SOBRE LAS VANGUARDIAS

       

El término "vanguardia" tiene un origen militar. Con esa palabra se designa la parte de un ejército que marcha por delante del cuerpo principal para reconocer el terreno y descubrir la presencia del enemigo. Ya desde finales del siglo XIX, pero sobre todo a partir de la Primera Guerra Mundial, se produce un transvase de ese concepto al ámbito político y finalmente al estético. El término "vanguardia", aplicado a las artes, denota anticipación al tiempo histórico propio, asunción de riesgo, apertura hacia el futuro, compromiso con lo nuevo y ruptura con los gustos de la tradición y las normas de la academia. Con esos atributos, no es de extrañar que bajo el paraguas de la vanguardia germinaran unos frutos tan dispares y heterogéneos, tan radicalmente enfrentados en ocasiones con los de la cosecha inmediatamente anterior, que  muy pronto el singular dejara paso al plural, y se hiciera más propio y más preciso hablar de "las vanguardias" en vez de "la vanguardia".

El pensamiento filosófico y científico de finales del XIX y principios del XX experimentaba una convulsión en torno a la coherencia y a los límites de la razón. El nacimiento de las vanguardias artísticas es el correlato estético de esta convulsión y tiene un germen romántico: el tránsito del salón al universo, la glorificación del artista creador, que gesta su obra desde la libertad y la soledad y la dirige a un público multitudinario y desconocido, la ruptura con la academia, la apertura hacia un futuro que debe acoger la plenitud de lo humano, es decir, el compromiso del arte con un proyecto antropológico. Todo eso son señas de identidad inequívocamente románticas, estaban ya en Beethoven, y aparecen con toda claridad en Baudelaire y Rimbaud. En ellas hunden sus raíces las vanguardias de principios de siglo, aunque no siempre las sigan en su literalidad.

Tras la Segunda Guerra Mundial, el cubismo, el futurismo, el dadaísmo, el surrealismo, el constructivismo, pasan a ser denominados "vanguardias históricas", debido a la necesidad de rescatar el término para aquellos movimientos de mitad de siglo que rompieron con las primeras vanguardias. Cada movimiento estético nuevo quería preservar un aire de ruptura  y de autenticidad que supuestamente garantizaba la bandera de la vanguardia. Pero en la medida en que las vanguardias comienzan a dibujar un devenir histórico, aunque éste se muestre jalonado de discontinuidades, nace inevitablemente una nueva tradición, y empieza a larvarse en el seno de la vanguardia, su primera gran paradoja: la tradicional lucha contra la tradición. Ya en los años setenta, nace el concepto de transvanguardia, como un intento desesperado de superar esa antinomia entre transgresión  y tradición historicista.

 

 
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