Sarasate responde plenamente al paradigma decimonónico
del virtuoso: el instrumentista divo y protagonista, deslumbrante
en la técnica y el encanto de sus interpretaciones, con
una pléyade de admiradores fervorosos y algunos detractores
enconados que también le ayudan a cobrar relieve, pero
despreocupado en general por la fidelidad al compositor y por
el interés estrictamente musical del repertorio.
Es conocida su reticencia a interpretar el concierto de Brahms
por tener que esperar tanto tiempo a que el oboe ejecute su solo
al comienzo del Adagio. Hanslick, fervoroso partidario de la
música pura, le dedica palabras no precisamente dulces: "un
español de sangre fría, todo suspiros, ronroneos
y melindres". No resulta extraño este testimonio
de Hanslick, dada su cercanía a Joachim, quien, de alguna
forma representa valores opuestos a Sarasate. Pero no parece
un juicio ecuánime, referido a uno de los grandes instrumentistas
románticos, que asombró a los públicos de
Europa y América y constituye unos de los principales
exponentes de la tradición violinística francesa.
No olvidemos que Sarasate fue discípulo de Alard y por
lo tanto representa el último eslabón de la cadena
Viotti- Baillot- Habeneck- Alard.
Como compositor posee un catálogo de 54 títulos,
donde abundan las páginas breves con raíz folklórica
y las fantasías sobre óperas célebres, tan
al uso en aquellos años. Las características que
iluminan toda su producción son el melodismo de salón
y el virtuosismo instrumental despojado del cualquier componente
especulativo en lo armónico, en lo constructivo o en lo
formal: simplicidad en la forma e intrascendencia en los contenidos,
eso sí, todo ello resuelto con oficio y encanto realmente
incomparables. 1
Así las cosas, resulta sorprendente el texto de Ramiro
de Maeztu en el que se interroga sobre el "enigma Sarasate": "La
figura artística de Sarasate es al morir lo que fue su
vida: un enigma insoluble. Unos dicen que su arte era romántico;
otros lo califican de clásico y seguro. Las dos escuelas
de violín son la de la profundidad y la comprensión,
que encarnó Joachim, el inmortal intérprete de
Beethoven; y la de la bravura, cuya personificación más
alta es Ysaye. Sarasate, atenido a su sonido y a su limpeza de
ejecución se destacó aisladamente, solo y único… Los
críticos pensadores, los que ensalzaban las teorías
psicológicas de Kant y Descartes, en que se afirmaba que
sólo se piensa en conceptos, se desesperaban ante el misterio
Sarasate".
El testimonio de Ramiro de Maeztu es, sin duda,
exagerado. Como ha hecho notar Pérez Ollo –uno de los
principales biógrafos
de Sarasate, junto a Altadill e Iberni-, no hay misterio alguno
en la dimensión musical de Sarasate, aunque sí puede
haberlos en su vida y en su historia. Pero más que misterios,
son contrastes, paradojas: español pero representante
de la escuela violinística francesa en tiempos de su máxima
rivalidad con la alemana; pamplonés apegado a su terruño2,
pero concertista internacional aclamado a ambos lados del Atlántico,
Sarasate fue quizá uno de los primeros fenómenos
de masas del virtuosismo moderno.
1 De
toda su producción,
permanecen en el repertorio los Aires Bohemios o Zigeunerweisen
op.20, las Danzas Españolas op.21 y ss (Malagueña,
Habanera, Playera, Zapateado, Romanza Andaluza, Jota Navarra,
etc…), el Capricho Vasco op.24, la Fantasía sobre "Carmen" op.24,
y la Introducción y Tarantella op.43.
2 Sus visitas
a Pamplona por San Fermín y los recibimientos de que era
objeto, llegaron a formar parte tan insustituible del acervo
festivo como las corridas de toros, a las que fue un gran aficionado.