En el jardín de una hermosa casa de campo había un
gran hormiguero en el que las hormigas, dirigidas por Catalina,
la hormiga más fina, reina del hormiguero, habían
construido largas galerías, con su comedor, sus salas de
juego, sus dormitorios y una gran habitación destinada a
la despensa. Este
cuarto era muy grande, y en él almacenaban la comida que
recogían durante el verano y que consumían a lo largo
del frío invierno.
Una soleada mañana de verano, la reina Catalina salió
a dar un paseo y descubrió, en un rincón del jardín,
algunos alimentos que se podían almacenar para el invierno.
Volvió corriendo al hormiguero y, llena de alegría,
indicó a todas las hormigas el lugar donde encontrarían
las provisiones.
Las hormigas, una detrás de otra para no perderse, emprendieron
el camino, pero a Vicente, la hormiga independiente, y a su amiga
Libertad, la de antenas sin par, les gustaba explorar y buscar alimentos
por su cuenta. Así que no hicieron caso a las indicaciones
que les habían dado y cada una se fue por su lado, con la
esperanza de encontrar comida.
Vicente, la hormiga independiente, se fue por el césped...
y buscó... y buscó... pero nada encontró. Libertad
se subió a las piedras... y también buscó...
y buscó... pero nada encontró.
Se
había hecho muy tarde y Vicente y Libertad, cada uno por
su lado, se dieron cuenta del error que habían cometido al
haberse alejado del hormiguero. Ahora tendrían que volver
con las manos vacías, llenos de vergüenza.
Cuando volvían al hormiguero, Vicente y Libertad se encontraron
y se pusieron a caminar juntas comentando su aventura. Mientras
caminaban, vieron cómo caía del bocadillo de un niño
una gran miga de pan. 
Las dos hormigas al ver la miga tierna se relamían y se
les hacía la boca agua.
-Mmmmm... ¡Qué bien! -dijo Libertad-. Me la comeré
entera en un momento.
Pero cuando ya la tenía agarrada con su boca y pensaba que
todas las hormigas del hormiguero se morirían de envidia,
Vicente exclamó:
- ¡Deja en paz esa miga de pan! ¡Es mía! ¡Yo
la vi primero!
Las dos hormigas se lanzaron sobre el trocito de pan y comenzaron
a tirar una para un lado y la otra para otro... para allá
y para acá... para acá y para allá... mientras
discutían con gran fuerza:
- ¡Es mía! -dijo Libertad
- ¡Que no, que es mía! -contestó Vicente
- ¡Mía! -insistió Libertad
- ¡No, mía! -replicó Vicente
Cuando ya se habían repartido unas cuantas bofetadas, llegó
Barbosa, la hormiga generosa. Era una hormiga muy pequeña,
que se había perdido, y que al oír el alboroto sintió
curiosidad por saber qué pasaba.
Al verla acercarse, Vicente y Libertad se asustaron pensando que
tendrían que repartir también con ella el botín.
-¡Alto ahí! ¡No toques ese trozo de pan! ¡Es
nuestro! -dijo Libertad.
-Eso es -dijo Vicente- Si quieres llevarte este sabroso aliment o,
tendrás que pelearte con nosotras.
-¿Pelearme yo? -exclamó Barbosa-. No tengo intención
de pelearme con nadie. Lo único que quiero es comer. Llevo
toda la mañana dando vueltas por el jardín, me he
perdido, y estoy cansado y hambriento. ¿Por qué no
repartimos el pan entre las tres?
-¿Compartir el pan? Esta miga es sólo para mí
-dijo Libertad.
-Eso no es verdad, es para mí solito -respondió Vicente.
-¡Que te has creído tú eso! -dijo Libertad.
Entonces intervino Barbosa:
-Si seguís discutiendo no habrá forma de entenderse.
Es una miga de pan muy grande para que se la coma una sola. Tenemos
comida para las tres... Y seguro que, después de comer todo
lo que queramos,
nos sobrará y lo podremos llevar entre las tres al hormiguero.
Por eso, lo mejor sería compartir esa estupenda y tierna
miga de pan. Discutir no sirve de nada, nos hace perder el tiempo.
Además, por el camino he visto un pájaro que nos puede
quitar este exquisito manjar.
-Oye, Vicente, creo que Barbosa tiene algo de razón -dijo
Libertad.
-Es verdad, quizá está en lo cierto -dijo Vicente-.
Además, si no lo hacemos cuanto antes, la miga de pan se
va a quedar más dura que una piedra.
Así partieron la miga y comieron. Y comieron hasta hartarse.
Cuando terminaron, se habían hecho muy amigas y entre las
tres llevaron al hormiguero el pan que les había sobrado.
Es una suerte que decidieran hacer caso a Barbosa, la hormiga generosa,
ya que si no, a estas horas todavía estarían discutiendo
y la miga de pan… Pero lo más importante es que a partir
de ese día fueron amigas y aprendieron a compartir todo lo
que tenían.
FIN
“Vicente y Libertad” está basado
en el cuento “Las tres hormigas” de Enric Larruela
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