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TRASTORNOS
CUALITATIVOS DE LAS COMPETENCIAS DE ANTICIPACIÓN |
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El conjunto de trastornos cualitativos
de las capacidades de anticipación en los cuadros
con espectro autista forma parte del mismo subsíndrome
que los trastornos de las dimensiones referidas a la
inflexibilidad y al sentido de la propia actividad.
Todas ellas contribuyen a ofrecer esa imagen de inflexible
exigencia de un mundo sin cambios, completamente previsible,
de una especie de mundo en el que el ser se mantiene
inmutable, siempre idéntico a sí mismo,
tan característica del síndrome de Kanner,
pero que también se presenta en otras alteraciones
que se acompañan de espectro autista.
Desde una perspectiva cognitiva,
la ansiosa exigencia de preservación de un mundo
sin cambios, remite inmediatamente a la idea de que
existen anomalías y limitaciones en los procesos
de anticipación, o más en general de formación
de esquemas o uso de ellos. Recordemos que los esquemas
son representaciones mentales de alto nivel, que incluyen
componentes estables, invariantes y valores a "rellenar",
y que cumplen un papel decisivo en las capacidades humanas
de "integrar información diversa del mundo",
"aceptar y asimilar lo nuevo", e "inferir".
Un mundo cognitivo sin esquemas es un caos fragmentario,
en que las realidades que no se acomodan miméticamente
a lo ya sucedido son terroríficas novedades,
cognitivamente incomprensibles y emocionalmente inaceptables.
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Nivel 1. Resistencia muy intensa a cambios y rígida
adherencia a estímulos que se repiten de forma
idéntica. No hay indicios de actividades anticipatorias
en situaciones cotidianas, aunque sí puede
haber respuestas contingentes ante los estímulos
que obsesionan. Pueden darse respuestas de oposición
a estímulos nuevos, más que a situaciones
nuevas. No está asimilado un orden espacial
o temporal claro por la persona en este nivel. El
niño o adulto sólo anticipa situaciones
en que no está directamente implicado, tales
como las que se ven repetidamente en el vídeo.
Los estímulos tienen que ser idénticos,
en todos los aspectos, para ser anticipados.
Nivel 2. Aparecen conductas anticipatorias simples
en situaciones cotidianas muy habituales y conductas
que sugieren capacidades incipientes de interpretación
de indicios anticipatorios. Frecuentemente siguen
dándose conductas oposicionistas y rabietas
en situaciones de cambio. Pueden darse reacciones
muy intensas ante situaciones nuevas e imprevistas
por la persona con espectro autista. Los periodos
que no siguen el orden habitual son normalmente más
turbulentos y se acompañan de alteraciones
de conducta más marcadas, alteraciones emocionales,
ansiedad, etc., en comparación con los días
en que se sigue la rutina cotidiana.
Nivel 3. Las competencias de anticipación
de las personas del nivel tercero permiten un tratamiento
más amplio del futuro. Por ejemplo, están
bien incorporadas estructuras o marcos de "semana"
o "periodo de actividad" (vacaciones, frente
a tiempo escolar). Suele haber una aceptación
mejor de los cambios que en las personas del nivel
2, pero pueden producirse reacciones catastróficas
ocasionales ente cambios imprevistos. Es frecuente
que las personas de nivel tercero regulen por sí
mimas ciertas rutinas. No insertan, sin embargo, sus
competencias de anticipación en estrategias
activas de previsión y organización
del futuro. Pueden presentar ansiedad frecuente en
relación con sucesos futuros previstos, por
los que a veces preguntan de forma repetitiva.
Nivel 4. La persona prefiere un orden claro y un
ambiente predictible. Puede incorporar, sin embargo,
mucha más versatilidad ambiental que las personas
de niveles anteriores. Es capaz de regular la estructura
de su propio ambiente, por lo menos hasta cierto punto,
aunque no tanto de insertar esa estructura en proyectos
a muy largo plazo. Puede haber reacciones catastróficas
puntuales ante cambios ambientales muy imprevistos.
La persona en este nivel se caracteriza porque puede
emplear estrategias activas para ayudarse a anticipar,
sin necesidad de ayudas externas.
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El afrontamiento terapéutico de las dificultades
de anticipación de las personas autistas es uno
de los secretos principales de los enfoques actuales del
tratamiento del autismo. Realmente, la petición
que hacen las personas con espectro autista es de que
las ayudemos a encontrar orden en el mundo, a superar
la caótica y fragmentaria percepción de
la realidad a que parecen condenarles sus dificultades
importantes de anticipación. Está demostrado
que los ambientes no estructurados e impredecibles producen
resultados terapéuticos desastrosos, y que a medida
que aumenta, en términos generales, el nivel de
orden, estructura y articulación de las claves
anticipatorias se incrementa también la eficacia
terapéutica.
El tratamiento de la dimensión de anticipación
incluye dos componentes muy estrechamente relacionados:
el control del grado de estructura ambiental y la capacitación
de la persona autista con instrumentos anticipatorios.
La relación entre estos dos componentes es inversa:
el ambiente deberá ser tanto más estructurado
cuanto menor sea la capacidad de interpretación
y uso de instrumentos de anticipación por parte
de la persona con espectro autista.
En el nivel más bajo de la dimensión,
el mundo se vive como una sucesión caótica
de escenas impredecibles y en las que no es posible
intervenir, pues no son controlables por el niño,
lo que contribuye a la desconexión del niño
autista. Resulta necesario, entonces, delimitar espacial
y temporalmente las experiencias de forma muy nítida,
contando con la colaboración de la familia para
crear programaciones diarias muy definidas. Al mismo
tiempo, es importante establecer claves ambientales
claras antes de cada uno de los episodios de la rutina
del niño, que pueden ser auditivas, como fragmentos
musicales asociados a las distintas actividades o visuales
como láminas con pictogramas o dibujos muy claros
y esquemáticos o incluso fotografías.
Para los niños o adultos que alcanzan el segundo
nivel son muy útiles los procedimientos de "agenda
visual": se elaboran, junto con el niño,
breves "historietas anticipatorias", con viñetas
esquemáticas, pero también detalladas
y realistas de secuencias de actividades o "programas
de día", al tiempo que se escribe y se explica
con claridad la actividad correspondiente.
En el tercer nivel del trastorno, hay un objetivo fundamental:
que la persona con espectro autista incorpore cada vez
más estrategias activas de decisión sobre
acontecimientos futuros y acciones alternativas. Progresivamente,
y en la medida en que ello sea posible, hay que plantear
la meta general de que la persona sea dueña de
su propio futuro, y trabajar con el objetivo de definir
metas más a medio y largo plazo y submetas bien
delimitadas, que permitan la previsión de plazos
cada vez más largos y autónomos de realización
personal.
Al mismo tiempo, tanto en este nivel como en el anterior
y el siguiente, es muy útil "programar cambios
imprevistos", asociándolos con situaciones
de bienestar emocional y relajación, y controlando
su aceptación tranquila, así como la organización
de estrategias para afrontar lo inesperado.
Las personas con buen potencial cognitivo, pueden beneficiarse
de estrategias que les permitan decidir sobre su futuro
y establecer explícitamente metas valiosas para
ellas. En estos casos, las "agendas" son a
mucho más largo plazo y deben incorporarse en
los posible a proyectos de vida personalmente importantes.
Al mismo tiempo hay que tratar de flexibilizar sus alternativas,
ayudando a esas personas a reconocer en las variaciones
del medio oportunidades interesantes.
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TRASTORNOS
CUALITATIVOS DE LA FLEXIBILIDAD MENTAL Y COMPORTAMENTAL |
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| Las estereotipias
motoras, la realización de rituales repetitivos,
la obsesión por ciertos contenidos mentales, la
inflexible oposición a cambios ambientales a veces
nimios, configuran un estilo mental y comportamental característico
del trastorno autista, pero que afecta también
a otros cuadros que incluyen espectro autista.
El patrón inflexible del funcionamiento mental
puede manifestarse, sin embargo, de formas diferentes
y ello depende, en parte, de las capacidades cognitivas
de las personas autistas y de la severidad de su trastorno.
El catálogo de estereotipias motoras, conductas
rituales, obsesiones, patrones compulsivos, fijaciones
a objetos, itinerarios, etc. de las personas con espectro
autista es inmenso, pero por debajo de esa pluriforme
variedad puede reconocerse un eje, en el que es posible
delimitar cuatro niveles característicos de las
personas con espectro autista de diferentes capacidades
y grados de alteración.
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Nivel 1. Predominan las estereotipias motoras simples
(balanceo anteroposterior o lateral, hand washing,
giros o rotaciones de objetos, aleteos y sacudidas
de brazos, giros sobre sí mismo, etc.).
Nivel 2. Rituales simples (por ejemplo, tener que
dar dos vueltas al perímetro de un edificio
antes de penetrar en él). Suelen acompañarse
de resistencia a cambios ambientales nimios, y de
pautas de insistencia activa en que se repitan unos
mismos rituales. Pueden aparecer también estereotipias.
Rigidez cognitiva muy acentuada.
Nivel 3. Rituales complejos (por ejemplo, pautas
minuciosas e invariables que deben seguirse para ducharse,
para comer, para penetrar en un lugar o comenzar una
actividad). Frecuentemente hay apego excesivo a objetos,
fijación en itinerarios, etc. También
puede haber preguntas obsesivas. Inflexibilidad mental
muy acentuada.
Nivel 4. Contenidos obsesivos y limitados de pensamiento.
Intereses poco funcionales, de gama limitada y frecuentemente
no relacionados con el mundo social en sentido amplio.
Puede haber un perfeccionismo rígido en la
realización de tareas o la solución
de problemas
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En el tratamiento de los niños o adultos más
inflexibles, la disminución de estereotipias puede
ser uno de los objetivos claves, ya que contribuyen al
aislamiento, disminuyen las oportunidades de aprender,
concentran la atención en una actividad sin sentido
ni función, y frecuentemente aumentan la desordenada
excitación de personas con espectro autista.
En casos extremos se han empleado con éxito
variable pautas de intervención farmacológica,
y junto a éstas las conductuales han demostrado
éxitos discretos en la disminución o eliminación
de estereotipias.
Sin duda el tratamiento más eficaz de las estereotipias
es indirecto: consiste en ofertar a la persona con espectro
autista alternativas funcionales de actividad, desarrollar
sus competencias e instrumentos de comunicación
en incrementar su motivación a realizar conductas
funcionales. Estas estrategias se centran, por tanto,
en la construcción de conductas positivas y funcionales,
capaces de producir desarrollo, por encima de las de
extinguir las conductas negativas, que lo impiden.
Las conductas inflexibles que definen los niveles segundo
y tercero de la dimensión (rituales, resistencia
a cambios ambientales nimios, fijación obsesiva
a objetos) pueden llegar a ser uno de los objetivos
esenciales de la actividad terapéutica. Los procedimientos
de intervención que se han mostrado normalmente
más eficaces para ello se basan en un principio
que se puede denominar "estrategia de negociación
de las rutinas y reducción progresiva",
que permita una vida lo más funcional.
Desde los inicios del tratamiento es importante que
las variaciones introducidas se programen de forma gradual
y lenta y así asegurar el bienestar emocional.
En algunos caso, sin embargo, se hace precisa una intervención
menos gradual.
Las personas con espectro autista de alto nivel cognitivo
presentan, en diferentes grados, contenidos obsesivos
de pensamiento y, con alguna frecuencia, una minuciosa
preocupación reiterativa por aspectos formales
de las tareas que realizan, lo que puede dar lugar a
una ejecución extremadamente lenta de ellas.
Las estrategias para enseñar "pensamiento
flexible", pueden ser útiles en estos casos:
hay que enseñar explícitamente a detectar
significados y diferenciarlos de la forma, definir estrategias
alternativas para solucionar problemas, delimitar el
núcleo esencial de un contenido, seleccionar
entre alternativas potenciales, etc. Al mismo tiempo,
la meta de "abrir el foco de intereses" es
fundamental.
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TRASTORNOS
DEL SENTIDO DE LA ACTIVIDAD PROPIA |
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| La limitación
o ausencia de finalidad de la conducta es uno de los rasgos
que definen al espectro autista.
Cuando hablamos de sentido, nos situamos en un campo
semántico que se define, entre otras, por las
siguientes notas:
1. El sentido remite normalmente a algo futuro. El
sentido explica la acción en función
de una meta "pre-presentada" por un sistema
cognitivo y que establece un vector para su acción.
2. El sentido es algo que otorga coherencia a una
acción, situación o representación.
3. El concepto de sentido tiene que ver con la relación
entre la acción y el contexto.
4. El concepto de sentido es un concepto esencialmente
semiótico. Aunque se emplee también
para describir acciones no semióticas, su lugar
más propio es el de los signos.
5. En el fondo, el concepto de sentido remite inevitablemente
a una dimensión social de la acción.
De este modo, las dificultades de anticipación,
coherencia, procesamiento de la información en
función del contexto, metarrepresentación,
motivación y relación social se traducen
en todas las personas con espectro autista en limitaciones
de la capacidad para asignar sentido a las acciones
propias.
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Nivel 1. Predominio masivo de conductas sin meta
(por ejemplo, carreritas sin rumbo con aleteo) e inaccesibilidad
completa a consignas externas que dirijan la acción
de la persona con espectro autista de este nivel.
Las conductas de ésta ofrecen la impresión
de acciones sin propósito ninguno, y que no
se relacionan con los contextos en que se producen.
Nivel 2. Sólo se realizan actividades funcionales
ante consignas externas. Tales actividades son breves
y no dependen de una comprensión de su finalidad.
Los niños y adultos en este nivel pueden ofrecer
la impresión de "ordenadores sin disco
duro". Requieren constantemente y "paso
a paso" de incitaciones externas para funcionar.
Cuando no realizan actividades funcionales dependientes
de esa incitación externa, presentan patrones
muy pasivos de conducta o bien muy excitados, o actividades
sin meta propias del nivel 1, tales como estereotipias
de ciclo corto o deambulación sin rumbo.
Nivel 3. Presencia de actividades de ciclo largo
(por ejemplo, realizar una tarea con un cierto grado
de autonomía, y en que no es necesario un control
externo de cada paso), pero que no se viven como formando
parte de totalidades coherentes de situación
y acción (por ejemplo, un curso), y cuya motivación
reside generalmente más en contingencias externas
o impresiones de dominio que en el sentido mismo de
las tareas.
Nivel 4. La persona realiza actividades complejas
y de ciclo muy largo (por ejemplo, cursos académicos
o actividades laborales complejas), cuya meta precisa
conoce, pero no asimila profundamente esas actividades
a motivos encajados en una "previsión
biográfica" de futuro, en un "yo
auto-proyectado".
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El propósito de dar sentido a la conducta de las
personas con espectro autista debe presidir el tratamiento
en todos los momentos y niveles. En los enfoques actuales,
ello se refleja en un estilo pragmático y funcional
de la educación y la terapia. Las nociones de sentido
y funcionalidad tienen implicaciones claras en varios
aspectos y estos son los siguientes:
Frecuentemente, la dificultad para asignar sentido
de las personas autistas se traduce en una escasa motivación,
por lo que todas las estrategias terapéuticas
que influyen sobre la motivación de las personas
con autismo son formas de tratar esta importante dimensión.
Dado que el mundo mental de las personas autistas es
frecuentemente mucho más "fisicalista"
que el de otras personas, las metas de acción
tienen que ser frecuentemente inmediatas, concretas,
físicas, más que demoradas, abstractas
y mentales.
Los objetivos y funciones de las acciones que se ofrecen
a las personas autistas deben situarse en un proyecto
evolutivo razonable, en función de sus capacidades
y pronóstico.
La organización de contextos significativos,
en situaciones lo más naturales y lo menos restrictivas
posible, es una condición importante para que
las conductas tengan sentido.
Para las personas autistas suele ser importante ser
valoradas socialmente y alabadas por sus acciones funcionales.
Los niños o adultos que se sitúan en el
nivel primero de la dimensión requieren una atención
muy individualizada, con interacciones muy directivas
y lúdicas inicialmente, en las que progresivamente
se introduce orden y una estructura operante clara,
que haga posible su atención y respuesta a consignas
de acción funcional.
Cuando las personas se sitúan en el nivel segundo,
y ya suscitan actividades dirigidas, resulta necesario
empezar a desarrollar "programas de acción
autónoma", donde el profesor o terapeuta
establece secuencias de actividades previamente aprendidas
y enseña específicamente al niño
a ir seleccionando las tareas por orden y realizándolas
por sí mismo, mediante un procedimiento de desvanecimiento
de las ayudas, que en este caso, son las consignas de
la actividad.
Los sistemas de refuerzo simbólico, "economía
de fichas" y autorregulación son recursos
principales para el trabajo con las personas autistas
del nivel tercero.
A las personas autistas de niveles más altos
hay que enseñarlas a establecerse explícitamente
metas, y ayudarlas a desear objetivos personales razonables
y valiosos para ellas. En estos niveles, el logro de
objetivos académicos es de suma importancia,
pues las destrezas académicas, el "conocimiento",
son áreas en que pueden compensar parcialmente
sus importantes dificultades de relación y que
les permiten considerarse a sí mimos como seres
valiosos.
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TRASTORNOS
CUALITATIVOS DE LAS COMPETENCIAS DE FICCIÓN E IMAGINACIÓN |
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| La ausencia del
juego de ficción constituye una de las "tres
marcas" más específicas y precoces
(junto con la ausencia de protodeclarativos y de miradas
de referencia conjunta) para la detección del síndrome
de Kanner.
Numerosas investigaciones han demostrado que los niños
autistas presentan menos juego simbólico y un
juego menos elaborado que niños con retraso mental
igualados en edad mental. Los niños autistas
presentan un desfase anómalo entre sus capacidades
sensoriomotoras generales, por una parte, y las de imitación
y juego simbólico, por otra. Un desfase que ha
sido explicado por su dificultad para procesar información
social y extraer claves para el desarrollo de los contextos
sociales y comunicativos para constituir las funciones
superiores de humanización, que se derivan de
la intersubjetividad secundaria y se especifican culturalmente
en el desarrollo.
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Nivel 1. Ausencia completa de actividades que sugieran
juego funcional o simbólico, así como
de cualquier clase de expresiones de competencias
de ficción.
Nivel 2. Presencia de juegos funcionales (que no
implican sustitución de objetos o invención
de propiedades) consistentes en aplicar a objetos
funciones convencionales, de forma simple (por ejemplo,
hacer rodar un cochecito, o llevar una cucharita vacía
a la boca). Los juegos funcionales tienden a ser estereotipados,
limitados en contenidos, poco flexibles y poco espontáneos.
Frecuentemente se suscitan "desde fuera".
No hay juego simbólico.
Nivel 3. Juego simbólico "evocado",
y rara vez por iniciativa propia. La persona en este
nivel puede tener algunas capacidades incipientes
de "juego argumental", o de inserción
de personajes en situaciones de juego (por ejemplo,
empleando figuritas de juguete, a las que monta en
un camión), pero el juego tiende a ser producido
desde fueras más que espontáneo, y muy
escasamente flexible y elaborado en comparación
con la edad. Frecuentemente es muy obsesivo (el niño
tiene que llevar a todas partes sus figuras, muñecos,
etc.). Puede haber dificultades muy importantes para
diferenciar ficción y realidad.
Nivel 4. Capacidades complejas de ficción.
La persona con espectro autista en este nivel puede
crear ficciones elaboradas, pero tienden a ser poco
flexibles, muy centradas en torno a un personaje por
ejemplo. Hay dificultades para diferenciar ficción
y realidad, y las ficciones tienden a emplearse como
recursos para aislarse. En algunos casos, la persona
se "sumerge" excesivamente en sus propias
ficciones y se aísla en ellas.
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En el tratamiento de los niños con espectro autista,
incluyendo a aquellos que tienen niveles cognitivos más
bajos y trastornos más severos del desarrollo,
un principio importante es que sólo es posible
comenzar los tratamientos más estructurados cuando
se ha podido compartir previamente, y durante periodos
de tiempo prolongados y afectivamente comprometidos, el
placer funcional del juego con el niño. Todos los
niños con espectro autista pueden jugar y tienen
motivaciones lúdicas, aunque éstas puedan
corresponder a formas de juego que no implican destrezas
de ficción, o sean muy anómalas o muy retrasadas
en comparación con la edad cronológica.
Por ejemplo, los juegos circulares de interacción,
los juegos cuerpo a cuerpo, con contacto físico,
los juegos motores o incluso las actividades lúdicas
con objetos de carácter estereotipado, pueden servir
para establecer con la persona autista relaciones lúdicas,
sin las cuales las otras formas de terapia pueden ser
muy poco eficaces. En muchos casos, la primera forma de
hacerse presente en la mente del niño con espectro
autista consiste en penetrar en sus juegos y compartir
el placer lúdico.
En la medida en que el terapeuta logra ser un compañero
de juego fiable para el niño con espectro autista
y suscitar en él un interés claro por
objetos, puede proponerse realizar los primeros actos
simples de suspensión, evocando las primeras
formas de juego funcional, y desde ahí a las
primeras formas simbólicas de juego, que dependen
decisivamente del nivel de lenguaje que haya alcanzado
la persona con espectro autista.
En las personas con trastorno de Asperger es necesario
enseñar explícitamente a distinguir la
ficción de la realidad, así como flexibilizar
y ampliar temáticamente las actividades de creación
y comprensión de ficciones.
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TRASTORNOS
CUALITATIVOS DE LAS CAPACIDADES DE IMITACIÓN |
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Las deficiencias específicas de las capacidades
imitativas expresan las dificultades con que se encuentran
las personas con trastorno autista para reflejar un
sentido de la identidad con otros que, en definitiva,
es una expresión fundamental de intersubjetividad.
Por otra, bloquean la adquisición de funcionen
superiores, para cuyo desarrollo es importante o necesaria
la imitación, como pueden ser la constitución
se significantes.
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Nivel 1. Ausencia completa de conductas de imitación.
Nivel 2. Imitaciones motoras simples, evocadas. No
hay imitación espontánea.
Nivel 3. Aparecen pautas de imitación espontánea,
generalmente esporádicas y poco flexibles.
La imitación puede carecer de la implicación
intersubjetiva de que suele acompañarse en
los niños normales, o de la versatilidad que
suele tener.
Nivel 4. Dificultad para "guiarse por modelos
personales internos". Puede haber modelos adultos,
pero suelen ser rígidos y basados en variables
"externas" (como que "X tiene coche"
o "X tiene novia"), sin implicación
intesubjetiva o fundamento empático.
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En todos los programas clásicos de modificación
de conducta en autismo, el desarrollo de las conductas
de imitación ante orden o espontánea es
uno de los objetivos primeros y prioritarios. Las pautas
de imitación motora se convierten en una meta importante,
pues se parte de la idea de que es posible desarrollar
el mecanismo de aprendizaje limitado o ausente (la imitación),
empleando sistemáticamente un mecanismo presente
(el aprendizaje operante), es decir, recompensando de
forma contingente las conductas de imitación en
situaciones interactivas en general muy estructuradas.
Sin embargo, estos programas tendían a producir
formas de imitación muy mecánicas, carentes
de función y contexto y sin muchas posibilidades
de generalización de las respuestas imitativas
adquiridas.
Un enfoque más reciente es el desarrollado por
Klinger y Dawson y pretende facilitar el desarrollo
social y comunicativo del niño autista, donde
la imitación tiene un papel central. En una primera
fase, se imitan de forma exacta, exagerada y simultánea
las acciones del niño, favoreciendo el aumento
de su interés por las acciones del adulto; en
la segunda fase, se realizan operaciones para destacar
la cara del adulto, que exagera las expresiones faciales
mientras imita al niño; en la tercera fase se
incorporan estructuras de turnos y anticipación
al juego imitativo; en la cuarta fase, el adulto imita
al niño en la estructura de sus acciones, pero
no en los componentes exactos de éstas, con el
propósito de que el niño continúe
mostrando conductas de anticipación y toma de
turnos, a pesar de la naturaleza indirecta de la imitación.
Posteriormente, se empiezan a utilizar estrategias para
favorecer que el niño imite espontáneamente
estrategias del adulto que están en su propio
repertorio conductual y esquemas nuevos.
En los niños que ya realizan imitación
espontánea, los objetivos se orientan a desarrollar
la imitación a iguales y, sobre todo, en incorporar
estrategias de imitación para hacer frente a
las situaciones sociales.
En autistas con niveles cognitivos altos, los procedimientos
de modelado explícito y "role-playing"
de respuestas apropiadas en situaciones sociales es
un recurso terapéutico indispensable.
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TRASTORNOS
DE LA SUSPENSIÓN (DE LA CAPACIDAD DE CREAR SIGNIFICANTES) |
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Las personas con
espectro autista tienen dificultades para realizar diferentes
clases de actividades o funciones mentales que aparentemente
son heterogéneas, pero que parecen exigir en diferentes
grados el funcionamiento de un mecanismo mental de gran
importancia para crear y comprender significantes. Ese
mecanismo consiste en dejar en suspenso acciones o representaciones
con el fin de crear significados que puedan ser interpretados
por otras personas o por uno mismo. Fijémonos en
el nivel más básico de "suspensión",
aquel que poseen los bebés alrededor de un año
de edad. Cuando desean un objeto, por ejemplo, pueden
dirigir su brazo hacia él, como si fueran a aprehenderlo,
pero "dejan en el aire" su palma extendida,
como si la dejaran en "suspenso", al tiempo
que miran a las persona que está con ellos, y quizá
vocalizan, "pidiendo" el objeto. El modo usual
de pedir consiste en dejar en suspenso la acción
de empuñar o hacerse con los objetos, de tal manera
que esa acción por así decirlo sólo
iniciada, se convierta en un gesto significante, interpretable
con la que el niño se comunica.
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Nivel 1. No se suspenden pre-acciones para crear
gestos comunicativos. La comunicación está
ausente o se produce mediante gestos instrumentales
con personas.
Nivel 2. No se suspenden acciones instrumentales
para crear símbolos enactivos. Por ejemplo,
no hay juego funcional con objetos (ni por supuesto,
juego de ficción o niveles más complejos
de suspensión).
Nivel 3. No se suspenden las propiedades reales de
las cosas o situaciones para crear ficciones y juego
de ficción.
Nivel 4. No se dejan en suspenso representaciones,
para crear o comprender metáforas o estados
mentales ajenos o propios que no se corresponden con
las realidades.
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En el desarrollo normal, los niños van adquiriendo
capacidades de suspensión cada vez más altas:
Hacia los 9-12 meses empiezan a dejar en suspenso
pre-acciones, lo que les permite crear gestos comunicativos
para pedir o mostrar (protoimperativos y protodeclarativos);
Desde los 12-18 meses empiezan a dejar en suspenso
acciones instrumentales que les permiten crear "símbolos
enactivos", capaces de representar objetos y
situaciones no presentes, y que son la base del denominado
juego funcional;
A partir de los 18-24 meses, y de forma creciente,
empiezan a dejar en suspenso propiedades reales de
los objetos y las situaciones, lo que les permite
crear juego de ficción;
Y desde los 5 años empiezan a comprender que
las representaciones pueden dejarse en suspenso, lo
que permite crear por ejemplo metáforas o comprender
que las creencias de las personas en situaciones concretas
no tienen por qué corresponder con las situaciones.
Todos estos pasos de la suspensión están
alterados, en diferentes grados, en el espectro autista.
Las consecuencias de ello son enormes: las personas
autistas que no llegan ni siquiera al primer nivel de
suspensión, no se "comunican" en sentido
estricto: no hacen significantes para las personas,
aunque puedan usar a las personas para conseguir cosas.
Por otra parte, muchas personas con espectro autista
que llegan a ser capaces de suspender pre-acciones,
aunque sólo sea para pedir objetos, situaciones,
etc., no suspenden nunca acciones instrumentales para
hacer representaciones simbólicas. O, si llegan
a hacer eso, no suspenden las propiedades reales de
los objetos y las situaciones, con lo que no son capaces
de realizar ficciones o juego simulado. Incluso las
personas con espectro autista de niveles cognitivos
más altos puede tener grandes dificultades para
comprender que las representaciones pueden dejarse en
suspenso también, por lo que no entienden bien
ironías, metáforas, sarcasmos y en general
enunciados realizados con lenguaje figurado.
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