Las celebraciones con motivo del cuarto centenario de la publicación del Quijote han traído consigo un aluvión de publicaciones sobre temas cervantinos de toda índole. En este saludable torbellino la música no ha sido una excepción. La contemporaneidad musical de Cervantes –Tomás Luis de Victoria, Correa de Arauxo, Juan Blas-, las alusiones a la música en el propio texto de Cervantes, así como la extraordinaria cantidad de música inspirada en el personaje de Don Quijote –desde Il Don Chissiot della Mancia de Morosini, presentado en Venecia en 1690, hasta las últimas creaciones de Cristóbal Halffter y José Luis Turina, pasando por Telemann, Strauss, Massenet, Falla y un larguísimo etc-, han encontrado en los últimos meses asiento y foco de atención en algún libro, artículo, conferencia, curso, grabación o concierto.

Hace ya más de un año, cuando el grueso de las conmemoraciones aún estaba por llegar, Antonio Muñoz Molina escribió las notas al programa de un concierto dedicado al Quijote por la Orquesta Sinfónica de Castilla y León. En ellas se lee: "Los héroes literarios están hechos de palabras y viven en los libros, pero a veces son tan poderosos que se escapan de ellos, invaden otras artes, cobran una vida autónoma más allá de la obra en la que surgieron y en la que deberían permanecer para siempre como en un reino encantado (…) Nuestro Don Quijote es uno de esos personajes demasiado grandes como para quedarse en un libro. Don Quijote es quien desea y decide ser otro, y en esa ambición insensata por escapar a lo establecido y a lo posible, es como el escritor que quiere hacer música con sus palabras, y como el músico que aspira a llenar su partitura de lugares soñados e historias novelescas."1

Don Quijote, en efecto, traspasó los lindes de su propia novela aun antes de publicarse la segunda parte, y el caballero andante, como si de nuevas salidas y aventuras se tratase, escapó del libro y viajó hasta la piel de otro Quijote de novela, pero también hasta las tramoyas de un teatro de ópera, hasta el lamento grave y profundo del violonchelo de Richard Strauss, y, sobre todo, hasta los pliegues más íntimos de la conciencia del lector, que siempre termina por reconocerse a sí mismo en la locura del hidalgo.


1 Antonio Muñoz Molina. Notas al programa del concierto celebrado el 19 de Abril de 2004 en el Auditorio Nacional de Madrid. El programa incluía obras sobre el Quijote de Gerardo Gombau, Conrado del Campo y Richard Strauss. Pertenecía al ciclo de la Orquesta de la Comunidad de Madrid, y corrió a cargo de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León.