La lectura del artículo de James O. Young "El valor cognoscitivo de la música"1 me ha hecho retomar algunas reflexiones iniciadas en un artículo mío de esta misma web titulado "Sobre la pureza de la música". De nuevo vuelvo, con humildad, a componer algunas variaciones sobre un tema clásico que conoció su clímax con las opiniones encontradas de Hanslick y Wagner: la capacidad de la música para transmitir contenidos extramusicales.

Se plantea James O. Young la posibilidad de que la música posea un valor cognoscitivo aparte de su evidente valor hedónico. Es evidente que se puede adquirir un elevado conocimiento de contrapunto a través de la música de Bach, o un extraordinario aprendizaje del arte de la orquestación mediante el estudio de la obra de Ravel. La música nos proporciona, obviamente, conocimientos musicales. Pero no es esa la cuestión. Se trata de explorar la posibilidad de que, además, pueda aportarnos información sobre ámbitos externos, de que pueda ampliar nuestro conocimiento en torno a contenidos extramusicales. James O. Young da una respuesta afirmativa a este interrogante con un discurso de apariencia rigurosa pero que esconde, a mi entender, graves malentendidos.

Sostiene el autor que todo acto cognoscitivo ha de brotar de alguna suerte de demostración. El modo de demostración propio de las ciencias (y de la filosofía) sería el de la demostración sistemática. El proceso de una demostración sistemática establece una proposición por medio de un argumento. Esta consiste en ordenar una serie de premisas al objeto de desencadenar una conclusión. Las artes no utilizan este tipo de demostración ya que no hacen afirmaciones. El caso de la música es extremo puesto que es ajena no sólo a las afirmaciones sino también a los conceptos. Las artes operan, pues, con un tipo diferente de demostración: la ostensión o demostración inmediata. La ostensión consiste en conducir a alguien a reconocer un hecho. Si yo conduzco a un recién llegado tomándolo del brazo hasta la terraza de mi casa, le he hecho conocer dónde está la terraza sin necesidad de ninguna argumentación. La ostensión consiste, por tanto en la acción de mostrar, de poner a alguien en la situación de experimentar algo, y este tipo de demostración (el término ya resulta impropio) es, según Young, el característico de las artes. Pero el artista no pone al espectador en contacto con objetos, sino con representaciones. El objeto artístico no extrae su carácter de tal de su "objetualidad", sino de su función representativa. Y en este punto debemos distinguir dos clases de representación: la interpretativa y la afectiva.

La representación interpretativa consiste en llamar la atención del espectador sobre determinados rasgos del objeto representado. Ello se consigue mediante dos procedimientos: la amplificación y la simplificación. El primero de ellos consiste en la intensificación de determinados rasgos de un objeto. Con frecuencia, los personajes de las novelas y los dramas se convierten en paradigmas de algunos rasgos pasionales de lo humano (Shylock y la avaricia, Don Juan y la transgresión, Otelo y los celos) o de determinadas características temperamentales o éticas. La simplificación consiste en la omisión de los rasgos que no son relevantes: los retratos no muestran la espalda del modelo, las narraciones no vienen obligadas a detallar qué desayunan los personajes.

La otra forma de representación inmediata es la afectiva. Esta forma de representación pone al espectador en situación de conocer algo sobre el objeto por medio de los afectos o emociones que el objeto puede suscitar en él: "La atención que prestamos a nuestros sentimientos nos permite aprender acerca de los objetos, pero las obras de arte que despiertan en los receptores afectos pueden proporcionarles también conocimientos acerca de los mismos".2Young distingue entre representación afectiva extrovertidae introvertida, según el conocimiento que se desprende de la representación, se dirija al objeto representado o al afecto mismo.


1. JAMES O. YOUNG. "The Cognitive Value of Music". The Journal of Aesthetics and Art Criticism, 57: 1. Oxford. Blackwell Publishing. Traducción española de Isabel García y Juan Carlos Lores en la revista "Quodlibet", nº 23. Junio 2002.
2.Op. cit. pag 66

 
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