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En la última década, como consecuencia
de la investigación y la práctica educativa
realizada, se han refinado y dotado de mayor precisión
los procedimientos educativos que se utilizan con las
personas autistas y, sin duda, la próxima década
recogerá cambios que refinarán aún
más la intervención. Mantener una mente
abierta a la evolución y a los datos que nos
seguirá proporcionando la investigación
y la tecnología y asegurar que se emplean los
mejores procedimientos, es la mejor garantía
para ayudar a las personas autistas y a sus familias.
La intervención educativa debe responder a tres
preguntas básicas: ¿qué enseñar?,
¿cómo enseñarlo?, y ¿para
qué enseñarlo?.
Respecto a "qué enseñar", la
respuesta serían aquellos objetivos que con su
enseñanza pongan en marcha nuevos desarrollos,
construyan desarrollo. La Psicología del desarrollo
del niño normal es hoy la base más eficaz
para encontrar esos objetivos. Por tanto, el estudio,
descriptivo y explicativo, de cómo el niño
normal va construyendo, en interacción con las
demás personas, su conocimiento social es un
tema de obligado conocimiento para quien tenga que planificar
la intervención educativa de alumnos con autismo.
Si nos referimos al "cómo enseñar",
entonces la referencia la encontraremos en la tecnología
surgida de la Teoría del Aprendizaje. La tecnología
conductual, en sus desarrollos actuales, sigue siendo
la herramienta válida para la enseñanza
de estos alumnos. La necesidad de estructuración
y de sistematización de las unidades de enseñanza
es algo básico para que el alumno con autismo
pueda aprender.
Finalmente, la respuesta a "para qué enseñar"
resulta obvia. Como en cualquier contexto de enseñanza
se trata de favorecer el máximo desarrollo personal
para conseguir la mayor calidad de vida posible.
Con el objetivo de estructurar adecuadamente la explicación
nos referiremos a distintas áreas de intervención,
sin olvidar que, evidentemente, éstas áreas
están totalmente interrelacionadas, y por ello
se hace a veces difícil determinar si un objetivo
pertenece al área social, comunicativa o cognitiva.
No obstante, sí merece tener en cuenta que el
objetivo central de la intervención en el alumno
con autismo es la mejora de su conocimiento social y
la mejora de las habilidades comunicativas sociales,
así como lograr una conducta autorregulada adaptada
al entorno.
La mayor parte de los autores consideran que los procedimientos
de enseñanza deben cumplir ciertas condiciones
y reunir una serie de características:
Deben ser estructurados. El contexto de aprendizaje
más efectivo es aquel con un grado importante
de estructuración, tanto mayor cuanto menor
es la edad o el nivel de desarrollo. Podríamos
decir que la intervención ha de recorrer el
camino que va desde un grado alto de estructuración
(con numerosas claves para favorecer el aprendizaje)
a la desestructuración programada -paso a paso,
y de acuerdo al nivel de desarrollo- que es más
cercana a los entornos naturales sociales.
Deben ser funcionales y con una definición
explícita de sistemas de generalización.
Se ha de perseguir en cualquier aprendizaje la funcionalidad
del mismo, la espontaneidad en su uso, y la generalización,
y todo ello en un ambiente de motivación. Por
esto, la educación del alumno con autismo requiere
una doble tarea: hay que enseñar la habilidad,
pero también hay que enseñar su uso,
un uso adecuado, funcional, espontáneo y generalizado.
Deben ser evolutivos y adaptados a las características
personales de los alumnos, definiendo de forma precisa
los prerrequisitos evolutivos y funcionales de las
conductas a tratar.
Deben implicar a la familia y la comunidad.
Deben ser intensivos y precoces.
Deben acentuar la intervención en la comunicación,
desarrollando objetivos positivos; es decir, no deben
centrarse en eliminar conductas indeseables, sino
en crear y potenciar habilidades adaptadas y alternativas.
Deben basarse en un sistema de aprendizaje sin error,
en el que en base a las ayudas otorgadas, el niño
finaliza con éxito las tareas que se le presentan.
A continuación, y poco a poco, hay que lograr
el desvanecimiento progresivo de las ayudas hasta
los niveles mayores posibles, que estarán en
relación con el nivel de desarrollo cognitivo.
Para el desarrollo del artículo seguiremos el
siguiente esquema, centrando la intervención
educativa en las áreas que a continuación
se relacionan:
Área Social
Sistemas de estructuración
ambiental
Programa TEACCH
Enseñanza de
habilidades sociales
Área
comunicativa
Sistemas Alternativos
de Comunicación
Programa de Comunicación
Total
Programa Teacch
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