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TIPOLOGÍA >> TRASTORNOS CON TICS
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Trastorno
de la Tourette 
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| El trastorno o síndrome
de la Tourette debe su nombre al doctor Georges Gilles de la
Tourette, quien fue el primero en describirlo en 1885. Se define
como "un trastorno neurológico heredado que
se caracteriza por movimientos involuntarios repetidos y sonidos
vocales (fónicos) incontrolables e involuntarios que
se llaman tics. En algunos casos, tales tics incluyen palabras
y frases inapropiadas". Sobre este trastorno desconocemos
la causa directa que lo provoca, aunque como veremos más
adelante en algunas familias se ha demostrado un patrón
hereditario, compatible con un rasgo genético autosómico
recesivo. Sí conocemos, por el contrario, la forma de
manifestarse; ésta es variada, desde los múltiples
tics (pequeños movimientos musculares repetitivos), a
tics faciales, muecas y parpadeos; así como a tics en
los hombros y brazos. Todo ello acompañado de vocalizaciones
fuertes, gruñidos, utilización de groserías,
etc., que se complican cuando hay estrés y que, por el
contrario, desaparecen con el sueño.
El trastorno de la Tourette, es un trastorno que dura toda
la vida, a diferencia de lo que ocurría con el trastorno
transitorio que apenas si duraba unos meses y que se muestra
con una mayor severidad que en los tics crónicos, aunque
los síntomas son muy parecidos. Suele aparecer en los
niños entre los 2 y los 13 años, siendo la edad
media de comienzo en torno a los 7 u 8 años, aunque
también se da entre el final de la adolescencia y los
20 años. Su prevalencia es de 5 a 30 casos por cada
10.000 niños, aunque recientemente se están
dando cifras más altas, en torno al 1 por ciento. En
esos primeros años el trastorno ofrece su cara más
severa, pero disminuye a medida que aumenta la edad del sujeto,
apareciendo con mayor frecuencia entre los varones que entre las mujeres, en
torno a cuatro veces más. Según los especialistas
muchos chicos presentan una completa remisión del trastorno
o, al menos, una clara mejoría a finales de la adolescencia
o al cumplir los veinte y pocos años de edad.
El motivo de incluir este trastorno, al igual que se ha hecho
con otros trastornos de índole similar, en el apartado
de Educación Especial se debe a que algunos niños
de los que padecen el Síndrome de la Tourette, presentan
algún tipo de dificultad para el aprendizaje, unidos
a una serie de deficiencias relacionadas con la falta de atención
y con toda la problemática surgida en torno a los tics.
Aunque en la mayoría de los casos los niños
en edad escolar con este trastorno tienen una capacidad intelectual
similar a la media del resto de niños de su edad.
Características evolutivas
de este trastorno, según criterios del DSM-IV
Causas que provocan la aparición
del Trastorno de la Tourette
¿Cómo deben actuar
los padres?
¿Cómo podemos ayudar
a estos niños desde la escuela?
Asociaciones
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Características
evolutivas de este trastorno, según criterios del DSM-IV |
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| Las característicaas descritas
para el trastorno de la Tourette por el DSM-IV, son muy parecidas
a las que se estudiaron en su momento para analizar otros tipos
de trastornos por tic. De forma breve aquí nos limitaremos
a enumerarlas:
Los síntomas del trastorno de la Tourette suelen manifestarse
en forma de un sólo tic, que van siendo progresivamente
más numerosos a medida que avanza la edad del niño.
El tic más frecuente, y el primero en aparecer, es
el parpadeo; más tarde aparecen las sacudidas de cabeza
y otro tipo de gestos faciales. A los 7 años los tics
motores se muestran de forma clara, empiezan por la cabeza,
continúan por el tronco y a continuación los
miembros. A partir de los 11 años suelen hacerse perceptibles
los tics vocales, que suelen ir acompañados de conductas
obsesivo-convulsivas. La forma de manifestarse en su inicio
es a través de una sílaba aislada, para pasar
con posterioridad a exclamaciones más largas. Ya en
el inicio de la adolescencia aparecen otros síntomas
relacionados con la utilización de palabras y gestos
obscenos (coprolalia y copropraxia), así como algunos
episodios de ira frecuentes. Siempre aparecen antes de los
18 años.
Los tics se muestran varias veces a lo largo del día
de una manera insistente y repetitiva y al menos durante un
año, sin que dejen de manifestarse estos síntomas
en períodos superiores a tres meses consecutivos. Ahora
bien, el trastorno no empeora de forma progresiva.
Los tics afectan la vida normal del niño, tanto desde
su vida familiar a la escolar.
Este trastorno no se debe a los efectos fisiológicos
directos de una sustancia, como los estimulantes, ni a una
enfermedad médica.
Los síntomas se agravan con la tensión, el estrés
y la ansiedad, disminuyendo con la relajación y la
atención centralizada; al igual que ocurría
con otros trastornos similares. Asimismo, por la noche, durante
el sueño, no aparecen, aunque en algunos casos se originan
trastornos del sueño y enuresis.
Este trastorno afecta directamente a la persona en cuestiones
como: disminuye su autoestima; pone trabas a su vida social.
En la edad adulta pueden afectar gravemente a la convivencia,
convirtiéndose las personas que lo padecen en personas
solitarias. Todo ello motivado por una mala comprensión
del trastorno por parte de la sociedad, que en muchas ocasiones
reacciona con burlas y rechazo, no sólo entre sus amigos
o, incluso, entre los profesores, sino también en la
propia familia, pues los padres a veces no saben responder
de una manera adecuada ante el comportamiento de su hijo.
Se ha comprobado que no hay ningún niño "tipo"
con el trastorno de la Tourette e incluso en un mismo niño
los síntomas que aparecen a principios del síndrome
pueden ser muy diferentes al cabo de los meses. Aún
más, puede darse la circunstancia de que los síntomas
desaparezcan de una manera radical durante un tiempo y que
luego de forma súbita aparezcan. Esta situación
puede llevar a error tanto a la familia como a los profesores,
que a veces interpretan de forma errónea que el niño
hace el tic de forma intencionada, con el fin de llamar la
atención o por molestar a los demás. Es ésta
una característica de este trastorno que dificulta
su pronta superación.
Los niños que padecen el trastorno de la Tourette suelen
presentar síntomas previos de otro tipo de trastorno
relacionados con la impulsividad, hiperactividad y falta de
atención, síntomas característicos del
TDAH; o con trastornos de la conducta disocial (irritabilidad,
poca tolerancia a la frustración), como ya hemos analizado
en otro apartado. Se ha comprobado, además, que pueden
ir unidos a otro tipo de trastornos como los del aprendizaje
(dislexia, trastornos aritméticos, y dificultades perceptivas)
o con el Trastorno Obsesivo Compulsivo.
¿Cómo se manifiestan estos síntomas?
Como se ha dicho más arriba los tics afectan a distintas
partes del cuerpo y se diferencian muy poco de los síntomas
que hemos analizado para los tipos transitorios y crónicos.
Teniendo en cuenta las partes afectadas por los tics, obtenemos
el siguiente cuadro de manifestaciones:
Los que afectan la cabeza y el cuello, como: gestos, arrugar
el cuello, cerrar los ojos, subir las cejas, guiñar
un ojo, arrugar la nariz, hacer temblar las aletas de la nariz,
contraer la boca, mostrar los dientes, morder los labios u
otras partes, sacar la lengua, cabecear, mover la cabeza, torcer
el cuello, mirar a los lados y rotar la cabeza.
Los que afectan a los brazos y manos, como: sacudir las manos
o los brazos, estirar los dedos, retorcer los dedos y apretar
los puños.
Los que afectan al tronco y a las extremidades inferiores
como: encoger los hombros, sacudir los pies, las rodillas
o retorcer el cuerpo y saltar.
Los que afectan al sistema respiratorio y digestivo. Entre
ellos: el hipo, los suspiros, los bostezos, las aspiraciones,
una respiración exagerada, la producción de
eruptos, chupar o hacer sonidos de saborear, los carraspeos.
Clasificación del Síndrome de la Tourette
Atendiendo a las indicaciones de la Asociación
del Síndrome de Tourette (S.T.A.) y teniendo en
cuenta lo dicho hasta ahora, las dos categorías de
tics que encontramos se pueden
clasificar de la siguiente forma :
Simples:
Se trata de movimientos breves y repetitivos en los que interviene
un determinado número de músculos; se pueden producir de manera aislada y,
con fecuencia, de forma repetitiva.
Motores simples, caracterizados porque se producen una serie de
contracciones repetitivas y rápidas de determinados grupos de músculos
que funcionan de manera similar (parpadeo continuo
de los ojos, sacudidas de la cabeza, etc.).
Vocales simples, que se caracterizan por
carraspeos de garganta, gruņidos, olfateos, chasquidos con la lengua, etc.
Complejos:
Se trata de movimientos coordinados sucesivos, en los que intervienen varios
grupos musculares.
Motores: se manifiestan en forma de saltos, gritos, tocamientos
de personas, olfateos, etc.
Los tics motores complejos se pueden manifestar de una manera
autodestructiva (el niño se hace heridas de forma intencionada)
o violentos en los que deja entrever sus explosiones emocionales
o ataques de ira.
Vocales: se relacionan con la utilización
de un vocabulario ajeno a la conversación, como el empleo de palabras obscenas en público (coprolalia) o la ecolalia.
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| Causas
que provocan la aparición del Trastorno de la Tourette |
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| Las causas que originan la aparición
del trastorno de la Tourette, al igual que el resto de los trastornos
provocados por tics, tienen una serie de factores comunes, que
vamos a analizar a continuación y en los que aparecen
toda una amplia gama de factores diversos, como los genéticos,
etiológicos (neuroquímicos y neurológicos)
y postinfecciosos.
Factores genéticos
Desde que allá por 1885 Gilles de la Tourette lo describiera
por primera vez, se hizo hincapié en
la presencia de este trastorno en el ámbito familiar,
aunque no se ha trabajado en profundidad en un origen genético
hasta hace pocos años. Según el doctor Marcelo
L. Berthier Torres, lo que se hereda es la vulnerabilidad
a padecer el síndrome y posiblemente los trastornos
asociados, pero no la gravedad y complejidad de los síntomas.
En este sentido se ha comprobado que en gemelos monocigóticos
existe una mayor concordancia de este trastorno que en los
dicigóticos, en torno a un 53 y un 8 por ciento, respectivamente.
Por otra parte, existe un riesgo, cifrado en un 10 por ciento,
de que familiares de primer grado padezcan este trastorno
en su faceta más grave. Se trata, por lo tanto, de
un gen dominante que puede afectar a varios miembros de la
familia, en especial entre sus hijos, ya sea en forma de Sindrome
de la Tourette o en forma de tics leves o en una simple obsesión
convulsiva sin tic alguno.
En cuanto a los transmisores, se ha establecido que tanto
los padres como las madres lo transmiten, aunque señalan
los expertos que en el caso de la madre se caracteriza por
una complejidad de los tics, mientras en los padres, se asocia
a la transmisión de tic vocales.
Factores etiológicos
Dentro de los factores neuroquímicos y neuroatómicos
encontramos la actividad exagerada de un neurotransmisor:
la dopamina. Cuando se estimula de una manera anómala
la dopamina se originan los movimientos incontrolados, así
como la dificultad para estarse quietos o concentrarse. Algunos
autores afirman que la utilización de algunos fármacos
antagonistas de la dopamina eliminan los tics y que, por el
contrario, otros más afines los aumentan. Otros neurotransmisores,
como la serotonina, juegan un importante papel en varios de
los trastornos asociados con el síndrome de la Tourette
(depresión, trastorno obsesivo-compulsivo).
Factores postinfecciosos
Algunos autores relacionan la aparición de este trastorno
tras haber sufrido el paciente una infección por estreptococo,
por el proceso de mimetismo molecular.
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| ¿Cómo
deben actuar los padres? |
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| No siempre los padres y profesores
comprenden el proceso que lleva este trastorno. A veces la incomprensión,
una mala interpretación de lo que observamos en el hijo,
nos lleva a precipitar nuestra actuación y a hacer comentarios
injustos que pueden impedir una evolución positiva más
rápida de este trastorno. Entonces qué debemos
hacer como padres ante una situación tan complicada como
la que se nos presenta. Siguiendo las aportaciones que en este
sentido ha realizado Christopher
Willis, los padres deben tener en cuenta las siguientes
cuestiones:
En primer lugar, conocer todo lo relacionado con el trastorno
de la Tourette y, en especial, sobre todo lo relacionado con
los síntomas que presenta nuestro hijo (no olvidemos
que no hay ningún caso idéntico). Nos debemos
convertir en verdaderos expertos para el caso particular de
nuestro hijo. Esto nos ayudará, sin duda, a comprender
mejor su problema y a buscar los cauces más adecuados
para su resolución.
Participar activamente en las asociaciones relacionadas con
este trastorno, ya que la relación con padres que tengan
parecidos problemas a los nuestros nos permitirán buscar
la solución mejor.
Esté atento a las manifestaciones de los tics y a sus
características asociadas, como la falta de atención,
impulsividad, etc., y ver si eso le está afectando
en su rendimiento escolar.
Prevea aquellas situaciones en las que consideremos le pueden
ocasionar estrés, tanto los relacionados con eventos
familiares (cumpleaños, fiestas, etc.) como escolares
(inicio o final de curso; su participación en equipos
escolares, etc.).
Conozca los efectos secundarios que le puede producir la medicación
utilizada.
Desde el punto de vista de la disciplina, conviene que al
niño con síndrome de la Tourette se le vaya
estableciendo una serie de responsabilidades, así como
la aceptación de las consecuencias producidas por su
conducta. En los criterios que le pongamos debe primar la
firmeza, junto con la flexibilidad. Se debe evitar que los
niños utilicen su trastorno para manipularnos. No es
bueno ante una rabieta y "para que se calle" darle
lo que pida.
Es muy importante una perfecta sincronización entre
lo que se haga en casa y en la escuela; de ahí la importancia
de una buena cooperación padres-maestros. La información
dada al maestro sobre el estado en que se encuentra el trastorno
y los avances observados, pueden facilitar su más pronta
recuperación.
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| ¿Cómo
podemos ayudar a estos niños desde la escuela? |
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| Desde el punto de vista escolar,
como ya se ha indicado en otro momento anterior, el niño
que padece este trastorno no tiene por qué ver afectado
su normal desarrollo educativo. La mayoría de estos niños
tienen una capacidad intelectual igual o similar a la media
del resto de alumnos, aunque es cierto que algunos presentan
ciertas dificultades educativas. Estas dificultades se agudizan
cuando el trastorno de la Tourette se asocia con una serie de
problemas de aprendizaje relacionados con destrezas visuales-motoras
y destrezas motoras finas. Asimismo, cuando se le relaciona
con algunas de las características del TDAH, como la
falta de atención; o con el trastorno obsesivo convulsivo;
o incluso, con trastornos de la conducta.
Es entonces, cuando los síntomas de dichos trastornos
interfieren de una forma significativa en la obtención
de los logros educativos o impiden una perfecta adaptación
social, el momento adecuado en el que se debe comenzar a poner
los medios necesarios para que estos niños continúen
con normalidad su proceso educativo, por lo que deben recibir
una atención tutorial más directa, individualizada
o en grupos pequeños y, si es necesario, una educación
especial.
En cuanto al ambiente
que debemos tener en clase, debe incluir las siguientes situaciones:
Crear un clima de tolerancia, de manera que los estudiantes
se animen a trabajar, obteniendo un rendimiento máximo
de este trabajo, a la vez que se creen los cauces de flexibilidad
necesarios para acomodarse a sus especiales necesidades.
Entre las opciones que se establecen para crear este ambiente
apropiado, se encuentran algunas como las de incluir zonas
de estudio privado; realizar controles fuera de la clase normal
o, si es necesario, ofrecerle controles orales, cuando se
estime que los síntomas le impiden llevar a cabo su
ejecución a mano.
Se ha comprobado que si al niño no le agobiamos o presionamos
de una manera excesiva con los exámenes, estos al reducir
el estrés, responden mejor
Otros especialistas en el síndrome de Tourette, como
el profesor Marcelo
L. Berthier, nos da una serie de pautas, necesarias para
entender y atender a estos niños de una manera más
apropiada en la escuela. Son las siguientes:
Control de la agresividad. Una forma muy
sencilla y útil de controlar los momentos de agresividad
y ansiedad de estos niños es ofrecerles una vía
de escape a través de la ejecución de ejercicios
físicos. Se trata de buscar técnicas de relajación.
Tareas sencillas como el salir de la clase a solicitar algo
a otro profesor (por ejemplo, los típicos "recados"),
le pueden ayudar a remitir ese momento de ansiedad por el
que pasa. Asimismo, sería muy conveniente que el profesor
explicara al resto de niños de la clase el porqué
de su actuación particular con ese niño, en
concreto, y qué deben hacer cuando éste tenga
un problema con ellos. En todo este proceso es muy motivador
utilizar un programa positivo de premios y recompensas.
Control de disciplina. El profesor ha de
utilizar técnicas de control disciplinar positivas,
haciendo mayor hincapié en los aspectos positivos superados
por el niño que en aquellos otros negativos, que pudieran
ser objeto de un posible castigo. Se trata de ir eliminando
la frecuencia de los malos hábitos y de evitar castigos
por los tics, ya que ello lo que provocaría sería
un aumento y no su disminución. En este proceso debe
haber una perfecta sintonía entre el colegio y la casa.
Control de la atención. Uno de los
síntomas asociados al trastorno de la Tourette es el
problema de atención, como una de las características
del TDAH. Esto provoca en el niño baja concentración,
distracción y el que no termine sus tareas escolares.
Para afrontar esta situación, Berthier, aconseja un
comportamiento positivo por parte del profesor, valorando
más las veces en las que se termina el trabajo, que
aquellas otras que no lo ha hecho; aunque, también,
aconseja como una forma de ayuda mantener un grado de frustración
en niveles razonables.
Problemas de aprendizaje. Se ha estipulado
que en torno a un 40 por ciento de los niños que padecen
el síndrome de Tourette, presentan algún tipo
de problema de aprendizaje, relacionado tanto con la falta
de atención como con una baja eficiencia en el lenguaje.
Las dificultades más corrientes observadas son: problemas
con la lectura (afecta a la mitad de estos niños),
deletreo, escritura a mano y matemáticas (en cálculo,
comprensión o en razonamiento).
¿Qué hacer en estos casos? Es muy conveniente
que el equipo de Orientación realice una evaluación
de la problemática concreta de cada uno de estos niños,
atendiendo a sus necesidades educativas específicas
y elaborar unas actividades concretas para cada uno de ellos.
A nivel escolar, lo primero será modificar el currículum
escolar, rebajando la cantidad de trabajo y reforzando los
comportamientos positivos. Se trata de aumentar la motivación
del niño, para lo que no se escatimarán recursos
(importancia vital toman ahora las nuevas tecnologías),
así como la modificación de las pruebas, que
se harán de forma oral o en la forma que se estime
más conveniente para el niño.
Fobia a la escuela. Algunos niños con síndrome
de la Tourette presentan una fobia escolar: se levantan por
la mañana con dolor de cabeza, náuseas, dolor
de estómago, etc. Por todo ello, se niegan a ir a la
escuela. Las razones para ello y que suelen alegar los niños
son las burlas por parte de sus compañeros o la incomprensión
de los profesores. Si no se trata y corrige a tiempo de una
manera adecuada puede dar lugar a que el niño deje
de ir al colegio durante varios meses. Desde el colegio se
potenciarán actuaciones encaminadas:
A elevar la autoestima del niño.
A evitar las burlas por parte de sus compañeros.
A animar al niño a que charle con sus compañeros
de lo que siente.
A incorporarle a grupos de niños con parecidas experiencias
a la suya.
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| Asociaciones |
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| Para aquellas personas interesadas
en conocer las asociaciones relacionadas con el trastorno de
la Tourette, les remitimos a: Asociación
del Síndrome de Tourette [The Tourette Syndrome Association,
Inc., 42-40 Bell Boulevard, Bayside, NY 11361-2861], http://www.tsa-usa.org/.
ASTTA:
Asociación Andaluza de Pacientes con Síndrome
de Tourette y Trastornos Asociados.
AMPASTTA:
Asociación Madrileña de Pacientes con Síndrome
de Tourette y Trastornos Asociados.
AFAPSTTA: Asociación de Familias Aragonesas con Pacientes
de Síndrome de Gilles de la Tourette y Transtornos
Asociados.
Domicilio : Avda. Valencia 59, 1º D, 50005 Zaragoza
Teléfono : 976552226
correo-e : aragontourette@tiscali.es
Asociación Española para Tics y Tourette
Domicilio : Gran Vía de las Cortes Catalanas 562, principal
2A, Barcelona
Teléfono : 934515550
FEDER:
Federación Española de Asociaciones de Enfermedades
Raras
EURORDIS:
European Organization for Rare Disorders
Asociación Colombiana
de Tourette.
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