La noción de "escuela" ha sufrido muchos y diversos avatares a lo largo de la historia de la cultura, y el concepto de "escuela violinística" no ha sido ajeno a esa evolución. En dos siglos, pasó de tener un significado casi físico, restringido al lugar de enseñanza y al círculo inmediato de alumnos que recibían instrucción técnica y musical de un determinado maestro, a denotar un conjunto de características interpretativas destiladas por el paso de los años, y cuyas señas de identidad no se cifraban ya en la referencia a una figura señera, sino en una tradición que, finalmente, solía exhibir una filiación nacional. Hoy en día, el concepto de "escuela" se ha hecho, como es sabido, extraordinariamente relativo ¿Cómo adscribir a la escuela rusa o a la escuela franco-belga a la mayoría de los solistas jóvenes que se disputan las agencias internacionales y las compañías discográficas? Si bien es verdad que pueden rastrearse señas de identidad de muy diversa procedencia en casi todos ellos, no es menos cierto, que la cantidad de precisiones y salvedades que habría que realizar en cada caso, imposibilitaría casi siempre la clasificación. Los tradicionales tópicos que han caracterizado a la escuela alemana por su rigor y su pureza, a la franco-belga por su elegancia y su sensualidad y a la rusa por su brillantez, han dejado de tener vigencia. En una aldea global uniformada por los adelantos tecnológicos y por los medios de comunicación de masas, las grandes empresas discográficas promocionan sus productos en todo el mundo de manera inmediata y simultanea. En estas circunstancias, los criterios interpretativos de los violinistas tienden también a homogeneizarse, y hoy en día ya no tiene sentido hablar de "escuelas nacionales" si no es para mirar hacia el pasado con un afán estrictamente histórico. Pero si buceamos en la historia interna de esas "escuelas nacionales", advertiremos rápidamente que su naturaleza es, también en el pasado, extraordinariamente porosa, que todas ellas, y especialmente las más importantes, se han ido perfilando como el resultado y la cristalización de influencias recíprocas, y que si nos remontamos lo suficiente en la historia, todas ellas hunden sus raíces en ese gran arco de maestros italianos que se tensa del seicento al settecento, entre Corelli y Viotti.

El presente escrito no pretende ser exhaustivo. Se trata tan sólo de dibujar un paisaje, de trazar una imagen significativa desde la que orientarse mediante el agrupamiento de los principales nombres en las líneas que arrancan desde Viotti a través de sus alumnos directos más importantes. Las influencias recíprocas entre las diversas ramas son, a medida que nos acercamos en el tiempo, mucho más evidentes. Al mismo tiempo, el desarrollo individual en un bosque de trayectorias cruzadas, produce diferencias cada vez más notables incluso entre quienes habitan la órbita de un mismo maestro.

Aunque la vocación viajera y cosmopolita de los violinistas italianos ya había quedado acreditada con los Nardini, Lolli, Fiorillo, Pugnani, Bruneti o Mestrino, es la figura de Viotti la que condensa la herencia violinística que Italia habría de entregar a Europa y al mundo. El legado de Paganini, que tan escasas energías dedicó a la enseñanza, se cifra más en lo que fue que en lo que transmitió1, pero el de Viotti se ramifica extraordinariamente en la historia de las escuelas europeas. Si el rastro directo del Paganini pedagogo se agota en Camilo Sivori y en los consejos que pudo impartirle a Lipinski, las enseñanzas de Viotti influyen y vivifican casi toda la historia del violín posterior.


1 . En la Volinschule de Joachim-Moser, puede leerse la siguiente consideración sobre Paganini: "Nicolò Paganini, el más célebre y brillante de todos los virtuosos del violín, no ha tenido vínculos claramente reconocidos con alguna escuela y tampoco la ha formado". En efecto, si exceptuamos las lecciones que tomó de Giacomo Costa siendo aún un niño, parece que Alessandro Rolla fue el único profesor de violín con el que mantuvo un contacto de cierta duración. Ernesto Camilo Sivori fue su solitario alumno. Para una información más extensa sobre la figura de Paganini, puede consultarse en esta misma página el artículo "Semblanza de Paganini".

 
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