Hablar del Concierto op. 61 para violín y orquesta de Beethoven es referirse, no sólo a una pieza clave del repertorio universal, sino a un verdadero test, a una auténtica prueba de fuego para conocer la solidez técnica y la madurez musical de un intérprete.

El concierto data del año 1861, un año particularmente fértil en la producción beethoveniana. De esa época datan la cuarta sinfonía, el cuarto concierto para piano y orquesta, Fidelio y los cuartetos op. 59 dedicados a Rasumowsky. Se trata, por tanto, de un periodo caracterizado por un cierto reflujo sereno y meditativo, situado entre las audacias transgresoras de la tercera y la quinta sinfonías, y tal vez provocado por el hecho de que la Heroica no obtuvo el éxito que el autor esperaba.

Sin embargo, no decae en modo alguno la formidable capacidad constructiva, el largo alcance de las líneas de fuerza, el entramado formal y la intensidad de las meditaciones musicales. La concentración expresiva que ofrecen el Larghetto en el concierto violinístico, y el segundo movimiento del concierto nº 4 para piano, son verdaderas cimas expresivas de toda la música occidental.

Parece que Beethoven terminó su concierto de violín con algunas prisas, a pesar de que el proyecto venía de antiguo. Ya en los últimos años de estancia en su nativa Bonn (hacia 1790- 1792) había comenzado a escribir un concierto para este instrumento que, como es sabido, no era precisamente su favorito. De esos últimos años de Bonn datan 259 compases del primer movimiento.

El trabajo no se retomaría hasta quince años después, en el otoño de 1806. El destinatario del concierto era Franz Clement, concertino y director de la Ópera de Viena entre 1802 y 1811, y uno de los pocos músicos en los que Beethoven confiaba, como demuestra el hecho de haberle encargado el estreno de su Heroica. En este caso, había sido el propio Clement quien había solicitado el concierto para estrenarlo en una velada benéfica. Beethoven entregó la partitura con muy poca antelación y Clement no tuvo prácticamente tiempo de estudiarla. El estreno, no obstante, se produjo en Viena el 23 de Diciembre de 1806, y se cuenta que, entre el primer y el segundo movimiento, el solista realizó un detestable ejercicio de narcisismo interpretando una pieza suya.