Hugo Riemann publicó en 1877 su libro Musikalische Sintaxis, en el que aspiraba a describir de modo sistemático las reglas que habían regido la sucesión de acordes en la música occidental. Su obra era un preludio de lo que algunas décadas más tarde se convertiría en una atención generalizada al concepto de sintaxis por parte de músicos y musicólogos. Sýntaxis es una voz griega que presenta dos bloques semánticos bien definidos. Por un lado significa disposición, organización, con un campo de aplicación muy amplio, pero que reservaba un lugar especial a la disposición de los ejércitos a la hora de entrar en combate. Por otro lado, sýntaxis también significa acuerdo, tratado o convenio. Ambos bloques de significaciones parecen seguir latiendo de modo muy evidente en su actual significado dentro del ámbito de la lingüística. El primero de ellos alude a su carácter estructura, sistema o conjunto orgánico de relaciones. El segundo, a su carácter convencional.

Dice María Moliner en su "Diccionario del uso del español" que la sintaxis consiste en la "manera de enlazarse y ordenarse las palabras en la oración o las oraciones en el periodo"1. No resulta muy precisa esta definición de tono descriptivo, en la que se obvia el fuerte componente normativo del término. En todo caso, el concepto de sintaxis no es el mismo en Saussure, en Hjelmslev, en Bloomfield o en Chomsky. Pero es a finales de los cincuenta, con el auge de la gramática generativa y transformacional de este último, cuando el término comienza a aplicarse a la música con la mejor fortuna. Eran los años en que el desarrollo del positivismo lógico y la música serial abonaban el campo para que los lazos entre música y sintaxis se estrecharan.

El propio Chomsky defendió en sus Sintactic Structures que la música puede ser descrita, al igual que los lenguajes naturales, en los términos de una sintaxis formal, aunque algunos años más tarde, precisaba esta cuestión en los siguientes términos: "Para determinar si la música, o las matemáticas, o el sistema de comunicación de las abejas, o las llamadas de los simios, constituyen un lenguaje, primero debemos tener claro qué es lo que se entiende por lenguaje. Si por lenguaje se entiende el lenguaje humano, entonces la respuesta ha de ser trivialmente negativa en todos esos casos. Si por lenguaje se entiende un sistema simbólico o sistema de comunicación, entonces todos esos ejemplos son lenguajes, lo mismo que muchos otros sistemas diferentes…"2

Para el lector no avezado en temas de lingüística, avanzaremos algunas ideas básicas sobre la gramática chomskyana. La gramática generativa y transformacional es, en el fondo, un intento de responder a la siguiente pregunta: ¿Cómo es posible que el hablante construya y entienda oraciones que nunca ha oído? El hablante no se limita a repetir frases que ya ha aprendido, sino que es capaz de crear frases nuevas en función de las necesidades de cada momento. Por su parte, el receptor entiende las oraciones que otros pronuncian o escriben a pesar de no haberlas oído jamás. Los conceptos de competencia y actuación constituyen el primer estadio para comprender el fenómeno lingüístico. La competencia consiste en el conocimiento de un conjunto finito de signos y un conjunto finito de reglas para combinarlos. La actuación es el empleo concreto de la competencia, que faculta al hablante para construir y entender un número infinito de oraciones. La Gramática viene a ser una teoría de la competencia. Determinadas secuencias de signos producen o generan oraciones aceptables. Eso las convierte en reglas generativas.


1.MARIA MOLINER. Diccionario del uso del español. Tomo II. Ed. Gredos. Madrid 1988. Pag.1174
2.NOAM COMSKY. Human language and other semiotic systems. Semiótica, Vol 25 ½, 1979, pag.32. Trad. Juan Carlos Lores.

 
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