canica realmente está
en la caja, pues ellos vieron que Anne hizo ese cambio.
De los niños autistas de alto nivel cognitivo
que participaron en el experimento sólo 4 de
20 pudieron otorgar una falsa creencia a Sally. Los
otros 16 niños respondieron a sus propias creencias.
Es decir sólo el 20% fue capaz de atribuir el
estado mental del otro, lo que se conoce como metarrepresentación.
La Teoría de la Mente, así planteada
define la incapacidad que presentan las personas autistas
para realizar una metarrepresentación, para tener
en cuenta el estado mental de los otros, es decir lo
que está pensando o debería pensar. En
el caso del test de Sally y Anne, el niño autista
no se da cuenta de que Sally no vio que Anne había
cambiado la pelota de cesta y por tanto al volver lo
lógico es que buscara su pelota donde la había
dejado. En realidad, lo que hace el niño autista
es tener en cuenta sólo su propio pensamiento.
Su respuesta errónea se produce porque se basa
sólo en lo que ha visto y no puede imaginar lo
que el otro está pensando.
Tal y como se recoge en el artículo de Francesca
Happé, la idea de que la gente con Autismo tiene
dificultades para comprender los pensamientos y sentimientos
de los demás ha sido útil en muchos sentidos
para el estudio del Autismo. La ceguera mental
parece explicar bien la tríada de alteraciones
sociales, de comunicación y de imaginación
que muestran las personas con Autismo de cualquier edad.
Sin embargo, el Autismo no sólo se caracteriza
por la existencia de este tipo de alteraciones, lo que
limita de alguna manera la explicación que ofrece
la Teoría de la Mente. Existen algunos aspectos,
que han sido corroborados por informes de padres sobre
el desarrollo de sus hijos y que no pueden explicarse
en base a una incapacidad para conocer el estado mental
de los otros. Estos aspectos son los que se recogen
a continuación:
Repertorio restringido de intereses
Deseo obsesivo de invarianza
Islotes de capacidad
Capacidades de idiot savant (impresionantes
en 1 de cada 10 niños autistas)
Extraordinaria memoria de repetición
Preocupación por partes de los objetos
Es evidente que la teoría postulada no puede
explicar todas las características del autismo,
y, por tanto, no puede explicar que el 20% del grupo
autista superara la tarea de Sally y Anne. De hecho
algunas personas con Autismo de alto funcionamiento
han mostrado, según diversos estudios, que algunos
de ellos pueden superar las tareas de la teoría
de la mente de un modo continuado y que pueden aplicar
estas habilidades en otras áreas, así
como mostrar un comportamiento social perspicaz en la
vida cotidiana, personas que la propia Francesca Happé
define como la Minoría con Talento.
Teoría de la coherencia
central
La presentación de la Teoría de la Coherencia
Central se hace partiendo de los estudios e investigaciones
realizados por Uta Frith. Ésta mantenía
la firme creencia de que tanto las capacidades como
las deficiencias del Autismo emergen de una única
causa en el nivel cognitivo. Propuso que el Autismo
se caracteriza por un desequilibrio específico
en la integración de información a distintos
niveles. Una característica del procesamiento
normal de la información parece ser la tendencia
a conectar la información diversa para construir
un significado de más alto nivel dentro del contexto,
la coherencia central, en palabras de Frith.
Por ejemplo, lo esencial de una historia se recuerda
fácilmente, mientras que lo superficial se pierde
rápidamente y es un esfuerzo inútil retenerlo.
Otro ejemplo de coherencia central es la facilidad con
la que reconocemos el sentido adecuado con el contexto
de muchas de las palabras ambiguas que usamos en el
habla cotidiana (revelar-rebelar; uso-huso; hay-ay;
vaca-baca). Se puede observar también una tendencia
similar para procesar la información en un determinado
contexto para darle un sentido global con material no
verbal por ejemplo, nuestra tendencia diaria
para no tomar en cuenta los detalles de una pieza de
un rompecabezas y basarnos en la posición que
esperamos ocupe dentro del conjunto del cuadro.
Frith sugirió que esta característica
universal del procesamiento humano de la información
estaba alterada en el Autismo, y que una falta de coherencia
central podría explicar de manera muy sucinta
algunas de las capacidades y déficits que la
Teoría de la Mente no podía explicar.
En base a esta teoría, Frith predijo que las
personas con Autismo serían relativamente buenas
en aquellas tareas en las que se primaba la atención
en la información local (procesamiento relativamente
fragmentario), pero que lo harían mal en tareas
que requiriesen el reconocimiento del sentido global.
Un ejemplo interesante es el procesamiento de caras,
tarea que parece implicar dos tipos de procesamiento,
el de los rasgos y el del conjunto. Y aunque inicialmente
las personas autistas parecen no presentar problemas
para procesar rasgos, esta facilidad puede desaparecer
cuando se trata de reconocer la expresión emocional
de la cara, ya que aquí es necesario un procesamiento
de conjunto; esto hace que las personas con Autismo
tengan dificultades relativamente importantes para reconocer
las emociones.
En el desarrollo de la Teoría de la Coherencia
Central, las investigaciones y las evidencias empíricas
demostraron que las personas autistas presentaban un
doble rasgo: por un lado, las capacidades que el hecho
de percibir de manera notable las partes sobre el todo
les confería. Así resultaban excelentes
en pruebas como el test de las figuras enmascaradas,
donde debían descubrir una figura escondida (un
triángulo o la forma de una casa) dentro de un
dibujo mayor con un significado concreto (por ejemplo,
un reloj). O también en pruebas como el diseño
de bloques de las Escalas de Inteligencia de Weschler,
que consistía en la separación de dibujos
lineales en unidades lógicas, de forma que los
bloques individuales se puedan utilizar para reconstruir
el diseño original a partir de las partes separadas,
donde los sujetos autistas demostraban un rendimiento
superior, a menudo, en relación con otras personas
de su misma edad. Y por otro, los déficits, pues
aunque esta teoría otorga ventajas significativas
en aquellas tareas en las cuales es útil un procesamiento
preferente de las partes sobre el todo, la misma teoría
supone desventajas considerables en las tareas que consisten
en la interpretación de estímulos individuales
en función del contexto y del significado global.
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  Teoría
cognitivo afectiva |
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| Otros
investigadores como Mundy o Sigman han sugerido que el
Autismo podría ser el resultado de un doble proceso
evolutivo alterado en el que, en primer lugar, pueden
observarse anomalías neurobiológicas en
los mecanismos de autorregulación del arousal que
dificultarían las respuestas adecuadas a los estímulos
sociales y ambientales. En segundo lugar, existirían
alteraciones específicas en las habilidades de
representación que, combinadas con las anteriores,
provocarían un déficit en la atención
conjunta, el cual implica ya una integración del
afecto propio y ajeno, así como de la cognición
de los objetos. La incapacidad de los sujetos autistas
para establecer patrones de atención conjunta limitaría
gravemente la capacidad de estas personas para desarrollar
las habilidades sociales que precisan la comprensión
de las señales que informan socialmente del afecto
y de las capacidades cognitivas que requieren una experiencia
compartida. La referencia social temprana y la atención
conjunta conllevan tanto factores emocionales, como cognitivos. |
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