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          Hace algunas semanas, Leonard Slatkin colocaba en los atriles de la Nacional los "Cuadros de una exposición". El conocido maestro americano partía de la orquestación de Ravel. En contra de lo que muchos creen, existen muchas otras orquestaciones del original pianístico de Mussorgsky. Rimsky Korsakov, que sentía debilidad por la obra, la consideraba intraducible a otro medio que no fuera el piano. Ignorando la opinión de su maestro, Tushmalov ya inauguró en 1891 la larga lista de orquestadores de los "Cuadros". Esa lista incluye también a Henry Wood, Leo Funtek, Leonardi, Caillet, Stokowsky, Toscanini, Golavanov, Goher, Ashkenazy y Lawrence Leonard. Probablemente la lista no es exhaustiva, pero ya habla bien a las claras de la enorme fascinación que esta obra ha ejercido entre músicos de muy diverso perfil y procedencia.

         Con todo, la orquestación que Ravel llevó a cabo en 1922 es la más conocida y, sin duda, la mejor. De ella partía Slatkin, pero en una edición propia que presentaba algunos pequeños cambios en la orquestación raveliana y la inclusión de dos "promenades" que Ravel suprimió. Las razones que Slatkin nos ofreció a los músicos para justificar su edición, se cifraban en un deseo de permanecer más fiel al original pianístico. No deja de llamar la atención esa preocupación de fidelidad a las intenciones originarias de la obra cuando ya se ha partido no del original, sino de una orquestación del mismo. La anécdota, sin embargo, desvela un hecho sugestivo: la referencia se desplaza, y tiembla entre la versión original y el arreglo, porque el orquestador, como ha hecho notar lúcidamente Estrella de Diego, ha sido "capaz de hacer tambalear la autoría de la pieza". Autoría, por lo demás, difusa habida cuenta de la larga cadena de referencias que nos atrapa en la búsqueda del objeto artístico inicial. La edición de Slatkin nos remite a Ravel, la orquestación de Ravel nos remite al original de Mussorgsky, y la música de Mussorgsky nos remite, a su vez a otro objeto artístico: los cuadros de su amigo Viktor Hartmann. Pero apurando un poco más la longitud de la cadena, observemos que algunos de estos cuadros, nos remiten por su parte a otros objetos artísticos arquitectónicos ("La gran puerta de Kiev"), pantomímicos ("Gnomus") o literarios ("La cabaña sobre patas de gallina").