Leopold Auer es uno de los nombres más relevantes en la generación de grandes violinistas que vivieron a caballo entre los siglos XIX y XX. A esa generación también pertenecen Sarasate, Ysayë, Kreisler o Enescu. Cada uno tiene señas de identidad inequívocas –lo cual no es tan seguro que pueda afirmarse de los violinistas actuales-, pero a todos ellos les cabe el honor de haber sido los artífices del enorme desarrollo que la técnica violinística experimenta en ese periodo y de las nuevas orientaciones del repertorio y de los conceptos interpretativos que informan en buena medida el violinismo del pasado siglo.
Auer fue discípulo de Hellmesberger, de Dont, y sobre todo de Joachim. A su vez, fue maestro de artistas tan señeros como Misha Elman, Efrem Zimbalist o Jascha Heifetz, por citar sólo los más conocidos. El hecho de haber servido de puente entre aquellos y éstos, da por sí solo idea de la enorme importancia del nombre de Auer en la historia del violín.
Nació un 7 de Julio de 1845 en Veszprém (Hungría). Comenzó a estudiar violín a los seis años con un modesto músico local que enseñaba violín y piano, tocaba el órgano y dirigía la música de los oficios religiosos celebrados en la parroquia católica del pueblo. Pero pronto marcharía a Budapest, donde recibiría las lecciones de Ridley Kohné, oriundo como él de Veszprém, y objeto de la admiración de todos sus paisanos al haber logrado abrirse camino en la capital como concertino de la Orquesta de la Ópera y profesor del Conservatorio. Auer recuerda sus años de estudiante en Budapest, su primeras experiencias en el atril de una orquesta y el estudio sistemático de la “Ecole de violon” de Delphin Alard, profesor del Conservatorio de París. Para Auer, como para casi todos los músicos de aquellos años, París era la meca de la música, el sueño lejano de cualquier estudiante.
En 1857, siendo todavía un niño, fue enviado a Viena para recibir clases particulares de Jacob Dont. Con él trabajó, según su propio testimonio, los estudios de Kreutzer, los de Rode y, naturalmente, los 24 caprichos del propio Dont, que entonces aún eran absolutamente desconocidos. Al propio tiempo, comenzaba a construir su repertorio con algunos conciertos de Spohr, y recibía, también de Dont, las primeras lecciones de piano. Auer recuerda en sus memorias la figura de su maestro en Viena con extraordinario afecto y gratitud. Fue el propio Dont quien lo envió a las clases que Hellmesberger impartía en el Conservatorio de Viena. Y allí tomó el joven Auer su primer contacto con el atril de una orquesta y con el repertorio para cuarteto. Muchos años después, cuando dirigía los conciertos sinfónicos de la Sociedad Musical de la Rusia Imperial, habría de recordar con melancolía las sensaciones vividas en aquellos años de estudiante, cuando se sentó por vez primera entre los primeros violines para tocar la obertura de "Egmont".