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RASGOS |
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Durante su juventud Juan Pedro Aparicio compuso un curioso manifiesto poético
con otros dos autores leoneses. Estaba firmado
por el imaginado Sabino Ordás y reivindicaba
el gusto por contar historias; reaccionaba contra
la moda experimentalista de la época. Sus
dos compañeros de entonces, Luis Mateo
Díez y José María Merino,
ahora son autores consagrados y famosos como él.
Su prestigio supera los límites de León,
su ciudad natal, pues los tres son hoy autores
importantísimos de la literatura nacional
contemporánea. En este manifiesto, titulado
Sabino Ordás: las cenizas del fénix
(1985), los escritores leoneses defendían
una concepción literaria que arraigase
fuertemente en la realidad. Esta defensa de su
tierra, no obstante, no renunciaba al misterio
de lo fantástico o lo maravilloso, pues
ante todo prevalecía el gusto por contar
historias.
Los relatos de Juan Pedro Aparicio se caracterizan
fundamentalmente por una mezcla personal de lo
real y lo imaginario. La recreación de
la memoria histórica alcanza en ocasiones
un marcado acento documental, pero la inclusión
de pequeños detalles fantásticos
transforma de manera radical el significado de
los relatos. Así el autor emplaza muchas
de sus historias en Lot, una provincia imaginaria
que se esconde remota y olvidada en algún
rincón del país. Procura de este
modo impulsar el costumbrismo tradicional a un
nuevo nivel, y transforma el testimonio de las
costumbres locales en una manifestación
más completa y universal. Esta construcción
de un mundo imaginario propio, con personajes
que saltan de una novela a otra, no es un rasgo
exclusivo de este escritor; su compañero
Luis Mateo Díez es otro buen ejemplo de
la misma tendencia.
Además destaca en su obra una fuerte vocación
sentimental, que recupera el pasado de una manera
espontánea y viva. A Juan Pedro Aparicio
le gusta emplear la primera persona en sus narraciones,
y parece que algunas veces este narrador es un
fiel calco del propio autor. El escritor no renuncia
a la subjetividad, sino que acepta su propia condición
humana y desarrolla las historias de un modo completamente
personal. Así establece una enérgica
conexión emocional con el lector, conexión
que se genera a partir del compromiso íntimo
que el mismo autor sostiene ante sus propias historias.
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© Ministerio de Educación y Ciencia
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| [1]*
"Antes me dejaba embaucar por una historia y unos personajes,
mientras que ahora me atrae mucho trabajar en la forma (...)
La literatura no necesita poner a los personajes en situaciones
excesivamente complicadas, ni que haya una gran complicación
en la historia que se cuenta. Ahora no sólo vale cualquier
historia, sino la no historia, porque lo que fundamentalmente
cuenta es la escritura."
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| [2]*
"Yo tengo una mirada propia ante el mundo, cuyos elementos
fijos son el sarcasmo, la caricatura. Elementos que me llevan
a forzar los rasgos, a exacerbarlos. Mi mundo literario gira
en torno a la relación del poder de los humanos, a
la entrega de las voluntades, a esa violencia soterrada que
existe en todas las relaciones." |
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