Inicio
 
 
Educación especial
  TRASTORNO CUALITATIVO DE LAS RELACIONES SOCIALES  
En la mayoría de las explicaciones del autismo, la "soledad", la incapacidad o dificultad de relación, se considera la raíz esencial del trastorno. En todos los casos ese rasgo parece remitir a una limitación de la complicidad interna en las relaciones, a un trastorno en definitiva de las competencias intersubjetivas.

 

 

Nivel 1. Impresión clínica de aislamiento completo y profunda soledad desconectada. No hay expresiones de apego a personas específicas. En los casos más graves, se ofrece la impresión de que no se diferencian cognitiva o emocionalmente las personas de las cosas. No hay señales de interés por las personas, a las que ignora o evita de forma clara.

Nivel 2. Impresión definida de soledad e incapacidad de relación, pero con vínculo establecido con adultos (figuras de crianza y profesores). La persona en este nivel ignora, sin embargo, por completo a los iguales, con los que no establece relación. Las iniciativas espontáneas de relación, incluso con las figuras de crianza, son muy escasas o inexistentes.

Nivel 3. Relaciones infrecuentes, inducidas, externas y unilaterales con iguales. Con frecuencia, la impresión clínica es la de una rígida e ingenua torpeza en las relaciones, que tienden a establecerse como respuesta y no por iniciativa propia.

Nivel 4. Hay motivación definida de relacionarse con iguales. La persona en este nivel suele ser al menos parcialmente consciente de su soledad y de su dificultad de relación. Ofrece una impresión paradójica de una inteligencia torpe. Las sutilezas de las relaciones, su dinamismo subyacente, tiende a escapársele, pero quisiera relacionarse con sus iguales, fracasando frecuentemente en el intento de lograr una relación fluida.

 

 

El objetivo primero y más básico que se plantea en el nivel primero es que el niño (o adulto con espectro autista) aprenda que puede obtener placer de la relación con las personas, pueda comenzar a sustituir su cerrada soledad por situaciones en que se producen relaciones placenteras.

Son muy infrecuentes los casos de autismo que permanecen en este nivel de la dimensión de trastorno cualitativo de la relación. Los esfuerzos terapéuticos suelen producir enseguida un aumento global del nivel de aferentización del niño al medio social, que se expresa sobre todo en la aparición de pautas vinculares claras hacia las figuras de crianza, los terapeutas, profesores y familiares. Es mucho más frecuente que los niños con autismo se sitúen en el segundo nivel de la dimensión: aunque ya es evidente que están vinculados a algunas personas adultas significativas, evitan o ignoran por completo las relaciones con iguales.

Para los autistas en los niveles segundo y tercero, los objetivos de desarrollar la motivación de relación, incrementar las oportunidades de interacción con iguales y desarrollar habilidades sociales básicas, se convierten en dominantes.

Aunque las personas con el nivel cuarto de alteración en trastorno de la relación sean ya mucho más competentes socialmente y "deseen" mantener relaciones fluidas con sus iguales, ello no quiere decir que puedan hacerlo sin mucha ayuda. Resulta necesario intervenir de forma directiva, enseñándolas a relacionarse y a desarrollar sus habilidades sociales.
 
TRASTORNO CUALITATIVO DE LAS CAPACIDADES DE REFERENCIA CONJUNTA subir
Si la primera dimensión afectaba principalmente a la diversidad y complejidad de las relaciones que pueden establecer las personas con espectro autista, esta segunda dimensión se refiere a aspectos sutiles de la calidad de esas relaciones. En todo el espectro autista se manifiesta una característica dificultad para compartir focos de interés, acción o preocupación con las otras personas, lo que se ha venido a llamar déficit en la atención conjunta.

Esta dificultad se manifiesta operacionalmente en la falta de conductas comunicativas encaminadas a compartir la experiencia, la dificultad de seguir la dirección de los gestos de señalar por otras personas, la ausencia o limitación de las conductas que consisten en mirar lo mismo que otra persona mira y la falta de mirada referencial (esa mirada alternante entre un objeto o situación interesante y una persona).

En un plano teórico, las dificultades de atención conjunta constituyen la expresión más clara de un déficit de intersubjetividad secundaria. Conductas tales como mirar alternativamente al otro y al objeto, mirar con interés lo mismo que mira el otro, mirar al otro para saber cómo debe interpretarse una situación, mirar interrogativamente al otro ante una situación que plantea incógnitas, señalar a otro algo interesante para que comparta la experiencia sobre ello, etc.. son manifestaciones claras de la capacidad de considerar al otro como un sujeto, con un mundo interno, que puede ser compartido; y que no tienen lugar en las personas autistas.

 

 

Nivel 1. Ausencia completa de acciones conjuntas, interés por las acciones de otras personas o gestos (incluyendo miradas) de referencia conjunta. La persona en este nivel tiende a ignorar por completo las acciones, miradas y gestos significativos de otras personas. Frecuentemente reacciona con evitación o rabietas a los intentos de otras personas de compartir una acción.

Nivel 2. Realización de acciones conjuntas simples (por ejemplo, devolver una pelota o un cochecito que se lanza mutuamente) con personas implicadas. No hay o no hay apenas miradas significativas de referencia conjunta. Se comparten acciones sin ninguna manifestación de que se perciba la subjetividad del otro.

Nivel 3. Empleo más o menos esporádico de referencia conjunta en situaciones interactivas muy dirigidas. No hay empleo de miradas cómplices en situaciones más abiertas. Parece haber una interpretación limitada de miradas y gestos ajenos con relación a situaciones.

Nivel 4. Pautas establecidas de atención y acción conjunta. Sin embargo, pueden escaparse muchas redes sutiles de gestos y miradas en situaciones interactivas, especialmente cuando éstas son abiertas y complejas. Además, no se comparten apenas preocupaciones conjuntas o marcos de referencia comunicativa triviales con las personas cercanas.


 

En el nivel primero de la dimensión se plantea el objetivo central de penetrar en la acción del niño o adulto, compartiendo con él situaciones que implican un comienzo de acción y atención conjunta. Es obvio que ello implica seguir un principio esencial: el terapeuta tiene que ser capaz de suscitar situaciones en que de forma progresiva se incorpora a aquellas acciones que resultan espontáneamente más interesantes o significativas para el niño.

Este objetivo debe continuarse con otros en los que se intenta lograr una estructura cada vez más contingente y recíproca de las acciones respectivas de los participantes en la interacción, como de imitación y contraimitación, de acción pautada sobre objetos con secuencias en las que primero interviene el terapeuta y luego el niño o adulto, en tareas crecientemente estructuradas, etc.

Una vez que la persona con espectro autista, ha llegado a desarrollar capacidades de acción conjunta relativamente estables, es necesario emplear estrategias que susciten el desarrollo de pautas de referencia subjetiva conjunta como que empleen la mirada para el logro de sus deseos, incorporándola a sus acciones comunicativas, y posteriormente que la utilicen en situaciones en que se altera la secuencia de acciones del terapeuta esperada por el niño, haciendo que éste tenga que recurrir a atender a las expresiones faciales, gestos y miradas del terapeuta, para conseguir sus deseos.

En las personas con espectro autista de más alto nivel cognitivo, un objetivo importante del tratamiento es el desarrollo de intereses, motivaciones y conocimientos con respecto a temas de preocupación común. Pueden ser útiles estrategias tales como hacer que esas personas participen en tertulias familiares o de iguales, emplear documentales y materiales informativos, o controlar el aprendizaje formal de datos referidos a temas de interés común. Sin embargo, no debe darse por supuesta su preocupación espontánea ni siquiera por los asuntos más compartidos, significativos o comunes.
 
TRASTORNO DE LAS CAPACIDADES INTERSUBJETIVAS Y MENTALISTAS subir

Las dificultades para compartir el mundo de las personas autistas, como sus trastornos de relación y sus deficiencias comunicativas, se han explicado en la última década recurriendo a dos conceptos, que corresponden a tradiciones y acentos teóricos distintos en el estudio de la interacción humana: las nociones de intersubjetividad y Teoría de la mente. Para el primer enfoque, el autismo sería esencialmente un trastorno de las pautas de relación afectiva, también defendido como de la intersubjetividad primaria, mientras que para el segundo enfoque, el autismo se considera un trastorno cognitivo, una alteración en la capacidad cognitiva de atribuir mente o inferir los estados mentales del otro.

Es obvio que estas dos descripciones del trastorno autista, sólo aparentemente contrarias, tienen mucho de cierto. Por una parte, los autistas no comprenden qué tipo de seres son las personas, como si carecieran de un cierto mecanismo cognitivo que les permitiera entenderlas como seres dotados de mente. Y por otra, tienen dificultades para empatizar con las personas, para sentir con ellas, dificultades que no parecen ser sólo meramente cognitivas.

Nadie duda, ni desde la perspectiva afectiva ni desde la cognitiva, que las personas autistas tienen una incapacidad esencial de comprender intersubjetivamente a las personas, donde se subraya el término cognitivo de "comprender" como se pone el acento sobre el adverbio de implicación afectiva "intersubjetivamente". Es esa capacidad la que se conoce con el nombre de "intersubjetividad secundaria", y la que incorpora tanto un componente afectivo: la motivación de compartir afectivamente experiencias, como un componente cognitivo: con alguien concebido como sujeto de experiencias.

 

 

Nivel 1. Ausencia completa de acciones conjuntas, interés por las acciones de otras personas o gestos (incluyendo miradas) de referencia conjunta. La persona en este nivel tiende a ignorar por completo las acciones, miradas y gestos significativos de otras personas. Frecuentemente reacciona con evitación o rabietas a los intentos de otras personas de compartir una acción.

Nivel 2. Respuestas intersubjetivas primarias ocasionales. En la relación con la persona con espectro autista en este nivel puede tenerse la vivencia de compartir, aunque sea de forma muy ocasional y limitada, emociones. No hay muestras de intersubjetividad secundaria o indicios de que la persona perciba al otro como sujeto.

Nivel 3. Indicios de intersubjetividad secundaria, pero no de atribución explícita de mente. En este nivel no se soluciona la tarea de la falsa creencia. En algunos casos, se emplean, de forma limitada y ocasional, términos mentales como contento o triste.

Nivel 4. La persona con espectro autista en este nivel tiene conciencia explícita de que las otras personas tienen mente, y emplea términos mentales. Resuelve la tarea de Teoría de la Mente, de primer orden, al menos. Sin embargo, los procesos mentalistas en las interacciones reales son limitados, lentos y simples. No se acomodan bien a la complejidad, el dinamismo y las sutilezas de las interacciones.

 

 

El objetivo básico para las personas con niveles más graves de espectro autista es el de proporcionar capacidades, por lo menos mínimas, de intersubjetividad primaria a niños y adultos que no parecen resonar emocionalmente con las emociones expresadas por otras personas. Generalmente, el cuadro que presentan las personas en ese nivel conlleva pautas de evitación, ignorancia o rechazo de las personas y una marcada ausencia de contacto ocular o de miradas a la cara, que debe ser tratado inicialmente. Para este nivel, hay una serie de prescripciones que resultan importantes: como hacerse crecientemente presente en el mundo de la persona autista y compartir el placer con ella, programar relaciones cada vez más aceptables y satisfactorias de contacto físico, suscitar relaciones lúdicas mediante juegos circulares de interacción, exagerar claramente los gestos expresivos en situaciones de imitación/contraimitación y reforzar los contactos oculares espontáneos.

Pero suponiendo que se haya logrado niveles mínimos de intersubjetividad primaria, hay que desarrollar la secundaria, que incluye la noción de los otros como sujetos de experiencia. Para llegar a ella, es importante que la persona con espectro autista pueda participar en relaciones estructuradas que incluyan objetos de referencia, acerca de los cuales versan las relaciones, y que impliquen algún tipo de reciprocidad o de estructura de acciones correlativas. En el nivel segundo y en el tercero es conveniente comenzar a trabajar la capacidad de etiquetar expresiones emocionales en situaciones estructuradas de tarea y posteriormente en situaciones libres. Además de realizar enseñanzas explícitas de destrezas tales como predecir la conducta más probable de las personas o personajes en situaciones de relación, decir explícitamente cómo se sienten las personas en función de las situaciones, ordenar y explicar historias que implican contenidos mentalistas, y desarrollar destrezas de comprensión y producción de narraciones, con implicaciones mentalistas.

Para las personas con espectro autista de niveles más altos, la conciencia de la propia dificultad para compartir dinámicamente o inferir estados mentales puede ser muy dolorosa. En estos casos, resulta necesario desarrollar explícitamente programas de tratamiento con objetivos tales como definir cursos probables de acciones en narraciones, predecir emociones sutiles, regular las interacciones en función de las emociones previsibles en otros, construir simulaciones verosímiles de interacciones, etc. Además, es necesario ayudar a esas personas a poder aceptarse con sus limitaciones, estableciendo explícitamente sus capacidades más desarrolladas y limitando los efectos de la auto-percepción de las limitaciones de inferencia mentalista.
 
TRASTORNOS CUALITATIVOS DE LAS FUNCIONES COMUNICATIVAS subir

Llamaremos comunicación a una conducta de relación que posee tres propiedades esenciales:

1. La comunicación es una actividad intencionada, o propositiva, de relación.
2. Se trata de una relación que se refiere a algo; tiene un tema o, dicho más técnicamente, es intencional, es acerca de algo.
3. Se realiza mediante significantes (mediante signos) y no por medio de actos instrumentales, tales como los que se realizan con los objetos.

Las conductas propiamente comunicativas aparecen en los niños normales en el último trimestre del primer año de vida. Ello no quiere decir que en los meses anteriores no se relacionen con las personas, o no expresen emociones y afectos, pero sí que es en ese momento, cuando empiezan a tener relaciones intencionales y significantes con las personas. Estas pueden cumplir diversas funciones, pero hay dos que sobresalen por su importancia: la función de cambiar el mundo físico o conseguir algo en él, o protoimperativos y la función de cambiar el mundo mental del compañero de interacción, compartiendo con él una experiencia interna, también llamados protodeclarativos. La ausencia de protoimperativos y protodeclarativos es uno de los indicadores diagnósticos más precisos del autismo en sus fases iniciales. Es decir, no piden objetos o situaciones, ni muestran cosas o acontecimientos para compartir son otros su experiencia sobre ellos.

 

 

Nivel 1. Ausencia de comunicación, entendida como cualquier clase de relación intencionada con alguien, acerca de algo, que se realiza mediante empleo de significantes.

Nivel 2. La persona realiza actividades de "pedir", mediante "conductas de uso instrumental de personas", pero sin signos. Es decir, pide llevando de la mano hasta el objeto deseado, pero no puede hacer gestos o decir palabras para expresar sus deseos. De este modo, tiene conductas con dos de las propiedades de la comunicación, son intencionadas e intencionales, pero sin la tercera, no son significantes.

Nivel 3. Se realizan signos para pedir: pueden ser palabras, símbolos enactivos, gestos "suspendidos", símbolos aprendidos en programas de comunicación, etc. Sin embargo, sólo hay comunicación para cambiar el mundo físico. Por tanto, sigue habiendo ausencia de comunicación con función declarativa.

Nivel 4. Empleo de conductas comunicativas de declarar, comentar, etc., que no sólo buscan cambiar el mundo físico. Sin embargo, suele haber escasez de declaraciones capaces de "cualificar subjetivamente la experiencia", es decir referidas al propio mundo interno, y la comunicación tiende a ser poco recíproca y poco empática.

 

 

En todos los enfoques actuales del autismo, el tratamiento de la comunicación constituye una prioridad fundamental. Los niños con espectro autista que no se comunican pueden beneficiarse de programas que estimulan el desarrollo de habilidades básicas de relación intencionada y atención conjunta. Implican, por ejemplo, establecer obstáculos para que el niño logre por sí mismo objetos deseables, de forma que tenga la necesidad de recurrir al adulto para conseguir lo que quiere. Son muy eficaces, también, los juegos de estructura circular, que consisten en repeticiones de acciones y gestos agradables para el niño, haciendo que la repetición sea contingente a gestos anticipatorios de éste y progresivamente a "peticiones".

Una vez que se han logrado las primeras "acciones de pedir", los objetivos principales consisten en lograr que las peticiones se realicen mediante significantes, y no sólo mediante acciones instrumentales con personas. Para ello es necesario "suspender" las acciones, por ejemplo, se detiene materialmente la acción del niño de ir a empuñar el objeto, modelando un signo, y evocar la producción de significantes, signos o palabras, para lograr deseos.

El paso al nivel cuarto constituye uno de los desafíos más difíciles en el tratamiento del autismo. De hecho, son muchas las personas autistas que no llegan a lograr competencias declarativas, aunque sean capaces de realizar signos para pedir. Todos aquellos procedimientos que estimulan la acción conjunta sobre objetos y la atención conjunta a situaciones,acciones y cosas, en situaciones muy lúdicas y cargadas de afectividad son vías indirectas para estimular el desarrollo de pautas protodeclarativas y signos declarativos.

Las personas con espectro autista y niveles cognitivos más altos tienen que aprender mediante enseñanza explícita a realizar actividades que permitan hablar de estados internos, desarrollar capacidades semánticas para comprender bien qué significan los verbos mentales, y prender a diferenciar las emisiones relevantes o pertinentes de aquellas otras que son irrelevantes o impertinentes.
 
TRASTORNOS CUALITATIVOS DEL LENGUAJE EXPRESIVO subir
Los niños autistas tienen una extremada dificultad para desarrollar el lenguaje en su periodo crítico de desarrollo, al carecer de los in-puts intersubjetivos que ponen en marcha los mecanismos específicos de adquisición lingüística. Esos mismos mecanismos que les sirven a los niños normales para desarrollar las estructuras que necesitan para cumplir sus necesidades y funciones comunicativas. Cuando esa dificultad no es tan insuperable como para dejarles sumidos en el mutismo, tienden a desarrollar un lenguaje poco funcional y espontáneo, con alteraciones peculiares, como la ecolalia, la inversión de formas deícticas, la literalidad extremada de los enunciados y las formas de comprensión, el laconismo, la presencia masiva de formas imperativas y ausencia o limitación de las declarativas, la emisión de verbalizaciones semánticamente vacías, irrelevantes o poco adaptadas a las situaciones interactivas y una limitación extrema de las competencias de conversación y discurso.

 

 

Nivel 1. Ausencia total del lenguaje expresivo. El mutismo puede ser total o funcional. Este último se define por la presencia de verbalizaciones que no son propiamente lingüísticas (pueden ser, por ejemplo, emisiones con función musical). Es decir, no implican análisis significativo ni tienen las función de comunicar.

Nivel 2. El lenguaje es predominantemente ecolálico o compuesto de palabras sueltas. Aparecen ecolalias y palabras funcionales. No hay propiamente "creación formal" de sintagmas o de oraciones. No hay discurso ni conversación.

Nivel 3. Lenguaje oracional. Capacidad de producir oraciones que ya no son predominantemente ecolálicas, y que implican algún grado de conocimiento implícito de reglas lingüísticas. Sin embargo, los sintagmas y las oraciones no llegan a configurar discurso ni se organizan en actividades conversacionales. La interacción lingüística produce la impresión de juego de frontón, que carece del espontáneo dinamismo de las verdaderas conversaciones. Puede haber muchas emisiones irrelevantes e inapropiadas.

Nivel 4. Lenguaje discursivo. Es posible la conversación, aunque tienda a ser lacónica. Las personas en este nivel pueden ser conscientes de su dificultad para encontrar temas de conversación y para transmitir con agilidad información significativa en las interacciones; intercambian con dificultad roles conversacionales, comienzan y terminan las conversaciones de forma abrupta, pueden decir cosas poco relevantes o poco apropiadas socialmente. Se adaptan con dificultad a las necesidades comunicativas de sus interlocutores. Frecuentemente su lenguaje está prosódicamente muy alterado. Parece pedante, rebuscado y poco natural, o abrupto y poco sutil. Hay dificultades para regular los procesos de selección temática y cambio temático en la conversación y en el discurso.

 

 

Los procedimientos actuales de tratamiento del lenguaje en autismo se caracterizan por varios rasgos. En primer lugar, porque recurren a múltiples códigos y no sólo al lenguaje oral, para mejorar las posibilidades comunicativas de las personas autistas; en segundo lugar, se definen por el hecho de acentuar los objetivos funcionales y pragmáticos, por encima de los estructurales; además, tienen una inspiración evolutiva y psicolingüística y finalmente, acentúan la importancia de desarrollar destrezas lingüísticas y comunicativas en contextos naturales, adquiriéndolas y generalizándolas.

Para los niños autistas con mutismo total o funcional han demostrado ser muy útiles los procedimientos de "comunicación total", que implican el uso de complejos signos-palabras por parte de los terapeutas, y la evocación (al principio con ayuda total) de signos manuales simples (inicialmente para pedir) en las personas autistas. El programa hace especial hincapié en un concepto muy útil: el niño debe aprender, ante todo, a "hacer mediante signos". Privilegia así el componente expresivo de la comunicación simbólica por encima del receptivo. Incluye varias fases, definidas esencialmente por el logro de actividades pragmáticas o funcionales, como expresar deseos, realizar actos simples de referencia, desarrollar conceptos personales, emplear el lenguaje con fines de investigar la realidad y finalmente abstraer con signos o palabras.

En los niveles superiores de realización lingüística, se plantean objetivos de desarrollar el léxico y promover la construcción espontánea de oraciones no ecolálicas, que implican novedad y creación formal. En general, en esos niveles, se trabaja ya esencialmente con lenguaje verbal, y en ocasiones con lectoescritura.

Las personas autistas que ya son capaces de crear formalmente oraciones espontáneas, pero no de conversar, tienen que aprender mediante ejercicios explícitos y muy ayudados por medios gráficos y apoyos lingüísticos, a describir, narrar y , en su caso, a mantener interacciones lingüísticas cada vez más largas y complejas, cada vez más semejantes a conversaciones.

Los programas de trabajo sobre el lenguaje de los pacientes con síndrome de Asperger , o en general de todas aquellas personas que se sitúan en el nivel más alto de capacidades lingüísticas, tienen como objetivos mejorar sus habilidades pragmáticas, ayudar a interpretar los significados no literales del lenguaje. Limitar las anomalías prosódicas y disminuir la ansiedad ante la actividad lingüística. Hay que enseñarles, por ejemplo, a iniciar conversaciones, pedir aclaraciones cuando no comprenden algo, hacer comentarios que implican empatía, realizar conversaciones en situaciones simuladas, explicar metáforas o ironías, emplear el tono para transmitir estados de ánimo, etc.
 
TRASTORNOS CUALITATIVOS DEL LENGUAJE RECEPTIVO subir
En el trastorno autista y el síndrome de Asperger hay siempre anomalías y deficiencias en la comprensión del lenguaje. Con frecuencia los niños que presentan los trastornos específicos más severos del desarrollo del lenguaje receptivo tienen síntomas autistas tan acentuados, que resulta sumamente difícil diferenciar su síndrome del que presentan los niños con autismo.

Esta semejanza es tanta que en la primera mitad de los años setenta, se propuso como hipótesis una continuidad entre el autismo y la disfasia receptiva, hipótesis que más tarde fue abandonada, pues se demostró que existían diferencias entre el lenguaje autista y el disfásico: los autistas suelen tener mayores dificultades de comprensión, trastornos más marcados de las funciones comunicativas del lenguaje y anomalías mayores como ecolalia, inversión deíctica, emisiones estereotipadas, etc., que los disfásicos.

 

 

Nivel 1. "Sordera central". El niño o adulto en este nivel ignora por completo el lenguaje, con independencia de que le sea específicamente dirigido a él. No responde a órdenes, llamadas o indicaciones lingüísticas de ninguna clase. Con frecuencia provoca sospechas de sino será sordo.

Nivel 2. Asociación de enunciados verbales con conductas propias; es decir, la persona con espectro autista en este nivel "comprende órdenes sencillas". Sin embargo, su comprensión consiste esencialmente en un proceso de asociación entre sonidos y contingencias ambientales o comportamientos. No implica ni la asimilación de los enunciados a un código, ni su interpretación e incorporación a un sistema semántico-conceptual, ni su definición intencional en términos pragmáticos.

Nivel 3. Comprensión de enunciados. En el nivel tercero hay ya una actividad mental de naturaleza psicolingüística, que permite el análisis estructural de los enunciados, al menos parcial. La comprensión suele ser extremadamente literal y muy poco flexible. Se incorporan a ella con gran dificultad las claves pragmáticas. Así no es apenas modulada por los contextos interactivos. Los procesos de inferencia, coherencia y cohesión que permiten hablar de "comprensión del discurso" son muy limitados o inexistentes. Hay tendencia a atender a las interacciones verbales sólo cuando se dirigen a la persona de forma muy específica y directiva.

Nivel 4. El nivel más alto se define por la capacidad de comprender planos conversacionales y discursivos del lenguaje. Sin embargo, hay alteraciones sutiles en procesos de diferenciación del significado intencional del literal, en especial cuando uno y otro no coinciden. También en los procesos de doble semiosis (comprensión del lenguaje figurado) y modulación delicada de la comprensión por variables interactivas y de contexto.

 

 
En el tratamiento de las personas autistas con más dificultades de comprensión, el abuso del lenguaje puede ser muy perjudicial. Puede ser una estrategia útil que se trate de establecer relación con el niño sin pretender que esa relación se fundamente en su propia perspectiva logocéntrica, de sujeto lingüísticamente competente. Obliga al terapeuta a plantearse como problema la necesidad de suscitar, sin lenguaje, la comprensión por parte del niño de sus intenciones, y de sus ofertas de relación y actividad. Le estimula a buscar formas alternativas de regulación comportamental y de la atención del niño, a través de gestos, signos manuales, representaciones analógicas, y en los casos más severos, ayudas físicas. Sin embargo esta estrategia debe ser transicional: enseguida es necesario trabajar con programas sobre comprensión de órdenes sencillas, formuladas con un código lingüístico o mixto.

En el caso de los niños autistas en el nivel segundo de la dimensión, se plantea la necesidad de desarrollar en primer lugar el léxico receptivo (inicialmente de nombres). Suele ser una buena estrategia definir las situaciones de tarea de discriminación de manera que impliquen un grado de implicación activa del niño superior al que se produce frecuentemente en las actividades de "señalar láminas" puestas sobre una mesa.

Los autistas cuyos niveles receptivos se sitúan ya en el nivel tercero pueden beneficiarse de programas de tratamiento definidos con objetivos tales como estimular y reforzar la atención a conversaciones que no le están dirigidas específicamente, sintetizar narraciones y descripciones, seleccionar de entre varias descripciones alternativas la que mejor responde a una escena o lámina, y recibir una experiencia narrativa. Debe, asimismo, estimularse el visionado de vídeos y representaciones que permitan a la persona autista comprender cursos de intenciones e interacciones de relaciones, deseos y estados mentales de personas.

Las personas más capaces con espectro autista tienen que aprender explícitamente a calcular cómo pueden ser interpretados sus propios "actos de habla", discriminar entre el significado literal y el intencional de las emisiones, explicar metáforas y actos de habla indirectos, comprender sutilezas expresivas, etc. En ocasiones, las actividades literarias pueden ser de gran ayuda.
 

 

Otros Trastornos graves del desarrollo:
Autismo
Síndrome de Rett Síndrome de Asperger


 

Otras Tipologías Déficit físico
Déficit psíquico
Déficit sensorial
Sobredotación intelectual
Trastornos graves del desarrollo
Trastornos de la Conducta
Trastornos alimentarios
Trastornos con tics
subir

Legislación Recursos
 
Logopedia Interculturalidad Atención domiciliaria Atención hospitalaria Orientación educativa
inicio