El tono de un sonido depende de su frecuencia, es decir, del número de ciclos que realiza en un segundo el cuerpo sonoro que lo produce. Cuando hablamos de que una cuerda de violín produce un La 440, nos estamos refiriendo a los 440 ciclos que la cuerda en vibración, completa en un segundo. El ciclo/ segundo, se denomina hertzio, en honor del físico Henry Hertz (1857- 1894), así que también podemos referirnos al sonido anterior como un sonido de 440 hertzios.

Los intervalos musicales entre dos notas podemos expresarlos, de este modo, como una relación de frecuencias. Lo haremos por medio de fracciones que reflejarán, no las frecuencias, sino las proporciones entre frecuencias. El intervalo de 8ª se expresa mediante la fracción 2/1, lo cual quiere decir que la 8ª superior de una nota cualquiera tiene una frecuencia, o un valor numérico en hertzios, doble que el de la nota de la que partimos:

El físico John Tyndall formuló el teorema que lleva su nombre del modo siguiente: los intervalos armónicos[1] resultan más consonantes cuanto más simple sea la relación de frecuencias correspondientes a los dos sonidos que los forman. Así pues, el intervalo de octava es el más consonante de todos. Esto no sólo se sustenta en razones de proporción numérica. Al fin y al cabo, la consonancia es un concepto que tiene más que ver con el ámbito de la psicofísica que con el de los números abstractos. Y en efecto, además de ser el que guarda una relación más simple entre las frecuencias, es también aquel en el que, como vio Helmholtz, todos los armónicos del sonido de frecuencia más aguda, coinciden con armónicos del sonido de frecuencia más grave.

He ahí una razón física. También hay razones psicológicas y perceptivas. Tal como han visto Boomsliter, Creel y Roederer, el cerebro prefiere combinaciones de frecuencias cuyos patrones de excitación neural contengan una periodicidad común. Estos autores inducen la existencia de detectores de relaciones de frecuencia de denominador bajo.

Así pues, la física y la psicología contemporáneas parecen darle la razón a Pitágoras, que por motivos situados entre la metafísica y el mito, ordenó los intervalos guiado por relaciones numéricas. En orden de consonancia, el segundo de los intervalos sería el de quinta, expresado por la fracción 3/2, y el tercero sería el de cuarta, expresado por la fracción 4/3.


[1]Intervalos armónicos son aquellos en los cuales los dos sonidos se producen simultáneamente. Intervalos melódicos son aquellos en los cuales los dos sonidos se producen sucesivamente.