Se quejaba Marrou1 de
que seguimos viendo a los griegos como grandes filósofos,
escultores y arquitectos, pero dedicamos a su música menos
atención
que a su cerámica. Si bien es verdad que de la arquitectura,
escultura y filosofía griegas poseemos una abrumadora constancia
material y documental de la que carecemos en lo referente a la
música, no es menos cierto que las artes músicas poseían
una importancia de primer orden en todas las manifestaciones culturales
griegas, y muy especialmente en lo relativo a la paideia ,
la educación. Para empezar, el propio vocablo “música” viene
del griego, si bien es cierto que el concepto de mousiké tiene
una acepción más amplia que la que atribuimos a la
música en la actualidad: para los griegos la música
incluía la literatura, la recitación poética,
la danza coral y todas aquellas artes que quedaban situadas bajo
la advocación de las musas. Como ha visto Huizinga, “el
espíritu griego comprendió muy bien la diferencia
fundamental que separa los dominios de la producción y de
la percepción estéticas, pues colocó una serie
de conocimientos y habilidades bajo la advocación de las
Musas, mientras que desconoció esta dignidad en el resto;
es decir, en lo que nosotros comprendemos bajo el concepto de artes
plásticas. Las artes plásticas, que se consideran
como artesanías, no cuentan con ninguna Musa” 2.
En las artes músicas está siempre presente
un elemento lúdico. Su realización estética
consiste en la ejecución, que es, fundamentalmente, acción,
y la evanescencia de su soporte material las relega a la condición
de “proyecto” cuando se sustraen a ese elemento activo fundamental.
Llama la atención el hecho de que los griegos no hablan
del efecto educador de la contemplación. Werner Jaeger reconoce
un principio energético como el factor característico
de toda paideia : “El ritmo y la armonía, en la
medida en que actúan mediante la palabra y el sonido, o
mediante ambos, son las únicas fuerzas formadoras del alma,
pues el factor decisivo de toda paideia es la energía”3.
El arte y la artesanía pueden contribuir conjuntamente
a crear un paisaje o un clima espiritual, pero es “lo músico” aquello
que constituye un elemento verdaderamente paidético ,
educativo, no sólo en sentido cultural sino también ético.
En “La República” sostiene Platón que el ritmo y
la armonía “son los que más hondo penetran en el
interior del alma y los que con más fuerza se apoderan de
ella, infundiéndole y comunicándole una actitud noble”.
El contenido ético y el carácter propedéutico
para el conocimiento filosófico puro son características
esenciales de la concepción platónica de la música.
Platón ya recibe una tradición que
reconoce a la ciencia música un alto grado de complejidad.
Si la tradición homérica había puesto el acento
sobre la apreciación afectiva del placer musical (deleite
y llamada al amor y al sueño, según reza el Himno
a Hermes), antes de Platón ya había crecido extraordinariamente
una preocupación nueva con respecto a la música:
la de la instrucción. La caricia del arte musical sólo
la recibirá quien haya tomado instrucción de las
Musas, pensaba ya Solón. Y es que, a medida que la música
perdía su carácter de distracción aristocrática,
los poetas la embarcaban en el esforzado periplo de la perfección
técnica. La música se convierte así en disciplina,
en materia de instrucción y estudio, en una techné diferenciada
de alto valor educativo.
1 . MARROU, H.I. “Historia de
la Educación Musical en la Antigüedad” E.U.D.E.B.A.
1970
2. HUIZINGA,J. “Homo Ludens”.
Alianza Editorial. Madrid 1975, pag. 195
3. JAEGER.W, “Paideia”. F.C.E.
México