Con frecuencia se define lo romántico
por oposición a lo clásico. Si lo clásico
queda caracterizado por el predominio del equilibrio y la razón
y por el respeto a la forma, en lo romántico encuentran
su ámbito propio la pasión, la desmesura y la libertad
frente a los patrones y los cánones. Como todas las generalizaciones,
ésta también presenta todos los inconvenientes de
intentar solucionar de un solo trazo problemas demasiado complejos[1]
.
Las dificultades empiezan con el propio término.
Baste indicar que destacadísimos representantes del romanticismo
musical, no se reconocían a sí mismos bajo el calificativo
de "románticos". Mendelssohn se queja en 1832,
en una carta dirigida a C.F. Zelter, de que "…todo
París está infectado por lo que llaman romanticismo".
Si se arguye que Mendelssohn no es precisamente un paradigma del
artista romántico, se puede contestar con el ejemplo de
Schumann. En Gesammelte Schriften, describe a los románticos
como "jóvenes de gorro frigio, arrogantes de genialidad
y desdeñosos de la forma". E.T.A. Hoffman, por el
contrario, extiende el calificativo de "romántico"
a Haydn y Mozart: "Mozart y Haydn, creadores de la música
instrumental de hoy, fueron los primeros en mostrarnos su arte
en todo su esplendor: quien contempló esa música
y logró penetrar en su ser íntimo no fue otro que
Beethoven. La música instrumental de estos tres maestros
respira el mismo aliento romántico que es inherente a la
propia esencia del arte…"[2]
Si bien es cierto que "clasicismo"
y "romanticismo" no pueden considerarse como términos
culturalmente significativos hasta mucho después, el problema
a la hora de enfrentarse con una caracterización eficaz
del romanticismo, no puede reducirse, ni mucho menos, a los lindes
de la terminología. Desde nuestros días, ambos términos
deben considerarse suficientemente significativos, y sin embargo,
las señas de identidad del romanticismo musical en Francia
y en Alemania, son tan diferentes, que sólo la coincidencia
en el tiempo, y la fecunda oposición entre las estéticas
de las dos orillas del Rin, pueden movernos a colocar ambos movimientos
estéticos bajo la misma palabra.
La evolución del romanticismo musical
francés se produce de la mano de la tragedie lirique.
Para los franceses, hablar de música era, fundamentalmente,
hablar de ópera. En este sentido, el romanticismo musical
francés constituye una profundización en una tradición
barroca. Tal y como ha observado atinadamente Brian Primmer, desde
Lully, la música francesa había vivido sobre la
base de lo literario y lo declamatorio. La autonomía de
lo musical era una idea alemana que, en Francia, se observaba
como un signo de deshumanización[3]
. La ilimitada fe en la Razón propia del espíritu
ilustrado había establecido que la principal seña
de identidad del hombre era el lenguaje. Todos los problemas,
también los artísticos, también los musicales,
eran, en el fondo, problemas de sintaxis. Un autor anónimo,
citado por Primmer, escribe en 1813 en el Mercure de France:
" La melodía está compuesta de sonidos, frases
y periodos, igual que la poesía y la elocuencia están
compuestas de palabras, frases y oraciones. En consecuencia, es
susceptible de cierto tipo de razonamiento".