Todo violinista se ha planteado varias veces en su vida el problema de la elección de un instrumento. El problema es lo suficientemente importante y complejo como para tomárselo con buenas dosis de paciencia. Elegir un violín no consiste en una mera opción de uno entre varios, sino en la búsqueda de una suerte de coincidencia entre la idea y el hecho, entre lo que queremos oír y lo que realmente oímos. Quien se embarca en la apasionante aventura de buscar el encuentro con la belleza del sonido, posee interiormente una idea de contornos más o menos definidos sobre las características de aquello que persigue. Elegir instrumento consiste nada menos que en hallar la compañía apropiada para llevar a buen término esa aventura.
La elección de violín por parte de un músico no debe guiarse por los mismos criterios de un coleccionista o un inversor. Si el violín va destinado a un museo o a una colección privada, se tendrán en cuenta valores como su antigüedad, su autor, su cotización, su belleza física, su ornamentación, sus particularidades de construcción o sus rarezas. Un violinista, ya sea estudiante, profesional o concertista, valorará, antes que nada, sus características sonoras. Los criterios no siempre coinciden, y este principio, que parece tan obvio, no lo es tanto a la hora de llevarlo a la práctica. Conozco muchos casos en los que se han cambiado instrumentos de magnífica respuesta por otros de inferior resultado, llevados sus propietarios por la obsesión de poseer un instrumento italiano de cierta antigüedad y firma conocida.
Es cierto que cualquier violinista sueña con poseer un instrumento italiano de 1700, pero estos violines, cuando presentan un aceptable estado de conservación y poseen certificado de autenticidad, alcanzan precios tan extraordinarios que los hacen inaccesibles a la mayoría. Nadie, sin embargo, está condenado a renunciar a un sonido de gran clase por el hecho de no estar en condiciones de pagar cifras astronómicas. Existen instrumentos italianos más modernos y magníficos violines franceses con los que es posible obtener resultados de primer orden. Todo ello sin contar con las estupendas soluciones que nos ofrece la violería actual, que ha alcanzado un enorme desarrollo.