3. Sociobiología de la homosexualidad humana

¿Puede darse alguna interpretación sociobiológica a la homosexualidad en la especie humana? El comportamiento homosexual ha sido permitido y aprobado en muchas culturas diferentes; por ejemplo, se pueden citar las sociedades antiguas ateniense, persa o islámica, la del Imperio Romano, las culturas helenísticas del Medio Oriente, el Imperio Otomano, el Japón feudal, etc. En la civilización occidental moderna, no se pueden ocultar los datos obtenidos por Kinsey y colaboradores en los Estados Unidos de América (Kinsey y col., 1948) quienes encontraron que un 2% de las mujeres y un 4% de los varones eran exclusivamente homosexuales y hasta un 13% de los varones habían sido predominantemente homosexuales durante, al menos, tres años de sus vidas.

Ante esta situación, el sociobiólogo E.O. Wilson (1978) planteó la posibilidad de que la homosexualidad entre dentro de la normalidad en un sentido biológico, considerando que el comportamiento homosexual haya tenido efectos beneficiosos y haya evolucionado como un elemento importante en la organización social primitiva humana. Argumenta también Wilson que el comportamiento homosexual es común en muchas especies animales, desde insectos a mamíferos, encontrando su más completa expresión como alternativa a la heterosexualidad en la mayoría de los primates inteligentes, incluyendo los macacos, papiones y chimpancés.

Como señalan Toro y Castro (1996), desde un punto de vista evolutivo, parece lógico pensar que los individuos homosexuales deberían tener menos descendencia que los heterosexuales y, por tanto, si hubiera genes que influyen en la orientación homosexual de sus portadores tendrían que haber sido eliminados por la selección natural. Por consiguiente, habría que buscar una explicación evolutiva a la posible presencia en las poblaciones humanas de genes que predisponen o condicionan a la homosexualidad. Un estudio evolutivo de la conducta homosexual en cualquier especie implicaría una triple aproximación al problema:

    1. Demostrar que hay variabilidad genética para el carácter, puesto que si no la hubiera no tendría sentido hacer estudio evolutivo alguno;

    2. analizar la relación entre el comportamiento homosexual y la eficacia biológica de los individuos y, así, poder comprobar si la homosexualidad es consecuencia de una estrategia reproductiva que, en conjunto, es más eficaz que otras estrategias en las que no hay comportamiento homosexual,

    3. elaborar diferentes hipótesis sobre los posibles mecanismos implicados en la evolución del comportamiento homosexual, que sean experimentalmente contrastables a fin de poder elegir una de ellas.

En cuanto al primer punto, parece plausible aceptar la variabilidad genética a la vista de los resultados experimentales expuestos en el apartado anterior.

Respecto a la eficacia biológica de los individuos con comportamiento homosexual, parecería lógico admitir que, al menos en muchos casos, tales personas tienen menos descendencia que los heterosexuales. ¿Cómo se podrían mantener, entonces, los genes de homosexualidad en las poblaciones humanas? Una posibilidad sería que hubiera una "selección a favor de heterocigotos"; otra posibilidad podría ser que se diera una "selección familiar". Este segundo caso es imaginable en una sociedad humana primitiva en la que los individuos homosexuales, al no tener hijos propios, podrían ayudar a alimentar y "sacar adelante" a los hijos de sus parientes, de manera que se compensara el menor número de descendientes de los homosexuales con el aumento de probabilidad de supervivencia de sus sobrinos, primos, etc. De esta manera podría asegurarse la supervivencia de los genes que predisponen o condicionan la homosexualidad. Esta argumentación, que podría tener cierta lógica en las primitivas sociedades humanas cazadoras y recolectoras, posiblemente no sería aplicable a las sociedades modernas.

Finalmente, me parece importante volver a destacar desde el punto de vista científico dos conclusiones: una, que los genes pueden predisponer más que determinar la conducta homosexual (LeVay y Hamer, 1994); otra, que aun cuando los rasgos genéticos y neuroanatómicos parecieran estar correlacionados con la orientación sexual, la relación causal no está ni mucho menos conocida (Byne, 1994).