El género epistolar ha abrigado siempre la misma ambivalencia del diario o la confesión. Cuando la carta se introduce en un sobre, y éste se cierra sin ninguna intención de dar a conocer su contenido a nadie más que a su destinatario, la escritura exhibe una intención de privacidad que puede resultar muy interesante para el investigador. Pueden rastrearse itinerarios ocultos, voluntades no declaradas, objetivos no explícitos, confidencias, en suma que nunca se harían públicas. Pero así como el diario o la confesión se convierten pronto en simulacro, es decir, en recurso puramente literario, en mera imagen de la meditación o el soliloquio, lo mismo ocurre con las cartas.

Todo cuanto se escribe pude terminar por conocerse, con independencia de que tenga un único y preciso destinatario. La tensión que desencadena esa sospecha podemos detectarla en los formidables ejemplos del género epistolar que nos ofrece el siglo XIX, cuando las cartas se convertían en "literatura" sin pretenderlo sus autores, al menos de modo consciente y explícito. Pensemos en las cartas de Lord Byron, en la correspondencia que mantuvieron Goethe y Schiller o en el abundante correo que intercambiaron Wagner y Liszt. El grado de sinceridad en cuanto a lo que se dice y a cómo se dice es, evidentemente, variable.

Por lo que respecta a la correspondencia Wagner-Liszt, el primero es sin duda muy sincero cuando se dedica a pedir dinero. Caben dudas sobre esa sinceridad cuando se embarca en consideraciones artísticas y en confidencias personales. Liszt, por su parte, infunde siempre una mayor confianza. Sus encendidos elogios hacia la obra de Wagner van siempre acompañados de una permanente disposición a la ayuda.

En 1947, la Espasa-Calpe argentina publicó una selección de la correspondencia que mantuvieron los dos músicos entre 1854 y 1859. Wagner escribe desde Zurich y desde Venecia. Se halla fuertemente preocupado por la obtención de una amnistía política que le permita volver a Weimar, donde probablemente por influencia de Liszt hubiera obtenido un apoyo material y artístico comparable al de Luis II de Baviera. Pero la amnistía no llega, y las veleidades anarquistas de su juventud siguen amargándole su madurez.

Se había instalado en Zurich con la ayuda de Liszt, y allí había escrito entre 1849 y 1850 sus grandes tratados teóricos: "El arte y la Revolución", "La obra de arte del porvenir", dedicada a Feuerbach y "Opera y Drama". En Zurich inicia también la composición de la Tetralogía, pero pronto se enciende la pasión por Matilde Wessendock, esposa de su amigo yhuésped protector Otto Wessendock. Huyendo de una pasión que puede aniquilar la amistad preludiando lo que años más tarde ocurriría con Cósima, se traslada a Venecia. En carta dirigida a Liszt el 27 de Septiembre de 1858, Wagner escribe con dolorosa ironía: "Si algunos periodistas ven en mi estancia en Venecia una estratagema destinada a conseguir que se me abra poco a poco la entrada en Alemania, están en su papel; esta explicación está a la altura de su espíritu y de su inteligencia" 1.


1.WAGNER-LISZT Correspondencia. Espasa-Calpe Argentina. Colección Austral. Buenos Aires 1947. Prólogo y Traducción de Carlos Bosch.

 
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