El violín, tal y como hoy lo conocemos, aparece en la historia por primera vez en la segunda década del siglo XVI. Las representaciones más antiguas del instrumento se encuentran en un retablo pintado por G. Ferrari en Bérgamo hacia el año 1529. Un poco posteriores (hacia 1535) son los frescos de la Cúpula de Nuestra Señora de Saronno. Estas representaciones ya preludian el nacimiento de la escuela de Brescia, la más antigua de las escuelas italianas de violería. Naturalmente, estamos hablando de imágenes de un instrumento bastante parecido al violín actual. Los antecedentes medios y remotos plantean más problemas y desde luego no son susceptibles de una localización espacio-temporal tan precisa.
Entre los precursores más lejanos cabe citar el ravanastron, de origen hindú, que estaba formado por una gruesa caña de bambú y una piel de serpiente que se tensaba sobre una de sus aberturas. Una sola cuerda de tripa se apoyaba sobre un rudimentario puentecillo. También pueden considerarse como antecedentes arcaicos el nefer egipcio, la lira griega, o el rebab árabe, que fue introducido en España en el siglo VIII. De forma trapezoidal, y con un fondo plano de pergamino, podía tener dos o tres cuerdas y se tocaba como un cello, apoyado en el suelo por una pica metálica. Pero a esos tatarabuelos de origen oriental, se unen también algunos de filiación europea, como el crowth, instrumento de cuerdas pulsadas de origen celta, al que se le añadirá posteriormente un arco. Se tienen noticias de él desde el siglo XI, pero en el siglo XV ya había experimentado una evolución considerable y se había convertido en un instrumento de seis cuerdas cuyo uso estaba extendido por toda la Europa occidental.
No faltan argumentos ni apoyos teóricos de toda índole para defender cualquiera de las tesis sobre el origen oriental u occidental del violín. Pero es evidente que las diversas hipótesis convergen cuando se trata de antecedentes más cercanos. Durante el siglo XVI, dos familias de instrumentos experimentan una evolución paralela: las liras de brazo y las violas de gamba y de brazo. Tal y como defienden la mayoría de los tratadistas, la familia de las viole da braccio, que todavía sobrevivió durante un siglo al advenimiento del violín, constituye su verdadera cuna.