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Mucho se ha discutido, desde siempre, sobre cómo hay que
definir la cultura y si se debe considerar exclusiva de los seres
humanos. Si sólo nosotros tenemos cultura, entonces sus primeras
manifestaciones materiales nos pondrían delante de los más
antiguos seres humanos. Hasta ese momento sólo podría
hablarse de paleontología pura y dura, y en ese preciso instante
nacería la arqueología.
Los humanos nos caracterizamos por la fabricación
de instrumentos, que se emplean con fines diversos. Los más
antiguos se han encontrado en Gona (Etiopía); son toscos
utensilios hechos de piedra, apenas modificada, que se remontan
a dos millones y medio de años. En la actualidad, los chimpancés
emplean piedras o palos para romper nueces, usando a veces un yunque
de roca o de madera contra el que golpean el fruto para cascarlo.
También son capaces de limpiar ramitas para
aplicarlas a la captura de insectos sociales; para ello las introducen
en termiteros y hormigueros y luego se comen a los insectos que
se suben al palito o que lo muerden. No todos los autores admiten
sin embargo que la tecnología lítica de los primeros
homínidos o los instrumentos de los chimpancés impliquen
cultura.
En un sentido más restringido, la cultura
abarcaría, además de los instrumentos, un conjunto
de creencias y costumbres compartidas por el grupo, para las que
sería necesario el uso del lenguaje.
Hay otros animales que construyen cosas (como
panales o nidos) o usan instrumentos, pero actúan al dictado
de sus instintos, que están codificados genéticamente,
y hay acuerdo en aceptar como cultural sólo aquello que se
aprende durante la vida. Los chimpancés no tienen lenguaje
(entendido como comunicación por medio de símbolos)
ni transmiten por su mediación creencias de una generación
a otra, por lo que no tendrían cultura, salvo si la cultura
se define como la transmisión por vía no genética
de hábitos en un grupo a lo largo de las generaciones. Para
distinguir entre los comportamientos determinados genéticamente
y los transmitidos por aprendizaje, se estudian las diferencias
entre comunidades de la misma especie que ocupan diferentes regiones.
Se han detectado variantes regionales ("dialectos")
en el canto de algunas especies de pájaros canoros. Este
es un caso único entre las aves, pero en los chimpancés
se han estudiado, a lo largo de muchos años, 65 tipos de
hábitos en 7 grupos distintos. De los 65 comportamientos,
39 eran observados habitualmente en unos grupos y no en otros, y
la variación no se debía a diferencias en los hábitats.
Una vez descartada la explicación ecológica, puede
hablarse de verdareras variantes culturales en los chimpancés
(entendiendo la cultura en el sentido amplio de la transmisión
de comportamientos, aunque no de creencias). Los chimpancés
de un grupo se fabrican habitualmente asientos con grandes hojas,
y en dos grupos más se ha visto alguna vez esta conducta,
que no se conoce en los otros cuatro grupos. Dos comunidades usan
habitualmente ramitas con hojas para espantarse las moscas, en otro
grupo se ha visto a veces y en los cuatro restantes nunca. Algunos
grupos lanzan objetos (con dirección) y otros no.
Hay un comportamiento de los chimpancés
que es muy sugerente: la danza de la lluvia. Cuando empieza una
de las frecuentes lluvias tropicales, los chimpancés se excitan
mucho, nadie sabe por qué. Pues bien, en uno de los grupos
estudiados, no se producen estas extrañas exhibiciones. Y
así
sucesivamente. En un caso famoso se ha asistido
a la parición de una de estas variantes culturales en los
primates. A una hembra joven de macaco japonés (en la isla
de Koshima) se le ocurrió un día, hace casi medio
siglo, lavar unapatata en agua de mar para quitarle la tierra. El
ejemplo cundió y hoy lo practica la comunidad al completo;
aunque todos los individuos de la generación en la que surgió
el invento han muerto, la costumbre sigue viva.
Un remoto día de hace dos millones y medio
de años, un homínido partió una piedra para
producir un filo con el que cortar la carne. Nosotros somos sus
descendientes y todavía comemos carne, pero la piedra tallada
ha dado paso a otros instrumentos mucho más complejos. Aunque
probablemente el homínido que inició aquel hábito
no tenía lenguaje, éste nació en el seno de
una especie en la que la transmisión de constumbres era ya
un elemento muy importante para su superviviencia.
© Copyright Juan Luis Arsuaga
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