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3.2. Xenotrasplantes
Desde que el Doctor Christiaan Barnard hiciera su primer trasplante
de corazón, la técnica de trasplante de órganos
se ha generalizado en la práctica médica, habiendo
alcanzado altísimos niveles de perfección. Sin embargo,
uno de los retos pendientes es el de la oferta y la demanda: desgraciadamente
muchos pacientes mueren antes de tener acceso al trasplante deseado.
Por ello la posibilidad de recurrir a especies animales como donantes
de órganos se planteó hace ya muchos años.
De hecho, entre los años 1964 y 1995 se han realizado 32
xenotrasplantes de riñón, corazón, hígado
y médula ósea procedentes mayoritariamente de chimpancé
y mandril con un resultado negativo en todos los casos, tal como
se indica en el cuadro adjunto:
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TRASPLANTES DE ÓRGANOS DE ANIMALES
A HUMANOS
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Donante
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Organo
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Supervivencia
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Número de trasplantes
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Autor
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Año
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Chimpancé
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Riñón
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Un paciente, nueve meses
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12
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Reemtsma
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1964
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Mono mico
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Riñón
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10 días
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1
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Reemtsma
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1964
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Mandril
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Riñón
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4 días y medio
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1
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Hitchcok
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1964
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Mandril
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Riñón
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Un paciente, dos meses
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6
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Starzl
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1964
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Chimpancé
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Corazón
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Extirpado
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1
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Hardy
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1964
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Chimpancé
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Hígado
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Un paciente, 14 días
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3
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Starzl
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1969-74
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Mono
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Corazón
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Fracasó (sin datos)
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1
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Yacoub
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1975
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Mandril
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Corazón
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Rechazo agudo
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1
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Barnard
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1977
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Chimpancé
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Corazón
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4 días
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1
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Barnard
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1977
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Mandril
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Corazón
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3 semanas
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1
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Bailey
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1985
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Mandril
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Hígado
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70 días
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1
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Starzl
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1992
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Cerdo
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Hígado
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34 horas
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1
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Nakowka
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1992
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Mandril
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Hígado
|
26 días
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1
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Starzl
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1993
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Mandril
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Médula ósea
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El paciente vive, pero el trasplante fracasó
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1
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Deeks e Ildstat
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1995
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Fuente: Unidad de trasplantes del Hospital
General de Massachussetts, USA
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Total: 32
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La utilización de órganos procedentes de monos
tenía la lógica de su proximidad evolutiva con la
especie humana, pero la diferencia de tamaños de los órganos
entre las especies suponía un serio inconveniente. Por
eso se pensó en el cerdo como posible donante. Por otro
lado, una causa importante del fracaso de los xenotrasplantes
es el rechazo hiperagudo que se produce cuando el organismo humano
reconoce la presencia del órgano de otra especie. De ahí
surgió la idea de utilizar cerdos transgénicos como
posibles donantes.
Respecto a la utilización de cerdos transgénicos
como reservorio de órganos para posibles trasplantes (xenotrasplantes)
de corazón, riñón o hígado a pacientes
humanos hay que ser todavía muy cauto en relación
con las expectativas creadas. El primer paso que se ha dado ha
consistido en la obtención de cerdos transgénicos
capaces de expresar el antígeno regulatorio del complemento
humano, evitando así el rechazo hiperagudo (Dr. David J.G.
White, en Cambridge, en 1992). No obstante, quedan por resolver
aún numerosos interrogantes, entre ellos la posibilidad
de que se transmitan al hombre infecciones virales de origen animal
(Le Tissier et al. 1997). De ahí la importancia que tendría
la posible utilización de cerdos transgénicos ante
la demanda creciente de órganos y las correspondientes
listas de espera. Para una revisión de los xenotrasplantes
ver Lanza et al. (1997) y Cooper et al. (1997)
4. Aspectos bioéticos
En un contexto bioético quizá podría ser
conveniente hacer una valoración general sobre lo que significa
la introducción de genes humanos en organismos no humanos.
Habría que distinguir dos situaciones diferentes: la primera,
cuando la transferencia del gen humano al organismo no humano
se hace en beneficio del propio hombre, y la segunda cuando la
transferencia del gen humano al organismo no humano se hace exclusivamente
en beneficio (o perjuicio) de este último.
Desde el punto de vista bioético, la situación
creada por la obtención de mamíferos transgénicos
portadores de genes humanos para la obtención de proteínas
terapéuticas humanas no es esencialmente nueva ya que,
desde los primeros tiempos de la ingeniería genética
molecular, se han introducido genes humanos en células
bacterianas para obtener proteínas humanas (insulina, hormona
de crecimiento, interferón, etc.). Tanto en el caso de
las bacterias como de los animales transgénicos que se
convierten en factorías naturales (biorreactores) de proteínas
humanas, la valoración ética es positiva. En este
último caso es importante señalar además
que, al quedar restringida la expresión del gen humano
a las células de la glándula mamaria, la fisiología
y desarrollo del animal no se ven alterados y por tanto se evita
cualquier daño a éste, quedando protegidos así
los derechos de los animales.
En el segundo caso planteado, cuando la transferencia del transgén
humano se realiza con el único propósito de influir
en el desarrollo del animal, la valoración ética
puede ser negativa si se producen anomalías importantes
en su fisiología, como ocurrió en los cerdos que
habían incorporado el gen humano de la hormona del crecimiento.
Finalmente, en este contexto ¿podría decirse que algún
gen humano concreto – en definitiva, un trozo de ADN – merecería
un tratamiento o valoración ética diferente al resto?
La respuesta lógica sería negativa, so pena de caer
en una sacralización del ADN humano.
¿Cuál es la valoración ética de los xenotrasplantes?
En primer lugar, habría que tener la garantía suficiente
de que no hay problemas de transmisión viral. Aún
sentada esta premisa, hay que reconocer que a muchas personas
les repugna, en principio, la idea de que alguien pueda llevar
un órgano animal. Sin embargo habría que recordar
que desde hace mucho tiempo se realiza la implantación
de válvulas de cerdo a personas con ciertas insuficiencias
cardiacas y todo el mundo ha aceptado esta práctica médica.
Por otro lado, la existencia de prótesis de material inerte
(plástico, metales, etc.) podría ser igualmente
rechazado y no lo es. Ciertamente, desde el punto de vista ético
parece que no habría razón para rechazar los xenotrasplantes
en la medicina del futuro, siempre que se solucionen todos los
aspectos técnicos – que son muchos – que aún quedan
por resolver.
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