| ¿Tema o temas? Es difícil hablar de un único hilo temático que una nueve relatos tan distintos como los que aquí analizamos. Sin embargo, es suficiente una sola lectura para comprender que, en sus microcuentos, Iwasaki ha querido plasmar un terror irónico que adereza con fantasía y que es el espejo de nuestros temores internos.
“Las historias que siguen a continuación quieren tener la brevedad de un escalofrío y la iniquidad de una gema perversa. Perlas turbias, malignos anillos, arras emputecidas…, un ajuar funerario de negras y lóbregas bagatelas que brillan oscuras sobre los desechos que roen los gusanos de la imaginación”. La presentación que de su obra hace el peruano contiene la esencia de unos relatos cuyo tema indiscutible es el miedo, ya sea presentado al lector en forma de sueño, como sucede en “El cuarto oscuro” y el “El horror en los sueños”; en situaciones corrientes, tal y como ocurre en “La silla eléctrica”; o como fruto de sucesos extraordinarios que pasan a convertirse en una realidad palpable e innegable.
Tras estos miedos, fobias y tormentos, se esconden otros temas que no por menos evidentes dejan de ser importantes. En “El monstruo de la laguna verde” tropezamos quizá con la moderna obsesión del físico y el ostracismo al que nos autocondenamos por no cumplir con los cánones de belleza establecidos, mientras que las relaciones familiares, más concretamente con las madres, son el núcleo central de “El horror de los sueños”. En “La muchacha nueva” se analizan los temores de la infancia y se entra de lleno en el mundo mágico de las historias tradicionales de demonios y brujerías de Perú. En concreto, este cuento comparte una temática similar a la que encontramos en “Tres noches de corbata”, que el autor publicó en 1987: el personaje principal es una criada que antes de dormir cuenta a un niño historias tradicionales de los demonios de la selva; al final del relato el lector descubre que el pequeño va a ser degollado por la criada o por un compinche.
También “La silla eléctrica” –que utiliza como símil el corredor de la muerte para ilustrar la cita con el dentista- recuerda a otra obra del literato: Neguijón. Publicada recientemente, se desarrolla durante el siglo XVII y cuenta la historia de un sacamuelas sevillano que tiene que afincarse en Lima huyendo de La Santa Inquisición. “El cuarto oscuro” revive los traumas infantiles vividos en las escuelas religiosas.
Por su parte, “Cariño artificial” no es más que un triste cuadro de lo que ocurre cuando nos hacemos mayores y “Del apócrifo evangelio de San Pedro (IV, 1-3)” una advertencia velada. Los dos últimos cuentos, “Ya no quiero a mi hermano” y “Peter Pan”, nos transportan, de nuevo, a un universo infantil, ya que es a través de los ojos de un niño como somos testigos de los hechos. El primero es una reflexión sobre los engaños a los que nos prestamos con tal de recuperar lo perdido y el segundo es un análisis sobre los mitos creados por los medios de comunicación y sus consecuencias.
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